No te enamores [ Bakudeku Mpreg]

Sinopsis

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Genero:
Erotica
Autor/a:
SnowPolar_
Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Capítulo 1:

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—Y bien. ¿Cómo te va en el amor últimamente? — preguntó.


Izuku cerró los ojos por un instante. Hizo memoria por un momento y enumero, en su mente, a cada uno de los hombres que había conocido a lo largo de aquel año —uno más idiota y aburrido que el anterior—. Con veintidós años sentía que su búsqueda del amor era imposible. No tenía nada de suerte en el amor. Estaba tan agotado de aquella situación que quería rendirse de una vez por todas y dejar de buscar a alguien que jamás llegaría.


—Mal —por el tono de su voz se notaba que estaba decepcionado.


Mientras disfrutaba de su té helado junto a uno de sus mejores amigos, el sonido inconfundible de un mensaje llamó la atención de ambos, seguido por el brillo de la pantalla.


— ¿Quién es? — preguntó su amiga con interés. Ya sabía que debía de ser alguno de los ligues de Izuku.


La mirada del pecoso se posó sobre su móvil. Fue en ese instante que leyó el nombre en la pantalla y suspiro, no era molestia lo que sentía o por lo menos no del todo.


—Él de siempre—su voz se escuchó un poco desganada— quedamos hace poco porque bueno…—hizo una pausa mientras desviaba la mirada.


Aquel hombre era un tipo que iba y venía a su vida. Un hombre con una empresa muy importante, por supuesto mayor que él, que él hacía regalos caros cuando se veían, que constantemente le enviaba mensajes. Lo consideraba una persona casi normal y amistoso.


—Quiere invitarme a cenar— continuo mientras leía el mensaje— Le he rechazado una cita fuera miles de veces, pero sigue insistiendo con eso. No sé porque insiste tanto en llevarme a lugares caros.


—¿Por qué no sales con él? — su amiga jugaba con su taza de café vacía. En realidad, sentía genuina curiosidad— No suena a que la pases mal o por lo menos no tan mal. Y te da regalos, te quiere llevar a miles de lugares…


El pecoso comenzó a reírse del comentario de su amiga. No solo había una diferencia de edad abismal, unos quince años, sino que además estaba el hecho de que desde el primer día en que se conocieron aquel hombre le dijo con el rostro muy serio: “No te enamores de mi”. Aquello se lo dijo el primer día de conocerse, de que jamás se enamorase de él por ningún motivo y el pecoso lo aceptó. Llevaban dos años hablando y lo suyo no era nada más que una atracción física, por eso Izuku se negaba a salir con él a citas tradicionales porque se negaba a hacerse una falsa ilusión de que un hombre como él podría terminar pidiéndole que fuesen algo serio.


—Sabes perfectamente porque eso no va a ocurrir— soltó entre risas.


— Oh, es verdad— Ochako sonrió al recordarlo— Pero bueno, ¿si no quiere nada porque insiste tanto? — una de sus cejas se levantó. No comprendía la insistencia de aquel tipo— ¿Es estúpido?


Los hombros del pecoso se elevaron y negó con la cabeza.


—Ni idea. Me escribe casi a diario—Ni el mismo Izuku comprendía el comportamiento extraño de aquel hombre— me llama amor, cariño, cielo y miles de apodos de más. Incluso me dice lo mucho que me extraña y lo mucho que piensa en mí.


Para Izuku aquella actitud era de lo más confusa. Una persona que repetía una y otra vez “no te enamores” como si fuera un mantra. Enviando flores, mensajes, llamándole por apodos cariñosos. Para empeorar la situación sabía que ese hombre podría tener a cualquiera a sus pies, pero insistía en verlo constantemente a él. Cuando quedaban para tener intimidad era el primero en besar y el único que repetía entre susurros lo mucho que lo amaba, lo especial que era, entre miles de chorradas que Izuku no tomaba en serio. Sin duda alguna era palabrería barata.


—El sexo con él es bueno— confesó Izuku— pero nada más. A veces creo que es un idiota.


Otro mensaje llegó en ese instante.


—Dice que como no quiero ir a cenar a un restaurante, quiere que este fin de semana vaya a su casa— soltó en un tono burlón.


—¿Irás?


—Sí. Desde mi último fallo amoroso no he tenido nada, así que iré a verlo— agregó con poco interés— No pierdo nada.


Cuando comenzó a conocer a aquel empresario, Izuku había desarrollado sentimientos por él, pero como Katsuki no dejaba de repetirle mil veces que no se enamorase de él, terminó desechando sus sentimientos y pensando en aquel hombre como un simple compañero sexual. Solo sexo y nada más.


...


Al otro lado de la ciudad, en su despacho, Katsuki sonreía mientras admiraba la fotografía de perfil del pecoso. Le encantaba ver aquellos enormes ojos esmeralda, una mirada tan inocente y encantadora, y su brillante sonrisa. Por alguna extraña razón, ver al pecoso lo ponía de muy buen humor.


Se habían conocido por una razón muy absurda. Cuando Katsuki llevaba tan solo dos años divorciado decidió que debía volver a tener citas, por lo que como última opción, terminó por descargar una aplicación de citas. Durante unos días se pasó viendo perfiles aburridos, pero al ver el del pecoso su corazón palpitó con fuerza. Le había llamado la atención, esa mirada inocente y aquella sonrisa. Era diferente por lo que decidió darle like con la esperanza de coincidir. Para su suerte a los tres días el pecoso pareció querer que coincidieran.


—¿A quién le escribes? — preguntó el pelirrojo mientras daba una calada a su cigarrillo.


—A Zuzu—su mirada brillaba y sonreía como un bobo a la pantalla— es tan jodidamente lindo.


Eijiro Kirishima, inversor de la empresa y mejor amigo de Katsuki, le miró con curiosidad. Por supuesto que conocía la historia, al final su amigo no se cansaba de hablar de aquel chico.


—¿El chico que te contó que aquel idiota le rompió el corazón? — soltó casi como burla— mierda, te destrozo el alma saber aquello. Si no recuerdo mal, pasaste de él por un mes.


—Estaba celoso—admitió con desgana y el rostro serio. La sonrisa se había desvanecido por completo de sus labios.


No eran pareja, jamás lo serían, pero por algún extraño motivo Katsuki no podía evitar sentir celos y envidia de cualquiera que fuese capaz de acercarse al pecoso. Para colmo, Izuku le solía contar sobre lo que buscaba en una pareja, sus sueños de donde deseaba casarse, los ligues que tenía entre miles de cosas más, todo aquello que lo golpeaba por dentro.


—Pídele salir. Te la pasas pensando en él y rogándole para que se vean— Kirishima le miró. Era sincero con lo que pensaba.


—No. Yo soy mayor y… estoy bien con solo estar a su lado— mintió.


La respuesta llegó en ese mismo instante. Izuku le confirmaba que podrían ver se en su casa el sábado por la tarde, y eso, alegró el día de Katsuki.


Diversión era todo lo que buscaba al principio, cuando se descargó aquella app de citas. Conocer a alguien para pasar un rato, disfrutar de sus cuerpos y después alejarse como si no hubiese pasado nada, como si jamás se hubiesen conocido. Aquella había sido su intención desde él principio hasta que conoció al pecoso en persona.



“Estoy abajo”


Katuski leyó en su móvil mientras volvía a ajustarse la corbata. Había invitado al pecoso a su oficina. Su plan era claro, creía conocer cómo funcionaba la mente de las personas, le impresionará con su empresa, lo llevaría a cenar y después a un hotel donde tendrían intimidad. Ese era su plan inicial y el que esperaba llevar a cabo con éxito.


Se acercó a la entrada y miró con una sonrisa hacia el ascensor. Esperaba ver bajar a aquel chico atrevido de las fotos de la aplicación, pero lo que apareció en su lugar lo dejó más que maravillado.


— Un ángel— pensó de inmediato al verlo.


No se encontró a un chico atrevido, con cuerina, pantalones diminutos o ropa ajustada. Si bien no habían quedado en un plan en concreto el ver al pecoso de aquella forma le parecía adorable. Izuku llevaba unos pantalones algo holgados, con una camisa ancha que dejaba ver su hombro, una gorra negra y una mochila de lado con el estampado de alguna caricatura que no conocía.


—Hola—dijo nervioso el pecoso.


En ese momento Katsuki no sabía si podría esperar demasiado hasta llegar al hotel. Aquella imagen inocente junto aquel rostro angelical le estaban provocando querer destrozar cada pizca de inocencia y llenarlo de lujuria.


—Hola, Zuzu. Te ves adorable— dijo tomando su mano.


Tiró levemente de la mano del pecoso y le hizo acompañarlo al interior de su oficina. Todo comenzó algo normal, cotidiano. Ambos hablaron de cosas sin importancia, sobre el día del pecoso, sus clases en la universidad y su trabajo como profesor particular.


Katsuki veía con atención al pecoso. Se fijaba en el movimiento nervioso de sus manos. En la suavidad de su voz. En cómo a veces mordía su labio inferior mientras lo escuchaba. La atención con la que lo escuchaba. No había duda alguna que le atraía demasiado. Sus delicados labios parecían rogarle ser besados, y él sentía que no era nadie para negarse.


—¿Puedo acercarme? —preguntó por fin.


Izuku se sintió avergonzado, no sabía por qué, pero le avergonzaba demasiado estar cerca de aquel hombre tan alto y atractivo. Dejó que el rubio se acercarse tanto que no supo en qué momento, pero ocurrió, lo besó. Sus labios fueron tomados con intensidad. Se habían unido en un candente beso que comenzó a escalar. Las voces dejaron de resonar por el lugar, habían sido reemplazados por pequeños suspiros y suaves gemidos que hacían palpitar el corazón de cada uno.

...

Katsuki dejó su móvil sobre su escritorio y sonrió al recordar todo lo que habían hecho aquel día que se conocieron. Aún recordaba a la perfección cómo lo tomó en el sofá de su oficina, él como lo hizo suyo y no se detuvo. Recordó como sujeto sus manos contra el cuero del sofá, el cómo su cuerpo se retorcía de placer y su cuerpo se llenaba de sus marcas. A diario se imaginaba al pecoso recostado, agotado, mientras su pecho subía y bajaba justo como aquel día que decidió que lo quería a su lado.

—Ya quiero verlo—susurro.

Continuará…

Siento la redacción y las faltas ortográficas.