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El Perfecto Fugitivo | KOOKV

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Sinopsis

Taehyung ha escapado de una incesante persecución. ———————— ♡ Adaptación al primer libro de "Señores de las Highlands" de Rowyn Oliver. Este es un trabajo que llevaba años persiguiendo, debido a que la anterior persona que esta realizando la adaptación lo dejo sin finalizar, me di a la tarea de buscar y adaptar, y es por esto que en el camino quiero compartir esta saga de libros, por favor, disfruten.

Genero:
Fantasy/Romance
Autor/a:
MindTeTe
Estado:
Completado
Capítulos:
26
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

1

–No hay duda que acamparon aquí.

McPark Bogum se agazapó frente a lo que fue una pequeña hoguera. Ahora, a la luz del día, solo quedaban cenizas. Los brasas que antes habían estado encendidas eran solo trozos de carbón negro. Sin duda los hombres que ocuparon el improvisado campamento habían dejado arder los pequeños troncos hasta que se consumieron, sin apagarlos con agua o tierra.

Jungkook, el laird de los McJeon, paseaba por el linde del río, observando el paisaje convencido de encontrar una respuesta para aquel asunto que lo había traído hasta allí. Miró con detenimiento las aguas embravecidas que seguían su camino después del pronunciado salto que nacía en las escarpadas rocas. El caudal no era poco y chocaba con los grandes salientes de piedra, envolviéndolos con espuma blanca que brotaba ante su furia. El río, en ese lugar ancho y profundo, era una de las fronteras naturales que separaba el clan McJeon con los dos clanes vecinos: McPark y McJung. Y era precisamente ese el lugar que había sido testigo y escenario de tres violentas muertes.

El pequeño campamento se encontraba al lado de un recodo, donde el río se adentraba en la tierra, rodeándose de árboles y formando un pequeño claro despejado, cuyo elemento central era la hoguera que habían encontrado.

Jungkook miró a su hombre de confianza, Mingyu. Mientras se rascaba el fuerte mentón cubierto por una barba de dos días, Mingyu permanecía de pie al otro lado del claro, observando atentamente cualquier cosa que pudiera llamar su atención y les llevara a averiguar la identidad, o posible paradero, de los asesinos de aquellos ingleses.

Más allá de esos tres hombres, una docena de los mejores guerreros McPark y McJeon observaban a sus lairds. Cada uno de esos hombres darían sin dudarlo la vida por sus líderes. Eran señores poderosos.

El nombre de Jungkook causaba temor y admiración. El joven laird demostraba arrojo en la batalla, pero tenía un carácter sombrío que incomodaba al propio rey de Escocia. Por su parte, McPark Bogum poseía, además de un gran sentido del humor, una inteligencia y astucia casi sobrenaturales. Y a la sobra de los dos lairds se encontraba el diablo de las Highlands: Mingyu. Él era un hombre a quien jamás se llegaría a conocer,y un hombre al que no se podía desafiar a la ligera.

–Nada. –McPark Bogum se apresuró a andar hasta el centro del claro.

Jungkook siguió sus pasos molesto consigo mismo por no encontrar una respuesta que había parecido en un principio tan sencilla.

Esa misma mañana Bogum había aparecido en la fortaleza McJeon siendo portador de extrañas noticias: Se encontraron tres cadáveres en la frontera que delimitaba ambos clanes.Nadie pareció haber visto nada, ni oír rumores sobre forasteros en aquellas tierras altas.

Jungkook volvió a mirar de reojo a Mingyu y lo vio agazaparse cerca del fuego extinto, como había hecho antes Bogum. El temible guerrero y su mejor rastreador estaba observando el terreno, las pisadas y los pequeños puntos de presión sobre la tierra, donde sin duda deberían haber permanecido los hombres durmiendo antes de ser asesinados.

–¿Algo extraño? –Pregunto el laird McPark.

Mingyu asintió y Bogum se agachó a su lado.

–Aquí durmió un hombre.

Jungkook frunció el entrecejo.

–¿Y qué hay de raro en ello?

Mingyu enarcó una espesa ceja rubia y ante el gesto Jungkook suspiró.

Como el silencio de un hombre podía exasperarle tanto era algo que Jungkook no podía comprender, sin embargo nada como las parcas palabras de Mingyu para impacientarle.

–Es extraño Jungkook, porque solo hay uno.

–¿Qué quieres decir?

–Que bien los tres ingleses fueron los atacantes o ni siquiera tuvieron tiempo de recostarse para descansar cuando se produjo el ataque. Me decanto por lo primero. –Señalo el extremo del claro que quedaba a su derecha– Todas las huellas se encuentran ahí. Vinieron del sur.

–Ingleses. –Murmuró Bogum.

–Quizás perseguían a alguno de los nuestros, o de un clan más al norte. –Jungkook pensó en ello, mientras pronunciaba las palabras.

–Sólo uno de los cadáveres estaba cerca del fuego cuando lo encontraron –dijo Bogum–. Los otros dos se encontraban a varios metros, hacia el interior de la arboleda.

–Fueron perseguidos. –Masculló Jungkook.

–O fueron a perseguir a alguien. –Acabó diciendo Mingyu captando la atención de todos.

–No es muy probable. –Jungkook se incorporó mirando al laird McPark. – Lo más lógico es que alguno de nuestros hombres o de los clanes vecinos sorprendieran a los ingleses y los atacaran. Es un buen sitio para hacer una emboscada. –La voz profunda de Jungkook se elevó por sobre el rumor del agua.

–Sí –Asintió Bogum finalmente–Lo es si quienes los mataron salieron de detrás de aquellas rocas.

Señaló un peñasco que se elevaba entre el agua acabando en la hendidura del bosque.

–No me interesa quien haya dado muerte a esos ingleses –dijo Jungkook con cansancio–, lo que quiero saber es porque demonios estaban en nuestras tierras, y si todavía hay alguno que merodea por aquí.

Bogum no necesitaba expresar su opinión sobre ello, porque ambos compartían la misma.

–Tranquilo –dijo Bogum–, si hay un sassunach merodeando por aquí, estos tres cadáveres no serán los únicos que se tiendan sobre nuestra tierra.

Jungkook sonrió al ver la seriedad de su joven amigo. McPark Bogum había cambiado mucho. Ya no era el niño asustadizo que conociera en las tierras Kincaid. Bogum ahora era el laird vecino, digno dirigente de los McPark, pero no siempre había sido así. Tuvieron que ganarse su puesto, aunque consideraban que les pertenecía por derecho, y aprendieron muchas cosas para llegar a ser los hombres que eran y ser dignos de dirigir sus clanes.

Ambos habían perdido a sus padres demasiado pronto. Sin un hombre que lo pudiera educar debidamente en el arte de la guerra, la madre de Bogum, envió a su hijo a la casa del laird Kincaid para convertirle en un hombre. Igual habían hecho con Jungkook, aunque él no había tenido la suerte de conocer a su madre. Pero de igual modo el viejo Yon Bok, el más honorable hombre del consejo y gran amigo de su padre, se había encargado bien él y de su clan. El mismo anciano se había preocupado de darle una educación, de enseñarle las letras y de alimentar sus fantasías con cuentos y leyendas celtas. No obstante, el arte de la guerra la dejó en manos de Lachlam Kincaid, quien no hubiese podido convertir en mejores hombres a aquellos dos muchachos solitarios.

En los años pasados en el castillo Kincaid habían construido una sólida amistad. Lachlam Kincaid se convirtió en su tutor y protector hasta que ambos muchachos, ya convertidos en hombres, abandonaron su lugar de aprendizaje para tomar el control de sus respectivos clanes.

A su regreso, Jungkook reconoció que Yon Bok había hecho un buen trabajo. El clan era próspero y producía ciertos excedentes que podían intercambiar con otros vecinos. Con su sabiduría, Yon Bok, había mantenido la relativa paz, aunque como auténticos hinglanders que eran, se sentían tentados a combatir en cualquier riña que aconteciera.

Cuando Bogum había llegado esa mañana con la noticia de aquellos asesinatos, Jungkook ciertamente creía que era momento de volver a coger las armas, pero se equivocó, lejos de ser hombres McPark o McJung, los tres cuerpos encontrados en la frontera no eran más que ingleses que sin duda habían llegado demasiado lejos en su osadía de viajar al norte. Nadie sentía ninguna clase de afecto hacia los hombres del sur que querían aplastarles con su tiranía. Así pues, no habría lucha entre clanes, ni derramamiento de la sangre de escoceses.

–¿Qué estúpido sassunach se adentraría en las tierras del norte sin más protección que sus espadas?

La pregunta de Bogum quedó en el aire.

Se hizo el silencio. Mingyu se convenció de que nada más podría sacarse de ese lugar. Había huellas de caballos, pero estos ya habían sido encontrados en una colina cercana, pastando y sin dueño. Si hubiese otros, no deberían ser muchos, puesto que su paso por las tierras McJeon no era evidente.

Bogum pegó una palmada dispuesto a hacer algo provechoso con su tiempo.

–¡Vámonos!

Mingyu lo miró con aprobación. Media docena de guerreros McPark subieron a sus monturas y Jungkook instó a otros tantos de sus hombres a que hicieran lo mismo.

Después de una hora Jungkook comprobó que no había señales de otro campamento. Todo se veía tan tranquilo como debería ser.

–Busquemos en el norte. –La voz del laird McJeon sonó fuerte y autoritaria como siempre, pero había un deje de exasperación por no haber encontrado lo que iba buscando.

Si algún sassunach había sobrevivido al misterioso ataque, Jungkook McJeon no había conseguido divisarlo en esos parajes.

–Si se dirigían al norte ya deben estar en las tierras Kincaid. –Dijo Bogum sin atreverse a dar la orden de avisar a Lachlam.

–Le avisaremos. –Anunció Jungkook con resignación.

Bogum sonrió. Al parecer a Jungkook tampoco le gustaba la idea de ver enfurecido a su antiguo tutor.

Salieron del frondoso bosque a paso liguero. Las lomas se extendían ante sus ojos, con verdes pastos y tierra rojiza codiciada por muchos, era sin duda la visión más preciada de las Haighlands. Más allá, las montañas rocosas altas y puntiagudas desafiaban a cualquier forastero a atravesarlas. Muy pocos se atrevería a correr el riesgo de despertar la ira de los clanes del norte y no obstante esos miserables habían perecido allí. ¿Por qué? Jungkook estaba seguro que eso iba a quitarle el sueño.

–No me gustan los ingleses y mucho menos la idea de que merodeen por aquí. A Lachlam tampoco le gustará. –Se aventuró a decir Jungkook momentos después–. Conociéndole deberíamos ser cuidadosos al avisarle.

Con exasperación, vio a su amigo dibujar una sonrisa en el rostro.

–Siempre te empeñas en demostrar que no eres el cachorro que fuiste en casa de Kincaid.

–Este cachorro te daba unas buenas palizas.

Bogum borró la sonrisa de su cara y enarcó una ceja.

–Lo habrás soñado.

Ambos se miraron enfurruñados, pero Bogum juraría que en la mirada del otro bailaba una sonrisa.

–Buscaremos hasta el anochecer. Me gustaría tener zanjado el asunto esta noche, sea como sea. Si no encontramos otro rastro, supondremos que esos hombres vinieron por su cuenta en un ataque de locura.

Hizo trotar a su caballo y Bogum le siguió.

–Independientemente de encontrar algún rastro o no, avisaremos a Lachlam.

–Me parece sensato. –Por primera vez en años, y sin que sirviera de precedente, Bogum le dio la razón–. Aunque todos sabemos cómo se las gasta Lachlam si se le molesta por pequeñeces.

Hasta Mingyu asintió. De sobra era conocido el mal humor de Kincaid con todos aquellos que no fueran su esposa.

Siguieron adelante. Aunque el frío aguijoneaba la piel de Jungkook, el invierno en las Highlands había llegado a su fin. La infructuosa búsqueda continuó hasta el atardecer. El aire frío era cortante y húmedo por el agua que el viento arrastraba del mar. Al subir la colina, el valle que quedaba a sus pies estaba tan desierto de ingleses, como todo el terreno que dejaba a sus espaldas. Jungkook entrecerró los ojos. No sucedía lo mismo con la próxima loma.

–¡Allí! –señaló ansioso Bogum.

Jungkook miró a la minúscula figura subida sobre un grandioso caballo de guerra.

–Un jinete. –Susurró mientras entrecerraba los ojos para verlo mejor.

Vieron el cuerpo tambaleándose a lomos del semental blanco. Como si estuviera esperando que lo divisaran, en ese instante, la figura cayó como un peso muerto a los pies del caballo.

El animal detuvo su paso y, como si quisiera reanimar su dueño, agachó su cabeza para acariciar su hombro con el morro. El pequeño bulto negro no hizo ademán de levantarse, todo y el ímpetu que el caballo ponía empujándole con el hocico.

La reacción de Jungkook fue espolear a su montura hasta llegar a la cumbre. Bogum y los demás se relajaron después de cerciorarse que la llanura, detrás de aquella loma, estaba desierta. Siguieron al laird McJeon permaneciendo atentos a posibles peligros que pudieran surgir de los alrededores.

Jungkook desmontó y con dos grandes zancadas cubrió la distancia que lo separaba del pequeño bulto que permanecía casi inmóvil y gimoteánte.

Ciertamente estaba preparado para encontrarse con un soldado inglés, pero no con lo que tenía ante sus ojos: Un cuerpo semidesnudo, cubierto por una tosca túnica de lana negra, yacía prácticamente inerte sobre la hierba. Lo vio estremecerse por el frío mientras intentaba abrazarse a sí mismo. No se horrorizó por la visión a la sangre, sino porque bajo la capucha no se encontraba un soldado inglés, sino el rostro pálido de un doncel enmarcado por una cabellera oscura como la noche. Un rostro que en otras circunstancias, sin duda, había sido hermoso. Ahora estaba cubierto de suciedad y sangre seca. Jungkook apretó los puños ante la visión.

–Dios mío –murmuró Bogum a su espalda cuando se paró junto a Jungkook y vio lo que había encontrado.

Los soldados no desmontaron, pues sus lairds no habían dado la orden, permanecieron atentos como si esperaran que en cualquier momento aparecieran aquellos que habían golpeado al doncel.

Mingyu frunció el ceño y sintió como un estallido de rabia le subía por la garganta al ver el maltrecho cuerpo del señorito. No obstante consiguió controlarse. Jungkook vengaría aquello, si es que alguien no lo había hecho ya.

Jungkook McJeon deslizó sus toscas manos por la espalda del doncel. El gimió, quizás horrorizado al pensar que sus agresores habían vuelto.

Con sumo cuidado, Jungkook le dio la vuelta para encararlo hacia él. La sangre reseca, que había emanado de un corte en la frente, se adhería a la piel de su rostro esparciéndose por la mejilla y el cuello. El ojo izquierdo estaba morado y el derecho hinchado hasta hacerle imposible parpadear. Intentó incorporarlo levemente contra su cuerpo y la capa oscura se abrió revelando las vestimentas poco convencionales del doncel. Iba enfundado en unos pantalones de cuero negro, unas botas suaves del mismo material y una camisa larga. Ésta le llegaba hasta la mitad de los muslos, deshilachada en los bajos y desgarrada en el hombro izquierdo, dejaba ver la pálida piel de su brazo y parte del pecho.

Jungkook lo abrazó contra sí. Se le agrandaron los ojos, había cortes repartidos a lo largo de su delgado cuerpo. Apretando aún más los dientes a causa de la rabia, lo cubrió con toda la delicadeza que un guerrero como él era capaz de demostrar.

El doncel gimió de nuevo entre los brazos del highlander a causa del dolor.

–¿Está vivo? –Preguntó Bogum.

Jungkook asintió mientras lo alzaba en brazos.

Podía sentir el fuerte latido de su corazón. A pesar de su estado, sobreviviría.

No le cabía duda de que aquello estaba relacionado con los ingleses, ¿pero cómo? Quizás quienes hubiesen matado a los tres forasteros, también lo perseguían a él.

–Puede que consiguiera escapar… –Susurró Jungkook, más para sí que para sus hombres.

–¿Crees que venía con los ingleses?

Jungkook no contestó. Cuando se repusiera lo averiguaría.

Sin perder tiempo agarró el tartán que lucía sobre su montura y lo cubrió con los colores McJeon.

Cuando Jungkook miró el lugar donde había descansado su cuerpo, la hierba se había teñido de rojo, dejando patente que aún tenía heridas abiertas.

–Vamos –dijo sin querer dar explicaciones.

Nadie se atrevió a protestar cuando ordenó regresar a la fortaleza. Podía notar la ira de Mingyu a su lado y la rabia de Bogum mientras oteaban el horizonte, rezando encontrar a algún sassunach a quien despedazar.

Jungkook sintió como se apoderaba de él una furia incontrolable al fijarse en el maltrecho cuerpo del señorito que llevaba en sus brazos. Había cortes profundos en su piel, sin duda hechos por la hoja afilada de un cuchillo.

Mientras avanzaban, sintió alivio entremezclado con asombro pues notó que su pecho se elevaba en una respiración débil. Lo envolvió aún más para protegerlo, maldiciéndose con cada suspiro de protesta que se escapaba de entre los labios del doncel. Intentando que se sintiera cómodo lo sostuvo lo mejor que pudo. Lo hizo cambiar de postura, colocándolo sobre sus muslos bajo la mirada atenta de los que le rodeaban.

Bogum lo observó como si no supiera cuál era su lugar. Pero Mingyu espoleó su caballo para ponerse junto a Jungkook.

–Anunciaré nuestra llegada –dijo Mingyu mirando al moribundo doncel.

–Aprieta el paso si quieres que sobreviva, Jungkook. –El laird McJeon asintió a su amigo Bogum.

Ambos se precipitaron colina abajo rumbo a la fortaleza.

El laird asintió.

El doncel volvió a gimotear y a proferir palabras ininteligibles, pero Jungkook decidió aumentar el ritmo. Sería mejor llegar cuanto antes a casa. Estrujó parte del tartán en una mano y con una presión firme tapó la herida del su pecho. No era muy dado a la oración pero en ese momento oró para que ese desconocido que lo conmovía tanto pudiera ver la luz de otro día.

Avanzando a buen ritmo, sintió la piel caliente de ella bajo su palma. El tartán se humedeció con sangre y él apretó los dientes frustrado. La pequeña cabeza cayó contra su hombro y a los lamentos del viento se añadieron los de él.

Al centrar de nuevo su atención en la carrera, vio como Mingyu le sacaba cierta ventaja, mientras Bogum le seguía de cerca a pocas cabezas de distancia.

Flanqueada la última loma, se alzó ante ellos la fortaleza de los McJeon y su pecho se hinchó a causa de un profundo alivio. No sabía porque le importaba tanto aquel doncel, quizás porque lo habían atacado salvajemente y eso era algo que Jungkook McJeon no podía consentir. Lachlam lo había educado para proteger a su gente, y servir a su rey, pero también para defender a los más débiles, como aquel muchacho con el cabello negro como ala de cuervo.

Un nuevo vistazo a la fortaleza y ésta ya se alzó imponente sobre él.

Sujetándolo con suavidad a modo de no lastimarlo, Jungkook desmontó nada más entrar en el patio de armas. El pequeño cuerpo soltó un quejido de protesta pero él solo lo miró al sentir sus temblorosas manos posarse en sus hombros.

El hermoso joven intentó hablar, y los latidos de su corazón se aceleraron sin que él supiera muy bien por qué. Frunció el ceño al darse cuenta que los ojos del doncel no estaban puestos en él. Era su tartán lo que estaba observando con tanto detenimiento. Pasó unos dedos temblorosos por las coloridas hebras de un rojo sangre y un verde oscuro como la noche, finalmente escuchó su lamento, esta vez claro aunque profundo.

–Kim.

No supo que logró que su corazón se detuviera por un instante, si la súplica o los profundos ojos del joven mirándolo con anhelo.

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Trama absorbente

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Buenos personajes

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Buenos personajes

Diálogos potentes

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Diálogos potentes

author

Me encantan la historias con esta temática, iniciamos la aventura 💜

2 meses
1
author

interesante 🤔
primera vez
04/07/26
honduras

17 días
1

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