Prólogo
Lo primero que nota Seraphina es lo cerca que están.
No es algo inapropiado.
No es escandaloso.
Solo... cerca.
Esa clase de cercanía que no surge de la noche a la mañana.
La pared de cristal de la oficina de Dominic en el centro de Los Ángeles refleja el atardecer a sus espaldas. La ciudad brilla con tonos dorados. Dentro, la iluminación es más suave. Más cálida. Casi íntima.
Había venido corriendo tras la llamada de Natalia.
No tocó a la puerta.
Siete años de matrimonio te hacen eso: te dan la confianza suficiente para entrar al espacio de tu marido sin llamar.
Pero hoy, no entra.
Se detiene.
Dominic está de pie cerca de su escritorio, sin chaqueta y con las mangas remangadas. Su asistente, Natalia, está frente a él, lo bastante cerca como para que sus hombros casi se toquen.
Se ríen en voz baja.
No es una risa corporativa.
No es educada.
Es personal.
Natalia levanta la mano y le quita algo invisible del cuello de la camisa. Sus dedos se demoran ahí.
Dominic no se aparta.
No parece incómodo.
No da un paso atrás.
Exhala suavemente, esa clase de suspiro que Seraphina conoce demasiado bien. El que suelta cuando se siente comprendido.
«No tienes que fingir conmigo», dice Natalia en voz baja.
Fingir.
A Seraphina se le cierra el estómago.
La respuesta de Dominic es un murmullo: «Lo sé».
Dos palabras.
Dos palabras que pesan más que cualquier confesión.
Natalia se acerca más. No es por accidente. No hay tropiezos. No hay sorpresa.
Inclina el rostro hacia arriba, lentamente.
Y Dominic... Dominic no retrocede.
Él levanta la mano.
No para detenerla.
No para poner distancia.
Sino para sostenerla.
En su cintura.
Sus labios se encuentran.
Suaves.
No es algo desesperado.
No es algo apresurado.
Pero tampoco hay rechazo.
Por un instante, por un segundo, el tiempo parece estirarse.
Y él no se aparta.
Es esa pausa la que la destroza.
Porque si hubiera sido por sorpresa, se habría alejado de golpe.
Si hubiera sido un error, habría dado un paso atrás de inmediato.
En cambio, él aprieta un poco la mano.
Como si la estuviera anclando a él.
Cuando por fin se separa, no es porque él haya decidido hacerlo.
Es porque ve su reflejo en el cristal.
De pie, allí.
Observando.
Su rostro pierde el color. Su mano cae como si se hubiera quemado.
Pero ya es demasiado tarde.
El beso no fue la traición.
La duda lo fue.
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A/N: Encuentra la historia original solo en Wattpad @Gunj40 💙
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Seraphina no irrumpe en la oficina.
No monta un escándalo.
Simplemente da media vuelta.
Y se aleja de la oficina, y de la versión de su matrimonio que creía intocable.
Para cuando Dominic llega al pasillo, ella ya no está.
Y, por primera vez en siete años, él no sabe cómo arreglar lo que acaba de romperse.
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