𝑳𝒂𝒛𝒐 𝑹𝒐𝒕𝒐. ┊𝑮𝒖𝒏 𝒙 𝑮𝒐𝒐

Sinopsis

Gun es un médico que, después de emigrar de Japón a Corea tras una tragedia, decide tomar un rumbo distinto al que se le reasignó al nacer. En ese nuevo camino, termina cruzándose con un omega que no esperaba. Goo es un omega que, tras un evento desafortunado, termina marcado por un alfa que ni siquiera conoce. Un vínculo que no debería existir... y que tampoco parece sostenerse. Gun ha salvado muchas vidas. Pero nunca había dudado tanto frente a un paciente. Goo, atrapado en el dolor de su propio Lobo, no entiende por qué, cada vez que el médico que lo cuida está cerca, algo dentro de él se calma. Y eso... no debería pasar. ─── ・ 。゚☆: *.𓃦 .* :☆゚. ─── 𝐻𝑖𝑠𝑡𝑜𝑟𝑖𝑎 𝑐𝑜𝑟𝑡𝑎.

Estado:
En proceso
Capítulos:
3
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n/a
Clasificación por edades:
18+

Roto

Es jodido ser mordido por un alfa, y más si ese alfa era uno cuyo nombre ni siquiera conocías.

La sensación era indescriptible. No sabría, a ciencia cierta, cómo describir el dolor; era más que físico. Era la angustia de saberse vinculado a un bastardo. No se suponía que fuera así.

No era eso lo que me contaban cuando era niño.

Recuerdo escuchar todo tipo de historias sobre lo hermoso que era ser marcado por el alfa que amabas, el que escogías. Mi abuelo - omega como yo - decía que era como entrar en un estado de euforia y plenitud, que tu alma y tu lobo se conectaban con los de tu compañero.

Y yo lo creí.

Creí que dolería distinto. Que dolería bonito.

Imaginé demasiado ese día...

Nunca imaginé que fuera este.

No recuerdo mucho después de la mordida, solo la desesperación y el mareo que hizo que cayera sobre la nieve.

Y unas manos, que no eran de él.

Eran más pequeñas. Temblaban. La voz de un omega pidiendo ayuda como si el mundo se estuviera acabando.

Tal vez lo estaba.

Cuando desperté del todo, lo primero que noté fue el peso. No el de las mantas, era una pesadez en el pecho que me era difícil incluso para respirar.

Sentado ahora mirando las sábanas que cubrían mis piernas, pienso que si de no haber intervenido ninguno de los dos estaría vivo. Irónico, porque el único que realmente está sufriendo soy yo.

Las vendas en mi cuello era una muestra sangrante de mi impulsividad, dolia al tragar y el nudo en mi garganta tampoco dejaba las cosas fáciles. La piel ardía debajo, como si la mordida siguiera abierta. Como si aún estuviera ahí.

Y mi lobo, confundido, daba vueltas en mi interior. Como si buscara algo, como si algo faltara.

¿Y yo?

Buscaba respuestas en las sábanas. En silencio, como si mirar fijamente un punto pudiera dármelas.

Las voces en los pasillos, el sonido de las máquinas y el tenue olor dulce detrás de la puerta me decían que no estaba solo.

Pero me sentía así.

Había alguien afuera. Podía olerlo, ese aroma dulzón distorsionado por la culpa y por una tristeza que calaba en mis huesos.

Mi lobo no reaccionó como siempre, solo estaba ahí, buscando algo que nunca tendría.

La puerta se abrió al final.

No levanté la mirada, No hacía falta.

El cambio en el aire fue suficiente.

El olor dulce se volvió más intenso. Ya no filtrado por la puerta, sino contenido en la habitación como algo que no sabía si quedarse o salir corriendo.

Dudó.

Lo supe por la forma en la que el silencio se estiró entre nosotros.

-...Goo.

Mi nombre sonó distinto en su voz. Más baja. Quebrada por las lágrimas, no hacía falta verlo, lo conozco bien.

No respondí.

Mis dedos se tensaron apenas sobre las sábanas, arrugando la tela sin darme cuenta.

Escuché sus pasos lentos acercarse, como si temiera que si se acercaba más terminaría de romper algo que ya estaba roto.

No como alguien que entra a ver a un amigo.

Como alguien que no está seguro de tener derecho a estar ahí.

-Estás despierto...

Lo dijo como un alivio o no se, tal vez como si hubiera esperado encontrarme peor.

O tal vez... no encontrarme.

Tragué saliva. Fue fatal. El ardor en mi cuello se intensificó de más, una punzada que me obligó a cerrar los ojos por un segundo.

No iba a darle eso. No iba a darle más preocupación.

-¿Qué esperabas? -murmuré al final, con la voz más áspera de lo que recordaba-. ¿Que no despertara?

El silencio que siguió fue más pesado que el anterior.

No respondió enseguida.

Y eso... fue respuesta suficiente.

Finalmente levanté la mirada.

Solo un poco. Lo suficiente para verlo sin tener que mirarlo del todo.

Tenía los hombros tensos, las manos juntas frente a él como si no supiera qué hacer con ellas. No se acercó más.

-Yo...-empezó, pero la palabra se le quedó a la mitad-. Yo lo sien...

Lo corte.

No necesitaba que lo dijera. Aun así, algo en mi pecho dolió más.

-No lo digas.

Mi voz salió plana, vacía. Porque no había porque decir "perdón".

Porque no sabía qué se suponía que debía sentir. Porque no estaba seguro de querer oirlo en absoluto.

Bajé la mirada otra vez.

-Gracias -añadio después de unos segundos.

Solté una risa sin gracia y sin amargura, no había porque tenerla, el no tenía la culpa de mi impulsó.

Pero yo conocía a este omega, no se quedaría callado en situaciones como esta.

-No tienes que...

-Pero...

Lo corté antes de que terminara.

Porque si lo dejaba seguir, iba a decir algo que ninguno de los dos quería escuchar.

El silencio volvió a instalarse entre nosotros.

Mi lobo no reaccionó. Y eso me incomodó más de lo que debería. Porque no era así, no con él.

No dijimos nada por mucho tiempo, yo no lo mire pero sabía que él a mi si.

Mire el techo cuando él salió, no hubo un hasta luego o palabras de consuelo, ¿para que decirlas? ¿Cambiaria algo para nosotros? No, no lo haría.

Pero mi consuelo era que estaría ahí.

Aún que estaba solo, o eso sentía.

Porque el silencio no llegó del todo.

Algo seguía ahí.

No sabía el porque, y no me interesa saberlo.

Llevé la mano, con cuidado, hasta el vendaje en mi cuello. No presioné. No hacía falta,dolería si lo hiciera. El ardor seguía vivo, latiendo bajo la piel como un recordatorio constante.

Como algo que no iba a desaparecer.

Cerré los ojos solo un momento.

Lo suficiente para intentar no pensar, en no sentir.

Fue entonces cuando lo sentí.

No fue dolor, no exactamente. Era otra cosa. Un tirón apenas perceptible, como si algo, en algún lugar, se moviera al mismo tiempo que yo.

Fruncí el ceño.

Mi lobo no reaccionó pero tampoco lo ignoró. Se quedó ahí, quieto y atento.

Esperando.

Y por primera vez desde que desperté me pregunté si el vínculo también podía sentirse desde el otro lado.

Abrí los ojos de golpe. No. No quería pensar en eso, no quería darle forma. Porque si lo hacía... entonces era real.

Y si era real... no iba a desaparecer.

Giré el rostro hacia la ventana. La nieve seguía cayendo, lenta, indiferente, cubriendo la ciudad como si nada hubiera pasado.

Como si nada importara.

Tragué saliva, ignorando el dolor.

-Es jodido ser mordido por un alfa... -murmuré para mí mismo, apenas un hilo de voz.

Mis dedos se tensaron sobre las sábanas.

Y aunque no quería admitirlo, el vínculo seguía ahí.

Y no desaparecería...