Ella
Esa tarde el campus estaba tranquilo, aunque el sol pegaba demasiado fuerte al costado de Jungkook, haciéndolo sudar y eso lo ponía de mal humor.
Apoyado contra la pared cerca de la entrada de la cafetería, con la chaqueta abierta dejando ver ese tatuaje que le subía por el cuello y todo el mundo le halagaba; se llevó el cigarro a los labios y aspiró profundo.
El humo salió lento por su nariz mientras deslizaba el pulgar por la pantalla del celular.
Instagram estaba que ardía. Acababa de subir un video nuevo bailando, una melodía lenta y sucia donde movía las caderas como si se estuviera cogiendo a alguien contra la pared. Los likes ya pasaban de los diez mil y los mensajes privados eran un desfile de desesperadas.
“Jungkook oppa, mira esto para ti”
Una foto tras otra: nalgas, tangas metidas entre ellas, dedos abriéndose, coños mojados brillando en primer plano. Algunas hasta le mandaban videos tocándose mientras gemían su nombre.
Jeon se rió — Demasiado fácil — murmuró, pasando las imágenes sin detenerse demasiado. Le divertía el poder, sí. Le ponía ver cómo se arrastraban por un pedazo de él. Pero al final le daba un poco de asco.
Todas iguales. Todas vacías. Ninguna que realmente lo retara, que lo hiciera querer destrozarla de verdad y si tenían suerte, quedarse con ella.
De pronto, un coro de silbidos y gritos llamó su atención.
— Mierda, mírala...
— Justo como me la recetaron...
El pelinegro miró en dirección y sus cejas se fruncieron en deleite — Quién es esa bebita nueva...
Entrando a la zona de cafetería como si el mundo entero se hubiera detenido para mirarla.
Ese trasero era una obra de arte: redondo, jugoso, alto, moviéndose con cada paso de forma natural pero tan provocativa que parecía que estaba pidiendo que lo agarraran a dos manos y lo abrieran.
Su cintura era pequeña. Camiseta cropped negra que dejaba ver un trozo de piel suave en la espalda baja, cabello corto, rubio y brillante cayéndole más allá del cuello, moviéndose como seda.
Todo el mundo la miraba. Los chicos silbaban, las chicas murmuraban con envidia. Su voz suave se escuchó un segundo cuando saludó a alguien en la entrada, dulce, erótica.
Jungkook sintió un latigazo directo en la polla.
— ¿Quién carajos eres? — gruñó para sí mismo, con ojos clavados en esa retaguardia mientras se dirigía al mostrador de cafés.
Sin pensarlo dos veces, aplastó el cigarro contra la pared con la palma. Se pasó la lengua por el labio inferior, sintiendo cómo la sangre le bajaba.
Tenía que saber quién era esa pequeña tentación que acababa de llegar a su territorio.
Costara lo que costara.
Con las manos metidas en los bolsillos de los jeans, empezó a caminar hacia la cafetería. Ya podía imaginar sus manos tatuadas agarrando esas caderas, clavándose en esa carne mientras la doblaba sobre una mesa.
— Bienvenida, barbie... vas a ser mía.
Intentando parecer casual se colocó justo al lado de ella en la fila, tan cerca que podía oler el dulce perfume que salía de su cuello y ese aroma a vainilla que tanto le encantaba que usaran las chicas.
Sus ojos bajaron sin disimulo: el jean se le hundía de una forma tan obscena que casi podía imaginar cómo se sentiría subírselo más hasta romperlo.
Cuando ella pidió su café y un sándwich, él se inclinó hacia el cajero.
— Tranquila, yo lo pago.
La rubia giró la cabeza lentamente. Esos ojos gatunos, delineados con sombra leve, lo miraron de arriba abajo como si fuera un insecto pegado en la suela de su zapato.
— ¿Disculpa? A ti nadie te pidió que pagaras nada. Tengo mi propio dinero. Y apestas a cigarrillo, ¿puedes alejarte un poco? Me estás mareando.
El cajero se quedó congelado. Jungkook parpadeó, literalmente en shock. ¿Qué carajos acababa de decir? ¿Que apestaba? ¿Que nadie le había pedido nada? Ninguna perra en toda la universidad se había atrevido a hablarle así.
Todas se derretían, se sonrojaban, se abrían con solo una mirada suya. Y esta... lo acababa de mandar a la mierda con voz de ángel.
Jeon sintió su ego un tanto herido. El rechazo le supo a fuego. Le gustó. Demasiado.
Ella tomó su bandeja sin mirarlo dos veces, y se alejó contoneando las caderas como si nada. Jungkook se quedó ahí parado, con la tarjeta aún en la mano y una sonrisa formándose en sus labios.
— Interesante... muy interesante.
Más tarde, al final de las clases, estaba saliendo del campus cuando la vio de nuevo. Caminaba hacia el estacionamiento con el bolso colgando del hombro. Entonces se montó en un deportivo rosa de lujo, de esos que cuestan más que el sueldo anual de la mayoría de los maestros.
El pelinegro silbó, metiéndose las manos en los bolsillos.
— Joder... esa pequeña debe estar forrada en dinero. No solo tiene el culo más rico del campus, sino que viene con carro de millonaria. Qué puta combinación.
Se puso el casco de su moto customizada, encendió el motor y salió detrás de ella.
En el primer semáforo en rojo, se detuvo justo al lado. Levantó el visor con un dedo, dejando ver sus ojos oscuros. La miró fijamente, sin vergüenza, como si ya estuviera imaginando cómo la iba a follar contra el capó de ese carro caro.
Ella giró la cabeza, lo miró un segundo... y puso los ojos en blanco con fastidio evidente.
Ni una palabra. Ni un sonrojo. Solo ignoró su presencia como si fuera un mendigo en la calle y subió el volumen de la música dentro del auto.
Jungkook no dijo nada. Solo sonrió de lado. Cuando la luz cambió a verde, aceleró la moto con fuerza, haciendo rugir el motor. Las ruedas traseras patinaron un segundo, dejando una nube espesa de humo y olor a llanta quemada justo al lado del deportivo rosa.
— Al final vas a terminar gritando mi nombre con ese culito jugoso lleno de mí.
Llegó a su casa un rato después. Apagó el motor, se quitó el casco y entró directo a su habitación. Se dejó caer en la cama, todavía con la imagen en su memoria.
Sacó el celular, abrió Instagram y buscó el perfil de la universidad por si alguien había subido algo sobre la “nueva”. Nada todavía. Pero no importaba.
Era cuestión de tiempo.
Al día siguiente Jungkook estaba en su posición: bate en mano, sudor corriendo por su cuello tatuado y pegándose a la camiseta negra que marcaba cada músculo de su torso. Estaba concentrado hasta que un grupo de chicas llegó riendo y se sentaron en la grama cerca de la valla, justo en su línea de visión.
Entre todas estaba ella.
Se veía delicada, femenina, peligrosa.
Jungkook falló el siguiente swing por primera vez en todo el partido. Sus ojos se clavaron en ella mientras las chicas hablaban animadas.
— ...y Jimin, ¿vas a la fiesta del viernes? —preguntó una.
Jimin...
El nombre le golpeó la lengua como caramelo de licor. Jungkook lo saboreó en silencio, repitiéndolo en su cabeza: Ji-min. Ji-min.
Joder, sonaba tan bien.
Cuando todos empezaron a dispersarse, él se acercó caminando lento, pasó justo al lado de ella, tan cerca que casi rozó su hombro. Le lanzó una mirada.
Jimin levantó la vista un segundo, pero no dijo nada. Jungkook siguió hasta los vestidores.
Al salir de las duchas, encendió un cigarro y pasó por el estacionamiento. Ahí estaba ella de nuevo, rumbo a su carro.
— Oye, Jimin...
Ella giró con sorpresa. Al verlo, sus ojos se entrecerraron y volvió a poner cara de fastidio. Siguió caminando sin responder.
Jungkook sonrió y la siguió sin prisa, caminando a su lado con las manos en los bolsillos de los jeans.
— ¿Te caigo mal?
— Muy mal — respondió sin mirarlo.
— ¿Puedo saber por qué?
Jimin se detuvo, se cruzó de brazos y lo miró directo a los ojos.
— Te conozco. Mi hermano te sigue en Instagram. Eres famoso por ser un bastardo egolatra y mujeriego. No me gusta la gente así.
Jungkook soltó una carcajada, echando la cabeza hacia atrás.
— Qué palabras tan vulgares para una princesita tan dulce — dijo, lamiéndose el labio inferior mientras sus ojos bajaban a sus labios rosados y brillantes — me sorprende que te dejes llevar por los comentarios de la gente y no te des el tiempo de conocerme realmente.
Jimin lo miró con una sonrisa hermosa — ¿Hoy es el día del acosador? No lo sabía, ¡felicidades! Pero estoy muy apurada y ya te dije que odio el olor del cigarrillo. Deja de seguirme.
— Oh — Jeon levantó ambas manos en fingida inocencia, con el cigarro aún entre los dedos, dejando caer ceniza al suelo — No te estoy siguiendo. Tú te atraviesas en mi punto de enfoque siempre que estoy por ahí. Es tu culpa.
Ella negó con la cabeza, esa sonrisa preciosa aún en los labios. Sacó de su bolso un pequeño frasco de perfume y, sin pedir permiso, roció dos veces directo sobre el enorme cuerpo de Jungkook.
— Mejor — dijo ella, refiriéndose al olor — Estoy perdiendo mi clase de pilates. La próxima vez que te me acerques, que le ruego al cielo que no sea nunca más, trata de oler a perfume y no a nicotina ni tabaco.
Dicho esto, se dio la vuelta y se alejó.
Él se quedó mirándole el culo hasta que se subió al deportivo y arrancó. El cigarro se consumió entre sus dedos sin que lo notara.
— Hija de puta... — gruñó, apretando la mandíbula — qué rica estás... me vas a volver loco.
Se llevó la mano a la entrepierna, ajustándose la polla. El rechazo le ardía en la sangre. Nadie, absolutamente nadie, lo había tratado así. Y en vez de enfadarse, solo quería agarrarla del cabello, y follarla hasta que quede ronca.
Esa princesita le estaba declarando la guerra la guerra.
Y Jungkook nunca perdía.
La fiesta del viernes llegó y era un jodido caos. Jeon ya llevaba varias horas ahí, sentado en un sofá como un rey en su trono, con una botella de whisky en la mano y el humo de un porro grueso saliendo de sus labios.
Estaba fumado hasta la médula, con los ojos rojos y pesados, el alcohol quemándole las venas.
Y no podía dejar de mirarla.
Jimin estaba ahí, en medio de toda esa mierda, pero parecía sacada de otro mundo. Pantalón negro, hoodie ancho color lila.
Varios cabrones la rodeaban como moscas. Un tipo le hablaba, otro le ofrecía un trago, un tercero intentaba bailar pegado a ella.
Cada vez que uno de ellos se acercaba demasiado, Jungkook sentía un nudo de celos salvajes retorciéndose en el estómago.
Mujeres no dejaban de intentarlo con él. Una morena se sentó a su lado mientras le susurraba obscenidades al oído. Otra le bailaba delante, luciendo un escote junto a unas tetas gigantes. Jungkook ni las miraba. Sus ojos seguían clavados en Jimin, en cómo se reía, en cómo en vez de beber licor tenía una botella con agua; en cómo se peinaba el cabello y se retocaba el maquillaje.
Cuando la vio dirigirse sola hacia el baño del pasillo, se levantó como un animal.
Dejó la bebida a un lado y la siguió.
Esperó fuera, apoyado contra la pared, fumando otro cigarro mientras debatía consigo mismo. Nunca había perseguido a nadie así. Nunca. Pero Jimin... esa princesita arrogante sacaba lo peor de él.
Lo obsesivo. Lo psicópata. Quería agarrarla, marcarla, dejarla escurriendo.
La puerta del baño se abrió y ella salió. Al verlo, se detuvo un segundo, luego sonrió y miró a ambos lados antes de pararse frente a él, mirándolo desde su baja estatura.
— ¿Hola? ¿Me buscabas?
— Solo quería asegurarme de que estuvieras bien... — expulsó el humo.
— Oh... qué protector. ¿Tengo que estar agradecida?
— No estaría mal una recompensa...
Jimin pasó dos deditos pequeños, con uñas pintadas de un brillo tornasol, por los pectorales duros de Jungkook, bajando lento por el centro de su pecho. Se mordió el labio, mirándolo con ojos inocentes.
Jeon sintió que estaba a punto de venirse con solo ese toque.
— Soy una dama... — susurró.
— Me encantan las damas... son las que se ven más lindas dando una mamada... lo hacen... con elegancia — sonrió.
Ella soltó una risa baja.
— Eres un depravado...
— No me has visto en acción.
— ¿Tratas de crear intriga en mí?
Jungkook ya no aguantó más. La tomó por la cintura, pegándola contra su cuerpo.
— Lamento mucho si huelo a tabaco y alcohol; es lo que hay — gruñó contra su oído.
— Odio ese olor... — susurró Jimin, pero su respiración estaba entrecortada.
— En cambio a mí me fascina el tuyo —respondió, hundiendo la nariz en su cuello, inhalando ese perfume dulce que lo volvía loco.
La rubia miró hacia el pasillo vacío y se puso de puntillas, rozando sus labios contra la oreja de más alto, jugando con su cordura.
— Tienes que dejar de acosarme, Jungkook.
— Joder... — su nombre dicho así, con ese aliento a caramelo de menta saliendo de esa boquita perfecta, casi lo hizo gemir — Me gustas.
— Lo sé...
— Déjame tenerte.
— No me acuesto con fumadores ni ebrios — se burló, pero sus manos seguían sobre el pecho de él, sintiendo cómo latía su corazón desbocado.
— Déjame ser el primero entonces.
Ella se alejó un paso, acomodándose el cabello con una sonrisa juguetona.
— Sigue intentando. No voy a ser otra de tu lista — dijo, y se dio la vuelta.
Jungkook pegó la cabeza contra la pared, cerró los ojos y exhaló. Le iba a explotar la verga. Estaba tan duro que dolía. Tenerla así cerca, olerla, sentir esa cintura entre sus manos... fue algo mortal.
— ¿Qué es lo que tengo que hacer para que me hagas caso?
No obtuvo respuesta. Jimin ya había desaparecido entre la multitud.
Pero él no pensaba rendirse tan fácil.
Pasaron unos minutos. Jungkook se recompuso y volvió a la fiesta. Sus ojos buscaron de inmediato esa figura delicada entre la gente. La encontró cerca de la barra, riendo con un par de chicas mientras sostenía su botella de agua.
Se había quitado el hoodie y ahora llevaba una camiseta corta y ajustada.
Y los lobos seguían rondando a su alrededor.
La mano se le cerró en un puño. Le quitó la bebida a alguien que pasaba por ahí, se la terminó de un trago, dejó la botella con fuerza sobre la mesa y caminó directo hacia ella, abriéndose paso entre la gente como un toro.
Cuando llegó, el tipo que estaba bailando pegado a Jimin lo observó. Jungkook solo le dedicó una mirada, de esas que prometían romperle la cara si no se quitaba. El otro se apartó sin decir nada.
Jimin sintió la presencia a su espalda y giró. Al verlo, levantó una ceja.
— ¿Otra vez tú? ¿No te cansas?
Jeon se inclinó sobre ella y le habló al oído.
— Dime qué carajos tengo que hacer, Jimin. ¿Quieres que deje de fumar? ¿Quieres que me bañe en un puto perfume caro? ¿Quieres que mande a la mierda a todas las perras que me mandan fotos de sus coños? Dímelo y lo hago. Pero deja de correr cada vez que te me acerco.
Ella lo miró desde abajo.
— El problema es que eres demasiado... todo. Demasiado intenso. Demasiado sucio. Demasiado acostumbrado a que te abran las piernas sin esfuerzo. Yo no soy fácil. Y no me gusta compartir. No quiero estar en comentarios como “el chico de Jimin me dio like, ayer follé con el chico de Jimin. Solo la usa, fue otra conquista vacía”. Valgo demasiado para estar en eso.
La mano de él bajó y se posó en su cintura.
— Sé que no eres como las demás... puedo mostrarte que no soy como me pintan.
Jimin soltó una risita, casi inocente, pero sus uñas se clavaron en los brazos contrarios.
— Suenas muy seguro de que voy a abrirme para ti... — sus deditos bajaron lentamente, rozándole los abdominales hasta llegar al borde de los jeans — pero aquí estás... apestando a cigarro y al perfume barato de otras mujeres. Y yo... soy muy exigente con lo que me meto en la boca y en otros lados.
Jungkook gimió bajo, cuando esos dedos rozaron la cabeza de su polla por encima de la tela.
— Deja de hacer eso...
— ¿O qué?
— No podré controlarme más.
Ella se separó un paso, mordiéndose el labio.
— No es tu noche. Sin embargo, la próxima vez que quieras acercarte, ven limpio. Sin humo. Sin alcohol. Y quizás... solo quizás...
— Vas a ser mía, barbie... aunque tenga que arrastrarme por ti como un puto perro. Y cuando por fin te tenga debajo de mí, te voy a follar tan salvajemente que vas a olvidar hasta cómo se camina.
— Suerte con eso...
Habían pasado cuatro días de tortura.
Jimin lo evitaba con elegancia cruel: caminaba por los pasillos con ese culo redondo balanceándose bajo jeans apretados, le lanzaba miradas con esos ojos gatunos y sonrisas que decían “sigue soñando, bad boy”. Cada vez que Jungkook intentaba acercarse, ella se escabullía entre sus amigas o simplemente lo ignoraba, dejando que otros tipos la rodearan como perros en celo.
Odiaba esa mierda.
¿Por qué le daba acceso a otros y no a él?
Esa tarde el campus ya estaba casi vacío. El sol se ponía, tiñendo todo. Jeon caminaba hacia el estacionamiento, aún con la ropa que usó para el béisbol. Había decidido que hoy no se iba a ir sin tocarla de verdad.
Y entonces la vio.
Jimin estaba apoyada contra su deportivo, revisando algo en el celular.
Hermosa.
Jungkook no pensó. Solo actuó.
Caminó directo hacia ella, rápido, casi corriendo. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, la agarró por la cintura con una mano, con la otra le tapó la boca para que no gritara, y la empujó con contra el costado de su carro.
El cuerpo de Jimin quedó atrapado entre el metal y el torso duro y sudado del más alto.
— Se acabó tortura, bebé — gruñó contra su oído — llevo cuatro días viéndote sonreírle a otros cabrones mientras yo me jalo la verga pensando en ti. Cuatro días, sin contar los demás desde que llegaste. Ya no aguanto más.
Jimin se removió con los ojos muy abiertos, pero su cuerpo traicionero se arqueó contra él. Jungkook quitó la mano de su boca solo para reemplazarla con sus labios, besándola con fuerza, metiéndole la lengua como si quisiera devorarla. Sabía delicioso, sus labios eran gruesos y jugosos.
Sus manos bajaron sin permiso. Una se clavó en esa cintura pequeña, la otra bajó directo, agarrando una nalga con toda la palma, amasándola con rudeza, separando la carne por encima de los pantalones.
— Joder... este culo... — jadeó contra su boca, mordiéndole el labio inferior — ... llevo días imaginando cómo se ve abierto y chorreando para mí.
Jimin gimió. Sus manos pequeñas empujaban el pecho contrario pero sin fuerza real.
— Debes estar mojada por mí, ¿verdad, princesita? Aunque digas que me odias... tu cuerpo ya sabe lo que quiere.
La presionó más contra el carro. Empezó a frotarse contra ella, con movimientos sucios y desesperados, como si ya la estuviera follando ahí mismo en el estacionamiento.
— Jung... Kook...
— Dime que pare... — gruñó, mordiéndole el cuello, dejando chupetones rojos — Dime que pare y lo intento. Pero sé que no quieres. Sé que quieres que te rompa hasta que llores.
Su mano cambió de lugar, metiéndose bajo las bragas, buscando ese calor húmedo...
Pero...
No era una vagina suave y resbaladiza lo que encontró.
Era una polla.
Dura, caliente y gruesa. Pulsando contra su palma.
Jeon se congeló, los ojos muy abiertos, la respiración cortada. Bajó la mirada entre sus cuerpos. Jimin tenía las mejillas rojas, los labios hinchados por los besos, el cabello revuelto... y entre sus piernas, una verga bonita, rosada, goteando contra sus dedos tatuados.
— Qué... carajos... ¿Tú... eres...?
Jimin lo miró directo a los ojos — ¿Un hombre? — sonrió — Sorpresa, bad boy... —susurró con voz suave — ¿Ahora qué harás? ¿Huirás o vas a terminar lo que empezaste?
Jungkook también sonrió. El shock se mezcló con una lujuria tan brutal que le nubló la vista. No soltó la polla de Jimin. Al contrario, empezó a jalársela lento, con la mano envolviéndola completa, el pulgar rozando la cabeza sensible y mojada.
— Que hija de puta... — gruñó — me has tenido semanas pensando que tenías un coño apretado... y resulta que tienes una polla tan linda como ese culo que me vuelve loco.
La sorpresa de Jimin fue aún mayor.
— Te dije que no me conocías... que no sabías nada de mí, pero me presento: me llamo Jeon Jungkook y también me encantan las pollas.
Apretó más fuerte, masturbándola mientras su propio pene palpitaba dolorosamente contra la cadera de la rubia.
— No me equivoqué en decir que eras un depravado — jadeó. Sus piernas temblaban.
— Esa te la doy, bebé... me importa una mierda lo que tengas entre las piernas. Ese culpable sigue siendo mío. Y tu polla... — le dio un jalón más fuerte, haciendo que Jimin sollozara — ...esta polla va a correrse para mí.
— P-pero... Jungkook. Espera, aquí no — rogó — ven a mi departamento en la noche.
— No sé dónde mierda vives y estoy tan duro ahora que no me importa quien pueda ver.
— Nos van a expulsar. Piensa, por favor. Vivo sola... te daré mi número y mi dirección.
Le dio un azote en una nalga y se separó. Su falo estaba por reventar la cremallera — Hazlo rápido, estoy desesperado.
— Sí — sacó su teléfono y se lo entregó — pon tu número — te enviaré la ubicación.
Jungkook lo hizo. La tomó por la mandíbula y la besó — Me sigues encantando de igual forma. Iré a tu casa esta noche y ojalá no sea mentira.
— Es verdad, lo juro... yo... también siento curiosidad por ti — le acarició la entrepierna — nunca he tenido uno así...
— Lo tendrás todo — le dio un último beso y se fue.
El resto de la tarde fue peor de desesperante que los días anteriores.
En su casa, Jeon se duchó dos veces, se puso perfume, se cambió de ropa tres veces. Se miró al espejo y se rió de sí mismo: nunca en su vida se había arreglado tanto para follar.
Pero esta no era una follada cualquiera. Esta era con Jimin.
A las 9:30 de la noche ya no aguantaba más.
El mensaje llegó exactamente a las 9:45:
“Edificio Occidente, penthouse 1803. Te espero.”
Jungkook sonrió. Se montó en la moto y voló por la ciudad. Cuando llegó al edificio de lujo, el portero ni siquiera preguntó. Jimin ya había dado su nombre. Subió en el ascensor, tocó el timbre.
La puerta se abrió.
Y ahí estaba ella.
Jimin vestida solo con una bata de seda negra corta que apenas le cubría los muslos. El cabello suelto y húmedo, como si acabara de salir de la ducha. La bata estaba ligeramente abierta en el pecho, dejando ver la curva suave de su pecho. Abajo, sus piernas desnudas, y entre ellas...
— Bienvenido... — susurró con esa voz suave y erótica, haciéndose a un lado para dejarlo entrar.
El pelinegro o dijo nada. Entró, cerró la puerta con el pie y en menos de un segundo la tenía contra la pared del pasillo. La bata se abrió de golpe, dejando ese cuerpo delicado completamente expuesto.
— Joder... — gruñó, bajando la mirada mientras una mano agarraba esa verga ajena y empezaba a masturbarla lento — ... toda la semana provocándome y ahora me esperas así.
Jimin gimió alto, con la cabeza echada hacia atrás contra la pared y las manos clavándose en los hombros del contrario.
— Estoy muy sensible... tus manos me queman.
Él sonrió, acelerando el movimiento mientras con la otra le abría más la bata y bajaba la boca hasta morderle un pezón.
— Estás temblando... no puedes correrte todavía, princesita. Primero voy a comerte ese culo que me tiene obsesionado.
La giró, pegándole el pecho contra la pared. Le separó las nalgas con ambas manos, exponiendo su agujero rosado y apretado que brillaba ligeramente; depilado y suave.
Jungkook se arrodilló sin vergüenza, sacó la lengua y lamió lento desde los testículos hasta el ano, saboreando el gusto dulce y limpio.
— Maldita sea... qué rico sabes — gruñó metiendo la lengua, follándolo con la boca mientras su mano seguía jalándole la polla hacia atrás.
Jimin temblaba, gemía empujando hacia atrás buscando más.
— Jungkook... voy a venirme.
— No — Se levantó, se bajó los pantalones de un tirón y sacó su verga, la frotó entre sus nalgas, presionando la punta — Vas a tomar todo, bebita... hasta el fondo —susurró contra su oreja, mordiéndole el lóbulo.
Empujó lento pero sin piedad, abriendo centímetro a centímetro mientras Jimin sollozaba de placer y dolor, con la polla goteando sin parar contra la pared.
— Dime que te gusta... dime que querías que te rompiera el culo desde el primer día.
— Eres un bastardo...
— Eso no fue lo que pregunté.
— Lo quería...
Jungkook la tomó por la cintura, la levantó del suelo y lq cargó — ¿Dónde está tu cama?
— Primera puerta.
El penthouse era de lujo, pero él ni lo miró.
La tiró sobre la cama haciendo que Jimin rebotara sobre el colchón. La bata se abrió completamente.
— Qué puta visión... — gruñó, quitándose la camisa y los jeans. Su polla gruesa bombeó, pesada, venosa, escurriendo pre semen.
La rubia se incorporó sobre los codos.
— Ven aquí, chico malo... — ordenó con una voz suave pero dominante que Jungkook no esperaba — quiero tu boca. Chúpame la polla... y luego sigue comiéndome el culo como estabas haciendo.
Jeon sonrió deleitado y obedeció. Se subió a la cama, se colocó entre las piernas abiertas de Jimin y bajó la cabeza. Primero lamió lento uno de los pezones, lo chupó con fuerza, mordiéndolo ligeramente mientras su mano le envolvía la polla y empezaba a jalársela.
— Me encantas... — jadeó contra la piel, pasando a la otra tetilla, succionándola, dejando marcas.
Jimin arqueó la espalda, gimiendo alto.
— Más fuerte... muérdeme... ahhh, sí... así.
Jeon obedecía, mordiendo más duro mientras su boca bajaba por el abdomen hasta llegar a su verga. La lamió desde la base hasta la cabeza, saboreando el pre semen, y luego se la metió completa en la boca.
Chupó con fuerza, si lengua giraba alrededor del glande sensible, tragando hasta el fondo mientras sus dedos bajaban a ese agujerito apretado y empezaban a rodearlo.
— Así... joder, maldición lo haces muy bien... que jodida locura — jadeó, agarrándolo del cabello con una mano y empujando sus caderas hacia arriba, follándole la garganta — Ahora... come mi culo... méteme la lengua mientras me chupas.
Jungkook sacó la polla de su boca con un pop húmedo, escupió sobre el agujero y lo atacó con la lengua. La metió profundo, follándolo con lamidas largas y sucias. Dos dedos entraron curvándose para rozar la próstata.
Jimin soltó un grito con las piernas temblando.
—¡Ah! ¡Sí! Justo ahí, Jungkook. Más dedos... méteme otro.
Jeon gruñó, añadió un tercero y empezó a follarlo con ellos.
— No puedo más — la polla de Jimin explotó en la boca del pelinegro. Este tragó todo sin soltar, pero no paró. Siguió chupando, siguió metiendo los dedos, prolongando el orgasmo hasta que Jimin empezó a llorar, corriéndose otra vez.
— Mira nada más... eres una perra multiorgásmica.
Sacó los dedos, le levantó las piernas hasta los hombros y se posicionó. Empujó de una sola estocada.
— Ahg... qué culo tan delicioso... tan apretado... — jadeó.
La rubia lloraba abiertamente ahora, pero sus caderas se movían hacia atrás, y hacia arriba; pidiendo más.
— Me fascina cómo me coges...
Jungkook le comió los pezones otra vez mientras lo follaba. Con una mano le masajeaba la polla que ya estaba dura de nuevo. Le metió dos dedos junto a su verga dentro del culo, abriéndolo obscenamente mientras seguía embistiendo.
— Lloras tan bonito, bebita... — lo besó y le lamió los labios — Dime cuánto te gusta que te destroce este culito de puta.
— Me fascina... me gusta demasiado.
El tercer orgasmo de Jimin llegó mientras su culo se contraía violentamente.
El pelinegro no aguantó más. Con un rugido aceleró las embestidas, follándolo como un salvaje, con los testículos golpeando contra esas nalgas.
— Vas a sentir mi leche dentro de ti ahora.
Sin parar la masacre lo fue llenando, escupiendo sin fin semen caliente y cuando pensó que Jimin había tenido suficiente...
— Mi turno... — susurró esa voz suave.
Se subió encima de él con las rodillas a cada lado de sus caderas. Agarró su pene, lo alineó con su agujero y a e dejó caer.
Un sentón duro, brutal, que hizo que Jungkook jadeara.
Jimin se rió mientras empezaba a moverse. Su culo carnoso rebotaba contra los muslos del más alto. Cada vez que bajaba, su polla se estrellaba contra los abdominales contrarios, dejando rastros brillantes de pre semen y semen anterior.
— ... ¿te gusta cómo te monto? — jadeó, doblándose hacia adelante.
Metió dos dedos en los labios de Jungkook, presionando contra su lengua, follándole la boca mientras seguía dando sentones cada vez más violentos.
— Chupa... chúpame los dedos como yo te voy a chupar la polla después...
Jungkook obedeció, chupando y lamiendo esos deditos con uñas brillosas. El culo de Jimin lo estrujaba tan fuerte que le dolía, era una presión caliente y viciosa que lo tenía al borde del abismo.
De pronto la rubia sacó los dedos y le clavó las uñas en los pectorales, arañando hacia abajo, dejando cuatro líneas rojas y ardientes en la piel tatuada.
— Ahg, joder...
Jimin se rio y aceleró los sentones.
Jeon lo agarró y lo volteó en el aire, lo puso en cuatro con el culo en alto y abierto mostrando ese agujero rojo, hinchado y chorreando.
— No te rías tanto, mi pequeña puta...
Le presionó la cabeza con una mano contra el colchón, aplastándole la mejilla contra las sábanas mientras con la otra le abría más las nalgas. Alineó su verga dolorida y se enterró otra vez.
— Así... así me gusta — gimió.
Jungkook apretó más la mano contra su cabeza, casi enterrándole la cara en el colchón mientras seguía destrozándolo. Su polla dolía de lo apretado que estaba ese culo, de cómo lo estrujaba y lo succionaba con cada salida y entrada.
Jimin se reía entre sollozos, las lágrimas mojaban las sábanas, el cuerpo le temblaba.
— Córrete otra vez... — dio la orden.
Jimin gritó, convulsionando y expulsando esperma en un tono más claro.
Pero justo cuando Jungkook estaba a punto de explotar dentro, la rubia se movió con una fuerza sorprendente.
Se deslizó hacia adelante y se giró rápido sobre la cama.
— Dámela... — susurró con voz rota, los ojos brillantes de lágrimas y lujuria — Quiero tragármela toda.
Se arrodilló entre las piernas del más alto, agarró su verga y se la metió en la boca. Chupó con vehemencia mientras sus deditos masajeaban aquellos dos testículos pesados.
Jungkook echó la cabeza hacia atrás — Qué puta boca tienes...
Jimin lo miró desde abajo: ojos gatunos llenos de lágrimas, mejillas hundidas mientras succionaba. Subía y bajaba la cabeza rápido, saliva chorreándole por la barbilla, haciendo ruidos húmedos y obscenos.
Jungkook no aguantó ni diez segundos más. Le tomó el cabello con ambas manos y empujó sus caderas hacia adelante.
— Traga, bebé. Traga todo.
Jimin bebió todo lo que pudo, gimiendo alrededor, lamiendo cada gota.
Cuando Jeon por fin se derrumbó sobre la cama, jadeando como si hubiera corrido un maratón, Jimin se subió encima de él con una sonrisa satisfecha. Se acurrucó contra su pecho, besándole el cuello.
— Quédate quieto... — susurró — Déjame cuidarte.
Se levantó desnudo y fue al baño. Volvió con una toalla húmeda y limpió con cuidado el pecho, el abdomen y la polla de Jungkook. Después fue a la cocina, trajo una botella de agua fría y un plato con frutas cortadas y chocolate.
— Bebe... — le dijo, acercándole el agua a los labios — y come algo. Te lo mereces después de follarme tan bien.
Jungkook bebió y comió en silencio, mirándolo maravillado. Nadie lo había atendido así. Jamás.
Jimin lo limpiaba, lo alimentaba, lo miraba con una ternura que le hacía latir el corazón. El pecho le ardía. Parecía... enamorado. Joder, estaba enamorado de esa rubia que lo había vuelto loco.
Se acostaron juntos, Jeon abrazándola por detrás, su mano descansando posesivamente sobre esa cintura pequeña mientras besaba su nuca.
— Eres... diferente — murmuró — Me tienes jodido el cerebro.
Jimin se giró un poco, mirándolo con ojos cansados.
— Jungkook... estoy en transición de género. Hormonas, todo eso... pero no quiero operarme. Me gusta tenerla. Me hace sentir... completa así.
El más alto la miró serio un segundo, luego sonrió de lado y le acarició la mejilla.
— No lo hagas. No te deshagas de nada. Eres hermosa exactamente como estás. Ese culo... esa polla... esa boquita... todo. No cambies ni una cosa. Me vuelves loco tal cual.
Jimin sonrió, y se acurrucó más contra él.
Esa noche lo hicieron dos veces más: una lenta y profunda contra la ventana, con la ciudad de testigo, y otra donde Jimin lo montó mientras se besaban como si se estuvieran comiendo el alma.
A la mañana siguiente...
Jungkook se despertó con el sol entrando por los ventanales. Jimin dormía plácidamente a su lado, con el cabello desparramado sobre la almohada, el cuerpo lleno de chupetones y marcas de manos y dientes.
Se levantó, se vistió en silencio y antes de irse se inclinó sobre la cama. Le dio un beso largo en los labios, haciéndola remover y abrir los ojos somnolienta.
— Tengo que irme a casa... pero esto no termina aquí. Voy a conquistarte, Jimin. Voy a hacerte mi novia. No te quiero solo para sexo, de verdad me gustas.
Jimin sonrió — Inténtalo...
Jeon salió del penthouse con el corazón latiéndole fuerte.
Estaba completamente jodido.
Estaba enamorado.
Y así se pasaron dos semanas más, se veían, se coqueteaban, pero no lo habían vuelto a hacer. El pelinegro le daba flores, regalos caros; le enviaba comida, postres a su salón.
No podía dejar de pensar en Jimin.
No podía dejar de olerla en su ropa.
No podía dejar de masturbarse tres, cuatro veces al día recordando cómo ese culo le estrujaba la verga mientras lloraba de placer y le arañaba el pecho.
Había dejado de fumar, de salir con sus amigos, de mirar a otras. Solo existía Jimin. Su voz dulce, su polla bonita goteando contra su abdomen, su boquita tragándose hasta la última gota de semen como si fuera sagrado.
Esa noche llegó al penthouse de forma sorpresiva.
Jimin estaba sentado en el borde de la cama, desnudo. En sus manos tenía una muñeca pequeña de cera oscura. Alrededor había velas negras medio consumidas, un frasco con líquido rojo y unas fotos Polaroid de Jungkook durmiendo... con la cara pintada de símbolos extraños.
Jimin levantó la mirada y sonrió dulce, angelical.
— Llegaste temprano, mi amor...
Jeon se quedó congelado.
— ¿Qué... qué carajos es eso?
La rubia acarició la muñeca con ternura y susurró algo. Luego miró a Jungkook con ojos brillantes.
— Vudú, bebé. Lo empecé en cuanto supe que vendría a Seúl. Un poquito de tu pelo, que recolecté de mi peine; un poquito de tu semen que recogí después de que me tomaste, un poquito de tu sangre que saqué cuando te dormiste. Todo mezclado con mis oraciones. Estás atado a mí.
Jungkook sintió un escalofrío recorriéndole la espalda — ¿Por qué?
— Oh... porque soy tu fan. No tengo ningún hermano. Yo misma te seguía desde hace meses y quería tenerte para mí — hizo un puchero.
El miedo le apretó el estómago — ¿Me... me hiciste esto? ¿Todo lo que siento... es por una especie de... brujería?
Jimin se levantó y se acercó hasta quedar pegada a él — Sí. Y funcionó demasiado bien. Mira cómo tiemblas... cómo me miras. Estás aterrado... pero ya no puedes vivir sin mí. ¿Verdad?
Jungkook tragó saliva. Estaba aterrado pero el deseo era más fuerte. Más enfermo. Agarró a Jimin por la cintura con manos temblorosas y lo apretó contra su cuerpo.
— No me importa... — gruñó con voz rota y ojos oscuros — No me importa si me embrujaste. No me importa si estoy jodido. No me importa nada.
Jimin sonrió esbozó una sonrisa lenta, victoriosa. Se puso de rodillas con gracia, bajó la cremallera del pelinegro y le sacó el pene.
— Buen chico... — susurró antes de metérselo completo en la boca.
Chupó lento al principio, saboreando cada vena, cada latido, mientras lo miraba desde abajo.
— Tienes que saber algo más... — murmuró lamiendo una gota que salía desde la uretra — soy estudiante de intercambio y mi presencia aquí se debía a un proyecto. Mi visa termina en tres días. Tengo que volver a Tailandia.
Jungkook gimió, más de miedo que de placer.
— No... no te vayas... — jadeó — por favor... no me dejes. Me voy a morir sin ti. No puedes hacerme todo esto solo para dejarme.
Jimin sacó la polla de su boca y sonrió mientras le daba lamidas largas.
— Entonces ven conmigo — susurró, metiéndosela otra vez hasta el fondo de la garganta — Ven a Tailandia. Déjalo todo por mí. Vive por mí y para mí. Te recompensaré con mi amor.
Jungkook echó la cabeza hacia atrás y se corrió mientras las lágrimas le rodaban por las mejillas. Miedo. Placer. Locura. Todo mezclado.
Jimin tragó hasta la última gota, se levantó y lo besó en los labios, compartiendo el sabor de su corrida.
— Decídete rápido, mi amor... el avión sale en tres días. O vienes conmigo... o te dejo aquí para siempre.
Tres semanas después en las noticias nacionales:
«Desaparición misteriosa del estudiante Jeon Jungkook. La última vez que fue visto fue saliendo del campus con una mochila. Su moto fue encontrada abandonada cerca del río Han. La familia ofrece recompensa por información que dé con su paradero.»
En una casa rodeada de selva espesa, lejos de todo, Jungkook estaba desnudo, atado de muñecas a la cabecera de una cama. Jimin, moviéndose lento y profundo mientras le acariciaba la cara con ternura.
— Solo mío... — susurró contra sus labios, sonriendo como un ángel — nadie va a encontrarte nunca.
Jungkook, con los ojos vidriosos solo pudo gemir.
— ...no me sueltes... nunca...


Bueno un juanshort rico para subir los ánimos. Vamos a ver si me sale un video. Síganme en el canal de guasak.
Nunca había hecho a un jimin trans jiji fue divertido.