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Sinopsis

Esta es la historia de una joven arquitecta latina en Seúl que, presionada por las deudas y el alto costo de vida, decide abrirse un perfil en Gippeum, una exclusiva app de contenido para adultos. Bajo el anonimato, atrae a un suscriptor obsesivo llamado RPWP, quien paga sumas generosas por fotos cargadas de fetiches de oficina y objetos de papelería. Mientras su vida digital prospera, en el mundo real vive una tensión eléctrica con su jefe, Kim Namjoon: un hombre imponente, exigente y devastadoramente atractivo. Lo que empieza como una relación profesional estricta deriva en encuentros sexuales clandestinos y tórridos en la oficina y en su penthouse, donde el morbo y el poder se entrelazan.

Genero:
Erotica
Autor/a:
killinithope
Estado:
Completado
Capítulos:
10
Rating
5.0 3 reseñas
Clasificación por edades:
18+

DOBLE VIDA

Ajusté las gafas sobre el puente de mi nariz y recogí mi cabello en un moño desordenado; parecía un nido de aves rebelde tras haber cambiado mi crema capilar. Después de años batallando por mantenerlo liso, ahora intentaba revivir mis rizos, pero la transición estaba resultando una tarea titánica.

Sin embargo, ese no era el asunto relevante en este momento.

En la pantalla de mi computadora, la planilla de finanzas personales parpadeaba con números marcados en un rojo alarmante.

Mi roomie se había marchado hacía una semana y el alquiler en Corea me estaba costando más de lo que podía sostener. Las opciones fuera de este edificio eran zulos de espacios reducidos, y me negaba rotundamente a volver a vivir en una caja de fósforos arriba de un restaurante callejero, impregnada de olor a aceite reutilizado.

Mis amigas coreanas me habían dado una idea. No era de esas que te hacen decir: «¡Wow! ¿Cómo no lo pensé antes?», pero algo era algo.

Se trataba de “Gippeum”, una nueva aplicación asiática. Era una mezcla de red social y perversión; algo así como el OnlyFans de Occidente, pero orientado a un “Hentai humanizado” bajo suscripción. Como es bien sabido, en este lado del mundo adoran lo morboso y lo prohibido, y no escatiman en gastos cuando se trata de sus fetiches. Para una chica como yo, mezcla de latina y coreana, parecía una inversión segura.

No es que yo sea un alma libre que desee que media Asia me vea los pechos, pero si eso me genera dinero desde la comodidad de mi habitación y bajo un anonimato absoluto, lo haría con tal de no abandonar mi estilo de vida.

De día, mi realidad era otra. Trabajaba en un bufete de arquitectos tabulando insumos, gestionando compras de materiales en el extranjero y lidiando con constructores en visitas a terreno. Hacía el trabajo sucio que nadie más quería por un sueldo aceptable. A decir verdad, me he convencido de que me mantienen en el puesto por mi carisma y mis piernas.

Aunque no todo era tan malo: mi jefe es guapísimo. Kim NamJoon.

Imponente, inteligente y con un inglés tan fluido que era el único en la empresa con el que podía comunicarme sin barreras; por eso me había convertido en su mano derecha en las visitas de campo. Lamentablemente, no parecía un hombre disponible, y si intentaba algo, perdería mi empleo. Mi lema era claro: proteger el trabajo por sobre la calentura.

Así que, esa noche, ingresé a la aplicación con un pseudónimo que sonaba dulce pero letal. Subí una foto ardiente de mis labios, otra de un escote realzado por un buen push-up, y rellené el perfil para atraer a los pervertidos adecuados. En Gippeum todo funciona con hashtags, así que investigué los fetiches más comunes: colegialas, secretarias, pechos grandes, vello natural... había de todo.

Para morder el anzuelo, grabé un video corto aplicándome gloss y terminando el retoque metiendo un dedo en mi boca para quitar el exceso del interior de mis labios, con la mirada fija en la cámara. Sumé una foto de mi trasero bajo una falda tableada, apelando al fetiche de lo prohibido.

Las visitas no tardaron en llegar, y los suscriptores tampoco.

Empecé cobrando ocho wones por fotos en lencería y videos breves de mis manos acariciando objetos fálicos; incluso me pidieron fotos de mis pies. Hasta que llegó un pedido bastante peculiar de un usuario llamado RPWP:

“Quiero una foto de tus pechos desnudos y mojados post-ducha, y que en medio de ellos sostengas una regla. Una metálica.”

¡Vaya! Era la petición más extraña de la semana, pero mucho más digna que frotarme pepinillos encurtidos. Casualmente, tenía una regla de ese tipo entre mis cosas de papelería. Me duché y tomé las fotos buscando el ángulo más tentador. Se las envié por veinticuatro wones.

La respuesta llegó a medianoche:

“Eres muy guapa. Me toqué delicioso con tus fotos. Tienes un nuevo suscriptor fiel.”

Al final de la primera semana ya tenía doscientos suscriptores fijos y un ingreso bastante decente. Pero aquello era apenas el comienzo de mi doble vida.