El ciclo
La calle estaba en silencio.
Alex caminaba delante de sus hermanos Jonathan e Ian mientras discutían sobre quién tendría que lavar los platos al llegar a casa. Era una conversación sin importancia, una de esas que parecían repetirse todos los días.
Entonces Ian se detuvo.
—¿Eso estaba ahí hace un momento?
Los tres levantaron la vista.
Había una enorme máquina de metal envejecido. Sus engranes permanecían inmóviles y su superficie estaba cubierta por extraños símbolos. Ninguno recordaba haberla visto antes.
Jonathan frunció el ceño.
—No puede ser... acabamos de pasar por aquí.
Alex dio un paso hacia ella.
No parecía abandonada.
Parecía... esperando.
En ese instante, un pulso recorrió la máquina.
Después otro.
Y la calle cambió.
El viento dejó de soplar.
Los sonidos desaparecieron.
Incluso la luz parecía comportarse de una forma extraña.
Jonathan retrocedió de inmediato.
—¿Escuchan eso?
—No hay ningún sonido —respondió Ian.
Jonathan negó con la cabeza.
—No... justamente eso.
Se llevó una mano a la frente.
Su respiración comenzó a acelerarse.
—Alex...
Su voz tembló.
—No me siento bien.
Su cuerpo vibró durante un instante.
Alex parpadeó.
Por una fracción de segundo, el rostro de Jonathan había sido diferente.
No era una ilusión.
Era casi otra persona.
Jonathan volvió a la normalidad, pero su expresión reflejaba un miedo creciente.
—Creo que... estoy olvidando algo.
—¿Qué cosa? —preguntó Alex.
Jonathan abrió la boca para responder.
No salió ninguna palabra.
Intentó otra vez.
—Yo...
Se quedó inmóvil.
—¿Qué iba a decir?
Los tres intercambiaron una mirada.
Algo estaba terriblemente mal.
Entonces ocurrió de nuevo.
El rostro de Jonathan volvió a cambiar.
Su cabello.
Su voz.
Su postura.
Durante unos segundos parecía alguien completamente distinto.
Cuando recuperó su apariencia, comenzó a respirar con desesperación.
—No...
Negó una y otra vez.
—No...
Miró a Alex con lágrimas en los ojos.
—No dejes que me olviden.
En ese momento, la puerta de la máquina se abrió lentamente.
Una figura encapuchada descendió con absoluta calma.
Observó primero a Jonathan.
Después a Ian.
Finalmente a Alex.
—Ha comenzado.
Ninguno respondió.
—El Ciclo ha vuelto.
Alex dio un paso al frente.
—¿Qué significa eso?
La mujer levantó la mirada hacia el cielo.
—Cada cierto tiempo, la realidad intenta corregirse.
Cuando eso ocurre, aparecen los monstruos oscuros.
No destruyen el mundo.
Destruyen a quienes consideran errores.
No los matan.
Los borran.
Jonathan cayó de rodillas.
Su cuerpo volvió a deformarse.
Cada transformación duraba un poco más que la anterior.
—¡Alex!
Su voz ya no sonaba completamente igual.
La encapuchada extendió la mano.
Tres antiguos objetos aparecieron suspendidos frente a los hermanos.
Un collar de platino.
Un anillo de jade.
Una pulsera de lazurita.
—Son gemas.
Han protegido este mundo desde el primer Ciclo.
Alex no apartaba la vista de Jonathan.
—¿Pueden salvarlo?
—Sí.
—¿Y cuál es el precio?
La mujer guardó silencio durante unos segundos.
—Toda gema exige algo a cambio.
No podrán elegir qué perderán.
Pero si las rechazan...
Miró a Jonathan.
—La corrección terminará su trabajo.
Jonathan apenas lograba mantenerse consciente.
Alex no dudó.
Tomó el collar.
Ian sujetó el anillo.
Jonathan alcanzó la pulsera justo antes de desplomarse.
Las tres gemas brillaron al mismo tiempo.
Una oleada de energía recorrió la calle.
Cuando Alex tocó el collar vio algo, una visión, era el mismo en un abismo oscuro, la única luz era el mismo y una versión igual a el, mismo rostro, mismo cuerpo, solo que esa otra versión tenia piel de platino y una gema donde debería estar el corazón.
Ese "Alex" intentó decirle algo.
Y en ese momento se cortó la visión, volviendo a la realidad.
La máquina dejó de emitir pulsos.
El viento regresó.
Los sonidos volvieron.
Jonathan abrió lentamente los ojos.
Seguía siendo él.
Habían sobrevivido.
Alex respiró aliviado.
Después miró a sus hermanos.
Los reconocía perfectamente.
Sabía quiénes eran.
Sabía cuánto habían significado para él.
Pero algo había desaparecido.
Seguían siendo una familia.
Sin embargo, el profundo vínculo que siempre había sentido ya no estaba allí.
La ausencia era imposible de describir.
La encapuchada observó sus rostros.
—Ya pagaron el precio.
Alex levantó la vista.
—¿Qué fue lo que perdimos?
—Nunca lo sabrán.
La mujer dio media vuelta.
—Ese es el verdadero costo de aceptar una gema.
Subió nuevamente a la máquina.
Antes de desaparecer, pronunció una última advertencia.
—El Ciclo ha comenzado otra vez.
La máquina se desvaneció como si nunca hubiera existido.
La calle recuperó su tranquilidad.
Solo los tres hermanos permanecían inmóviles.
Sabían que seguían vivos.
Pero también comprendían que sus vidas jamás volverían a ser las mismas.
Muy lejos de allí, en un antiguo templo oculto entre montañas olvidadas, un hombre abrió lentamente los ojos.
Una energía conocida recorrió la sala.
Las gemas habían elegido nuevos portadores.
El hombre sonrió con serenidad.
No había sorpresa en su rostro.
Solo la certeza de que aquello ocurriría tarde o temprano.
—Al fin...
Se puso de pie mientras la oscuridad parecía responder a su presencia.
—El Ciclo ha comenzado una vez más.
Cerró la mano lentamente.
—Y esta vez...
...llegará a su final.
Nota del autor
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