Rey de mi corazón

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Sinopsis

"Vi el Trono Sagrado, nada volvió a ser igual, mi mundo se detuvo para que Su voz pudiera comenzar." Tras seis años de una relación en yugo desigual, Dios mismo intervino para rescatarme. En un instante, me quedé sin nada: sin pareja, sin amigos y sin trabajo, tocando el fondo de un desierto donde solo quedábamos Él y yo. En la quietud del campo, Jesús de Nazareth me limpió de mis pecados, restauró mi alma y me entregó una promesa eterna: «Seremos tú y yo». Lo que comenzó como un proceso de sanación se transformó en este libro dictado por el Rey del Universo. A través de poemas y revelaciones sobrenaturales, descubrirás misterios del cosmos, la realidad de los ángeles y profecías cargadas de amor para las ovejas que aún caminan perdidas. Tu proceso tiene un propósito. Deja que el Rey te hable al corazón.

Estado:
En proceso
Capítulos:
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El comienzo de mi encuentro con Jesús de Nazareth

Jeremías 30:2

"Así habló Jehová Dios de Israel, diciendo: Escribe en un libro todas las palabras que te he hablado".

Oseas 2:14-15 "Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón y cantará allí como en los tiempos de su juventud."

Alabar a Jehová en los campos

El viento sopla, los pajaritos cantan y vuelan jugando en los cielos, los árboles mantienen sintonía; y yo no me había dado cuenta de que no cesan de alabar a Jehová. ¿Quién soy yo para no rendirle alabanzas y glorificar su santo y bendito nombre? Siempre que alabo a Dios en el campo siento gozo; siento que me falta voz para cantar, aunque sé que no tengo la mejor voz, le canto con mi corazón y me uno a la creación de Jehová. Eso es mágico.

¿Dios pinta el cielo cada día? He notado que cada día el cielo se ve diferente: la forma de las nubes, los colores... Es como si el Creador cada día tomara el pincel en sus dedos y pintara el cielo para que en él encontremos deleite.

Desde niña me gusta cantar a Jehová, aunque no tengo la mejor voz, porque pequeñita soy ante Ti, Dios mío. Pero cuando tú abres tu boca y empiezas a cantar alabanzas al Rey del universo, la atmósfera cambia, las lágrimas caen, tu corazón se acelera, tu ansiedad se calma, la depresión se va y la enfermedad huye de tu cuerpo. La alabanza a Dios puede cambiar nuestra situación actual si nos encontramos tristes o heridos; solo abre tu boca, mira al cielo y canta con todo tu corazón. Solo somos Tú y yo, Padre; solo somos Tú y yo.

¡Gloria a mi Dios!

Primer visión

Rodeado de nubes, vestimenta blanca pura sin mancha, sin arrugas, su rostro resplandecía 10 veces más que el sol, su trono es de oro un oro puro brillante pero sencillo, sus sandalias eran de bronce y alrededor de el los ángeles cantaban aleluya, aleluya, aleluya, santo santo santo luego senti una paz que nunca antes había sentido en mi corazón le pregunté por qué yo señor por qué me permites está experiencia tan maravillosa pero solo podía sentir paz en mi corazón una paz que nunca antes había sentido, el rey escucho mi alabanza y la recibió como perfume a sus pies, el creador del cielo, la tierra y el universo escucho a una pecadora que nada vale delante de él porque el es tan hermoso, tan maravilloso no hay palabras para describir lo bello que Dios es y su rostro ilumina, sus vestiduras resplandecen con un color blanco que jamás he visto en esta tierra, su trono de oro pero sencillo resplandece también y todo en el es hermoso, su rostro jamás le ví pero en la visión el resplandecía como el sol así resplandecía su rostro y el desde las alturas me miraba, el rey del universo detuvo su oído a una chica de campo, sin nada que ofrecer solo un corazón dispuesto a alabarle porque el lo merece , si los pajaritos cantan y alaban y las hojas de los árboles se mueven en honor a Jehová su creador cuánto más nosotros que somos su mejor creación que nos dió una voz, el rey del universo escucho mi adoración pero eso no quiere decir que yo sea especial o que yo sea alguien importante te cuento este testimonio porque Dios es el rey más humilde que podrás conocer, teniendo un coro de angeles el detiene su oído si tú decides cantarle con tu corazón porque la alabanza a Dios cambia las cosas.

Mi verdadero príncipe

Dios me permitió conocer el amor terrenal; Dios me permitió amar a un hombre, pero ese amor me estaba alejando de mi propósito divino con mi Padre. Cuando Dios alejó a ese hombre de mi vida, me di cuenta de que el hombre es mentiroso: te promete amor por siempre, pero de un día para otro te deja con el corazón roto y con miles de promesas vacías. A mí me rompieron el corazón, y el que me amó primero, Jesús de Nazareth, es quien está restaurándolo, llenándome de su amor, de su bondad, de su paz y diciéndome que Él nunca me va a abandonar. He esperado un príncipe azul toda mi vida; siempre quise formar un hogar, ser madre, ser esposa. Dios sabe cuáles eran y cuáles son mis deseos, pero no se puede edificar un hogar sin un propósito divino; no se puede formar una familia sin la bendición de Dios porque eso no funcionaría.

Así que Dios, en su infinita misericordia, hizo lo correcto, porque Él es quien es ✨. Mi Padre sabía que este proceso de soledad y tristeza era necesario para darme cuenta de que solo Dios Todopoderoso puede llenar el vacío de nuestros corazones. Ahora sé que Jesús es el príncipe azul que siempre esperé; ahora sé que Él es quien ha peleado mis batallas. Nunca he estado sola; Dios siempre ha estado a mi lado, pero un día escuché su voz y hoy estoy decidida a tomar de su mano, porque sé que Él es el único que nunca me soltará y que nunca me dejará en el suelo. Nunca permitirá que yo esté en el piso diciendo "no me dejes sola". Por eso, estoy convencida de que este proceso era necesario para que Dios obre en mi vida.

Agradecimiento a Jehová

❤️ ¡Bendito seas, Jehová! Bendito seas por Tu amor, bendito seas por Tu misericordia, bendito seas por Tu luz. Bendito seas porque eres un Rey humilde; bendito seas porque eres el dueño del oro y la plata. Bendito seas porque Jehová es mi proveedor; bendito seas porque yo moriré, pero Tú, Jehová mi Dios, vivirás y reinarás por siempre. ❤️

Veo a Dios en su creación

Cuando alabo a Jehová y me uno a su creación con el cielo azul, el viento soplando, los árboles con sus hojas y los pajaritos cantando, siento que el Creador me mira y escucha mi alabanza. Pero a veces me pregunto: ¿quién soy yo para que el Rey del universo detenga su oído y me escuche? ¿Quién soy yo para que el Rey del universo me mire? ¿Quién soy yo para que el Rey del universo, quien tiene un coro de ángeles celestiales con las voces más preciosas, incline su oído y se humille a verme a mí, que nada valgo, que rebelde he sido y que soy tan pequeña? En esta tierra fui menospreciada tantas veces, y el Rey un día decidió escuchar mi alabanza; desde su trono resplandeciente me observaba a mí. Y me sigo preguntando: ¿quién soy yo, Jehová? ¿Quién soy yo para que Tú halles gracia en mí? No soy nadie; repito, pequeña soy ante Ti, y Tú, mi Dios, escuchas mi alabanza; y Tú, mi Dios, escuchas mi clamor; y Tú, mi Dios, estás conmigo.

Reconozco que soy humana imperfecta

Cada día es diferente, con nuevas batallas, nuevos retos y nuevos problemas, pero en medio de la desesperación estoy aprendiendo a confiar en Dios. Los seres humanos somos como una vasija y Dios es el alfarero que nos moldea. Mi corazón siente que ama a Dios y que quiere cumplir con lo que su voz ordena; pero soy humana, soy imperfecta, cometo errores a diario e incluso con mi pensamiento siento que ofendo al Padre. Pero Jesús fue tan bueno que nos da la oportunidad de que dejemos nuestras cargas en la cruz. ¡Cuán bueno, santo, bendito, misericordioso, justo y fiel es Jehová, que dio a su único Hijo para que nosotros hoy podamos pedir perdón! Hoy es un día más en el que estoy aprendiendo a caminar de la mano del Rey del universo y el Rey de mi corazón; hoy es un día más en el que seguiré confiando en su plan perfecto. Alma mía, no te turbes; corazón mío, no te preocupes; mente y cuerpo, sujetaos a Jehová Dios.

Aprendiendo a caminar de la mano de Dios

Hoy aprendí que cada persona es un mundo diferente y, en manos de Dios, todos tenemos nuestras propias batallas; pero Dios sabe cómo usar cada proceso para acercarnos a Él con amor. Como humana que soy e imperfecta, hoy la comparación y la envidia me visitaron; de manera indirecta empecé a compararme con otras personas, pero eso solo me estaba lastimando más. Dios, en su infinita misericordia, me hizo entender que cada persona es importante para Él; cada ser humano para Dios es especial. Por eso la envidia y la comparación son tan malas y Jehová las aborrece, porque hacen que tu mirada se desenfoque en el jardín de tu vecino y pierdas la vista de tu propio jardín. Dios me hizo entender que todo en esta tierra es vanidad: la ropa, los accesorios, las carteras, el maquillaje, el tener más que otros y sentirte superior, el querer siempre sobresalir... todo es vanidad.

Por eso, hoy Te pido, Dios, que siempre me mantengas humilde; no dejes que mi corazón se turbe comparándome con la vida de otros, porque cada quien tiene su propósito divino. Somos diferentes y debemos mirar nuestra propia vida sin juzgar a nadie y, mucho menos, comparar. Gracias Te doy, Dios, porque soy una vasija en Tus manos y cada día aprendo algo nuevo. Gracias Te doy, Dios mío, porque me das la oportunidad, a través de Tu hijo el Señor Jesús, de pedir perdón, estar limpia y mantenerme purificándome a diario; porque soy imperfecta, soy pequeñita. ¡Dios, Tuyo es el poder, la gloria y la alabanza!

Lo más importante para mí eres tú

La vida, la familia, las relaciones personales, el amor terrenal, el matrimonio, los hijos, los lujos terrenales, los buenos trabajos, la etiqueta, el protocolo... nada vale, todo es vanidad. Lo que realmente importa es nuestra relación con Dios, nuestra salvación y, sobre todo para mí, lo que más importa hoy es decirle a Dios que Él va primero en mi vida; el resto vendrá por añadidura, tal como dice en la Biblia.

Te entrego mi corazón

Desde niña crecí viendo películas de cuentos de hadas donde una mujer vulnerable era salvada por un príncipe azul. Así que, toda mi vida soñé que cuando creciera iba a encontrar a ese príncipe, y que me casaría como las princesas, con un gran velo y un hermoso vestido. Siempre, desde niña, me visualicé llegando al altar donde mi príncipe de cuento de hadas me estaría esperando. A mis 26 años, yo creí que había encontrado a ese hombre con el cual iba a casarme; pensé que me amaba y que tendríamos muchos hijos. Yo creía que ese hombre era mi felicidad, pero de un día para otro todo cambió. Ese hombre que me había sostenido por seis años y me tenía en una burbuja, soltó mi mano y toqué fondo. Mi corazón se entristeció porque todo giraba en torno a él, y caí en la cuenta de que estaba cometiendo un grave error: ¿cómo era posible que mi mirada estuviera puesta en un hombre que miente, engaña y no sostiene sus promesas?

Una noche, la tristeza, la soledad, la nostalgia, la desilusión, la decepción y el miedo tocaron a mi puerta. Caí en una depresión de la que pensé que no saldría viva; fueron noches en las que sentía que el mundo se me caía. Tras haber pasado seis años con él, y aunque Dios me permitió experimentar un amor bonito a su lado, de pronto me quitan eso y quedo mal, muy mal. Pero, a pesar de mi infidelidad, Jesús estuvo esas noches en las que me rompieron el corazón. Cuando lloré, Jesús estuvo ahí consolándome. Le dije: «Jesús, Tú sabes que lo amo, ¿por qué me haces esto?». Jesús solo me abrazaba y me consolaba; yo sentí su abrazo cada noche de melancolía. Él me consoló arrullándome como si fuera una niña pequeña, porque Jesús entiende el dolor del ser humano; Él también sintió como nosotros, Él sabe lo que es el dolor.

Hoy, aunque me duele la ruptura de ese amor que tanto amé y del cual me volví devota, reconozco mi gran error. Hoy confirmo que no puedes poner a una persona en primer lugar, porque eso no es agradable a Dios. Aunque me dolió, era necesario para hacerme entender que, en mi vida, Jehová Dios es el Rey de mi corazón; es el que va primero. Él es amor, es fiel, es justo, es misericordioso, es piadoso y me ama. Dios nos ama a ti y a mí; nos ama tanto. Yo esperé toda mi vida un príncipe azul pero nunca llegó. El príncipe que llegó a mi vida se llama Jesús de Nazareth, el Príncipe de Paz y Amor; el príncipe que vino a sanar mi corazón, el cual Él nunca rompió, porque desde antes de nacer Él ya me había amado. Desde el vientre de mi madre Él ya me cuidaba, y cuando me permitió pasar por el dolor y la desilusión, Él seguía ahí. Porque, aunque yo me había alejado de la iglesia y de Él, y no quería saber nada, Él seguía ahí. A pesar de mis rebeliones, Jesús seguía ahí.

Yo no entiendo cómo alguien puede amar tanto, cómo nos puede amar de esa forma para sanar nuestros corazones. Él es quien debe ir primero en nuestras vidas. Aunque el proceso duele y sientes que no vas a sobrevivir en el desierto, Jehová Dios estará ahí para ser tu Padre, tu Proveedor, tu Dios de amor, tu Dios de sanidad; el Dios que puede consolar a una mujer herida por el mundo y transformarla en una mujer amada por su gracia y misericordia. Una mujer como yo, sin amigos, con una pareja que decidió soltar mi mano cuando más lo necesitaba; así que era necesario que a través de este proceso yo entendiera que Dios va primero. Que Dios es primero, que Dios es el Rey de mi corazón y que, en un futuro, quien venga a mi vida debe entender que Dios seguirá siendo primero. La gloria es para Dios.

Salmo 139:16 "Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos."

Entre mis lágrimas y Su voluntad

Mi corazón hoy se siente triste y sé que Jesús me entiende, porque Él fue humano como yo. Por eso sé que Él conoce mi dolor; no me juzga y lo comprende porque sufrió mucho cuando estuvo aquí en la tierra. Y yo digo: si Jesús que es Dios hecho carne, que es santo y perfecto sufrió, lloró y sintió las emociones que en este preciso instante estoy sintiendo, ¿quién soy yo para no llorar? ¿Quién soy yo para no sufrir por algo que me duele y me lastima, como una ruptura de seis años? Hoy le confieso a Dios que lloré. A pesar de que Él me dijo que esta ruptura fue parte de su plan para que yo me acercara a Él e hiciera las cosas bien, hoy le quiero decir que me duele pensar en esa persona que estuvo a mi lado por seis años y soltó mi mano de un día para otro.

También, en medio de esta tormenta, agradezco a Dios que no me dejó sola. Aun en medio de mi tristeza, Jehová Dios está obrando, está sanando, está purificándome y está haciendo su voluntad. Así que, ¿quién soy yo para reprochar? ¿Quién soy yo para hacerme tantas preguntas que generan ansiedad? Dios me dice que no me afane por el mañana. Aunque hoy me siento cansada y triste, sé que Dios sigue ahí; porque si algo Él nos promete a cada uno de nosotros sea cual sea nuestro pecado, a excepción de la blasfemia, porque según las Escrituras es el único pecado que el Padre no perdona es que, a pesar de todas nuestras rebeliones, si tan solo clamáramos a Él con fe, Él se manifestará. Dios mío, Padre mío, en Ti confío.

"Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas." (Proverbios 3:5-6)

Dios es el mismo de ayer, de hoy y siempre

Dios te dice: "Hija, deja de mirar el mar buscando verlo. Mira hacia la montaña donde Yo te llamé a cantar. Yo me encargaré de él; tú encárgate de serle fiel a Mi llamado".

Desde el principio hasta hoy hay algo claro, y es que Dios tiene poder y sigue siendo el mismo; Él es quien está tratando con mi vida. Por más que pasen los años y el mundo se modernice, Dios sigue siendo el mismo. Yo me siento parte de la Biblia; aunque mi nombre no esté escrito ahí, siento que todos pasamos por un dolor, y ese dolor es el que nos obliga a creer en Dios y a afirmar nuestras creencias en Él. Ese dolor es el que nos obliga, aunque muchas veces por la rebeldía no queramos cumplir su propósito; el dolor es el que nos obliga a buscar a Dios tal y como es. Dios está ahí cuando le canto en el campo; cuando oro con fe, Él está ahí en mi dolor y en mi tristeza. Cuando lloro, aunque no lo veamos, se puede sentir su presencia. Es el mismo Dios de Moisés, el mismo Dios de David, el mismo Dios de Samuel, de Ruth y de Ester, y de todos estos hombres y mujeres que, al igual que yo, creyeron en su poder. La gloria es de Dios.

Cuando el Mundo me soltó, Jehová me sostuvo

Lo más asombroso es que ahora me encuentro en un desierto, tal como lo describen los antiguos. Estoy en soledad porque, como no tengo nada bueno que ofrecer al mundo, los amigos se fueron; estoy sin trabajo, sin esposo, sin hijos y sin ministerio, porque Dios me ha llamado tantas veces pero no hice caso. Por eso hoy me encuentro en mi desierto. Aquí hay mucha tristeza, lloro todos los días y tengo ansiedad porque me hago muchas preguntas; últimamente en mi mente solo existen los "¿por qué?". Pero en medio de este desierto encontré a Jehová. Físicamente no tengo a nadie, pero espiritualmente Jehová Dios está conmigo diciéndome cada día: «No te rindas, no estás sola; Yo estoy contigo y no te dejaré hasta cumplir tu propósito. Te llamo con amor, una y otra vez te llamo con amor; te tengo paciencia, el cambio empieza hoy. Seremos Tú y Yo; cantarás para Mí, tocarás el piano, profetizarás... deja todo en Mis manos y, en este tiempo, enfócate solo en Mí».

No puedo creer cómo, en el punto más triste de mi vida, Dios no suelta mi mano aunque todos ya la soltaron y todos me dejaron. Nadie quiso darme un trabajo, ningún amigo me invitó a salir, pero Dios cada mañana me levanta y me muestra que aún no todo está perdido. Tengo una familia hermosa, tengo una madre de fe; Dios me muestra que, a pesar de haber llorado toda la noche, mis ojos aún pueden ver la luz de la mañana, la luz del sol, el sonido de los pajaritos y el cielo azul pintado con el pincel de Sus dedos.

Entonces pienso: aún tengo esperanza. Mientras viva, mientras respire, tengo esperanza de hacer las cosas como mi Padre Celestial quiere. Dios se está convirtiendo en mi roca segura y, en la tormenta, mi corazón no será un castillo de arena porque mi alma confía en el Rey del universo, quien ahora puedo decir que es el Rey de mi corazón. ¡Alma mía, no te canses de alabar a Jehová!

Purificada en el desierto: Mi reencuentro con mi primer amor

Por mi pecado ensucié mis vestiduras; por no oír la voz de Dios a tiempo, el plan de servirle se estancó. Y a pesar de que Dios no tuvo la culpa de eso, porque Él pudo condenarme, al contrario, mi Padre me volvió a amar. Me habló con amor y paciencia, me dejó conocerlo y me explicó el porqué apartó una relación que no estaba funcionando y de cómo esa relación me tenía sucia. Por eso era necesario purificarme y limpiarme nuevamente. Me perdonó; Dios es amor.

Dios está retomando su lugar en mi vida

Dios es Todopoderoso, Creador de absolutamente todo: el cielo, la tierra, lo que habita en el cielo y lo que habita en la tierra es creación de Jehová. Solo Jehová es santo; solo Jehová merece gloria y alabanzas. Solo Jehová Padre, Dios hecho hombre en su Hijo Jesús y el Espíritu Santo, que son uno mismo. ¡Gloria a Dios!