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The Fall of Demons

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Sinopsis

Cuando un dios traicionado sumerge el universo en la oscuridad, la guerra deja de ser una opción… y se convierte en destino. Demonios, ángeles y humanos se enfrentan en una lucha que devora mundos. Pero entre ellos, Keal Cårtel no es un simple sobreviviente. Marcado por una promesa de sangre y un poder que no debería existir, su destino no es elegir un bando… sino decidir quién merece sobrevivir. Porque en este mundo, la fuerza no define al vencedor. Lo hace la voluntad de destruirlo todo.

Genero:
Fantasy/Action
Autor/a:
Adner
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capitulo 1 - Un viaje inesperado

Arco I: El Alba de un Nuevo Amanecer

Las alarmas de emergencia estallaron de repente, rompiendo el silencio con un sonido agudo y desesperado. Luces rojas comenzaron a parpadear sin control, bañando las paredes con destellos intermitentes. El estruendo retumbaba en los oídos como un aviso de muerte inminente, el sistema había entrado en colapso y el tiempo se agotaba.

¡PRIN! ¡PRIN! ¡PRIN!

—¡Ah...! ¡¡Aaaah!! ¡¡Muchachos, no podré aguantar mucho más!!... ¡¡Shailen!! —gritó Keal.

—¡¿Qué ocurre, capitán?! —respondió Shailen alarmado.

—¡¡Es mejor que se retiren ahora mismo!! ¡Yo veré cómo me las arreglo! —exclamó Keal.

—¿Qué? ¿Estás loco? ¡De ninguna manera voy a permitir eso! —protestó Shailen.

-¿Qué demonios estás diciendo, Keal? —intervino Conther.

—¡Conther, entiéndeme! Esto está a punto de estallar y, si no nos damos prisa... ¡¡¡moriremos todos!!! —replicó Keal.

—¡¡No!! ¡¡Capitán, no me importa morir!!... ¡pero no te dejaré solo! —gritó Shailen.

—¡¡Shailen!! Si morimos los tres... ¿¡quién salvará la Tierra?! —respondió Keal.

—¡¡Ahh!! ¡¡Maldita sea, Keal!! Prométeme que volveremos a verte —dijo Conther con rabia contenida.

—No puedo prometerte nada, Conther... pero estoy seguro de una cosa: ustedes aún pueden salvarse... ¿Ah? Gandalf, llegaste.

—Hm... sí, Keal —respondió Gandalf con calma.

—Necesito que hagas algo por mí. Llévate a Conther y a Shailen lo más lejos posible... ahora.

—¿¡Qué!? ¡¡No!! ¡No te atrevas...! ¡¡Suéltame, Conther!! ¡¡Ah!! —gritó Shailen mientras forcejeaba.

—¡¡Shailen, tranquilízate!! —dijo Conther intentando sujetarlo.

—¡¡No, capitán!!... no... Keal... ¡¡suéltame!! ¡¡Maldito...!! —seguía gritando Shailen.

—¡¡Gandalf!! ¡¡Es ahora o nunca!! —ordenó Keal.

—... ¡Entendido! —respondió Gandalf.

Gandalf envolvió a Conther y a Shailen en un poderoso campo de energía.

—Keal... ¿por qué haces esto? —preguntó Gandalf.

—No tengo otra opción. Prefiero morir yo... para que ustedes sigan defendiendo la Tierra.

Gandalf guardó silencio unos segundos antes de responder.

—Hm... Keal, aunque nunca nos llevamos bien, te has ganado mi respeto. Ja... nos veremos en el infierno... amigo.

—Gandalf desapareció a toda velocidad. Keal concentró cada fragmento de su poder para intentar amortiguar la bomba... pero fue en vano. La explosión lo consumió todo.

Para poder comprender los hechos de este corto metraje regresaremos al pasado.

14 años antes...

Todo comenzó en una época en la que el mundo aún me parecía un lugar amable.

Yo apenas era un niño y vivía en un pequeño pueblo llamado Guiñe, junto a mis padres y mi abuelo. Éramos una familia humilde, sostenida por la pesca y por el amor que nos teníamos. Ese día era especial: cumplía seis años, y mi abuelo me prometió llevarme al río para celebrar.

Tomé mi cubeta, mi pequeña caña de pescar y partimos juntos al amanecer. Al llegar, preparamos los cubiertos e improvisamos un minicampamento a la orilla del río.

Quedó tan bonito que sentí un nudo en la garganta, como si algo dentro de mí supiera que ese momento sería inolvidable.

Mi abuelo me enseñó a pescar con paciencia y orgullo; aprendí rápido, demasiado rápido. En mi primer día ya había atrapado un pez. Sonreí pensando en lo orgullosa que estaría mi madre cuando se enterara.

Pero entonces... todo cambió.

El cielo se oscureció de repente, como si el sol hubiera sido tragado por las sombras. Un aroma extraño invadió el aire, dulce e intenso, parecido al perfume de una rosa, pero inquietante. A lo lejos resonaron relámpagos, poderosos, antinaturales, y el viento comenzó a soplar con una fuerza gélida, tan penetrante que sentías cómo los músculos se te congelaban bajo la piel.

Me estremecí y miré a mi abuelo, con la voz temblorosa.

—Abuelo... creo que se aproxima una tormenta.

Y en ese instante, comprendí que aquel día no sería recordado solo como mi cumpleaños.

—¡No! Te equivocas... ¿Ah? ¡¡KEAL!! ¡¡, rápido, en esos arbustos!! —ordenó mi abuelo.

—¡Ah! ¿Por qué? —pregunté confundido.

—¡No preguntes! ¡Haz lo que te digo... YA! —gritó.

—¡E-está bien!

Me escondí con mi abuelo entre los arbustos. En cuestión de segundos, todo se calmó. El cielo recuperó su color, el viento se detuvo y un silencio antinatural se apoderó del lugar... Pero de pronto-

¡¡PUUUUM!!

Una explosión sacudió la tierra, el suelo tembló violentamente y una onda de choque atravesó el aire.

—¿Qué fue eso...? —murmuró mi abuelo.

Le pregunté varias veces qué estaba pasando, pero lo único que dijo fue que regresáramos al pueblo. Obedecí. Recogimos todo y emprendimos el camino de vuelta. A cada paso, el aire se volvía más pesado... olía a humo, como si algo estuviera ardiendo. Pero nada nos preparó para lo que vimos al llegar.

El pueblo estaba completamente destruido. Era horrible. Personas gritando de dolor, otras ya sin vida. Muchos estaban atrapados bajo los escombros.

—¿Qué pasó aquí? -pensé-. ¿Quién hizo esto? ¿Dónde están mis padres?

Vi a una madre cargando a su hijo... ambos estaban muertos. Algunos cuerpos aún se quemaban. Entonces, a lo lejos, escuché un grito. Bastó oírlo para saberlo. Era mi madre.

—¡¡MAMÁ!! —grité mientras salía corriendo hacia ella.

De pronto, mi abuelo me tapó la boca y me sujetó con fuerza, arrastrándome detrás de unas ruinas para escondernos.

—¿Otra vez lo mismo? -susurré, temblando—. ¿Qué está pasando?

En ese instante, algo emergió de entre los escombros. Una bestia. Un ser grotesco y antinatural se elevó por los cielos, rugiendo con una voz tan desagradable que helaba la sangre. Y decía:

—¿Dónde estás? No huyas... ¿mm? Ya te encontré.

De repente se movió tan rápido que no pude seguir sus movimientos. Desapareció... y reapareció al instante, pero esta vez cargaba algo entre sus garras. Era mi madre.

Gritaba desesperada, pidiendo ayuda. Mi abuelo y yo estábamos paralizados, incapaces de hacer nada. Entonces, de la nada, apareció mi padre para enfrentarlo. Pero fue inútil. El maldito lo mató sin esfuerzo... y luego acabó también con mi madre.

—¡¡MAMÁ!!

—Keal, haz silencio... —ordenó mi abuelo.

—Ese monstruo lastimó a mi mamá y a mi papá... ¿por qué?

—¡¡CÁLLATE!!

Y entonces... me golpeó con tanta fuerza que todo se volvió oscuro.

—Mientras Keal permanecía inconsciente, otro ser sobre natural apareció desde los cielos y cruzó palabras con el otro individuo.

—¡¡KEUNG!! —gritó Fill's.

—¿Mm? —respondió Keung.

—Deja de estar jugando. Recuerda que nos enviaron a inspeccionar, no a destruir ciudades.

—Ah, Fill's... siempre arruinando la diversión. ¿Por qué no aprovechas y te diviertes un poco? Además, acabo de sentir la presencia de dos humanos.

—¡¡Dije que no!! No tengo tiempo para juegos. Vámonos de aquí, nuestro superior nos necesita.

—Ah... está bien, tú ganas.

Ambos se marcharon elevándose por los cielos hasta desaparecer entre el humo.

Después de una hora desperté debajo de un árbol siendo cargádo por mi abuelo como si fuera un bebe.

—Ah Keal despertaste.

Lloraba sin poder contenerme por todo lo ocurrido. Con la voz rota, miré a mi abuelo y le pregunté:

—Abuelo... ¿qué fue eso?

Se arrodilló frente a mí y apoyó sus manos en mis hombros.

—Está bien, Keal... ya no tiene sentido ocultarte la verdad. Tarde o temprano lo descubrirías. Escucha con atención y no olvides nada de lo que voy a decirte.

Respiró hondo antes de continuar.

—Esos seres sobrenaturales no son animales, ni bestias mitológicas, ni fenómenos naturales. En este universo existen Dioses, Deidades y seres Divinos que gobiernan la creación. Entre ellos están los Demonios. Estas plagas, que alguna vez fueron seres bondadosos, de un día para otro se transformaron en monstruos infernales. Ahora solo buscan destruir y exterminar a toda criatura que se cruce en su camino.

Hizo una pausa, con la mirada cargada de dolor.

—Nunca debes permitir que te capturen... porque si lo hacen, te matarán sin piedad. Por desgracia, tus padres cayeron en su trampa... y fueron asesinados.

—¿Y el pueblo...? ¿Qué pasó con nuestra casa? —Pregunté preocupado.

—Todo quedó reducido a cenizas, hijo. No quedó nada. Somos los únicos sobrevivientes.

—¿A dónde iremos ahora, abuelo?

Negó con la cabeza.

—No lo sé... pero si queremos sobrevivir, tendremos que emprender un viaje muy largo.

Caminamos durante horas hasta llegar a una ciudad cercana llamada Cambrich, ubicada a unos siete kilómetros de distancia. Exhaustos, cubiertos de suciedad y con el hambre marcándonos los huesos, nos refugiamos bajo el techo derruido de una casa abandonada mientras la lluvia caía sin piedad.

Entonces apareció una mujer de corazón bondadoso. Al ver nuestro estado, nos ofreció refugio, comida y ropa limpia. Le contamos lo sucedido, y con tristeza nos confesó que otros pueblos habían sufrido el mismo destino, y que el gobierno no había dado respuesta alguna ante la tragedia.

Con el paso de los días, mi abuelo consiguió trabajo en el puerto de la ciudad. Cuando por fin logramos cierta estabilidad, nos mudamos al centro de Cambrich, más cerca de su empleo. Yo comencé a estudiar en una guarnición, pero aquel lugar nunca me hizo sentir cómodo. Mi espíritu anhelaba algo más.

Las armas, el combate y la disciplina del cuerpo llamaban mi atención. Sin saberlo aún, las artes marciales comenzarían a marcar el camino de mi destino.

Un día no fui al colegio y me quedé en casa ayudando a mi abuelo a ordenar y limpiar. Mientras acomodábamos algunas cosas viejas, algo despertó mi curiosidad: una maleta antigua que él siempre mantenía guardada. No pude resistirme y decidí abrirla.

Dentro había muchos papeles: permisos, pasaportes y documentos extraños. Pero lo que más me sorprendió fueron varias medallas de honor. Todas llevaban el nombre de mi abuelo, otorgadas por su participación en la milicia.

—"Señor Elías Cårtel, reciba esta medalla de plata" —leí en voz alta—. ¡Mira, abuelo! Aquí hay una foto tuya cuando eras joven.

—Keal, no vayas a perder esos documentos —dijo con tono serio.

—Jajaja, tranquilo abuelo.

—¡Eh! ¿Me estás escuchando, chiquillo insolente? ¿Qué te causa tanta risa?

—Jajaja... abuelo, nunca pensé que te gustaran tanto estos guantes de juguete.

—¿Acaso dijiste guantes? —su expresión cambió de inmediato—. ¡Keal! Ten cuidado, dame eso ahora mismo.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Pásamelos. No quiero que toques eso, ¿okey? Está prohibido.

—Ay, pero si no hice nada malo...

—Mejor hazme caso —dijo mientras me ponía algo en la mano—. Toma, ve y cómprate algo.

—¿¡Eso son mil libras!? —exclamé sorprendido—. ¡Guau! Con esto me compraré un montón de golosinas.

A pesar de que mi abuelo me había prohibido tocar aquellos guantes misteriosos, la curiosidad fue más fuerte. Fingí que iba rumbo a la guarnición y esperé a que se marchara al trabajo. En cuanto estuve seguro de que no volvería pronto, entré por el patio. Ya dentro, saqué la maleta... pero estaba cerrada con candado. Tomé un alambre y, como pude, lo forcé. No me pregunten cómo lo hice, porque sinceramente no lo recuerdo.

Abrí la maleta y ahí estaban: esos guantes tan hermosos como inquietantes. Eran negros, con líneas doradas en la muñeca, la manga y los dedales. En el centro de cada uno brillaba una perla de un azul oscuro y profundo. Al ponérmelos, sentí unas almohadillas suaves por dentro, tan cómodas que era como si no tuviera manos. Fascinado, observé la perla y le di dos pequeños toques con los dedos.

¡Pin! ¡Pin!

De pronto, la perla comenzó a cambiar de forma. Empezó a brillar intensamente y los guantes se ajustaron solos a mis manos. Un calor extraño recorrió mis brazos y de los polos comenzó a salir humo.

—¡Mierda! ¿Qué está pasando? —pensé.

Entonces sentí una descarga eléctrica.

—¡¡Aaaahh!!—

Todo se apagó de golpe. Asustado, me quité los guantes de inmediato: mis manos estaban quemadas.

Pasaron varios años hasta que descubrí la verdad: mi abuelo había sido un luchador de artes marciales. La rabia me invadió al saber que me había ocultado todo ese tiempo quién era en realidad. Había escondido no solo su pasado, sino también armas y secretos que nunca quiso revelarme.

Así que lo enfrenté y le exigí respuestas.

—Dime la verdad —Le pedí—. ¿De dónde proviene todo esto? ¿Por qué tienes armas escondidas?

—Dios... dame paciencia con este niño —Supiró mi abuelo–. Keal, escúchame bien... ya tienes catorce años. Eres lo suficientemente grande para conocer la verdad.

Hace mucho tiempo, antes de la invasión demoníaca, las Deidades caminaban cerca de nosotros y ofrecían regalos a los mortales. En aquellos días, los Iritas y los Pheredil eran pueblos hermanos. Decidieron unirse para crear nueva vida... y de esa unión nacimos nosotros: los Humanos y los Elfos.

La Diosa Artemisa obsequió al primer hombre unos guantes de poder, forjados con la energía y el alma de los Iritas que dieron su vida para crearlos. A los Elfos, el Dios de la Naturaleza Fénsalor les concedió la Bild, una energía mágica que corre por su sangre.

Nuestro apellido, Cårtel, no es común. Proviene de la familia real. Fue otorgado al primer hombre que portó los guantes, y desde entonces el legado pasó de generación en generación... hasta llegar al rey Firuhya Cårtel IV. Firuhya tenía dos hermanos, ambos reyes. Uno de ellos abandonó la corona para vivir en el campo. El otro... Gea Led Cårtel, consumido por la envidia y la avaricia, rompió todo lazo con su hermano. Su único deseo era apoderarse de los guantes.

Al descubrir sus intenciones, Firuhya envió a su esposa y a su hijo lejos del reino, escoltados por tropas leales. Les confió los guantes y otros tesoros, con una sola orden: protegerlos a cualquier precio. Antes de morir, incendió la sala del tesoro para que Gea Led creyera que todo había sido reducido a cenizas. Gea Led asesinó a su hermano y tomó el trono, pero jamás encontró los guantes. Creyéndolos destruidos, abandonó su búsqueda.

Con los años, la viuda de Firuhya, Margaret, se enamoró de François Cårtel, hermano del rey caído. De esa unión nació Kea Led Cårtel. Tras la muerte de su madre, él se convirtió en el nuevo portador de los guantes. Kea Led tuvo un hijo, Elidas Cårtel, quien heredó el poder. Elidas fue el padre de mi padre. Luego nació Elías Cårtel, después Ezequiel Cårtel, quien conoció a Isa Beth... y juntos tuvieron un hijo.

Ese hijo eres tú, Keal Cårtel.

Ese hijo eres tú, Keal Cårtel

El mundo pareció detenerse.

Nada de lo que conocía tenía sentido ahora.

Apreté los puños.

Si eso era verdad...

entonces mi vida estaba a punto de cambiar para siempre.

Capítulos
1. Capitulo 1 - Un viaje inesperado
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