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Entre rumores y colmillos (Dekubaku)

Sinopsis

Un feroz lobo que no es tan feroz y un lindo y dulce conejo que no es tan dulce ,pero ambos no pueden resistirse

Genero:
Romance
Autor/a:
Zenzen
Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

El Lobo y el Conejo: Entre Rumores y Colmillos

Katsuki Bakugou caminaba por los pasillos del instituto con la barbilla en alto, ignorando olímpicamente el rastro de murmureos que dejaba a su paso. Había comentarios de todo tipo: algunos cargados de envidia y otros de una lujuria mal disimulada, pero en su mayoría eran críticas venenosas.

Físicamente, Katsuki era una obra de arte: un omega de facciones hermosas y curvas que cortaban la respiración. Sin embargo, para los prejuicios de la sociedad, el "problema" eran sus largas orejas cenizas y esa esponjosa colita de conejo que asomaba con orgullo. Los conejos cargaban con la fama injusta de ser promiscuos; si a eso le sumabas su naturaleza de omega, los rumores volaban. Pero, irónicamente, eso solo lo convertía en el chico más deseado de todo el campus.

Katsuki sabía perfectamente lo que decían, pero le importaba un bledo. No tenía el más mínimo interés en buscar pareja, y mucho menos entre los idiotas del instituto. Él era explosivo. Podía parecer un encanto, pero si lo hacías enojar, conocerías el infierno. A diferencia de su apariencia suave, su carácter no tenía nada de "lindo" cuando perdía los estribos.

Al llegar al aula, fue recibido por sus autoproclamados mejores amigos.

—¡Buenos días, Bakubro! —exclamó Kirishima, un alfa de vibrante cabello rojo, chocando su puño con el del rubio. Sus orejas y su cola de perro se agitaban con entusiasmo.

—Buenos días, Kirishima —respondió Katsuki, aceptando el saludo.

—¡Buenos días, Blasty! —saludó Mina, una beta de piel rosada, mientras movía de un lado a otro su enorme y esponjosa cola de mapache.

—Buenos Días, Mapache —contestó él con una media sonrisa.

—¡Oye, no es justo! —se quejó ella haciendo un puchero—. ¿Por qué a Kiri lo llamas por su nombre y a mí no? Yo no ando por ahí diciéndote "conejo".

Katsuki soltó una risita burlona.

—Está bien, Mapache... digo, Mina.

Kirishima soltó una carcajada, pero se interrumpió de golpe.

—Creo que mejor nos sentamos antes de que llegue el viejo loco que nos da clase... —Su sonrisa se borró al ver que Mina y Katsuki se quedaban rígidos, mirando por encima de su hombro. Las orejas de Kirishima se pegaron a su cráneo—. Está detrás de mí, ¿cierto?

Los otros dos asintieron frenéticamente. El profesor Aizawa, un híbrido de gato de cabellera oscura y ojos cansados, los observaba con las orejas tiesas en señal de clara molestia.

—Ya que tienen tanto tiempo libre para charlar —exclamó Aizawa con voz monótona pero severa—, ¿por qué no se quedan hasta tarde a limpiar el aula?

—No, profesor, no creo que sea necesario... —balbuceó Kirishima evitando la mirada del felino.

—Profe, no puede castigarlo —intervino Katsuki tratando de salvar a su amigo—. Él es el capitán del equipo de fútbol y hoy tiene un partido crucial.

—Sí, profe, es verdad —secundó Mina.

Aizawa entrecerró los ojos.

—Como te encanta ser el defensor de los pobres, Bakugou, tú te quedarás castigado en su lugar.

Las largas orejas de Katsuki bajaron instantáneamente, golpeando sus hombros.

—Pero...

—Nada de peros. A sus asientos.

La jornada pasó con relativa calma hasta la hora de salida. Kirishima se fue volando porque llegaba tarde al partido y Mina tuvo que irse temprano por un asunto familiar. A Katsuki no le quedó de otra que limpiar el salón y emprender el regreso a casa solo, cuando el sol ya comenzaba a ocultarse tras los edificios de Japón.

Caminaba tranquilo, pero unas calles lejos de la universidad, un alfa desconocido con orejas y cola de gato le cerró el paso.

—Vaya, vaya... pero qué lindo conejito tenemos aquí —soltó el sujeto con una sonrisa desagradable.

—Lárgate, idiota —gruñó Katsuki. Él no solía ser grosero por deporte, solo con los imbéciles que buscaban problemas, como el tipo que tenía enfrente.

—Pero qué grosero —el alfa lo empujó contra la pared con brusquedad—. Habrá que enseñarte modales.

El tipo intentó forcejear con su ropa. Katsuki trató de zafarse, pero el agarre era firme y el miedo empezó a nublarle el juicio. *"Voy a ser violado en medio de la calle"*, pensó con desesperación mientras sus ojos se cristalizaban.

De repente, una sombra alta intervino. Un sujeto de cabellos verdes revoltosos y orejas de lobo negro le propinó un golpe devastador al agresor, mandándolo directo al suelo.

—Lárgate de aquí o te mato —sentenció el lobo con una voz que hizo vibrar el aire. El gato, al ver la fuerza del recién llegado, no dudó en salir corriendo por donde vino.

El peliverde se giró hacia Katsuki con expresión suave.

—¿Estás bien? —preguntó preocupado.

Katsuki, aunque temblaba un poco, recuperó su orgullo de inmediato.

—No necesitaba tu ayuda —gruñó, ocultando la vergüenza de haberse sentido vulnerable.

Al alfa le sorprendió la actitud. Por lo general, cuando ayudaba a alguien, recibía agradecimientos o coqueteos directos. Observó las orejas cenizas del omega y sonrió para sus adentros.

"Qué criatura tan peculiar", pensó el lobo, intrigado por el fuego en los ojos de aquel conejo.

Apesar de las negativas de Katsuki, izuku insiste en acompañarlo para que llegue en buen estado

El camino hacia el apartamento de Katsuki fue inusualmente silencioso, roto solo por el suave golpeteo de las suelas contra el pavimento y el lejano rumor del tráfico nocturno. Katsuki mantenía una distancia prudente, con las manos hundidas en los bolsillos de su chaqueta y las largas orejas cenizas tiesas, captando cada movimiento de los arbustos o de los callejones oscuros.

A su lado, Izuku caminaba con una calma que resultaba casi intimidante. Sus orejas de lobo, oscuras y puntiagudas, se movían con una elegancia depredadora, y su cola negra se mecía rítmicamente tras él. No era el silencio de un desconocido, era el silencio de alguien que está estudiando una presa... o un tesoro.

—Vives en una zona algo solitaria, Katsuki —comentó Izuku, rompiendo el hielo con esa voz profunda que hacía que el omega sintiera un escalofrío que no era de miedo, sino de algo que se negaba a admitir.

—Sé cuidarme solo, maldito lobo —respondió Katsuki, aunque el rubor en sus mejillas lo traicionaba—. Lo de hoy fue un error táctico. Ese idiota me tomó por sorpresa.

Izuku soltó una risita suave, una que no era burlona, sino genuinamente divertida.

—No lo dudo. Tienes fuego en los ojos. Me gusta.

Katsuki no respondió. Se detuvieron frente a un edificio de apartamentos modesto.

— ¿Aquí es donde vives ?— Katsuki solo asintio,sin previo aviso izuku se acercó y dejo un beso en la mejilla que dejó al omega en estado de shock — intercambiamos números?— dijo con naturalidad

— eres un loco de mierda!— Katsuki se encerró en su casa. Se apoyó contra la puerta, con el corazón martilleando contra sus costillas. "Es un alfa atractivo, sí, pero ningún alfa es de fiar", se recordó a sí mismo mientras se tocaba la mejilla donde todavía sentía el calor de los labios de Izuku.

Mientras tanto, dentro del lujoso sedán negro, Izuku Midoriya ya no sonreía con dulzura. Sus ojos esmeralda brillaban con una intensidad fría y calculadora. Sacó su teléfono y marcó un número de marcación rápida.

—Tengo un nombre: Katsuki. Probablemente estudia en la universidad técnica de la zona. Quiero todo —ordenó con voz gélida—. Horarios, notas, círculo social y con quién vive. Para mañana a primera hora.

Al día siguiente, Izuku estaba sentado en su oficina, rodeado de monitores que mostraban la vida de Katsuki en papel. "Katsuki Bakugou. Estudiante de alto rendimiento. Especialista en química y explosivos. Sin historial de parejas. Vive solo". Una sonrisa depredadora se extendió por su rostro. No solo era hermoso; era brillante.

Dos días después, el ambiente en la universidad estaba más agitado de lo normal. Los rumores corrían como pólvora: un coche de alta gama, un modelo que nadie en ese sector podría costear, estaba estacionado justo en la entrada principal.

Katsuki salía de su última clase, quejándose con Mina y Kirishima sobre un examen de termodinámica, cuando el mundo pareció detenerse. En la entrada, apoyado contra el capó del vehículo negro, estaba Izuku. Llevaba una camisa negra de seda que acentuaba sus hombros anchos y unos pantalones de vestir que gritaban poder. Sus orejas de lobo estaban erguidas, captando la atención de cada omega y beta en un radio de cien metros.

—¿¡Quien será ese tipo!? —susurró Mina, agitando su cola de mapache con emoción—. ¡Blasty, mira el lobo sexy de allá!

Katsuki al ver quién era sintió que la sangre se le subía a la cabeza. Caminó hacia él con paso pesado, las orejas de conejo moviéndose con irritación.

—¿Qué demonios haces aquí, Deku? —le espetó, usando el apodo que acababa de inventar para él.

—Vine a buscarte, Katsuki —dijo Izuku, enderezándose. Su aroma a bosque y menta inundó los sentidos del rubio— quería verte de nuevo. Sal conmigo. Esta noche.

—Ni hablar —respondió Katsuki de inmediato, cruzándose de brazos—. No te conozco. No sé quién eres ni qué quieres, y no salgo con desconocidos que aparecen en mi escuela como si fueran dueños del lugar.

—Es solo una cena —insistió Izuku, dando un paso hacia adelante, invadiendo el espacio personal del omega.

—He dicho que no. Tengo que irme. Quítate del camino —Katsuki intentó rodearlo, pero Izuku se movió con una velocidad asombrosa, bloqueándole el paso de nuevo.

—¿Mañana, entonces? —preguntó el peliverde con una sonrisa persistente.

—No.

—¿El sábado?

—¡Que no!

Kirishima y Mina miraban la escena con la boca abierta. Nunca nadie le había insistido tanto a Bakugou sin terminar con un golpe en la cara.

—Escúchame bien, lobo pulgoso —gruñó Katsuki, señalándolo con el dedo—. Eres atractivo, sí. Me salvaste, gracias. Pero los tipos como tú me dan mala espina. Hueles a problemas y yo tengo metas que cumplir. No soy el tipo de conejo que se deja atrapar por un lobo solo porque tiene un coche bonito.

Izuku no se inmutó. Al contrario, sus ojos brillaron con más fuerza. La resistencia de Katsuki era el combustible que necesitaba.

—No busco atraparte, Katsuki. Busco convencerte de que soy el único que puede seguirte el ritmo. Si me dices que sí a una sola cita, y no te diviertes, te juro que no volveré a pararme en esta universidad.

Katsuki lo miró fijamente. Podía ver la determinación en su rostro pecoso. También podía sentir la curiosidad quemándole por dentro. "Solo una cena", se dijo a sí mismo. "Así me lo quito de encima".

—Una cena —sentenció Katsuki, bajando las orejas en una señal de rendición momentánea—. Pero yo elijo el lugar. Y si intentas algo raro, te patearé tan fuerte que tus orejas de lobo se quedarán de adorno.

Izuku soltó una carcajada genuina y triunfal. Se acercó lo suficiente para que Katsuki pudiera sentir el calor de su cuerpo.

—Trato hecho, conejito. Paso por ti a las ocho.

Katsuki lo vio subir al coche y alejarse. Sus amigos corrieron hacia él, acribillándolo a preguntas, pero él solo podía pensar en una cosa: ese lobo tenía algo peligroso, algo que lo atraía como un imán a pesar de todas sus alarmas internas.

Lo que Katsuki no sabía era que, mientras él planeaba cómo mantener sus defensas en alto, Izuku ya estaba reservando el restaurante , con una sola idea en mente: esto no era una cita, era el inicio de su conquista. En el mundo de la mafia, un lobo nunca deja ir lo que ha marcado como suyo, y Katsuki Bakugou ya tenía una marca invisible en el cuello.


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