La noche en que contamos estrellas

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Sinopsis

"Con esa mentalidad nunca la podrás conquistar", le dije. "Tal vez no sepa mucho del amor, pero hay algo que si se... "que el amor no siempre empieza al mismo tiempo para los dos. A veces uno tiene que amar por ambos hasta que el otro lo alcanza. Y tu, Jack, sabes amar así" Y ahí estaba Jack, mirándome como si por fin entendiera. Como si necesitara que alguien le dijera esas palabras . Esta es nuestra historia. La de él, que creía que el amor no era para él. Y la mía, que me aun no se que es amar Es la historia de las noches en que nos reímos hasta doler, de las peleas que terminaban en abrazos, y de la noche en que, por fin, contamos estrellas en lugar de excusas. Porque amar da miedo. Pero amar sin intentarlo... eso duele más.

Genero:
Romance
Autor/a:
Maria Sánchez
Estado:
En proceso
Capítulos:
8
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

—No creo que sea buena idea entrar, ¿y si hay uno loco marihuano?

Mencionó, Yuki, mientras sostenía una lámpara con las manos temblorosas.

—No seas joto, el único loco marihuano del que debes preocuparte es de Jack; aparte, no por nada nos lo trajimos, ¿verdad?

Dijo Elena con una sonrisa mientras volteaba a ver a Jack, el cual sostenía un bate de béisbol de metal.

—Obvio, así que no llores, niñita.

—Ves, ya si salen animales o cosas extrañas, pues tendremos que sacrificar al más wey.

—Yo elijo que vaya el pendejo de José.

—Ora y porque a mí, culeros.

—Vamos, no seas gallina y menos frente a Elena.

Mencionó Yuki en voz baja mientras pasaba un brazo sobre sus hombros.

—O qué, ¿no que la querías impresionar? Así que no seas joto y ve adelante con Jack.

—Está bien, pero si salimos vivos de este lugar, te juro que me las pagaras.

José y Jack se pusieron enfrente; Jack sostenía el bate con fuerza mientras José se mantenía alerta, viendo hacia todos lados con una lámpara en la mano. Mientras tanto, Yuki y Elena se dedicaban a grabar.

—¿Me pueden recordar en dónde estamos?

Preguntó Yuki mientras seguía caminando y viendo hacia varios lados

—Según escuché, era un laboratorio donde experimentaban con personas, pero hace unos 4 años ocurrió un accidente y el lugar se incendió o algo así, pero dicen que sobrevivieron algunas personas. Muchas personas que han venido a explorar afirman haber visto a una mujer en la habitación 007, así que iremos a esa habitación para ver si es verdad.

—¿De dónde sacaste esa información?

—Tengo mis métodos. Si no mal recuerdo, me dijeron que bajando las escaleras que están en el sótano del edificio llegaremos a las habitaciones.

Los 4 siguieron caminando y grabando hasta que llegaron a donde están las escaleras, pero para su mala suerte se encontraban bloqueadas por un pedazo de muro.

—Bueno, lo intentamos.

—Miren, se puede bajar por aquí.

Dijo Elena con entusiasmo mientras se acercaba a las escaleras en donde había un pequeño espacio donde podían pasar. José, soltó un suspiro y no tuvo más opción que bajar con los demás. Cuando por fin llegaron al final de las escaleras, el ambiente se sentía diferente y la luz de la luna no llegaba hasta allí, así que sacaron otra lámpara.

—Dicen que la habitación 007 se encuentra al final del pasillo, así que andando.

Elena fue la primera en empezar a caminar y después la siguió Jack, aun con el bate en las manos.

—Sigo pensando que es mala idea, ¿y si viene algún policía a vigilar la zona? Les recuerdo que no está permitido entrar.

Dijo José, casi temblando de miedo; sacó tu teléfono para ver la hora y descubrió que no tenía señal y se asustó un poco mas.

—Chicos, no tengo señal, esto es preocupante.

—Estamos en medio de la nada y en el sótano de un edificio abandonado; es normal que no haya señal, pero no te asustes, le avisé a unos amigos que si no me comunicaba con ellos dentro de una hora, que vinieran a buscarnos.

Mencionó Jack mientras empezaba a jugar con el bate y empezaba a abrir las puertas despreocupado.

—Menos mal, al menos sabré que encontrarán nuestros cuerpos.

—No seas negativo, nada malo nos va a…

Yuki ni siquiera terminó de hablar, ya que en ese momento se escuchó un fuerte ruido en el fondo del pasillo. José soltó un fuerte grito, al igual que Yuki, y por el miedo se abrazaron, tirando las lámparas que tenían en las manos. Mientras tanto, Elena y Jack aluzaron hacia la dirección del ruido y vieron que se cayó un pedazo de techo.

—Solo se cayó un escombro.

Dijo Elena mientras soltaba un suspiro de alivio y después se volteó hacia donde están José y Yuki y los aluzó con la lámpara solo para verlos abrazados y muertos de miedo.

—Qué bonito, ustedes hacen una bonita pareja.

Mencionó Jack con sarcasmo mientras los apuntaba con la cámara; José y Yuki rápidamente se separaron y recogieron las lámparas.

—Bueno, hay que seguir, ya casi llegamos.

Empezaron a caminar de nuevo, pero esta vez los cuatro estaban en silencio. Cuando por fin estuvieron enfrente de la famosa puerta 007 Jack se acercó para tratar de abrirla, pero se dio cuenta de que no tenía cerrojo y no la podía derribar, ya que la puerta es de metal.

—Esta puerta no se puede abrir sin una tarjeta de acceso, pero lo raro es que es la única que es así; las demás son diferentes, esta es la única que necesita una tarjeta para poder entrar.

Mencionó Jack mientras se alejaba y se recargaba en la pared y se cruzaba de brazos. Elena, un poco desanimada, se acercó a la puerta para ver si podía ver algo en los bordes, pero en cuanto vio por la rendija, lo primero que vio fueron unos ojos brillantes; al ver eso se sobresaltó y cayó de espaldas en el suelo.

—¿Elena? ¿Qué pasa? ¿Viste algo?

Mencionó José, preocupado, y se acercó para ayudarla, pero ella no dijo nada y solo apuntó con la mano hacia la puerta. Se notaba el miedo en sus ojos, pero aun así tenía una sonrisa marcada en sus labios. Todos dirigieron su mirada a la puerta y nadie dijo nada hasta que Jack se animó y se acercó a ver por la rendija de la puerta, pero él no vio nada, así que se incorporó y le dio la espalda a la puerta.

—No veo nada, está completamente oscuro, ¿qué fue lo que viste?

Elena abrió la boca para responder, pero justo en ese momento la puerta se empezó a abrir lentamente. El ruido hizo que todos se estremecieran y se pusieran pálidos del miedo; Jack, que estaba más cerca de la puerta, tragó saliva sin atreverse a voltear.

—¿Hay alguien detrás de mí, cierto?

Los tres asintieron levemente sin apartar la vista de la persona que se encuentra detrás de Jack. Justo en ese momento, Jack agarró fuerte el bate y, sin avisar, giró su cuerpo golpeado hacia la persona que se encuentra detrás de él. Para desgracia de la persona, no logró esquivar el golpe, así que por el impacto cayó al suelo. Todos se quedaron en silencio por unos segundos y Jack, usando el mismo bate, empezó a mover ligeramente el cuerpo que se encuentra inconsciente en el suelo. Movió el cabello para ver su rostro y rápidamente se dio cuenta de que se trataba de una mujer. Dejó caer el bate y retrocedió un par de pasos.

—¿Está muerta?

Preguntó, Jack asustando. Elena, que aún seguía en el suelo, se acercó lentamente, poniéndose de rodillas a un lado del cuerpo; giró a la chica con cuidado y tomó su pulso, soltando un suspiro de alivio.

—No, sigue viva, pero parece que le rompiste la mandíbula; lo mejor será llevarla a un hospital.

—Espera, ¿ella no será la mujer que dicen que aparece en la habitación 007? No parece que sea un fantasma o algo parecido.

—Yo nunca dije que era un fantasma; ya luego les cuento la historia completa; mejor ayúdenme a levantarla.

Jack y Yuki ayudaron a levantar el cuerpo; Elena, con la linterna, alumbró el interior de la habitación, y se dio cuenta de que las paredes estaban acolchonadas al igual que el suelo, como si fuera una sala de reclusión que están en los hospitales psiquiátricos. Elena volteó a ver a la chica y vio que solo tenía puesto un vestido blanco algo sucio, pero todo en ella se veía bien, excepto por el golpe que le dio Jack.

—Elena, vámonos.

Mencionó José mientras la agarraba del brazo y la sacaba de la habitación. Después se dirigieron a la salida del edificio; Jack se encargó de cargar a la chica. A pesar de que tenía algo de miedo, se dispuso a cargarla, ya que también se sentía culpable, ya que nunca había golpeado a una mujer. En lo que llegaban a la salida, todos se quedaron en silencio. Ya hasta que llegaron a la furgoneta, todos se subieron y Yuki se puso en el volante, José de copiloto y Elena se quedó atrás con la chica y Jack para cuidarla.

—¿Y a dónde vamos? —preguntó Yuki mientras encendía el auto.

—¿Pues a dónde más? Al hospital, ¿no ves que tiene la mandíbula rota?

—¿Crees que sea buena idea? Si vamos al hospital, nos harán muchas preguntas y, si les decimos la verdad, es posible que nos arresten, ya que entramos a un lugar ilegal y casi matamos a alguien.

—¿Entonces? ¿Tienes alguna otra idea?

—Conozco a alguien que es enfermera; ella no puede ayudar.

Mencionó José mientras sacaba su teléfono y hacía una llamada; la conversación solo duró 5 minutos y cuando terminó de hablar, colgó la llamada. Yuki ya estaba conduciendo hacia las afueras del bosque.

—Dijo que nos veríamos en mi casa y que compráramos unas cosas a la farmacia, así que pasaremos primero a una farmacia. ¿Cómo sigue la chica?

—Aún sigue respirando. Su pulso es débil, pero creo que sí aguantaría.

—Bien, si pueden, revisen si tiene alguna identificación para al menos saber su nombre.

—Ya la revisé y no tiene nada, solo tiene cicatrices en los brazos y un tatuaje en el cuello con el número 007.

Todos se quedaron en silencio al escuchar las palabras de Elena, José rápidamente empezó a investigar el laboratorio en su celular, pero no había nada inusual, así que empezó a buscar a personas desaparecidas para ver si encontraba a la chica. Después de un rato fueron a la primera farmacia que vieron y compraron todo lo que la amiga de José les pidió. Cuando por fin llegaron a la casa de José, recostaron a la chica en la habitación de invitados y justo en ese momento llegó la conocida de José con un botiquín en las manos.

—¿Dónde está ella?

—Arriba, ven, sígueme, y muchas gracias por ayudar; te debo una.

—No te preocupes, pero me pregunto por qué no la llevaron a un hospital para que reciba mejor atención.

—Te lo contaré más tarde, pero ayúdala.

La chica asintió y entró a la habitación en donde se encuentra la joven aún inconsciente. Elena estaba a un lado de la cama, Jack estaba caminando de un lado a otro con rostro preocupado y Yuki estaba acomodando las cosas que la enfermera encargó.

—Buenas noches, soy Emma, la amiga de José, ¿es ella?

Elena asintió con la cabeza y Emma se acercó a la cama dejando el botiquín a un lado; rápidamente empezó a revisarla, tomó su presión, revisó sus pupilas y después su mandíbula.

—Parece que la tiene dislocada, ¿ustedes saben qué le pasó?

Todos se quedaron en el silencio, viéndose entre sí, y Elena le contó todo, desde que entraron al edificio hasta donde Jack la golpeó con un bate. Jack se quedó en una esquina aun sintiéndose culpable.

—Ya veo, ¿el bate era de madera?

—No, era de metal.

—¿De metal? Qué raro, si alguien recibe un golpe en la cabeza con un bate de metal puede tener fracturas muy graves, pero ella solo tiene la mandíbula dislocada; por desgracia, no sabré si su cabeza recibió algún daño, ya que necesita que le hagan rayos X y una tomografía.

—Entonces, sí o sí la tenemos que llevar a un hospital.

Emma asintió con la cabeza.

—Chicos, vengan, tenemos que hablar.

Dijo Elena con un tono serio mientras caminaba hacia la salida de la habitación; todos fueron menos Emma, ya que se quedó para ponerle la intravenosa en la mano. Cuando los 4 estuvieron fuera de la habitación, cerraron la puerta para que Emma no escuchara.

—¿Tienen algún plan de cómo llevarla al hospital sin estar involucrados?

—Todas las ideas que tengo no son muy buenas que digamos; en todas, la chica termina abandonada en la calle.

Mencionó Jack mientras se cruzaba de brazos; José negó con la cabeza y recargó su espalda contra la puerta.

—¿Ustedes tienen alguna mejor idea? —dijo Elena mientras miraba a José y a Yuki con una expresión de preocupación.

—Lo siento, pero no, una idea en donde no nos involucre está algo difícil; la única forma es aceptar las consecuencias, porque si la dejamos en el hospital y la chica despierta, nos podrá identificar.

—Pero ella no nos vio el rostro; recuerda que Jack le estaba dando la espalda y él ni siquiera le dio tiempo de reaccionar, ya que la golpeó. Aparte, con ese golpe seguramente no se acordará ni de su nombre.

—¿Y qué tal si se acuerda y nos meten a la cárcel?

—Eres muy paranoica, no creo que recuerde algo.

—¿Cómo estás tan seguro?

—Porque la golpeé lo suficientemente fuerte como para matar a alguien.

—¿Entonces su plan era matarla?

—Sí, pero nunca pensé que se trataba de una persona, mucho menos de una mujer; yo pensé que era un animal o algo peor, un nahual. Si ella logra despertar, estoy seguro de que no recordará nada.

—Bueno, supongamos que ella no recuerda nada, pero recuerda que en los hospitales investigan a sus pacientes; si no encuentran nada, será investigada por el gobierno hasta llegar a nosotros. Nuestras huellas están en ella y si la bañamos antes de llevarla, pensarán que alguien abusó de ella e investigarán más a fondo, así que no importa qué hagamos; si la llevamos al hospital, estaremos en problemas.

—¿Y qué sugieres, que la tengamos aquí hasta que se recupere?

—Pues es la única opción que tenemos hasta ahora; le podemos pagar a Emma para que venga todos los días a revisarla, ¿ustedes qué piensan?

—Mencionó Elena mientras volteaba a ver a Yuki y a José. Ambos chicos se quedaron en silencio, ya que no estaban de acuerdo, pero tampoco se querían meter en más problemas.

—Por mí no hay problema, pero aun así hay que pensar en qué hacer con ella antes de que despierte. Iba a proponer que la lleváramos de nuevo al edificio, pero no quiero que muera allá. Pero eso sí, no podemos involucrar mucho a Emma; no quiero que tenga problemas por ayudarnos. Hablaré con ella y, dependiendo de su decisión, la vamos a respetar, ¿de acuerdo?

Todos asintieron al escuchar las palabras de José, el cual se alejó de la puerta para abrirla; cuando abrió la puerta, vio que Emma ya estaba guardando sus cosas.

—¿Y bien? ¿Cómo sigue?

—Para mi sorpresa, ella está bien, su ritmo cardiaco es normal, no parece que haya sufrido de desnutrición ni deshidratación; está más sana que todos nosotros. Tomé una muestra de sangre para hacer un análisis de ADN, y no se preocupen, el de laboratorio es amigo mío, así que no habrá problemas; los resultados suelen tardar 2 semanas, así que tendrán que ser pacientes.

—Muchas gracias, de verdad, ya te deposité algo de dinero por ayudarnos.

—Gracias, pero no era necesario; me gusta ayudar a mis amigos. Bueno, me tengo que retirar. Cualquier cosa, me llaman. Si despierta, procuren que no se levante hasta que yo llegue, ¿de acuerdo?

Todos asintieron varias veces, y Emma se despidió de todos; José la fue a acompañar a la salida mientras que los demás se quedaron en la habitación.

—Y bueno, ¿quién se quedará esta noche a cuidarla?

—Yo no puedo, tengo que pasar por mi hija en 30 minutos —dijo Yuki.

—Yo tampoco puedo, entro a trabajar en una hora…-comento jack

—No se preocupen, yo cuidaré de ella; de todos modos está en mi casa; aparte, no tengo nada importante que hacer.

Mencionó José mientras entraba a la habitación y al mismo tiempo guardaba su teléfono en su bolsillo.

—¿Estás seguro? —preguntó Elena.

—Claro, como dije. No tengo nada importante que hacer y no creo poder dormir teniendo a un extraño medio muerto en mi casa. Pero eso sí, tendremos que hacer un horario para cuidarla entre nosotros. Durante esta noche me dedicaré a hacer el horario de acuerdo a sus horarios, tanto de la escuela como de sus trabajos, ya que todos nos metimos en este problema y todos debemos hacernos cargo. A ver si con lo que pasó se nos quitan las ganas de ir a lugares desconocidos.

—Bueno, ahora que está resuelto quién se quedará esta noche, me tengo que ir; luego la niñera me va a querer cobrar más. Nos vemos mañana, y José, si ella llega a despertar, llámame, no importa la hora; como tú dijiste, ahora ella es nuestra responsabilidad.

—A mí también me llamas por cualquier cosa.

—No puedo decir que no; después de todo, yo fui quien la golpeó, así que se mueve aunque sea un centímetro, llámame.

—De acuerdo, les llamaré, pero no pongan sus teléfonos en silencio como acostumbran.

Todos asintieron y empezaron a caminar hacia la salida; José se despidió de ellos y después cerró la puerta con llave y enseguida fue a su habitación para encender la computadora e investigar todo sobre aquel lugar donde encontraron a la chica.