I
— Tenemos un maldito problema —habló Yoongi, su voz grave cortando el aire pesado del pequeño cuarto de ensayo—. Jackson no podrá venir y no tenemos a nadie más que lo reemplace ahora mismo.
El ambiente se volvió denso al instante. Las paredes estaban cubiertas de posters viejos, cables enredados en el suelo y el olor a madera y metal de los instrumentos impregnaba el lugar. Yoongi, con su cabello oscuro ligeramente despeinado y ojeras marcadas por noches sin dormir, apretaba la mandíbula con frustración. Él no solo era el líder de la banda… era el que cargaba con todo.
— No me jodas, ¿ahora qué mierda le dio? —respondió Jungkook con rabia, levantándose bruscamente de la silla—. Esta es nuestra puta oportunidad para salir de tocar siempre en el escenario de la escuela.
Jungkook tenía el cabello negro cayendo sobre su frente, un aro plateado en el labio inferior y otro en la ceja. Su mirada era intensa, casi salvaje, y su temperamento… peor. Estaba cansado de sentirse estancado.
— Lo sé, Jungkook… más que nadie yo sé que es así, no tenemos más opciones que… —dijo Yoongi, haciendo una pausa que solo aumentó la tensión.
— ¿Qué?
— Llamar a mi hermano.
Jungkook negó con la cabeza de inmediato, soltando una risa sin humor.
— No, no… tu hermano no pertenece a esta banda, ¿qué mierda va a hacer aquí?
Namjoon, que había estado en silencio afinando distraídamente las baquetas entre sus dedos, levantó la vista. Alto, de facciones marcadas, con un aire calmado pero firme.
— Entiende, Jungkook… Jimin ha estado en todos los ensayos —intervino Yoongi—. Se sabe todas las canciones.
— Eso es verdad —añadió Namjoon—. Y Jimin canta muy bien… y es bueno con la guitarra también. Lo necesitamos.
Jungkook no dijo nada más. Solo chasqueó la lengua con molestia, agarró su chaqueta y salió del cuarto dando un portazo.
El silencio quedó vibrando en el aire.
— ¿Se puede saber por qué odia tanto a Jimin? —preguntó Namjoon, frunciendo ligeramente el ceño.
Yoongi sostuvo el teléfono unos segundos antes de presionar el botón de llamada. Su expresión, normalmente tranquila y casi inexpresiva, ahora estaba cargada de tensión; sus dedos tamborileaban contra la mesa metálica del pequeño cuarto de ensayo, mientras Namjoon lo observaba en silencio, cruzado de brazos. Afuera, el murmullo lejano de estudiantes y el eco de pasos en los pasillos hacía que todo se sintiera aún más urgente, como si el tiempo estuviera corriendo en su contra. Cuando finalmente la llamada conectó, Yoongi se llevó el teléfono al oído y exhaló lentamente, tratando de ordenar sus palabras, porque sabía que esa conversación no solo era importante para la banda, sino también para algo más personal que nunca había querido admitir del todo.
—¿Hyung? —la voz de Jimin sonó al otro lado, clara pero ligeramente sorprendida—. ¿Todo bien?
Yoongi apretó los labios por un segundo, mirando a Namjoon como si buscara apoyo, antes de hablar.
—No exactamente… Escucha, necesitamos que vengas a la escuela. Ahora. Es urgente.
Hubo un pequeño silencio, como si Jimin estuviera procesando la información, y luego se escuchó un suspiro suave.
—¿Pasó algo con la banda? —preguntó con curiosidad, aunque su tono ya dejaba entrever que sabía la respuesta.
—Jackson no vendrá —respondió Yoongi directamente—. Tenemos la presentación hoy… y necesitamos a alguien que cubra su lugar. Tú sabes todas las canciones, has estado en cada ensayo… —hizo una pausa breve, tragando saliva—. Te necesitamos, Jimin.
Del otro lado, el silencio fue un poco más largo esta vez, pero no incómodo, sino cargado de una decisión que se estaba formando.
—Estoy fuera de la escuela ahora mismo —dijo finalmente Jimin—, pero puedo estar ahí en media hora. Dame eso y llego.
Namjoon soltó un suspiro de alivio al escuchar eso, mientras Yoongi cerraba los ojos un instante, como si una enorme presión acabara de levantarse de sus hombros.
—Gracias —murmuró—. De verdad.
—No me agradezcas todavía —respondió Jimin con una pequeña risa—. Aún tengo que salvarles el trasero, ¿no?
Yoongi colgó la llamada y dejó el teléfono sobre la mesa, pasando una mano por su cabello oscuro, ligeramente despeinado. Namjoon sonrió de lado.
—Sabía que diría que sí —comentó—. Ese chico siempre aparece cuando es importante.
—Sí… —respondió Yoongi en voz baja, aunque en su mirada había algo más profundo que simple alivio.
Mientras tanto, a unos cuantos pasillos de distancia, Jungkook estaba apoyado contra una de las paredes del edificio principal, su cuerpo ligeramente inclinado mientras besaba a su novia con una intensidad que parecía más una distracción que un momento romántico genuino. Su cabello negro caía desordenado sobre su frente, y el brillo metálico de un pequeño piercing en su labio inferior capturaba la luz del pasillo. Sus manos descansaban en la cintura de la chica, acercándola más, como si intentara ignorar todo lo demás que estaba ocurriendo ese día.
Fue entonces cuando media hora despies Jimin apareció.
Entró al edificio con paso ligero pero seguro, su cabello rubio platinado perfectamente acomodado, contrastando con su piel suave y su expresión confiada. Llevaba una chaqueta ligera abierta, dejando ver una camiseta ajustada, y un pequeño arete brillante adornaba su oreja. Su presencia era imposible de ignorar; incluso antes de que hablara, ya llamaba la atención.
Cuando sus ojos se posaron en Jungkook, arqueó una ceja y frunció ligeramente la nariz, como si hubiera visto algo desagradable.
—Eww… hetero a la vista —soltó con una mueca exagerada.
Jungkook se separó del beso de inmediato, girándose hacia él con el ceño fruncido y la mandíbula tensa.
—Cállate, marica, busca quién te rompa el culo —respondió con evidente enojo.
El ambiente se tensó al instante, pero antes de que la situación escalara más, Namjoon apareció, colocándose entre ellos con una expresión seria.
—Ey, más cuidado con lo que dices —advirtió—. Yo soy gay, ¿lo olvidas? Jin es mi novio.
Jungkook parpadeó, claramente sorprendido por el tono, y desvió la mirada por un segundo, incómodo.
—Perdón, hyung… no soy homofóbico —murmuró—. Solo detesto a este ser.
Jimin soltó una risa corta, cruzándose de brazos mientras inclinaba la cabeza con una sonrisa provocadora.
—Me odias porque quieres —respondió con calma, como si disfrutara cada segundo de esa tensión.
Jungkook rodó los ojos, pero no respondió, apretando los puños ligeramente.
—Como sea —continuó Jimin, cambiando el tema con naturalidad—. ¿Qué tengo que hacer?
Yoongi, que acababa de llegar, habló sin rodeos.
—Cantar y tocar la guitarra.
Jimin asintió lentamente, como si evaluara la situación, y luego sonrió con confianza.
—Bien… ¿cuáles son las canciones?
La escena cambió horas después, cuando el escenario estaba listo y las luces comenzaban a encenderse. El murmullo del público llenaba el aire, cargado de expectativa. Un presentador tomó el micrófono, su voz resonando con entusiasmo.
—Esta noche tenemos algo especial… una banda de la escuela, jóvenes, talentosos, increíblemente carismáticos… —hizo una pausa dramática—. ¡Con ustedes, “Neon Rebellion”!
Las luces se apagaron por un segundo, y luego las guitarras comenzaron a sonar, vibrando en el aire con fuerza. Un reflector iluminó el centro del escenario… y allí estaba Jimin.
De pie, con la guitarra colgada, su presencia dominaba el espacio. Sus dedos comenzaron a moverse con precisión, y cuando su voz salió, clara y poderosa, el público quedó en silencio por un segundo antes de estallar en gritos.
La presentación fue electrizante. Jungkook, a pesar de su molestia, no pudo evitar sincronizarse perfectamente; Namjoon mantenía el ritmo con intensidad, y Yoongi guiaba todo desde su posición con una calma casi hipnótica.
Cuando terminaron, el aplauso fue ensordecedor.
Detrás del escenario, todos respiraban agitados, pero sonriendo, aún procesando lo que acababa de pasar.
—Lo logramos… —murmuró Namjoon, incrédulo.
Fue entonces cuando un hombre elegante, claramente el promotor, se acercó a ellos con una sonrisa amplia.
—Excelente, muchachos —dijo—. Los quiero mañana en la presentación de Busan, tendremos muchas personas importantes. ¿Pueden estar ahí?
Yoongi abrió los ojos con sorpresa, su voz temblando ligeramente.
—Cl-claro… ahí estaremos.
—No se preocupen por el hospedaje —añadió el hombre—. Todo estará resuelto.
Cuando se fue, el grupo explotó en emoción.
—¡Nos vamos a Busan! —gritó Namjoon.
Jimin levantó una ceja, cruzándose de brazos.
—¿Tengo que ir con ustedes?
Yoongi lo miró directamente.
—Sí.
Jimin suspiró, exageradamente.
—Supongo que solo iremos la banda… no las putas, ¿no?
Jungkook abrió la boca para responder, pero Yoongi habló antes.
—Jin irá. Así que la novia de Jungkook también puede ir. No hay problema.
El silencio duró un segundo… y luego todos comenzaron a hablar al mismo tiempo, la emoción llenando el aire, mientras el futuro, por primera vez, parecía realmente cerca.
*AL SIGUIENTE DIA*
El aeropuerto hervía de movimiento desde mucho antes de que ellos siquiera cruzaran las puertas automáticas. El sonido constante de las ruedas de las maletas deslizándose sobre el suelo brillante se mezclaba con anuncios intermitentes por los altavoces, voces apresuradas, despedidas a medias y reencuentros cargados de emoción. A pesar del caos, había algo ordenado en todo aquello, como si cada persona supiera exactamente a dónde iba, excepto ellos, que caminaban juntos pero con pensamientos completamente distintos. Yoongi avanzaba al frente, con la espalda recta y las manos en los bolsillos de su abrigo, su expresión era seria, casi fría, pero en sus ojos había una concentración absoluta; no estaba pensando en el vuelo, ni en el hotel, ni siquiera en el cansancio… estaba pensando en la presentación, en cada detalle, en cada posible error. Namjoon iba a su lado, revisando por tercera vez los documentos, asegurándose de que los boletos, identificaciones y reservas estuvieran en orden, mientras Jin caminaba junto a él, hablándole en voz baja con una sonrisa suave, intentando relajar el ambiente con comentarios ligeros. Un poco más atrás venía Jungkook, completamente separado del grupo, con pasos más lentos, las manos hundidas en los bolsillos de su chaqueta y la mirada clavada en el suelo, como si cada paso pesara más de lo normal. No había rastro de su novia, ni de su habitual actitud confiada; en su lugar había un silencio extraño, una tensión que se le notaba incluso en la forma en que apretaba la mandíbula. Jimin, por supuesto, fue el único que lo notó de inmediato, porque Jimin siempre observaba más de lo que decía, siempre estaba atento a los pequeños detalles que los demás ignoraban, y esa pequeña diferencia en Jungkook fue suficiente para despertar su curiosidad.
Jimin dejó escapar una risa suave, casi inaudible, mientras desaceleraba ligeramente su paso hasta quedar a la altura de Jungkook, inclinando apenas la cabeza hacia un lado con esa expresión suya que siempre estaba entre lo inocente y lo provocador. Su cabello rubio claro, perfectamente acomodado, capturaba la luz blanca del lugar, dándole un aire casi irreal, y el pequeño pendiente en su oreja brilló cuando giró el rostro para mirarlo directamente, estudiándolo sin ningún tipo de disimulo. Jungkook no levantó la mirada al principio, como si fingir que no existía fuera suficiente para hacerlo desaparecer, pero Jimin no era alguien que se ignorara con facilidad, y mucho menos cuando ya había decidido hablar. La tensión en los hombros de Jungkook era evidente, cada músculo parecía rígido, como si estuviera conteniendo algo que no quería soltar.
—¿Y a ti qué te pasó? —preguntó finalmente Jimin, arrastrando un poco las palabras con una ligera sonrisa que dejaba claro que no era solo curiosidad, sino también burla—. ¿Dónde está tu noviecita?
La pregunta quedó flotando en el aire por un segundo, y Jungkook apretó la mandíbula con más fuerza, desviando la mirada hacia el frente, como si las pantallas de vuelos fueran de repente lo más interesante del mundo. Su respiración se volvió un poco más pesada, apenas perceptible, pero suficiente para notar que algo no estaba bien.
—No te importa, chismoso —respondió finalmente, seco, cortante, sin mirarlo siquiera.
Sin esperar respuesta, aceleró el paso, como si cualquier segundo extra cerca de Jimin fuera demasiado. Jimin se quedó quieto un instante, observándolo alejarse, y luego soltó una risa más clara, cruzándose de brazos con tranquilidad, sin ofenderse en lo más mínimo.
—Uy… alguien amaneció con el carácter bonito —murmuró, lo suficientemente alto como para que Jungkook lo escuchara.
Pero Jungkook no respondió. Solo caminó más rápido hasta la sala de abordaje, pasando su boleto sin siquiera mirar a la persona que lo recibió, desapareciendo dentro como si necesitara poner distancia entre ellos lo antes posible. El resto llegó poco después, y aunque nadie dijo nada directamente, la incomodidad flotaba en el ambiente como algo imposible de ignorar.
El vuelo pasó entre silencios largos y momentos dispersos que ninguno parecía querer llenar del todo. Una vez dentro del avión, cada uno tomó su asiento, acomodando sus cosas rápido, como si todos estuvieran demasiado metidos en sus propios pensamientos. Yoongi se sentó junto a la ventana y cerró los ojos apenas el avión despegó, no porque estuviera dormido exactamente, sino porque necesitaba ese pequeño espacio de calma para ordenar su mente, para repasar mentalmente cada canción, cada entrada, cada cambio de ritmo. Namjoon y Jin compartieron auriculares, inclinándose ligeramente el uno hacia el otro mientras hablaban en voz baja, riendo ocasionalmente, creando su propio pequeño mundo dentro del ruido del avión. Jimin, por su parte, se mantuvo inquieto, moviendo ligeramente el pie, observando a la gente, mirando por la ventana, y de vez en cuando, sin disimular demasiado, dirigía su mirada hacia Jungkook, que estaba unas filas más adelante, con la cabeza recostada hacia atrás y los ojos cerrados. Pero no estaba dormido, Jimin podía notarlo incluso desde esa distancia; había algo en la tensión de su rostro, en la forma en que sus dedos se movían ligeramente sobre su pierna, como si estuviera luchando contra algo interno que no terminaba de soltarlo. Jimin no dijo nada, pero lo observó un poco más de lo necesario, como si intentara descifrarlo, como si ese pequeño misterio fuera más interesante que cualquier otra cosa en ese momento. El resto del vuelo transcurrió así, entre pensamientos no dichos, miradas evitadas y una tensión silenciosa que parecía seguirlos incluso entre las nubes.
Cuando finalmente llegaron a Busan, todo se movió con una rapidez casi abrumadora, como si alguien hubiera presionado un botón y de repente ya no hubiera tiempo para procesar nada. Apenas salieron del área de llegada, un grupo de personas los esperaba con sonrisas profesionales y movimientos perfectamente coordinados, tomando sus maletas, indicándoles el camino, guiándolos sin dar espacio a dudas o pausas. El aire de la ciudad era diferente, más fresco, pero también cargado de energía, como si algo importante estuviera a punto de ocurrir, y esa sensación se coló en todos ellos aunque ninguno lo dijera en voz alta. Subieron a vehículos elegantes, atravesaron calles iluminadas, y en cuestión de minutos estaban frente a un hotel que parecía sacado de otro mundo, con una fachada imponente, luces cálidas y una entrada que imponía respeto desde el primer vistazo. Dentro, todo era aún más impresionante: pisos brillantes, decoración minimalista pero costosa, un silencio controlado que hacía que cada paso resonara más de lo normal. Un encargado revisó una lista con precisión antes de levantar la vista hacia ellos.
—Las habitaciones serán compartidas por dos personas —explicó con tono profesional—, Se les dará una llame a cada uno.
Yoongi asintió sin mucho interés, claramente más enfocado en lo que vendría después.
Jimin fue el primero en llegar a la habitación, caminando con tranquilidad, como si no hubiera nada extraño en la situación, había hablado con yoongi y sabía que a Jungkook le tocaría con él, estaba calmado, como si compartir espacio con alguien que claramente no lo soportaba fuera lo más normal del mundo. Introdujo la tarjeta, abrió la puerta y se detuvo apenas un segundo al entrar, dejando que su mirada recorriera el lugar con calma, absorbiendo cada detalle sin prisa. La habitación era amplia, mucho más de lo que esperaba, con una iluminación cálida que hacía que todo se sintiera acogedor a pesar del lujo evidente. En el centro había una sola cama grande, perfectamente arreglada, con sábanas blancas impecables y almohadas que parecían demasiado suaves para ser reales. A un lado, un sofá elegante junto a una mesa baja, y más allá, un escritorio moderno con acabados brillantes. Pero lo que más llamó su atención fue el balcón, con puertas de vidrio que dejaban ver la ciudad extendiéndose a lo lejos, llena de luces y movimiento. Jimin dejó su maleta sin cuidado en el suelo y caminó lentamente hacia la cama, pasando la mano por la superficie antes de dejarse caer sobre ella con un suspiro largo, extendiéndose completamente, como si necesitara ese momento para sí mismo, como si todo el viaje finalmente le estuviera pasando factura. Cerró los ojos un instante, relajando cada músculo, dejando que el silencio de la habitación lo envolviera… hasta que el sonido de la puerta abriéndose rompió ese pequeño momento.
Jungkook entró y se quedó completamente inmóvil al verlo, como si su cuerpo hubiera reaccionado antes que su mente, como si no hubiera estado preparado para esa imagen. Su mirada recorrió la habitación en un segundo, deteniéndose inevitablemente en la cama, en Jimin, en la tranquilidad con la que parecía haberse adueñado del lugar. La expresión en su rostro se tensó de inmediato, su mandíbula se apretó, y sin decir una sola palabra, dio media vuelta, salió de la habitación y cerró la puerta con un golpe seco que resonó en el pasillo. Sus pasos fueron rápidos, pesados, llenos de frustración contenida, hasta que llegó frente a la habitación de Yoongi y tocó la puerta con insistencia, casi golpeándola, como si necesitara desahogarse antes de explotar. La puerta se abrió unos segundos después, y Yoongi apareció con una expresión claramente cansada, el cabello ligeramente desordenado, los ojos entrecerrados.
—¿Qué pasa? —preguntó, sin ánimo de rodeos.
Jungkook no dudó ni un segundo.
—¿Por qué mierda me tocó con tu hermano?
Yoongi rodó los ojos con lentitud, apoyándose contra el marco de la puerta.
—No sé —respondió con indiferencia—. Déjame descansar, en la noche tenemos que presentarnos.
Pero Jungkook no se movió, su respiración se hizo más pesada, su mirada cargada de molestia.
—No, cambiemos de habitación, joder, no quiero estar con él.
Yoongi lo miró un segundo más, completamente imperturbable.
—Pues te jodes.
Y le cerró la puerta en la cara sin darle oportunidad de responder.
Jungkook se quedó ahí unos segundos, mirando la puerta cerrada, con la respiración pesada y los puños ligeramente apretados, como si estuviera conteniéndose para no golpear algo.
—Hijo de puta… —murmuró por lo bajo.
Se giró bruscamente y volvió a la habitación con pasos igual de pesados que antes, cargando todavía esa frustración que no parecía bajar. Abrió la puerta con más fuerza de la necesaria y la cerró de golpe detrás de él, dejando que el sonido llenara el espacio como una pequeña explosión de enojo. Pero Jimin ya no estaba en la cama. El balcón estaba abierto, y una ligera corriente de aire movía apenas las cortinas, dejando entrar el murmullo lejano de la ciudad. Jungkook miró en esa dirección solo un segundo, sin verdadero interés, como si no le importara lo más mínimo dónde estaba, y caminó directo hacia el interior de la habitación. Dejó caer la maleta en el suelo sin cuidado, el golpe sordo rompiendo el silencio, y se tiró boca arriba sobre la cama, pasando un brazo sobre sus ojos como si quisiera bloquearlo todo: la luz, los pensamientos, la situación entera. Su cuerpo estaba agotado, más de lo que quería admitir, y esa mezcla de cansancio físico y mental lo golpeó de repente, haciéndolo soltar un suspiro pesado. Sin pensar, sin analizar, sin siquiera darse cuenta… su respiración comenzó a hacerse más lenta, más profunda. Y en cuestión de minutos, completamente rendido por el viaje, el estrés y todo lo que llevaba encima… se quedó dormido.
HORAS MÁS TARDÉ
El backstage estaba cargado de una energía eléctrica difícil de ignorar, como si el aire mismo vibrara con la anticipación del espectáculo que estaba a punto de comenzar. Técnicos iban y venían ajustando cables, probando luces, verificando micrófonos, mientras el sonido lejano del público filtrándose desde el otro lado del escenario se convertía en un murmullo constante, creciente, expectante. La banda estaba reunida en una de las salas asignadas, cada uno concentrado en lo suyo, pero unidos por esa tensión compartida que precede a algo grande. Yoongi revisaba una vez más la lista de canciones, su expresión seria, completamente metido en su papel de líder, asegurándose de que nada quedara al azar. Namjoon ajustaba las baquetas entre sus dedos, golpeando suavemente una superficie cercana en un ritmo inconsciente, mientras Jin acomodaba su ropa frente al espejo, observándose con una leve sonrisa satisfecha, aunque no pertenecía a la banda, quería verse bien, después de todo era el novio del baterista. Jungkook, en cambio, estaba sentado en silencio, inclinándose ligeramente hacia adelante mientras ajustaba los accesorios de su atuendo, su mirada fija, distante. Jimin estaba de pie frente al espejo, observándose con calma, como si disfrutara el momento, como si todo aquello le resultara natural.
Sus vestuarios eran impactantes, completamente alejados de lo que habían usado antes en la escuela. Jimin llevaba una chaqueta negra de material brillante, casi como cuero barnizado, con múltiples hebillas metálicas que reflejaban la luz con cada mínimo movimiento, abierta lo suficiente para dejar ver una camiseta oscura ajustada debajo. Su cabello rubio caía en capas suaves alrededor de su rostro, ligeramente húmedo, dándole un aire despreocupado pero calculado, y el brillo de sus accesorios —anillos, un pendiente delicado— añadía un toque elegante que contrastaba con la agresividad del outfit. Jungkook no se quedaba atrás; vestía también de negro, con una chaqueta similar pero más estructurada, combinada con varias cadenas alrededor del cuello que descansaban sobre su pecho, captando la luz de manera hipnótica. Su cabello oscuro estaba ligeramente desordenado, cayendo sobre su frente, y el piercing en su labio inferior resaltaba aún más bajo las luces del lugar. Había algo en la combinación de ambos que resultaba… magnético, aunque ninguno lo admitiría.
Namjoon rompió el silencio mientras observaba a Jungkook de reojo, su curiosidad finalmente ganándole.
—Oye… ¿y Minji? —preguntó con tono tranquilo—. Pensé que vendría contigo.
Jungkook no levantó la mirada de inmediato. Sus dedos se detuvieron un segundo sobre la cadena que estaba acomodando, y su expresión se endureció apenas perceptible.
—Discutimos —respondió finalmente, seco—. No quiso venir.
Namjoon asintió lentamente, entendiendo que no era momento para profundizar más. No dijo nada más, respetando ese límite invisible que Jungkook acababa de marcar, aunque la tensión en su postura no pasó desapercibida para nadie. Jimin, desde el espejo, observó la escena a través del reflejo, sin intervenir, pero guardando ese pequeño detalle en su mente.
Un asistente apareció entonces en la puerta.
—Cinco minutos —anunció.
El ambiente cambió de inmediato.
La concentración se volvió absoluta, los movimientos más precisos, las respiraciones más profundas. Cada uno tomó su instrumento, ajustó lo último que quedaba, y sin necesidad de palabras, se alinearon para salir.
Cuando sus nombres fueron anunciados, el sonido del público explotó.
Salieron al escenario bajo una lluvia de luces, el calor de los reflectores golpeándolos de lleno, el ruido de los aplausos vibrando en el pecho. Todo se volvió automático y al mismo tiempo intensamente real. La música comenzó, y con ella, todo lo demás desapareció. Jimin se movía con naturalidad, su voz llenando el espacio con una fuerza que atrapaba a cualquiera que lo escuchara; Jungkook, a pesar de todo, estaba perfectamente sincronizado, su presencia fuerte, intensa, como si cada nota fuera una forma de liberar lo que llevaba dentro. Namjoon marcaba el ritmo con precisión, Jin aplaudiendo desde la esquina, y Yoongi, desde su lugar, controlaba todo como si dirigiera una tormenta perfectamente calculada.
Cuando terminaron, el aplauso fue ensordecedor.
De regreso al backstage, el ambiente era completamente distinto. La tensión se había transformado en euforia, en sonrisas, en respiraciones agitadas mezcladas con risas incrédulas.
—Lo hicimos… —murmuró Namjoon, todavía sin creerlo del todo.
Yoongi levantó la mirada, observándolos a todos, deteniéndose un segundo más en Jimin, como si estuviera tomando una decisión que ya venía pensando desde antes.
—Quiero decir algo —habló finalmente, su voz firme pero cargada de emoción contenida.
El grupo se quedó en silencio.
—Jimin… será oficialmente miembro de la banda.
Hubo un segundo de pausa, y luego reacciones inmediatas.
—¿En serio? —dijo Namjoon, sonriendo.
Yoongi asintió.
—Jackson nos ha fallado demasiadas veces… no podemos seguir dependiendo de alguien que no está cuando lo necesitamos. Jimin estuvo hoy, sin dudar, y lo hizo mejor de lo que esperábamos.
Jimin no dijo nada al principio, solo observó a Yoongi, pero una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Supongo que ahora no podrán deshacerse de mí —comentó con ligereza.
Jungkook no reaccionó de inmediato. Solo desvió la mirada, apretando ligeramente la mandíbula, aunque esta vez no dijo nada en contra.
Esa noche, al regresar al hotel, el cansancio cayó sobre todos como un peso inevitable. Sin muchas palabras, cada uno tomó su camino hacia su habitación. El pasillo estaba en silencio, iluminado suavemente, contrastando con la intensidad que habían vivido horas antes.
Jimin y Jungkook entraron a la habitación sin dirigirse la palabra.
El silencio entre ellos no era nuevo, pero ahora se sentía más… denso. Jimin dejó sus cosas con calma y caminó directamente hacia el balcón, abriendo la puerta y saliendo sin mirar atrás. El aire fresco de la noche lo recibió de inmediato, moviendo suavemente su cabello mientras se apoyaba en la baranda, observando las luces de la ciudad extendiéndose frente a él. Había algo relajante en esa vista, algo que le permitía desconectarse, aunque fuera por un momento.
Dentro, Jungkook dejó caer su cuerpo sobre la cama, soltando un suspiro largo, pasando una mano por su rostro como si intentara sacarse el día de encima. Se quedó ahí, mirando el techo, sin moverse, como si su mente siguiera corriendo incluso cuando su cuerpo ya no podía más.
El tiempo pasó sin que ninguno dijera nada.
Después de un rato, Jungkook se levantó, caminó hacia la puerta del balcón y salió sin decir una palabra. Se apoyó en la baranda, a cierta distancia de Jimin, mirando hacia otro lado, evitando cualquier tipo de contacto.
Jimin lo notó, por supuesto, pero no dijo nada al principio. El silencio se extendió unos segundos más, hasta que finalmente decidió romperlo.
—¿Terminaste con Minji? —preguntó, con un tono más neutral de lo habitual, sin burla esta vez.
Jungkook negó con la cabeza, mirando al frente.
—No.
Hubo una pausa breve.
—Entonces… ¿por qué pelearon? —preguntó Jimin, esta vez con un poco más de suavidad.
Jungkook soltó un suspiro largo, cerrando los ojos un momento antes de responder.
—Es complicado.
Jimin lo observó de reojo, pero no insistió, no hizo ningún comentario sarcástico.
No provocó.
Simplemente volvió a mirar hacia la ciudad. Y el silencio volvió… pero esta vez, ya no era tan pesado.
5 MESES ATRAS.
La casa de Yoongi estaba completamente desbordada de ruido, luces y gente, como si en lugar de una simple reunión hubiera decidido recrear una escena sacada directamente de una película adolescente caótica. La música retumbaba con tanta fuerza que hacía vibrar las ventanas, los bajos golpeaban el pecho y las luces de colores cambiaban constantemente, pintando las paredes y los cuerpos en tonos rojos, violetas y azules. Había botellas por todas partes, algunas vacías, otras a medio terminar, vasos olvidados en mesas, en el suelo, incluso en las escaleras. La risa de la gente se mezclaba con gritos, conversaciones sin sentido y el sonido de alguien cantando completamente fuera de tono en un rincón. El aire estaba cargado, caliente, denso, impregnado de alcohol, perfume y sudor. Yoongi había permitido todo aquello porque sus padres no estaban, y aunque no era del tipo que disfrutaba el caos, tampoco iba a desperdiciar la oportunidad. Namjoon trataba de mantener cierto orden sin mucho éxito, Jin reía con un grupo cerca del sofá, y Jungkook se movía entre la gente con esa seguridad suya, como si nada lo afectara, como si ese ambiente fuera exactamente donde pertenecía.
Jimin, por su parte, estaba en medio de todo eso como si la fiesta girara a su alrededor, moviéndose con naturalidad, riendo, hablando, dejando que las miradas se posaran sobre él sin molestarse en disimularlo. Su presencia era magnética, incluso en un lugar lleno de gente, destacaba sin esfuerzo. Pero después de un rato, el calor comenzó a ser demasiado, el ruido excesivo, y la necesidad de un momento a solas se volvió inevitable. Sin avisar a nadie, decidió subir las escaleras, alejándose poco a poco del caos, sintiendo cómo el sonido se amortiguaba con cada paso hasta convertirse en un eco lejano. El pasillo estaba mucho más tranquilo, casi en silencio en comparación con el piso de abajo, y eso le permitió soltar un suspiro largo mientras se dirigía a su habitación, pasando una mano por su cabello, despeinándolo ligeramente.
El alcohol había comenzado a hacer efecto, nublando ligeramente sus pensamientos y relajando sus inhibiciones, pero aún conservaba suficiente lucidez para sentirse algo fuera de lugar en medio de tanto desenfreno. Había estado conversando con algunos amigos cerca de la cocina cuando tuvo la necesidad de ir al baño antes de volver a sumergirse en el torbellino social. Subió las escaleras con cuidado, esquivando a una pareja que se besaba apasionadamente en un escalón intermedio, y se dirigió hacia el baño que recordaba estaba en el pasillo superior. La música sonaba más amortiguada en esa parte de la casa, permitiendo escuchar sus propios pensamientos por unos preciosos segundos. Llegó ante la puerta del baño, giró el pomo y, para su sorpresa, encontró que estaba cerrado. Frustrado, se apoyó un momento contra la pared, esperando que quien estuviera dentro terminara pronto, pero después de unos minutos decidió que no tenía paciencia para esperar y comenzó a buscar otra alternativa.
Fue entonces cuando notó que la puerta de la habitación de Jimin estaba entreabierta, dejando pasar un pequeño haz de luz desde el interior. Sin pensar demasiado en las consecuencias, empujó suavemente la puerta y entró, pensando que podría usar el baño adjunto que recordaba en esa habitación. El espacio estaba ordenado de una manera caótica que parecía muy propia de Jimin: ropa doblada en una silla, libros apilados en el suelo junto a la cama, y pósteres de artistas que Jungkook no reconocía decorando las paredes. Mientras se acercaba al baño, escuchó pasos en el pasillo y, en un instante de pánico, se movió rápidamente hacia el baño. La puerta de la habitación se abrió y entró Jimin, murmurando algo sobre lo incómodos que eran sus pantalones ajustados y lo mucho que necesitaba cambiarse. Jungkook contuvo la respiración, sintiendo cómo su corazón comenzaba a latir con fuerza contra sus costillas mientras se quedaba completamente inmóvil, esperando que Jimin no lo notara.
Jimin no pareció percatarse de su presencia. Se movió con naturalidad hacia su armario, abrió las puertas y comenzó a buscar algo de ropa para cambiarse, todo mientras tarareaba una melodía que Jungkook no pudo identificar. Desde su posición semioculta, Jungkook observaba cómo Jimin se quitaba la camiseta, revelando una espalda bien definida y una cintura pequeña. Se sintió incómodo, como un espía invadiendo la privacidad de alguien, pero algo le impedía moverse o revelar su presencia. Quizás era el miedo a la reacción de Jimin al encontrarlo espiando en su habitación, o quizás era una curiosidad que no quería admitir ni siquiera para sí mismo. Cuando Jimin se giró ligeramente, Jungkook tuvo la oportunidad de ver su torso de frente, notando cómo sus abdominales se marcaban sutilmente con el movimiento y cómo su piel brillaba bajo la luz tenue de la habitación. Sintió un nudo en su garganta y un calor que comenzaba a extenderse por su cuerpo, reacciones que no comprendía del todo pero que no podía ignorar.
Lo que sucedió a continuación capturó por completo la atención de Jungkook. Jimin se giró de espaldas, dándole la espalda sin saber que estaba siendo observado, y comenzó a desabrochar sus pantalones. Con un movimiento fluido y casi danzarino, los hizo deslizar por sus caderas y piernas hasta dejarlos caer al suelo. Jungkook tragó saliva, sintiendo cómo sus ojos se abrían más de lo normal mientras observaba la figura que se revelaba ante él. Los glúteos de Jimin eran prominentes, perfectamente redondeados y firmes, creando una silueta que parecía esculpida con esmero. La piel de su espalda baja continuaba hacia abajo en una curva suave y atractiva que se perdía bajo el tejido de su boxer ajustado. Jungkook se encontró completamente hipnotizado, incapaz de apartar la mirada aunque una parte de su mente le gritaba que debía hacerlo, que estaba invadiendo una intimidad que no le correspondía. Sin embargo, sus ojos permanecieron fijos, absorbiendo cada detalle, cada curva, cada sombra que se proyectaba sobre el cuerpo de Jimin.
No fue hasta que sintió una tensión creciente en su propia ropa interior que Jungkook se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Una erección se había formado, insistente y evidente, creando una protuberancia que cualquier persona podría notar si lo miraba con atención. El pánico lo invadió de inmediato, mezclándose con la excitación que aún sentía por lo que estaba presenciando. Se movió ligeramente, intentando ajustarse discretamente, pero fue demasiado tarde. Jimin, que había estado a punto de dirigirse hacia el baño, se detuvo en seco y giró la cabeza, como si hubiera percibido algún movimiento en su periferia. Sus ojos se encontraron con los de Jungkook, que se quedó completamente inmóvil, como un ciervo atrapado en los faros de un coche. Por un instante que pareció una eternidad, ninguno dijo nada, el silencio solo roto por la música amortiguada que llegaba desde el piso inferior.
Jimin fue el primero en romper el silencio, y sus palabras cortaron el aire como cuchillas.
— Pero qué-, maldito pervertido.— dijo jimin acercándose a la puerta— ¿Acaso me estás acosando?
Su tono era una mezcla de ira, sorpresa y quizás algo más que Jungkook no pudo identificar en ese momento. El rostro de Jimin estaba contorsionado en una expresión de disgusto, sus cejas fruncidas y sus labios apretados en una línea fina. Jimin abrió la puerta causando que Jungkook se fuese hacia atrás, prendió la luz y al mirarlo ahí no puedo evitar sorprenderse.
— ¿Jungkook? ¿Que haces en mi habitación?
Jungkook sintió cómo el rubor subía por su cuello hasta sus mejillas, una mezcla de vergüenza y humillación que lo dejó sin palabras por unos segundos. Necesitaba decir algo, cualquier cosa, para defenderse, para negar las acusaciones, para escapar de aquella situación incómoda que él mismo había creado. Su mente trabajaba frenéticamente, buscando una excusa plausible, una explicación que pudiera salvar algo de su dignidad, pero todo lo que logró fue un torpe intento de desdén.
— Ya quisieras que yo fuese tu acosador— respondió Jungkook, con más arrogancia de la que realmente sentía en ese momento. Las palabras salieron de su boca antes de que pudiera procesarlas completamente, una reacción defensiva automática que solo pareció empeorar las cosas. Jimin arqueó una ceja, su expresión cambiando ligeramente de ira pura a una curiosidad mezclada con escepticismo.
Jimin rompió el silencio, y su voz, aunque suave, cortó el aire como una navaja afilada. Estaba de pie frente al espejo, arreglando su cabello con una despreocupación que Jungkook sabía que era falsa, un acto calculado para mantener el control de la situación. Sin apartar la mirada de su propio reflejo, Jimin habló.
— Acaso le gustó lo que viste?— preguntó, y aunque la pregunta parecía casual, el tono coqueto y desafiante que la teñía le quitó cualquier inocencia.
Las palabras flotaron entre ellos, una acusación velada que se transformaba en una invitación abierta. Jungkook sintió un nudo en la garganta, una mezcla de pánico y una extraña emoción que se negaba a nombrar. La imagen de Jimin bajándose los pantalones se grabó de nuevo en su mente, vívida y poderosa, y tuvo que forzarse a sacudirla.
La negación salió de su boca casi como un reflejo, una defensa automática contra la vulnerabilidad que sentía.
—No— dijo, su voz más ronca y débil de lo que hubiera querido. El sonido apenas llenó el pequeño espacio, y sonó falso incluso para sus propios oídos.
Apretó los puños, sintiendo las uñas clavarse en sus palmas, un intento desesperado de anclarse a la realidad, de recordar que estaba en una situación comprometida, que había sido descubierto, que cualquier respuesta errónea podría empeorar las cosas. Miró fijamente el suelo, evitando el reflejo de Jimin en el espejo, temiendo ver en sus ojos la burla o el desprecio que sentía que merecía.
Jimin se giró lentamente, apoyándose contra el lavamanos con una gracia felina. Una sonrisa cómplice se dibujó en sus labios, una expresión que decía que sabía exactamente lo que pasaba por la cabeza de Jungkook. Sus ojos se deslizaron deliberadamente hacia abajo, hacia la entrepierna de Jungkook, y se quedaron allí un momento que se sintió como una hora.
— Pues, no parece— dijo Jimin, su voz ahora un murmullo bajo y seductor que vibró en el aire. —Tu amiguito está despierto.
La crudeza de la frase golpeó a Jungkook como una descarga eléctrica. Sus ojos siguieron instintivamente la mirada de Jimin hacia abajo, y su estómago se dio un vuelco. A través de la tela de sus pantalones, la erección era innegable, un testigo traicionero de su excitación que contradecía rotundamente su negativa.
El rubor subió por el cuello de Jungkook hasta quemar sus mejillas. Se tapó instintivamente con las manos, un gesto inútil y patético que solo sirvió para confirmar lo que Jimin ya sabía. Tragó saliva con dificultad, sintiendo cómo su garganta se había secado por completo. Se sintió expuesto, humillado, pero al mismo tiempo, una parte oscura de él se sentía viva, alimentada por la atención feroz de Jimin. Era una paradoja aterradora y emocionante.
Jimin se alejó del lavamanos y se acercó a él, cerrando la distancia hasta que estaban casi pegados. Levantó una mano y, con una delicadeza sorprendente, apartó un mechón de pelo de la frente de Jungkook.
— Mira, Jungkook— susurró, su voz ahora suave, casi íntima. — Siempre me has parecido una persona egocéntrica, alguien que camina por la vida como si le perteneciera—. Sus dedos descendieron por la sien de Jungkook, trazando una línea imaginaria hasta su mandíbula. —Pero eres jodidamente sexy— confesó, y la honestidad brutal de la declaración le robó el aliento a Jungkook. —Y me he imaginado una y mil formas en las que me puedes coger— Las últimas palabras fueron dicho directamente contra sus labios.
— Puedes tenerme ahora y cogerme para bajar tu errecion, o puedes irte y perder la oportunidad— dijo jimin acariciando levemente la errecion.
Jungkook asintió levemente y la tensión en el pequeño baño era tan densa que casi se podía cortar con un cuchillo. Jimin, con una determinación que Jungkook no le conocía, lo empujó suavemente hacia el interior y cerró la puerta con un clic resonante, el sonido del cerrojo pareciendo marcar el inicio de algo irreversible. La luz fluorescente del baño creaba sombras afiladas en sus rostros, iluminando la mezcla de desafío y deseo en los ojos de Jimin. Sin decir una palabra más, se arrodilló lentamente frente a Jungkook, sus movimientos deliberados y cargados de una sensualidad que hizo que el aire se espesara aún más. Sus manos encontraron el botón de los pantalones de Jungkook, y con una destreza que sorprendió al joven, lo desabrochó y bajó la cremallera con un movimiento suave y controlado. El tejido de los pantalones se deslizó por las caderas de Jungkook, cayendo hasta sus tobillos y revelando el boxer negro que apenas podía contener la erección que luchaba por liberarse.
Jungkook, sintiendo una mezcla de nerviosismo y excitación que le hacía temblar ligeramente, levantó una mano y acarició el rostro de Jimin. Sus dedos trazaron la línea de su mandíbula, descendieron por su cuello y se detuvieron en su clavícula, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel suave. Jimin cerró los ojos por un instante, inclinándose ligeramente hacia el toque, antes de abrirlos de nuevo y fijar su mirada en los de Jungkook. Sus manos encontraron las esquinas del boxer, y con una lentitud tortuosa, comenzó a bajarlo, liberando finalmente lo que tanto deseaba ver. Cuando el miembro de Jungkook quedó al descubierto, completamente erguido y ya goteando anticipación, Jimin soltó un quejido casi inaudible, una mezcla de sorpresa y lujuria. Era más grande de lo que había imaginado, con una circunferencia impresionante y una longitud que prometía llenarlo por completo. Sin perder más tiempo, Jimin se inclinó y tomó la punta en su boca, su lengua girando alrededor del glande mientras su mano comenzaba a moverse hacia arriba y abajo por el tallo.
Los gemidos de Jungkook llenaron el pequeño baño, mezclándose con el sonido de la respiración agitada de Jimin. Este último tomó más del miembro en su boca, su cabeza moviéndose en un ritmo que se aceleraba gradualmente, su lengua trabajando con una habilidad que dejaba a Jungkook sin aliento. Cada vez que Jimin bajaba, tomaba un poco más, hasta que finalmente sintió el miembro rozar el fondo de su garganta, provocando un espasmo de placer que hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas. Jungkook, perdido en el éxtasis, entrelazó sus dedos en el cabello de Jimin, guíandolo sutilmente, no con fuerza, sino con una necesidad primal de sentir más, más profundidad, más calor. Jimin respondió aumentando la intensidad, su mano apretando la base del miembro mientras su boca trabajaba la parte superior, sus labios creando un vacío que succionaba con una fuerza que hacía que las rodillas de Jungkook temblaran. El mundo exterior se desvaneció, no existía nada más que el calor húmedo de la boca de Jimin, el sonido de sus jadeos y la creciente tensión que se acumulaba en lo más profundo de Jungkook.
Después de lo que pareció una eternidad de placer intenso, Jungkook sintió que estaba al borde del colapso. Con un movimiento repentino que tomó a Jimin por sorpresa, tomó a este por los brazos y lo levantó, girándolo y sentándolo sobre el borde del lavamanos de mármol frío. Jimin soltó un pequeño grito de sorpresa, que se convirtió en un gemido cuando Jungkook se arrodilló frente a él y, con una determinación feroz, le quitó el boxer que aún lo cubría. Ahora ambos estaban completamente desnudos, sus cuerpos iluminados por la luz cruda del baño, sus erecciones evidentes y sus respiraciones entrecortadas. Jungkook se colocó entre las piernas de Jimin, forzándolas a abrirse más, su mirada fija en la entrada que esperaba ansiosamente su atención. Sin decir palabra, metió dos dedos en su boca, lubricándolos generosamente con su saliva antes de llevarlos hacia la entrada de Jimin, preparándolo con movimientos lentos y deliberados que hicieron que este se arqueara contra el mármol frío.
Jungkook no esperó más. Tomó su miembro, ya lubricado con la mezcla de su propio fluido preseminal y la saliva de Jimin, y lo posicionó en la entrada ansiosa. Con un movimiento lento pero firme, comenzó a penetrar, sintiendo la resistencia inicial que cedía gradualmente a medida que avanzaba. Jimin soltó un gemido largo y profundo, una mezcla de dolor y placer que se transformó completamente en placer cuando Jungkook finalmente se hundió hasta el fondo, quedando completamente dentro de él. Se detuvo un momento, permitiendo que ambos se acostumbraran a la sensación, sus ojos fijos en los del otro, sus respiraciones sincronizadas. Luego comenzó a moverse, primero con lentitud, retirándose casi por completo antes de volver a entrar con una fuerza creciente, cada embestida más profunda que la anterior, haciendo que el lavamanos temblara con cada movimiento.
El ritmo se aceleró rápidamente, convirtiéndose en una fuerza animal que dominaba por completo a ambos. Jungkook tomó las piernas de Jimin y las colocó sobre sus hombros, permitiéndole penetrar aún más profundo, alcanzando lugares que Jimin ni siquiera sabía que existían. Los gemidos de Jimin se volvieron más altos, más desesperados, sus manos agarrándose los bordes del lavamanos para no ser completamente arrastrado por la fuerza de las embestidas. Jungkook, perdido en un éxtasis primitivo, inclinó su cabeza y mordió suavemente el cuello de Jimin, dejando una marca roja que sería testigo de su pasión. El baño se llenó de los sonidos del sexo: el golpe de los cuerpos, los gemidos, los jadeos, el sonido del miembro moviéndose dentro de la humedad ansiosa. Jimin se masturbaba furiosamente, su mano moviéndose en perfecta sincronía con las embestidas de Jungkook, sintiendo cómo el orgasmo se aproximaba como una ola imparable.
Cuando el clímax finalmente los golpeó, fue con una intensidad que casi los dejó inconscientes. Jimin se arqueó violentamente, su eyaculación salpicando su abdomen y el pecho de Jungkook, mientras un grito de puro placer escapaba de sus labios. La contracción de sus músculos internos fue suficiente para llevar a Jungkook al límite, que se hundió una última vez dentro de Jimin con un rugido gutural, liberando su carga en oleadas sucesivas que parecían no tener fin. Permanecieron así por varios minutos, Jungkook todavía dentro de Jimin, ambos temblando y tratando de recuperar el aliento, sus cuerpos cubiertos de sudor y los restos de su pasión. Cuando finalmente se separaron, se miraron a los ojos, y en ese momento, sin decir una palabra, ambos supieron que nada volvería a ser igual entre ellos.
FIN DEL FLASHBACK
La brisa nocturna en el balcón del hotel era un látigo frío contra la piel de Jimin, pero no era el escalofrío climático el que le hacía temblar. Era la proximidad de Jungkook, el silencio denso y pesado que se había extendido entre ellos como una mortaja. A su lado, Jungkook permanecía inmóvil, un espectro de mármol recortado contra el mar de luces de la ciudad que se desplegaba bajo ellos, un paisaje majestuoso que ninguno de los dos veía realmente. Desde aquella noche fatídica en la fiesta, desde el momento en que la línea se había cruzado irremediablemente, todo se había convertido en un campo minado de medias verdades y resentimientos. Jimin observó el perfil rígido de Jungkook, la línea tensa de su mandíbula, la forma en que sus nudillos blancos se aferraban al barandal de metal como si fuera el único anclaje en medio de su propia tormenta interna. Inspiró hondo, el aire frío llenando sus pulmones y dándole el coraje para finalmente arrojar una piedra en ese estancado silencio.
— ¿Por qué te estás portando así conmigo?— preguntó Jimin, su voz rasposa, cargada con el peso de un dolor que ya no podía contener. Se giró, buscando una reacción en el rostro de Jungkook, pero este continuaba con la vista perdida en el horizonte, como si las luces parpadeantes le pudieran ofrecer las respuestas que Jimin no se atrevía a imaginar. —Aunque lo he intentado, aunque he tratado de ignorarlo y he soportado tratos de mierda de tu parte, todo duele, Jungkook. Duele—. Las palabras salieron con una fuerza que lo sorprendió a él mismo, meses de frustración acumulada encontrando finalmente una salida violenta.
— Sé que le fuiste infiel a Minji conmigo, y sé que eso nos convirtió a los dos en cómplices de una mierda gigante, pero eso no te da derecho a despreciarme, ¿sabes?— Hizo una pausa, luchando contra el nudo de lágrimas que se formaba en su garganta. — Aguantar tus insultos, tu indiferencia, tus malos tratos... aburre, Jungkook. Joder, hasta cansa—. La última palabra fue un suspiro de rendición, el reconocimiento de que estaba completamente agotado de una batalla que nunca había pedido iniciar.
Jimin se encogió de hombros en un gesto de autocompasión y desdén, soltando el aire que le quedaba en los pulmones.
— Pero bueno, supongo que como siempre, yo no mando en tu vida— dijo, la frase goteando una amargura que le quemaba la lengua. Se levantó de la silla del balcón, sintiendo el peso de la derrota en cada uno de sus músculos, antes de girar sobre sus talones y dirigirse hacia la puerta de la habitación con la cabeza gacha, completamente vencido. Cada paso hacia la cama era como caminar sobre cristales rotos, el eco de su propia humillación resonando en su cabeza. Justo antes de llegar al borde del colchón, una mano cálida y firme se cerró sobre su muñeca, deteniéndolo en seco. Se volteó lentamente, y su corazón dio un vuelco violento al encontrarse con Jungkook a centímetros de él, mirándolo con los ojos brillantes de una emoción cruda y desbordada que nunca le había visto antes.
— Perdóname— dijo Jungkook, su voz rota, un hilo tembloroso cargado de una vulnerabilidad que desarmó a Jimin por completo. — No... no busco otra forma de hacer a un lado esto que siento por ti— Sus ojos se llenaron de lágrimas que se negaba a derramar, y apretó la mandíbula con tanta fuerza que un músculo saltó en su mejilla. — Sé que soy un idiota, un cabrón, un egoísta, pero te tengo que confesar que la discusión con Minji, la de anoche... fue porque no pude. No quise intimar con ella. — La revelación golpeó a Jimin como un puñetazo en el estómago, robándole el aire. — No lo he hecho, Jimin. No he tocado a nadie desde que estuve contigo. — Su voz bajó a un susurro desesperado. — No logro una erección hacia ella. No puedo. Tú... tú no me sales de la cabeza. Joder, no puedo sacarte de mi cabeza—. La confesión quedó colgando en el aire entre ellos, una verdad desnuda y sangrante que cambiaba absolutamente todo.
Jimin lo miró, boquiabierto, su mente un caos tratando de procesar las palabras, de dar sentido a esta nueva realidad que se desplegaba ante él como un mapa inesperado. Antes de que pudiera articular una sola sílaba, antes de que su cuerpo pudiera reaccionar, Jungkook lo tomó de la cintura con una fuerza que le robó el aliento y lo atrajo hacia sí. El beso fue desesperado, hambriento, voraz. No era un beso de reconciliación, era una declaración de guerra contra el silencio, una rendición total. Los labios de Jungkook se movieron sobre los suyos con una urgencia que contestaba a todas las preguntas sin palabras, una necesidad primal que se reflejaba en cada sonido que escapaba de sus gargantas. Jimin sintió cómo sus rodillas se doblaban, cómo el mundo giraba y se desvanecía, cómo todas las murallas que había construido a su alrededor se derrumbaban bajo el peso de este beso que lo consumía, que lo borraba y lo reconstruía al mismo tiempo.
Con un movimiento fluido y dominante, Jungkook lo levantó como si no pesara nada y lo arrojó sobre la cama king-size del hotel. Las sábanas de satén frías contra su espalda ardiente crearon un contraste eléctrico que lo hizo estremecer de la cabeza a los pies. Sin separar los labios, Jungkook comenzó a desnudarlo con una urgencia que era casi violencia, sus manos desgarrando la camisa de Jimin, los botones saltando por el aire como pequeños proyectiles. El cierre de sus pantalones cedió bajo la fuerza bruta, y en cuestión de segundos, Jimin estaba completamente desnudo, expuesto y temblando bajo la mirada incandescente de Jungkook. Este último se apartó solo el tiempo indispensable para despojarse de su propia ropa, sus ojos negros y profundos clavados en el cuerpo de Jimin, una mirada tan cargada de lujuria que sentía como si lo estuviera quemando, marcándolo a fuego.
Jungkook se abalanzó sobre él como una bestia, sin preámbulos, sin una pizca de delicadeza. Agarró las piernas de Jimin con una fuerza brutal, separándolas tan violentamente que Jimin soltó un grito ahogado de sorpresa y dolor placentero. Las rodillas de Jimin quedaron presionadas contra su propio pecho, dejándolo completamente abierto, expuesto y vulnerable a la merced de Jungkook. Sin lubricación, sin una sola palabra de advertencia, Jungkook se hundió en él de un solo embiste, una penetración seca y brutal que hizo que arcos de dolor y placer recorrieran el cuerpo de Jimin como relámpagos. El gemido que escapó de los labios de Jimin fue primal, un sonido animal de pura rendición. Jungkook no le dio tiempo a adaptarse, comenzó a moverse de inmediato con una ferocidad salvaje, cada embestida era un golpe profundo y certero que sacudía su cuerpo hasta los cimientos. El sonido de los cuerpos chocando, el del miembro de Jungkook entrando y saliendo violentamente de la carne ansiosa de Jimin, era obsceno, el único sonido en la habitación aparte de sus jadeos y gemidos descontrolados.
Jungkook lo tomó por los tobillos, levantando sus piernas aún más, abriéndolo en un ángolo imposible que le permitía penetrar aún más hondo, alcanzando ese punto dentro de Jimin que lo hacía ver estrellas.
— Mío— gruñó Jungkook entre dientes, su voz un rugido bajo y posesivo. —Joder, eres mío— Cada palabra era acentuada por una embestida más fuerte, más profunda. Jimin ya no formaba palabras coherentemente, solo podía soltar gemidos y jadeos incoherentes, sus manos agarrándose desesperadamente las sábanas que se enredaban entre sus dedos como si fueran su único anclaje a la realidad. El dolor inicial se había transformado en un placer tan intenso que era casi insoportable, una ola de calor que lo consumía por completo, haciéndolo perder todo sentido del tiempo y del espacio. El mundo se había reducido a la sensación de ser llenado, poseído, usado de la manera más brutal y hermosa posible.
Jungkook cambió repentinamente el ritmo, retirándose casi por completo antes de volver a entrar con una fuerza que hizo que toda la cama se deslizara varios centímetros sobre el suelo. Con un movimiento rápido y dominante, soltó los tobillos de Jimin y, agarrándolo por la cintura, lo giró sobre la cama como si fuera un muñeco de trapo.
— Ponte en cuatro— ordenó, su voz un comando ronco y autoritario que no admitía discusión. Jimin, temblando y con las piernas como gelatina, obedeció instintivamente, levantando su trasero en el aire en una muestra de sumisión absoluta. La posición lo dejaba aún más expuesto, y un escalofrío de anticipación recorrió su espalda.
Jungkook se arrodilló detrás de él, sus manos agarrando las curvas de sus glúteos con tanta fuerza que dejó marcas rojas en su piel. Le dio una palmada fuerte, el sonido resonando en la habitación seguido por un gemido de Jimin. Luego, sin más preámbulos, volvió a entrar en él, esta vez con un ángulo aún más profundo que lo hizo gritar. Jungkook comenzó a moverse con una velocidad y una fuerza que eran puramente animales, sus caderas golpeando contra los glúteos de Jimin con un ritmo insistente y brutal. Una de sus manos se deslizó hacia adelante, agarrando el cabello de Jimin y tirando de él hacia atrás, forzando su espalda a arquearse en un ángulo doloroso pero increíblemente excitante.
— Mírate— siseó Jungkook cerca de su oído, su aliento caliente contra su piel. —Mírame cogiéndote como el puto que eres.
Las palabras obscenas de Jungkook solo alimentaron el fuego que ardía dentro de Jimin. Se miró en el espejo del armario que estaba frente a la cama, la imagen de sus cuerpos entrelazados, de la expresión de éxtasis salvaje en el rostro de Jungkook, de la forma en que su propio cuerpo era usado con tal ferocidad, fue suficiente para empujarlo al borde. La mano libre de Jungkook encontró su miembro, que estaba tan erecto que dolía, y comenzó a masturbarlo con la misma brutalidad con la que lo estaba penetrando. El doble estímulo fue demasiado para Jimin. Con un grito que fue el nombre de Jungkook mezclado con una maldición, el orgasmo lo golpeó como un tren en marcha, una explosión tan intensa que lo dejó ciego y sordo, su cuerpo temblando incontrolablemente mientras su eyaculación salpicaba las sábanas debajo de él.
Jungkook sintió cómo los músculos internos de Jimin se contraían violentamente alrededor de su miembro, apretándolo con una fuerza que lo llevó al límite. Con un rugido gutural que pareció sacudir toda la habitación, se hundió una última vez dentro de Jimin con una fuerza que los hizo caer hacia adelante sobre el colchón, liberando su carga en oleadas sucesivas que parecían no tener fin. Permanecieron así por varios minutos, Jungkook todavía dentro de Jimin, sus cuerpos cubiertos de sudor, sus respiraciones agitadas y entrecortadas. Cuando finalmente se separaron, ambos estaban exhaustos, pero satisfechos de una manera que ninguna de sus experiencias previas les había proporcionado. Se acurrucaron juntos en la cama deshecha, sus cuerpos todavía temblando ligeramente, y por primera vez en meses, el silencio entre ellos no era tenso ni incómodo. Era un silencio de paz, de rendición, de aceptación. Y en ese momento, ambos supieron que esto sería para siempre.
El regreso a la ciudad en el avión fue una experiencia surrealista para ambos. El zumbido de los motores y las nubes que pasaban como borrosos copos de algodón bajo ellos servían como telón de fondo para una nueva realidad que aún estaban procesando. Jungkook y Jimin estaban sentados juntos, sus cuerpos tan cerca que era difícil decir dónde terminaba uno y comenzaba el otro. Por primera vez, no había una distancia calculada entre ellos, no había miradas furtivas ni gestos reprimidos. Jungkook tenía su mano sobre el apoyabrazos, y sin pensarlo, Jimin deslizó la suya sobre la de él, entrelazando sus dedos con una naturalidad que los sorprendió a ambos. Era un gesto simple, pero cargado de un significado que resonaba más profundamente que cualquier palabra. En el asiento de enfrente, Namjoon y Yoongi los observaron con el rabillo del ojo, intercambiando miradas de confusión y curiosidad que no pasaron desapercibidas para Jungkook, quien simplemente apretó la mano de Jimin con más fuerza, desafiando sutilmente a cualquiera a cuestionar lo que estaba sucediendo.
Al día siguiente en la escuela, el cambio era aún más evidente. La cafetería, ese territorio neutral donde las dinámicas sociales se exhibían como en un teatro al aire libre, se convirtió en el escenario de su nueva declaración. Jungkook y Jimin estaban sentados en una de las mesas redondas, más cerca de lo normal, sus hombros rozándose mientras compartían una bolsa de papas y se reían de algo en el teléfono de Jimin. La sonrisa de Jungkook era genuina, desinhibida, una expresión que sus amigos apenas habían visto en los últimos meses. No había buscado a Minji en toda la mañana, no había enviado ningún mensaje, no había mostrado la más mínima preocupación por su ausencia. Para el mundo exterior, Minji todavía era su novia, pero en la pequeña burbuja que ellos habían creado, ella era solo un fantasma del pasado, un recuerdo lejano que ya no tenía poder sobre ellos.
La paz, sin embargo, estaba destinada a ser interrumpida. Minji aparecióde la nada, como una tormenta repentina en un cielo despejado. No estaba sola; un chico del equipo de baloncesto caminaba a su lado, con una posesividad que era claramente una puesta en escena. Se detuvo frente a su mesa, su mirada fija en Jungkook, ignorando por completo a Jimin.
— Mira— dijo, su voz cargada de un veneno dulzón. — Él sí me coge y me folla, no como tú, que ni siquiera me tocabas— . Las palabras, lanzadas como dardos envenenados, silenciaron las conversaciones cercanas. Todas las miradas se volvieron hacia su mesa, el drama atrayendo a la audiencia como la miel a las moscas. El chico a su lado sonrió con arrogancia, poniendo una mano en la cintura de Minji como para reforzar su punto.
Jungkook frunció el ceño, la calma que había sentido durante todo el día rompiéndose en mil pedazos.
— Eso no tenía por qué saberlo toda la escuela— respondió, su voz baja pero cargada de una advertencia.
La humillación pública era algo que siempre había odiado, y Minji lo sabía. Sonrió con crueldad, disfrutando de su incomodidad.
—¿Te da pena aceptarlo? ¿Aceptar que no se te paraba ni con un telescopio?— burló, su risa aguda como cristales rotos. El insulto fue directo, cruel, diseñado para emascularlo frente a todos.
Fue entonces cuando Jimin se levantó de golpe. La silla rebotó contra el suelo con un estruendo que hizo que todos saltaran. Se puso frente a Minji, su cuerpo radiando una furia helada que era mucho más intimidante que cualquier grito.
—Minji, eres Minji, ¿verdad?— comenzó, su voz peligrosamente calmada. — Déjame deciertd que mucha razón tiene Jungkook en que no coger contigo— La miró de arriba abajo, su desdén tan palpable que casi se podía tocar. — Mírate. Plana, sin pechos, pff. — Silbó suavemente, un sonido de desaprobación total y humillante. — Al menos conmigo sí te contaría cómo me cogió en el viaje. Y en la fiesta de hace meses... ufff—. Cerró los ojos un segundo, como si estuviera reviviendo el recuerdo, antes de abrirlos de nuevo y fijar su mirada en Minji. — Así que agarra tu feo culo flaco y asqueroso y lárgate de aquí, como si decir a gritos que tuviste que ir a otro verga como puta fuese orgullo nacional, no quiero verte más cerca de nosotros. Y no vuelvas a molestar a mi Kook.
Minji se quedó sin palabras, su cara pasando por varias fases de furia, humillación y shock. El chico que la acompañaba retiró su mano como si la hubiera quemado, mirándola con una mezcla de lástima y asco. Con un sonido de frustración, Minji se dio la vuelta y se marchó, seguida por las risas ahogadas y los murmullos de los estudiantes que habían presenciado todo. El drama había terminado tan rápidamente como había comenzado, dejando un silencio atónito a su paso.
Jungkook se levantó lentamente, una sonrisa dibujándose en sus labios mientras se acercaba a Jimin.
— ¿Mi Kook?— preguntó, su voz suave y llena de afecto. Jimin lo miró, su furia desapareciendo para ser reemplazada por una ternura que solo Jungkook parecía inspirarle.
— Sí— respondió, levantando una mano para acariciar la mejilla de Jungkook. — Es porque eres mío. Y siempre será así. Y punto.
Sin más palabras, Jungkook inclinó su cabeza y lo besó, un beso profundo y lleno de promesas, justo ahí en medio de la cafetería, frente a todos. Ya no importaba quién miraba, qué pensaban o qué decían. En ese momento, solo existían ellos dos, unidos por una verdad que finalmente se atrevieron a mostrar al mundo, listos para enfrentar juntos lo que viniera. La historia de su tormento y su secreto había terminado, y la historia de su amor, salvaje y sin disculpas, acababa de comenzar.