Personalizar legibilidad
Aa

Comedor de Sueños

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Cuento corto.

Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1

I

Recuerdo vívidamente la primera iteración.

Era pequeño entonces, y desconocía casi por completo las poblaciones de la oscuridad. Debo aclarar, por cierto, que esto fue posterior a mi mortal introducción, y por ende corresponde sospechar que, furtiva, fue esta la antesala a la vida a la que me conduciría tal sombrío sigilo dibujado sobre mi corazón hendido.

Andaba fuera de mi habitación, aventurado en las horas noctívagas por la guía de un hálito inusitado. No sé qué fue lo que me condujo lejos de mi dormitorio, santuario y salvaguarda, para descender por la penumbra —entre bancos de luz cálida, hogareña— hasta la sala de estar. Ni el viento silbaba, y de haber existido un hogar, sus leños habrían estado en ascuas, espetando débiles quejidos chamuscados. El conticinio acaparaba el silencio, por ende grande mi sorpresa cuando, deslizándome sobre mis pequeños piecitos, me descubrí sobre el portal del comedor y, allende, una solitaria silla parca que me daba la espalda.

Sobre ella se sentaba una niña. Sus cabellos eran azabache, extensos, y su edad no podía ser mayor a la mía. Fue extraño para mí porque yo no tenía familiares semejantes, y no habíamos recibido visitas. Pero un niño de seis años no se pregunta en verdad estas cosas, y en cambio interactúa vivamente con aquello que tiene al frente, espontáneo. La niña parecía afligida; su postura era lánguida, y me remitió a aquellas que no sólo están agotadas físicamente, sino también acertadas por aflicciones del espíritu. Una empatía invisible y tangencial que empezaba a asomarse y que me acompañaría —para bien o para mal— toda mi vida.

Como era pequeño, e ingenuo, mi primer instinto fue asistirla. No me importó quién era, o qué posible problema podría sufrir; solo procuré acercarme para verle la cara y conocer su nombre. Mas no llegué a, en verdad, distinguir rasgos en su rostro so lívido, pues mi visión fue arrebatada no sólo por el entendimiento repentino sino, con mayor terror, su justificación. Fue tan clara y evidente que jamás, desde entonces, dudé de su naturaleza ni me cuestioné de manera muy seria las implicaciones ulteriores de su presencia. Atestigüé ante mí a un visitante; y describirlo podría ser imprudente, mas he llegado a la madura conclusión de que debemos alumbrar una luz en la oscuridad: pues la ignorancia no nos protege de su insidia, sino del sufrimiento que conlleva su revelación. Y si podemos padecer el cadalso de la sombría lucidez, es mejor que el exangüe flagelo de ser devorado sin nuestro consentimiento.

“Devorado”, me parece, es la palabra correcta. Su origen puede traducirse a algo así como “comer la presa”. También se puede relacionar al contexto de la presión emocional o psíquica. Y, por ende, devorar es así la expresión perfecta para lo que atestigüé. Pues, frente a mis ojos, por primera vez en mi vida, evidencié lo que muchos sufren y muy pocos jamás revelan. En la oscuridad, quizás en un espacio desdibujado del entorno, oscilaba imberbe un caco—efluvio. Una humareda vil, perversamente pálida, que podría ser confundida en tono con el carbón consumido, o el humo de un cigarro cuando se esfuma contra la luz. Mas no era producto de la hornalla ni la cocina, y por cierto nadie allí fumaba. No; era en cambio informe, pero la oscilación se estabilizaba cuando permanecía inmóvil. Dos círculos deformes describían allí dónde debía originarse una mirada blanca y vacua; estúpida, en el criterio de los depredadores que sólo tienen consideración por asequir la presa. Dos hendiduras cortaban brunas la fumarola, acaso dibujando algo que podría funcionar como nariz, aunque sospecho hace tiempo que no tenían tal propósito. Y coronando el espectral visaje, una dupla de dientes protuberantes, curvados hacia el centro, y entre ellos más delgadas, letales hileras. Imaginen mi sorpresa cuando, años después, vería a esa misma criatura representada en algunos de mis dibujos animados favoritos. Yo no sabía, en aquel entonces, que no era el único en ser visitado por un ser así.

Esta fumarola malévola no se percató de mi presencia, obcecado en devorar a la niña que flácida se hundía sobre la silla en el aciago comedor. Un hilo, o más bien una tela o un humo, se arrancaba desde su boca vacilante, y era succionado como por presión entre esos colmillos lacerantes. No sé cómo lo supe, y creo que el ser humano está equipado hace generaciones para detectar instintivamente estas cosas, pero reconocí la escena por lo que era: una devoración. No prorrumpí en ataques heroicos ni llamé a mis padres; en cambio… Creo que solo lo miré. Clavé mi mirada, plagada de miedo mas asertiva, en su feo rostro blasfemo. Y ese chispazo de lucidez fue suficiente para captar su atención.

El monstruo echó a andar tras de mí, oscilando como un vapor inteligente —irreverente de todo criterio de sentido físico en este mundo— para hacerse, en cambio, con una presa más rica y novedosa. Como niño que era, no pude hacer más que echar a correr… Y como su malignidad era obtusa y por sobre todo estúpida, andar en círculos fue suficiente para vencerle al arribar el amanecer.

La pesadilla concluyó cuando salió el sol, y al abrir mis ojos al nuevo día supe que había experimentado algo real. La razón era muy sencilla: nunca había vivido algo de manera tan carnal y lúcida como ese intercambio.

II

Les aseguro que este encuentro no incitó mi curiosidad, no en aquel entonces. Con el pasar de las primeras horas de la mañana, estuve listo para dejar atrás todo recuerdo del Devorador y seguir adelante con mi tierna inocencia. Pero mi acción, mi interrupción, había tenido un efecto accidental.

En la noche, cuando reingresé al mundo de los sueños para hallar descanso del animado día, me descubrí en cambio de nuevo en ese comedor, en esa cocina. Solo que esta vez la niña ya no estaba. En cambio, ahora el vil ente venía a por mi. Entendí, en su lenguaje intangible y mecánicamente mental, que había obtenido un interés por mí; otro de los efectos accesorios de mi especial empatía. Le entendí, y no sé si eso ayudó a mi condición. Su idioma era burdo, parco y, por sobre todo, predatorio. Echó a volar una vez más tras de mí, y no tuve recurso otro que encontrar la luz entre la penumbra en cada parapeto, en cada resguardo, al tiempo que fallaba en cuestionarme por qué este ser estaba ahí, en mi propia casa, en las horas noctívagas. Por qué me había descubierto arrastrado a esta pesadilla recurrente que se repetiría una, dos, tres, cuatro, cinco veces, y muchas más también.

En ese entonces no me detuve a contemplar la posibilidad de haberme salvado de esas incursiones nocturnas de haber, simplemente, dejádole disfrutar de su crimen so indemne. Supe que había actuado correcto, y en algún lugar —tal vez cerca, tal vez muy lejos— ahora esa niña dormiría con tranquilidad. Pero tal no era mi caso, y en cada pesadilla el ser ganaba ventaja. La persecución se extendía, como si las horas del sol se retrasaran en maligna colaboración con la oscuridad que tomaba forma para darme caza. Y a pesar de que nunca me alcanzó, no de lleno, el terror y el pánico salpicaron de mi cuerpo como rocío para el sediento. Con cada una, el horror crecía en tamaño, se hacía más opaco su vaporoso rastro, crecían macabras sus hendiduras, y se poblaba una inteligencia peligrosa en el color hueso de sus ojos. Me esperaba, agazapado en las sombras del crepúsculo, para el momento donde rindiera mi semblante al tiempo del descanso para darme caza una, otra y otra vez.

Ignoré si era venganza o simple tenacidad predatoria. Porque la vindicación ruin no estaba fuera de los alcances de su simple mas hostil ser. Y a pesar de que la tortura continuó no sé por cuanto tiempo —a tal punto que intentaba mantenerme lejos del reino del sueño y cabeceaba hasta poder sentir su presencia agazapada más allá de la puerta de mi pueril dormitorio—, creo que también estaba cargado de una determinación inusual. Nos topamos mutuamente, y quizás sea por siempre incapaz de conocer —y puede que esto sea sabio— las intenciones ocultas de tales criaturas, pero ya en aquel entonces habíamos chocado y acepté con claridad, pasadas las noches, que esta oscura realidad no me debilitaría. No me rendiría a su depredación, ni le serviría, ni negociaría. No haría como tantos, que a sabiendas o a hurtadillas elevaron sus templos, sus santuarios y sus ermitas, entongados con una vileza que preferían servir antes que sufrir. Y tal vez fue eso lo que este cazador percibió. Quizás por eso mantuvo su perseverancia.

O, simplemente, realmente tenía muchas ganas de comer.

Mas, esto no duraría para siempre. Un día, o mejor dicho una noche, le vi por última vez, en una final pesadilla maldita.

III

Me resultó extraño que, al descender, la casa se hallaba por completo iluminada. Era como si la calma se hubiera elevado sobre las tinieblas para prevalecer, por fin, el espíritu hogareño sobre el ocaso sombrío que se infiltró noche a noche por las hendiduras escondidas, por las fisuras, por los malos pensamientos y los dolores del atardecer, sembrados por mentes viejas, negligidos por hambres salvajes. No; nada allí gritaba peligro, ni maldad, ni precaución. Quizás por eso fue peor.

Anduve una vez más, bajando las escaleras con mis cortas piernas, asomando mi tierno semblante al sombrío comedor… Pero estaba vacío. Acaso… ¿Por fin había terminado? ¿Había vencido, le había agotado? ¿Mi determinación fue suficiente para librarme de ese horror que, noche a noche, crecía en negro vigor, en pálida vileza, en pútrida inteligencia hostil? El ambiente era cálido, y el silencio arrullador. La casa se mostraba plácida, y por ende retrocedí de regreso hacia las escaleras como el perro que vuelve a la cucha tras su ronda de ladridos nocturnos. Acaso ahí entendí, como de repente, que era yo quien decidía bajar todas las noches a esa rauda persecusión. Y si lo hacía libremente, y la ausencia de la criatura me invitaba tranquilo a dar por concluída mi vigilia, era porque mi tarea era así como la de quien vela por la casa, por la familia, en los ocultos tiempos del conticinio. De la noche negra. Me tomaría mucho tiempo, y aún más parcas experiencias, comprender con profundidad su significado.

Pero la luz, en este caso, fue un ardid. Lo fue, o era en cambio una advertencia en el estado de la situación. En la cadencia del mal que poblaba la casa y la abandonó esa misma noche. Pues más allá del pie de las escaleras, donde la esquina doblaba hacia otra ala de la casa, allí mismo la oscuridad era tan opaca que podría haber sido vidrio bruno. Y de él, rancio y vil, emergió un ser que no era nada como el humo, como el Devorador al que me había enfrentado. Era oblongo y corpóreo, estrecho y lungo, y si vinculé a uno con el otro fue por la misma cualidad de los ojos blancos, la misma malignidad chata, los mismos colmillos curvados… Aunque ahora sus fauces eran extensas, la boca como virada para abrirse hacia los lados, más parecido a una especie de parásito o larva que a una boca mamífera. Y este ser, su mirada… Era mucho más inteligente.

El rancio ente se me adelantó, aunque no intenté en ningún momento ganarle a la carrera. Jamás se apresuró, y yo tampoco. Se me aproximó como podría hacer el amigo de un padre, o un profesor, pues le escuché con atención aunque con reservas. Y otra vez más, a través de la vibración inestable de su presencia, en el quejido macabro de su lenguaje inefable, me comunicó un agradecimiento que no pude soportar. Pues me comunicó, a su propia vil manera, que había comido lo suficiente… De mi. Y se esfumó sin más.

O, mejor dicho, me lanzó de prepo a la vigilia.

Desperté en medio de las tinieblas, sudoroso y vulnerable. Fallé, noche tras noche, en entender la naturaleza de su depredación. Esta criatura no iba tras mi carne, no quería mis huesos ni mi tuétano: estaba tras mi terror, mi pánico, mi sufrimiento. Ese era su licor y su néctar. Bebió y bebió, se empachó de miedo, y se hinchó hasta asumir una forma nueva propia del festín que se hizo con mi terror infantil.

La criatura no volvió. No que yo sepa o recuerde. Pero solo fue la primera. El terror pronto le seguiría...

Por el resto de mi vida.


¡Cuéntale a S. P. Losanovscky lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

0

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

0

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes

Otras recomendaciones

Das Blut der Krähe

Madeleine: Danke für die mal etwas andere Vampirgeschichte. Es war von allem etwas dabei (Erotik, Thrill, viel Blut und vor allem Spannung) Die Geschichte hat mich von Beginn an gefesselt. Die Spannungsbögen von Kapitel zu Kapitel waren super und die Handlungen nachvollziehbar. Kleiner Hinweis: Rückblicke vie...

Leer ahora
What Scares Me

Rehan Rashid : I rate this novel five stars so far, the plot is excellent. The author's writing style is too easy to be understand. It made me read continuously. I have really enjoyed reading this book.

Leer ahora
Kinder der Nacht

Karin: Ich liebe diese Geschichte. Es fängt zwar schon ziemlich heftig an und hört auch fast so auf, aber alles dazwischen ist so fantastisch und wunderschön wie das Happy End. Wie immer sehr gefühlvoll und eloquent geschrieben und die kreativen Kapitel-Überschriften sind auch sehr hübsch. Dankeschön fürs ...

Leer ahora
Second Dead

cat_dancing: Well, I got thru chapter 6 and just couldn't go on. I know that writers think they can't write a good story without using cursing and that God awful "f" word, but it's so un-needed. I know there's not a lot in what I did read, but I couldn't concentrate on the story for wondering where one would pop...

Leer ahora
Drowning In You

Sandy: I did enjoy the book. A bit of spelling mistakes here and there.

Leer ahora
Knox Hollow: Little Bunny

Neenee73: The author managed to weave instant tension and mystery from the get go. It was a balancing act that kept me guessing and made everyone look like they could be a villain which is on par with the great writers of mystery like Agatha and Doyle. I was jumping at every creak. If you like tension in ever...

Leer ahora
Abandoned

Suiihera: OMG, I just finished reading your story, and I really enjoyed it! The world you've created is fascinating. As I was reading, I could easily picture the characters, emotions, and key moments unfolding visually.Have you ever considered adapting it into a visual storytelling format such as a comic, man...

Leer ahora
In Between Two Alphas

YukkeTee: This omega-centric ABO story crafts a touching tripartite love between one vulnerable heroine and two distinct alphas. Plagued by clan prejudice and deadly schemes at first, the trio struggles hard to fight against outdated mating rules and vicious foes. After collecting ancient legal records and ov...

Leer ahora
THE MONSTER I MARRIED

Catte: love the plot character story recommended to everyone who wants some dramatic love storyline can't wait for more episodes so kindly post more

Leer ahora