Palabras de Afirmación
Uraraka lloraba dentro de sala de preparación después del encuentro con Bakugo, no lloraba porque había perdido, o por el dolor en su cuerpo después de aquella pelea, lloraba por la impotencia que sentía por no haber hecho más, ella, como todos, quería ser una persona fuerte ante sus familiares, ante su padre, sobre todo.
Bakugo estaba fuera de aquella sala escuchando el llanto de Uraraka, algo dentro de él había cambiado con aquel encuentro, jamás había sentido remordimiento de luchar contra alguien, jamás había sentido aquel sentimiento de culpa como lo sentía en este momento. Dios como odiaba eso, pero ¿Por qué lo sentía?
Abrió la puerta de golpe, Uraraka se sobresaltó por eso, limpio sus lágrimas rápidamente, Bakugo se sonrojo un poco por la acción que había hecho, ni siquiera sabía porque lo había hecho, los dos se quedaron viendo algo avergonzados, no sabían que decirse mutuamente.
Bakugo noto la nariz roja y los ojos hinchados de la castaña, se veía extraña, pero no se veía mal, nunca había visto a nadie así en ese estado y que no le reclamara por haberla hecho llorar.
—¿Qué? —Pregunto de cierta manera hostil la castaña.
—¿Por qué demonios lloras?
—Déjame en paz—Respondió con agresividad Uraraka.
Intento irse de ahí, pero en su camino Bakugo la sostuvo del brazo, Uraraka volteo a verlo, traía un ligero rasguño en su muñeca.
—¿Y eso? —Pregunto con curiosidad.
Bakugo sorprendido se dio cuenta hasta ese momento que traía un rasguño en su muñeca, cuando comenzaron los combates no lo tenía, ¿A caso...Uraraka se lo había hecho durante la pelea? Aquella nube de meteoritos cayo tan rápido que no pudo verlo enseguida, ¿Una pequeña roca le alcanzo?
—Debiste hacérmelo tu—Dijo un poco orgulloso el rubio.
La castaña no daba crédito por lo que estaba escuchando, no creía posible que lo hubiese lastimado, no era un raspón grande solo era una línea fina de no más de dos centímetros, casi invisible ante los ojos de cualquiera, pero se lo había hecho ella, y se sentía orgullosa de eso, demostrándolo con una gran sonrisa.
—¿Acaso te estas burlando de mí?
—No—Dijo con felicidad la castaña.
—Para serte sincero, no peleas nada mal—Dijo Bakugo desviándole la mirada.
Uraraka se sonrojo al escuchar eso acaso...
—Si te estoy alagando tonta—Menciono Bakugo como si le estuviera leyendo la mente.
Bakugo se sonrojo demasiado por lo que había dicho, no sabía si eso era un coqueteo o no, no sabía cómo hacerlo. Tenía 15 años solamente, y nunca le había interesado una chica, tenía una compañera de clase que lo veía todo el tiempo y todo lo que hacía era sonrojarse ella, mas nunca tuvo contacto con él, es más ni siquiera recordaba su nombre.
Pero ella, Uraraka Ochako, después de esa pelea, después de que dio todo de sí misma, después de que vio su determinación, recordaba su nombre, recordaba su rostro, y le gustaba, le gustaba mucho aquella chica con cara de ángel.








