Uno
Bella.
El sonido de los motores me eriza la piel siempre, es una enorme satisfacción saber que pronto estarán todos besando mi trasero en cuestion de minutos.
Ajusto mi chaqueta, asi como el casco y los guantes, acelero con precisión esperando la señal para arrancar, todos están gritando ansiosos desde el publico, además de los insultos que siempre recibo de mis contrincantes al participar, todo es ilegal por lo que no pueden decirme nada de que soy una chica.
—¡Fuera!
Todas las motos arrancar, al principio llevan la ventaja, como su manera tan altanera haciéndolo saber con trucos innecesarios. Pobres imbéciles, solo me dan mas ganas de ganarles.
Y es lo que hago.
Acelero mas tomando las curvas de manera peligrosa, pasando por encima de autos y demás, como dije, esto no es legal, cualquier truco vale mientras no te salgas de la ruta. Unos metro antes de llegar a la meta, no logran entender la manera en que logre rebasarlos, el rechinar de sus llantas al frenar despues de mi me llena de tanta adrenalina que no puedo evitar reírme cuando quito mi casco.
Me acomodo el cabello, bajo de mi moto y voy directo a mi mejor amigo que esta cobrando el dinero de la apuesta.
—¡Bien hecho Himeko!
Chocamos cinco mientras ambos celebrábamos mi victoria.
—Amo el correr, ¿Cómo te fue con las apuestas?
—Bien, solo falta que cobren el dinero de alguien, parece ser que estaba tan seguro de ganar que no daría el dinero hasta el final de la carrera.
Es extraño que los apostadores los dejen hacer eso, es confianza ciega, pues nada les asegura que pagaran el dinero en caso de que pierdan. Pero en cuestion de un parpadeo entendí que esa persona era muy importante.
Camino vestido con un traje de marca sin camisa debajo dejando de ver todo su pecho y abdomen tatuado, senti un nudo en el estomago, el tipo es peligroso, no de manera normal, es como ver a la muerte caminar, es atractivo, con piel morena y una cicatriz en su mejilla, traía el cigarrillo entre los labios mientras se acercaba hacia mi, estaba paralizada, no podía moverme y mi amigo tampoco.
—Perdí una cantidad estúpida de dinero, por tu culpa.
Me arrincono contra la moto, Haru quiso acercarse para ayudarme, pero le cortaron el paso un par de tipos, yo solo negué con la cabeza, es mejor no meternos en un lio.
—Enséñales a manejar para que esto no vuelva a pasar —ahí va mi plan de no hacerlos enojar, estúpido ADN.
—Bonita y bocona, justo mi tipo —saco un fajo de billetes —tu premio.
Me arrojo los billetes haciendo que se cayeran, aprete los puños enfurecida, terminaría muerta lo se, pero nadie me humilla de esta manera.
—Estas llorando demasiado por un montón de billetes, mejor quédatelos.
Le pegue con mi casco, subi a mi moto, tomando a Haru para salir de ahí lo mas rápido que podía…
Taeyon.
Mi padre y mi hermano no dejaban de reírse, mientras colocaba el filete en mi mejilla, me había golpeado una chica y había salido limpia. No se su verdadero nombre, solo se que le dicen Himeko, por el nombre de una princesa, pero ella es pelirroja, de ojos grandes, cabello ondulado, su piel blanca y pequeñas pecas. Es lógico que no es japonesa.
—No solo perdiste dinero con uno de tus mejores corredores, también te dieron una paliza, debí acompañarte.
—Claro seguro lo hubieras hecho mejor, eres menos hábil que yo Taehyung.
—Yo soy el cerebro tu los músculos, es un trato que tenemos, puede que ella es mas lista, por eso no me hubiera pasado lo mismo que a ti.
—Da igual lo que sea, esa chica esta arrasando en nuestros territorios de carreras y nadie sabe quien es, si ha esquivado hasta los Yakuza en verdad es lista, no molestes a tu hermano.
—No me pidas que no lo moleste, él se pone en charola de plata.
—Basta, mejor prepárense que tenemos que salir de aquí en menos de una hora, vamos a Corea debemos de arreglar unos asuntos y ver a su hermana.
Asentimos, Taehyung me ayudo con mi herida, se que se burla de mi pero siempre estamos el uno para el otro, algo que nos enseño bien nuestro padre es que siempre se debe de tener a la familia reunida, por eso nos apoyamos siempre, como protegemos a nuestra pequeña hermana, por lo que aunque peleemos siempre buscamos la manera de estar de acuerdo en todo.
—¿A dónde vamos? por aquí no es el hangar.
—Solo quiero ver algo antes de irnos.
Paramos en un kínder —¿Ahora vas a secuestrar niños?
—Cállate.
Vimos como todos los niños empezaban a salir, sus madres las recogían, por lo que pensé en que alguna de las madres era el objetivo de mi hermano, aunque extraño, regularmente tenemos el mismo gusto en mujeres.
—Ahí esta.
Dijo en voz baja, mire en su dirección, no era una de las madres, era una de las maestras, como dije los dos tenemos el mismo gusto en mujeres.
—Himeko.
Se giro hacia mi —¿Ella?
—Esa mujer fue la que me golpeo, quien la viera siendo una linda maestra de kínder.
—Siento que nos vamos a divertir mucho.
—Bastante, ahora vámonos, tenemos mucho tiempo para pensar.
Pobrecita, ahora es blanco de los gemelos Satoshi.









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