PROLOGO
¿Qué sucede en el camino de la noche?
—¡AAAAAH!
El bosque parecía comprimirse con cada grito de la mujer. El olor a cera derretida se mezclaba con el aroma de las hojas secas y el aire lo llevó a todos los rincones del lugar.
—Te execror, mox nascentem. Magus maledictus eris in aeternum.
Aquellas palabras se escuchaban susurradas en todo el bosque, la temperatura de aquel lugar sagrado bajó cuatro grados en un instante.
—¡AAAAH!
La mujer pelinegra aferró sus manos a la solapa del traje del sumo sacerdote.
Aquel que era su marido.
Y que no le importa si ella muere o no.
—Córtenle el vientre —la voz del hombre hizo que a la mujer le recorriera un escalofrío por toda la espalda—. Solo salven a mi heredero.
Desapareció en las sombras, para dejar a cargo a una bruja mayor que se acercaba con un cuchillo reflejando la luz de la luna en su vientre maldito.
Lo comenzó a cortar, con calma casi antinatural ante la sangre que caía recorriendo el vientre de la mujer.
La mujer soltó un grito tan desgarrador, que el bosque se calló para apreciarlo.
La luz de los ojos de la mujer comenzaba a apagarse, pero se aferró hasta el último momento.
Esperando a que su hijo llegara a llorar para escucharlo aunque sea una sola vez.
Pero para ella nunca llegó.
Su cuerpo se había vaciado completamente, de su alma y de su sangre impura, para aquel lugar.
Ya que para el sumo sacerdote solo era el recipiente que cargaba a su heredero.








