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Simplemente ella

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Sinopsis

¿Alguna vez te has enamorado de alguien que deja una huella tan profunda que pareciera fundida en tu piel, o más bien, en lo más hondo de tu ser? Este es mi caso... o mejor dicho, mi maldición. ¿Cómo puedo borrarte? ¿Cómo puedo dejar de escuchar tu voz, de extrañar el tacto de tus manos sobre mi piel o el roce de tus labios? Es imposible borrarlos cuando los dejaste marcados a fuego en mí. Esta es la historia de cómo la etapa del bachillerato —que prometía ser un lienzo en blanco— se tiñó por completo con el nombre de Lucía. Pero el amor nunca viaja solo; siempre trae equipaje. Y el nuestro estaba lleno de fantasmas del pasado, miedos compartidos y esas inseguridades que se instalan en el pecho y te hacen dudar de si eres suficiente para la persona que te vuela la cabeza. Esta es la crónica de un amor tan intenso como caótico, donde aprender a soltar el ayer fue el precio para intentar sobrevivir al presente.

Genero:
Drama
Autor/a:
ManuFlor
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Ojos negros bajo una bufanda

Ya han pasado casi cuatro años desde que te fuiste, y todavía es ridículamente difícil olvidarte. Me juraste que estarías siempre, pero esa promesa ya no existe; se esfumó como el humo de un cigarro en un parpadeo.

Hoy, mientras estoy sentado viendo el vacío, el pasado regresa sin pedir permiso. Recuerdo a la perfección el primer día que nos conocimos. Hacía un frío invernal que calaba hasta los huesos. Ahí estabas tú, Lucía, sentada con una bufanda negra que te cubría la mitad del rostro, intentando refugiarte del clima.

De repente, escuché el sonido de tu risa. Fue un instante suspendido en el tiempo. Levantaste la mirada y tus ojos, al verme entrar en el aula, atraparon por completo mi interés. En ese preciso segundo, el mundo exterior dejó de existir.

Pero tu mirada me fue interrumpida por el sonido chillante de la voz de mi mejor amigo.

—¡Oye, Mateo, ven acá!

Me acerqué hacia él. Se llamaba Axel.

—Oye, estoy saliendo con una chica, está buenísima —me dijo, mientras me mostraba una foto en su teléfono.

Era ese tipo de chica dark; nada en particular que captara mi atención. Reconozco que era linda, pero no era mi tipo.

—Oye, por cierto, ella tiene una amiga —añadió Axel de repente—. Me dijo que le llamas la atención.

—Ah, okay —contesté con desinterés, sin siquiera preguntar de quién se trataba.

En ese momento de mi vida, no me llamaban la atención esas tonterías y cursilerías del amor. Para mí, enamorarse era una completa pérdida de tiempo. Qué equivocado estaba.

Axel apuntó con la mirada hacia aquella chica que había captado mi atención. En ese instante, sentí cómo el rostro se me ponía completamente rojo al darme cuenta de que se trataba de ella.

—Mira, hablando del rey de Roma... —susurró Axel.

Hacia nosotros se acercaba la chica dark. La verdad es que me incomodaba estar ahí; siempre era la misma historia. Axel haciéndose el chulo con las mujeres y, al final del día, presumiendo en detalle cómo había terminado con ellas en su departamento. En el fondo, sentía un poco de lástima por ella.

Cuando llegó a nuestro lado, la saludé.

—¿Qué tal? —me contestó.

—Bien, gracias. ¿Y tú eres...? —preguntó, intentando ser cortés.

—Se llama Minerva —interrumpió Axel, respondiendo por ella.

Acto seguido, la tomó por la cintura con firmeza, mostrando una cercanía evidente y un tanto posesiva que a mí siempre me resultaba un poco ajena.

Después de eso, los tres nos fuimos caminando hacia los pupitres del aula. A mí me encantaba sentarme en las filas traseras, ya que ahí no era el blanco de los profesores; no me gustaba sentarme enfrente porque no quería dármela de sabelotodo ni de chico genio, ya que no lo era, pero tampoco era un mal estudiante.

En eso llegaron los demás amigos: Isaac, un chico que estaba en nuestro grupo pero reprobó el muy bobo; Brandon, un chico delgado de piel morena que era amante del ligue; Christian, un chico de baja estatura pero muy amigable; y Ulises, un chico alto con pelo largo que era genial, aunque un poco callado.

Mientras todos platicaban, mi atención fue interrumpida nuevamente por aquella chica. No sabía absolutamente nada de ella, pero sus ojos negros me robaron el aliento. No lo sé, tal vez se trataba de uno de esos flechazos que la gente llama “amores fugaces”, pensé.

De pronto, Minerva se dio cuenta de que la estaba observando fijamente.

—¿Te gusta? —me soltó a bocajarro.

—¿Eh? Ah... no —respondí de inmediato, completamente nervioso por su inesperada pregunta.

—Qué lástima —dijo Minerva con una sonrisa traviesa—. Es mi amiga, y me dijo que le parecías un chico atractivo.

¿Cómo demonios iba a saber yo que ella la conocía? En un intento desesperado por salvar la oportunidad, los nervios me traicionaron. Con una voz tonta, pero extrañamente fuerte, me retracté:

—¡Sí, sí, sí, sí!

Minerva soltó una carcajada ante mi ridícula reacción. En ese preciso momento, la chicharra que anunciaba el inicio de las clases resonó por todo el pasillo. Aquella chica de ojos negros se puso de pie y salió del salón acompañada por otras compañeras.

Minerva también se levantó de su asiento.

—Ya es hora de que me vaya a mi clase —anunció.

Axel se acercó a ella y le dio un beso de despedida. Desesperado por no perder el hilo de la conversación y con la última esperanza de averiguar algo más sobre la chica, exclamé:

—¡Oye, espera!

Minerva se giró rápidamente sobre sus talones, me dedicó una última mirada y respondió antes de salir:

—Luego hablamos de eso, ¿vale?

Vaya, quedé como un tonto y un desesperado. Qué patético. Quería que la tierra me tragara en ese mismo momento.

En eso, Axel me chocó con su hombro, burlón.

—Tranquilo, tigre, nadie te la va a robar —me soltó entre risas.

No lo soporté. Lo sujeté por la espalda, le pasé el brazo alrededor del cuello y le apliqué una llave mataleones al idiota de Axel. ¿Cómo podía estar haciendo chistes en un momento como ese?

—¡Para, para! —exclamaba él con dificultad, intentando zafarse mientras palmeaba mi brazo.

Los demás chicos de nuestro grupito solo se reían a carcajadas de nuestras tonterías, llamando la atención de la mitad del salón. Después de estar sujetando a mi amigo por el cuello, el profesor entró al aula. Su llegada impidió el intento de homicidio que estaba a punto de cometer —es broma, aunque si hubiera pasado, claramente no me habría sentido mal—. Tras ese momento, las clases continuaron: aburridas, monótonas, una tras otra. Una auténtica tortura.

Gracias a Dios, el día por fin llegó a su fin.

Me dirigí con mis amigos hacia la salida del bachillerato. Íbamos caminando tranquilos, cuando al idiota de Isaac le cayó caca de pájaro justo en la mano. En lugar de limpiarse con un pañuelo, ¡la embarró en mi mano! Por puro reflejo y desesperación por limpiarme, terminé embarrándola en el suéter de Ulises. La situación se volvió un caos de risas, asco y ganas de vomitar; al final, pobrecito, me dio un poco de lástima con Ulises, pero ya no había marcha atrás.

Tras sobrevivir a ese desastre, me despedí del grupo y me dirigí a la estación para tomar el tren de regreso a casa. Me puse los auriculares y dejé que sonara Left Hand Free. Al encender la pantalla de mi móvil para revisar los mensajes, me quedé mirando fijamente mi fondo de pantalla de Spider-Man, mi héroe favorito. Mientras el paisaje avanzaba por la ventana, me quedé pensando en él. Siempre me había fascinado su manera de ver el mundo: cómo la vida puede llegar a ser tan patética, cruel y miserable, y aun así, él se las arregla para buscar un pequeño rayo de luz en medio de ese pozo profundo de oscuridad. ¿Cómo lograba hacerlo? ¿Cómo podía mantener la esperanza?

Al llegar a casa, saludé a mi hermano Alan. Mi madre se encontraba en la cocina preparando el almuerzo, impregnando la casa con un olor reconfortante. Fui directo a mi habitación, entré y simplemente me recosté en la cama.

Me quedé mirando fijamente hacia el techo, con la mente flotando en otra parte. Me preguntaba una y otra vez quién sería esa chica. A mi memoria regresaban, como ráfagas, sus ojos negros, su cabello castaño y el eco de su risa de invierno. Sin embargo, intenté frenar mis propios pensamientos; no quería entusiasmarme en vano. Me repetí que solo quedaría en eso: un simple recuerdo, un amor fugaz sin importancia. Qué poco me conocía.

—¡Mateo, a almorzar! —me llamó mi madre desde la cocina.

Fui a la mesa y ella me sirvió la comida. Me encantaba ver a aquella hermosa mujer; siempre le agradecía en silencio por cuidarnos tanto, ya que entendía perfectamente el esfuerzo sobrehumano que hacía por sacarnos adelante a mí y a mi hermano, Alan. Después de terminar, me levanté de la mesa, le di un beso en la mejilla a mi madre, le agradecí por los alimentos y me preparé para irme a entrenar al gimnasio.

Al llegar, saludé a mi entrenador. La verdad es que mientras veía cómo los demás convivían y bromeaban entre ellos, a mí me gustaba mantener cierta distancia; prefería ir a lo mío. Entrené con normalidad durante un buen rato, hasta que de repente sentí una mirada pesada sobre mi espalda. Al voltear, vi a una chica alta, de piel morena y con lentes. No tenía nada en particular que me llamara la atención, pero no dejaba de observarme. Llegué a pensar que tenía algo sucio en la cara o que estaba haciendo mal algún ejercicio. Simplemente ignoré su mirada y seguí con mi rutina.

En eso, el maldito entrenador se acercó por detrás y puso su pesado brazo encima de mi hombro. El infeliz tenía una sonrisa que revelaba su pura maldad. Entonces, miró fijamente a la chica de lentes y exclamó en voz alta:

—¡Oye! Mi amigo Mateo es buenísimo para bailar, él te puede enseñar.

¿De qué carajo sacó ese maldito gorila que yo sabía bailar? ¡Si tengo dos pies izquierdos! La chica solo soltó una risita y a mí me invadió una pena tremenda. No tuve más remedio que tragarme el orgullo y sonreír con total incomodidad.

Después de salir del gimnasio con la dignidad por el suelo, me dirigí directamente a mi casa. El resto de la tarde transcurrió con total normalidad. Mientras me preparaba para dormir, solo podía agradecer que este caótico día por fin hubiera terminado.

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Bien escrito

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Buenos personajes

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author

La idea es bastante buena, tiene puntos divertidos y la introspección del protagonista es madura en ocasiones, más infantiles en otras. Supongo que está en esa época de cambio entre la adolescencia y la adultez, entre permitirse hacer tonterías con sus amigos y empezar a pensar en salir con chicas. No veo la madurez de los personajes como para ir a la universidad, lo noto un poco más como cerca de acabar la secundaria (en mi país es la E.S.O. o BACHILLERATO) Me gusta el comienzo, aunque yo revisaría las repeticiones descriptivas de los personajes, como Ulises, que es un bobo. Por lo general, creo que tiene potencial. Vamos a ver como continúan los siguientes capítulos.

6 días
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author

Me parece un buen comienzo... aunque ya revelas parte del desenlace, lo que hace que lector se pregunte que paso?... está bien, puedes pulirlo un poquito...

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