Cuando quise desaparecer

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Sinopsis

Quiero compartir el camino que me llevó a sentir que no tenía razones para seguir viviendo (sin buscar justificarme, solo contar mi verdad).

Genero:
Other
Autor/a:
María
Estado:
Completado
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo I. "Miedo"

No puedo ni debo culpar a mi pasado por mis acciones actuales. La verdad es que, aunque no crecí siendo siempre feliz, no quiero victimizarme apenas empezando. Así que me ahorraré mucha historia que a nadie le importa y comenzaré desde que tenía 15 años.

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La verdad es que no sé cómo ni cuándo comenzaron estos pensamientos, pero tengo un vago recuerdo de cuando tenía 15 años.

Ese día, quería salir con mis amigos. Pedí permiso a mi madre y, como era lo usual, me dejó ir, con la única condición de que regresara a las 9 en punto a casa. Salí. Claramente, me divertí mucho, eso sí, y cuando llegué, eran las 9:05. Lógicamente, no me preocupé mucho por esos cinco minutos de tardanza e invité a mis amigos a entrar a mi casa. Al subir al segundo piso, donde vivía, saludé a mi madre, pero ella, muy enojada, echó a mis amigos fuera y comenzó a gritarme por haber llegado cinco minutos tarde. ¡Cinco minutos!

Recuerdo haberme enojado muchísimo por eso. Le reclamé por qué se enojaba tanto si solo habían sido cinco minutos, y también le dije que no debió sacar de la casa a mis amigos de ese modo. Ella me argumentó que si me decía una hora, debía cumplirla y obedecerla porque era mi madre y así debía ser.

Me encerré en mi cuarto, enfurecida por bastante rato. Después, cuando se me pasó la cólera, sentí una enorme tristeza. Lloré, lloré por largo tiempo hasta que (aclaro que no sé desde cuándo llegaron esos pensamientos) pensé en suicidarme. Así, sin más. Suicidarme con pastillas.

Salí de mi cuarto (claro, después de limpiarme las lágrimas) y le dije a mi madre que me dolía mucho la cabeza. Me dio una tableta completa de pastillas para el dolor, y me las tomé todas. Una por una, las fui pasando por mi garganta con agua en la cocina. Luego regresé a mi cuarto para encerrarme de nuevo y esperar... esperar a morir, supongo.

Llegó la medianoche. Mi mamá ya estaba dormida y la calle estaba en silencio. Escuchaba el sonido de los autos pasar y observaba la luz de la calle desde el balcón de mi casa. Pero no estaba muerta (obviamente). Estaba sufriendo por el terrible dolor estomacal que tenía. Me sentía tan mal y tan desesperada que intenté despertar a mi madre para pedirle ayuda, pero tenía mucho miedo.

O sea, ¿qué debía decirle? "Mamá, intenté matarme con pastillas y me duele mucho el estómago." Aparte de que sonaría muy extraño, también sonaría demasiado patético.

Quise tocar su puerta tantas veces... que ya no me sentía desesperada solo por el dolor; me sentía desesperada por atreverme a tocar la puerta de una vez y despertar a mi madre para que me ayudara. Quería que me llevara al hospital y me quitaran este dolor tan fuerte que sentía.

Después de largos minutos (podría decir que horas), toqué la puerta. Al no recibir respuesta, entré. Mi madre se despertó y me preguntó qué me pasaba. Yo, muy tranquila (no sé por qué decidí hablar tan normal), le dije que me había tomado muchas pastillas y me dolía demasiado la barriga. Ella, claramente en impactada, me preguntó por qué, y yo le dije que me quería morir.

No dijo nada.

No hizo nada.

No me llevó al hospital.

Solamente me entrego un vaso con agua.

Se enojó. Mucho. Me hizo sentarme en su cama y esperar a que, con agua, orinara lo que me había tomado. Llamó a mi padre (no vivíamos con él) y le contó lo que había hecho. Después de eso, se acostó a mi lado y se durmió. Yo tampoco tardé mucho en dormirme así que no se lo recrimino.

Al día siguiente no me dolía mucho el estómago. Mi madre me preguntó cómo seguía. Le dije que bien. Me recomendó no comer nada pesado porque mi barriga estaría débil varios días. Y ya. Eso fue todo. Nunca se volvió a hablar sobre lo que pasó en casa.

Ese día fue... bastante duro. Más aún cuando mi papá fue a la casa, días después de lo ocurrido, y me preguntó si estaba así por la separación de él y mi madre. Me molesté mucho con él y decidí decirle que tenía razón, solo para que no siguiera preguntando o sacando conclusiones que ni yo sabía responder. La verdad era que no sabía explicar el porqué de mi accionar esa noche. Pero aprendí muchas cosas:

Mi madre no me quería.

Para la próxima tenía que hacerlo bien, si no quería que me pasara lo mismo.

Si me moría, no le importaría a nadie.

Nadie me salvaría si salía mal de nuevo.

No debía esperar nada de nadie.

Pero algo de lo que realmente pude darme cuenta es que, morir, no es solamente un pensamiento y que el miedo, es algo que no podemos controlar.

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Me gustaría decir que este patético intento de suicidio es lo único interesante que ha pasado en mi vida. Pero no quiero que este libro tenga solamente una página.