Prólogo
Dicen que el cielo no cae...
Que las estrellas solo arden, pero jamás se apagan.
Que los ángeles no lloran, y que los demonios no aman...
Mentiras.
Todas.
El mundo no se acabó en un solo día...
El fin llegó con un susurro, con una marca invisible grabada en el alma de una joven que no sabía quién era, ni porque el cielo y el infierno temían su latido...
No nací para salvarlos.
Tampoco para condenarlos.
Tal vez fuí el error que ninguna profecía quiso escribir...
La sangre prohibida.
La llave del juicio... O el corazón del caos.
Y mientras los ángeles se desangraban en nombre del orden.
Y los demonios reclamaban el fuego que les fue robado.
Yo amé.
A un ser que cayó, no por rebeldía.
Sino por amor.
Este no es el relato de héroes ni de mártires.
Es la historia del eco final, del último latido del cielo...
Cuando aún quedaba algo por sentir...