Capitulo único
Jungkook Jeon era el CEO más joven y temido de una de las principales empresas tecnológicas de Seúl. A sus 26 años manejaba millones con mano firme, pero en los últimos seis meses su mayor obsesión no tenía que ver con balances ni inversores. Se llamaba Park Jimin.
Jimin era su asistente personal: eficiente, discreto y peligrosamente hermoso. De rasgos delicados, labios carnosos y una figura que escondía bajo ropa profesional. Sus senos pronunciados, llenos y redondos, quedaban discretamente disimulados bajo camisas holgadas, pero era imposible no notar la curva generosa cuando se inclinaba o cuando la tela se pegaba por el calor. Tenía caderas suaves, cintura estrecha y una forma de moverse que era sutilmente coqueta: un balanceo leve de caderas al caminar, una mirada de reojo acompañada de una sonrisa tímida, o el modo en que se mordía el labio inferior mientras lo observaba.
Jungkook llevaba semanas notando cada detalle. Cada roce “accidental” de dedos al pasarse documentos. Cada vez que Jimin se inclinaba sobre su escritorio y el escote de la camisa revelaba el valle profundo entre sus senos. Cada vez que Jimin cruzaba las piernas y la falda lápiz subía un poco más por sus muslos suaves.
Esa noche, pasadas las diez, la oficina en el piso 28 estaba vacía. Solo quedaban ellos.
—Señor Jeon, aquí está la presentación corregida —dijo Jimin acercándose. Su voz era suave, casi melosa. Dejó la carpeta y se quedó de pie junto al escritorio, más cerca de lo necesario. La camisa blanca tenía varios botones desabrochados por el calor, dejando a la vista la piel pálida y el inicio de sus senos pronunciados.
Jungkook levantó la vista y tragó saliva. El perfume dulce de Jimin lo envolvió.
—Siéntate aquí, Jimin. Quiero revisarlo contigo.
Jimin obedeció, pero en lugar de sentarse frente al escritorio, rodeó la mesa y se acomodó en el sofá, cruzando las piernas con lentitud deliberada. La falda subió ligeramente, revelando más piel. Miró a Jungkook por debajo de las pestañas, con una sonrisa coqueta.
—¿Así está bien, señor?
Jungkook sintió que su polla reaccionaba al instante. Se sentó a su lado, demasiado cerca. Sus muslos se rozaron. Mientras revisaban las diapositivas, Jimin se inclinaba hacia él cada vez que señalaba algo, presionando sutilmente su pecho contra el brazo de Jungkook. El calor de esos senos generosos era imposible de ignorar.
—Estás muy… atento esta noche —murmuró Jungkook, con la voz más grave.
Jimin sonrió de lado, coqueto, y se pasó la lengua por el labio inferior.
—Solo quiero que todo salga perfecto para usted, señor Jeon. Me gusta complacerlo.
El aire se volvió denso. Jungkook giró la cabeza y sus rostros quedaron a centímetros. Podía sentir la respiración acelerada de Jimin.
—Jimin… —susurró, colocando una mano en su cintura—. Llevo meses conteniéndome. Dime que pare.
Jimin no se apartó. En cambio, se inclinó un poco más, dejando que uno de sus senos rozara el pecho de Jungkook.
—¿Y si no quiero que pare? —preguntó en voz baja, con tono juguetón y ojos brillantes.
Eso rompió el último hilo de control de Jungkook. Lo besó con fuerza, devorando esa boca suave. Jimin respondió con el mismo hambre, gimiendo bajito contra sus labios y enredando los dedos en su cabello. Jungkook bajó las manos hasta sus caderas, apretándolas, sintiendo las curvas femeninas.
—Vamos a mi apartamento —gruñó contra su cuello, mordiendo suavemente—. Ahora.
Jimin asintió, con las mejillas sonrosadas y una sonrisa coqueta.
—Como ordene, señor.
El trayecto fue una tortura de tensión contenida: roces de manos, besos robados en el ascensor, la mano de Jungkook subiendo peligrosamente por el muslo de Jimin bajo la falda.
En cuanto la puerta del penthouse se cerró, Jungkook lo empujó contra la pared y lo besó con desesperación. Le desabrochó la camisa con dedos impacientes y liberó aquellos senos pronunciados, pesados y perfectos. Gimió al verlos.
—Joder, Jimin… tus tetas son increíbles —murmuró, tomándolas con ambas manos, apretándolas y sintiendo su suavidad y peso. Bajó la cabeza y chupó un pezón rosado con hambre, mordiendo suavemente mientras masajeaba el otro. Jimin arqueó la espalda, gimiendo y empujando sus senos contra su boca.
—Ah… Jungkook… más fuerte…
Jungkook lo levantó y lo llevó a la cama. Le subió la falda hasta la cintura y le quitó las bragas empapadas. Al ver la vagina suave, depilada y brillante de Jimin, con los labios hinchados y el clítoris visible, soltó un gruñido animal.
—Tan mojado para mí… mi coñito coqueto.
Se arrodilló y enterró la cara entre sus muslos. Lamió toda la vulva con lengua plana, saboreando los jugos dulces, chupando el clítoris con fuerza mientras metía dos dedos gruesos. Jimin se retorcía, agarrando su cabello y moviendo las caderas contra su cara.
—Kook… sí… así… ahh…
Jungkook añadió un tercer dedo, follándolo con ritmo profundo y curvándolos para golpear ese punto sensible. Chupaba y lamía sin parar, mientras su otra mano subía a apretar y pellizcar uno de sus senos pronunciados. Jimin se corrió con un grito, temblando violentamente, apretando los dedos dentro de su coño palpitante.
Jungkook no le dio tregua. Se quitó la ropa, liberando su polla gruesa, larga y venosa. Frotó la cabeza contra la entrada empapada.
—Quiero follarte hasta que no puedas caminar mañana —gruñó.
—Hazlo… lléname, por favor —suplicó Jimin, mirándolo con ojos vidriosos y una sonrisa coqueta.
Jungkook empujó lentamente, centímetro a centímetro, sintiendo cómo ese coño apretado y caliente lo tragaba. Cuando estuvo completamente dentro, se quedó quieto, disfrutando la presión.
—Tan apretado… joder.
Empezó a moverse: primero lento y profundo, saliendo casi por completo antes de hundirse de nuevo. Luego más rápido, más fuerte. El sonido húmedo de sus cuerpos chocando llenaba la habitación. Jimin gemía sin vergüenza, sus senos pronunciados rebotando con cada embestida. Jungkook los agarró con ambas manos, apretándolos mientras lo follaba.
Cambió de posición: puso a Jimin a cuatro patas, agarrándolo por las caderas y penetrándolo desde atrás con fuerza. Sus senos colgaban pesados, moviéndose con cada golpe. Jungkook los alcanzó por debajo, pellizcando los pezones mientras aceleraba.
—Eres tan puta y tan perfecta… —gruñó, dándole una nalgada suave.
Jimin empujaba hacia atrás, encontrando cada embestida.
—Más… más fuerte, Kook… quiero sentirte profundo.
Jungkook lo giró de nuevo, poniéndolo de lado. Levantó una de sus piernas y lo folló en esa posición, besándolo y mordiendo sus senos. El ángulo hacía que su polla golpeara justo ese punto sensible. Jimin se corrió por segunda vez, gritando y apretando su coño alrededor de él.
Jungkook no paró. Lo puso boca arriba otra vez, sujetándole las piernas abiertas y follándolo con embestidas profundas y rápidas. Sus senos rebotaban con fuerza. Jungkook los chupaba mientras lo penetraba.
—Quiero correrme dentro… llenarte entero —gruñó.
—Sí… lléname, por favor… quiero tu leche —gimió Jimin, coqueto y desesperado.
Jungkook se derramó con un gemido gutural, chorros calientes y abundantes llenando el coño de Jimin hasta que empezó a gotear. Se quedó dentro un rato largo, besando sus senos, su cuello y sus labios con ternura mezclada con posesividad.
—Esto no termina aquí —susurró contra su piel—. Quiero despertarme contigo mañana… y follarte otra vez.
Jimin sonrió, aún jadeando, y acarició su cabello.
—Como quiera, señor Jeon… estoy a su disposición.