Año 721
CAP 1
-En un mundo donde cada territorio está gobernado por un linaje de color, existía una antigua creencia: cada cien años nacía un niño que portaba el manto del blanco y el negro. A estos seres se les llamaba Albóreos, pertenecientes a la familia Albora, y se les temía más que a cualquier cataclismo. Se rumoraba que traían desgracias y destrucción a los reinos donde nacían, y por ello, la tradición dictaba que debían ser juzgados por los líderes supremos de cada familia para ser ejecutados. Así se había hecho por siglos… y así se creía que debía seguir siendo… o tal vez no.
Ese año, el Año Primordial número 721, el ejecutor asignado para acabar con el pequeño cataclismo fue Rubran Rubidor, cabeza de la familia Rubidor, la más poderosa de la Zona Roja. Rubran caminaba hacia la cámara de ejecución, tenso pero decidido, consciente de que cualquier vacilación podía costarle caro. Estaba listo para cumplir la sentencia… hasta que miró al niño a los ojos.
Pequeño, tembloroso, marcado por aquel contraste imposible en la piel y el cabello. En ese instante, algo se quebró en Rubran: un recuerdo demasiado doloroso surgió de la profundidad de su mente, del hijo que había perdido años atrás. No había maldad, ni “maldición” en aquel niño… solo inocencia pura, desarmante.
Incumpliendo un mandato sagrado, Rubran decidió fingir la ejecución. Ocultó al niño, lo cargó con cuidado y lo llevó consigo lejos de los ojos del mundo. Le dio un nombre: Nox, y le otorgó el apellido de su madre, Albora, para que su verdadera identidad quedara en secreto. Ante todos, aquel niño se convirtió en un Rubidor más, un secreto protegido a cualquier precio.
Infancia en Rojo
Nox creció rodeado de lujos, entrenamientos rigurosos y educación privilegiada, pero también de murmullos y miradas de desconfianza. Para muchos, era simplemente “el raro”: el chico sin poderes visibles, con un aura que nadie sabía cómo definir, con un color que parecía imposible de clasificar.
Rubran le había prohibido usar sus habilidades. Si alguien llegaba a verlas, su secreto moriría con él ese mismo día.
A pesar de las miradas, los juicios y los rumores, Nox se mantuvo fiel a sí mismo: alegre, sarcástico, algo ridículo e infantil. Un joven que desbordaba luz incluso cuando la oscuridad lo perseguía, capaz de hacer sonreír incluso en los días más grises.
Con diecisiete años, tras años de entrenamiento duro y constante perfeccionamiento de su cuerpo y mente, estaba a punto de graduarse e ingresar formalmente al ejército Rubidor.
Antes de dirigirse a la ceremonia, Nox tomó un pequeño desvío.
—Si llego tarde, diré que fue culpa del destino… o de alguien más, aún no decido —murmuró.
Sus pasos lo llevaron a una zona menos imponente de la ciudad Rubidor. Allí, entre calles más tranquilas, estaba ella.
Sentada sobre una baranda de piedra, balanceando ligeramente las piernas.
—Vaya… el gran futuro soldado decidió aparecer —dijo sin mirarlo.
—Claro, vine a asegurarme de que alguien llorara cuando muera en combate —respondió Nox, encogiéndose de hombros.
Ella soltó una pequeña risa.
—Tranquilo, Nox. Si mueres, me aseguraré de decir que fue haciendo algo estúpido.
—Oye, al menos dilo con estilo.
Ahora sí lo miró.
Aris.
Su mirada era distinta al resto… no lo veía como “el raro”.
—¿Listo para hoy? —preguntó.
Nox se quedó en silencio un segundo… algo raro en él.
—Listo es una palabra fuerte… digamos que estoy… funcional.
—Eso suena peor.
—Gracias, me esfuerzo.
Un breve silencio cómodo.
—Nox… —dijo ella, bajando la voz—. Pase lo que pase hoy… no dejes de ser tú.
Él sonrió de lado.
—¿Sarcasmo incluido?
—Especialmente eso.
—Entonces el mundo está condenado.
Ella rodó los ojos, pero sonrió.
—Idiota.
—Tu idiota favorito.
—No te emociones.
Nox se dio la vuelta, empezando a irse.
—Oye —lo detuvo Aris.
Él giró apenas.
—No mueras hoy.
—Mi padre estará en la ceremonia —dijo Aris— siempre dice que quiere verte graduarte…
—Entonces tendré que sobrevivir —respondió Nox con una sonrisa.
Nox alzó la mano sin mirar atrás.
—Lo intentaré… pero no prometo nada.
El día de la graduación
Aquella mañana habló con su padre adoptivo. Palabras breves, cálidas, lo justo para sentir la presión del orgullo ajeno… y el miedo silencioso que Rubran siempre ocultaba tras su mirada severa.
Pero antes de que la ceremonia comenzara, todo cambió.
Ruido. Sacudidas. Gritos.
Entre el caos… Nox lo vio.
El padre de Aris… sosteniendo a varios civiles… mientras las criaturas se acercaban
Las alarmas resonaron en toda la ciudad Rubidor. Un enemigo desconocido atacaba sin piedad. Del cielo y del suelo comenzaron a surgir criaturas corruptas, sombras deformes que mordían, arañaban y chillaban con un eco sobrenatural. Rubran dio órdenes inmediatas: evacuar al pueblo y proteger a los civiles. Nox corrió entre el caos, esquivando escombros y criaturas, hasta llegar al Prisma Sagrado, el corazón mismo de la Zona Roja.
Allí vio a la figura que iba a tomar el Prisma sagrado, su energía era similar a la de los alboreos…a él pero…más oscura.Sus ojos negros como carbón brillaban con una intensidad que hizo que Nox sintiera un escalofrío.
—¿A dónde con tanto apuro, amigo? —gritó Nox.
Nox: ¿noté que copiaste mi estilo, aunque la capa esta increíble, donde la fabrican?.
El intruso ni siquiera parpadeó; parecía completamente enfocado en tomar el Prisma.
—¡No toques mi decoración favorita, idiota! —exclamó Nox.
El intruso lo volteó a mirar, irradiando un aura misteriosa e imponente.
—Oye… podemos hablarlo, aún sabes… —dijo Nox, intentando ganar tiempo.
Su fuerza era descomunal, y de su lado comenzaron a avanzar criaturas oscuras con ferocidad. Nox apenas logró acercarse lo suficiente… pero antes de siquiera tocarlo, recibió un golpe brutal que lo derribó de un solo impacto.
Cayó inconsciente hacia el Río Cromaris, el inmenso torrente que atraviesa todos los mundos.
Mientras el agua lo arrastraba sin control…
Por un instante…
vio su rostro.
—No mueras hoy.
—He tenido peores ideas… —murmuró Nox, antes de perder la conciencia.
El agua lo arrastró a una velocidad imposible, llevándolo a través de cada zona, cada territorio, cada dominio. Durante la caída, Nox percibió un eco familiar: un poder oscuro que parecía resonar con el suyo, una sombra que le recordaba lo que podría ser… o lo que debía evitar convertirse. Finalmente, emergió en la Zona Azul: el reino de Naridia.








