Prólogo
El matrimonio de Jeon Jungkook y Im Yoon-ah había sido, en su momento, la envidia de todo Seúl.
Quince años atrás, cuando Jungkook tenía solo veinticinco y ella veintitrés, su unión había nacido de un amor intenso, casi cinematográfico. Ella, una modelo internacional que ya pisaba las pasarelas de Milán y París, y él, el heredero de una de las familias más influyentes del sector inmobiliario y entretenimiento. Se conocieron en una fiesta privada en Gangnam, se enamoraron en menos de un mes y se casaron en una ceremonia que ocupó portadas de revistas durante semanas.
Dos hijos hermosos llegaron después: una niña de trece años llamada Ji-eun, con los mismos ojos grandes y expresivos de su padre, y un niño de diez llamado Min-seok, que heredó la sonrisa brillante de su madre. Desde fuera, la familia Jeon parecía perfecta: cenas benéficas, viajes en jet privado, fotos familiares en las que todos sonreían con elegancia.
Pero dentro de las paredes de su ático de ciento ochenta metros en Cheongdam-dong, la realidad era otra.
El amor se había ido desvaneciendo tan lentamente que ninguno de los dos se dio cuenta hasta que ya era demasiado tarde. Lo que antes eran noches de pasión se convirtió en besos rápidos antes de dormir. Las conversaciones profundas fueron reemplazadas por agendas compartidas y recordatorios sobre las actividades de los niños. El deseo se transformó en rutina.
Jungkook, ahora con cuarenta años, se sentía atrapado en un ciclo eterno: reuniones de negocios por la mañana, entrenar en el gimnasio privado de la casa por la tarde, llegar a casa para cenar con la familia y acostarse al lado de una mujer a la que aún respetaba, pero a la que ya no deseaba con la urgencia de antes.
Era como dar vueltas en el mismo lugar, una y otra vez, sin avanzar nunca.
Todo cambió una noche de principios de octubre.
Jungkook había asistido a regañadientes a una cena privada en casa de su hermanastro mayor, Kim Taehyung. La excusa era celebrar el lanzamiento de una nueva línea de moda, pero en realidad era una de esas reuniones donde los ricos se reunían para presumir conexiones y cerrar acuerdos discretos. Jungkook estaba sentado en el amplio salón, con una copa de whisky en la mano, cuando Taehyung apareció con una sonrisa traviesa y un joven a su lado.
—Jungkook, quiero que conozcas a alguien —dijo Taehyung, palmeándole el hombro—. Este es Park Jimin. Un amigo que llegó de Seúl hace unos años y está… buscando oportunidades.
Jungkook levantó la mirada y el mundo pareció detenerse por un segundo.
Park Jimin tenía veintidós años, pero sus ojos cargaban una ambición que parecía tener décadas. Era pequeño de estatura, pero su presencia llenaba la habitación. El cabello rubio caía en suaves ondas sobre su frente, sus labios estaban perfectamente maquillados de un rojo intenso y estaban curvados en una sonrisa coqueta que no llegaba del todo a sus ojos.
Vestía una camisa de seda negra ligeramente abierta en el pecho, lo suficiente para dejar ver la piel pálida y suave. Su cuerpo era delgado, pero con curvas suaves en los lugares correctos, y se movía con una gracia felina que hacía imposible no mirarlo.
—Mucho gusto, señor Jeon —dijo Jimin con voz suave, casi melosa, extendiendo una mano delicada—. He oído mucho sobre usted.
Jungkook estrechó su mano y sintió un calor extraño subir por su brazo. La piel de Jimin era suave, casi demasiado. Sus ojos se encontraron y, en ese instante, Jungkook supo que estaba en problemas. Había algo en la forma en que Jimin lo miraba: una mezcla de inocencia fingida y deseo calculado. Era coqueto sin ser obvio, ambicioso sin decirlo directamente.
Esa misma noche, mientras Yoon-ah estaba en Milán por un desfile y los niños dormían en su ala de la casa, Jungkook y Jimin terminaron hablando en la terraza.
El joven le contó, con voz baja y vulnerable, sobre su vida en Busan, la pobreza que lo había marcado, las deudas de su familia y su sueño de entrar en la alta sociedad de Seúl. No lo dijo abiertamente, pero el mensaje era claro: necesitaba un protector. Alguien que lo sacara de la mediocridad y lo llevara al lugar donde “pertenecía”.
Jungkook escuchaba, hipnotizado por la forma en que los labios rojos de Jimin se movían, por el brillo calculador en sus ojos y por la forma en que su cuerpo se inclinaba ligeramente hacia él, como si ya supiera el efecto que causaba.
Fue esa noche cuando empezó todo.
Un roce de manos que duró demasiado. Una mirada que se sostuvo más de lo necesario. Una sonrisa que prometía pecados. Besos desesperados.
Jungkook, el hombre casado de cuarenta años, padre de dos hijos y esposo de una de las modelos más reconocidas del país, sintió por primera vez en años que su sangre ardía de verdad.
El “Deseo Prohibido” lo golpeó con fuerza, como un tren descarrilado. Sabía que estaba mal. Sabía que estaba traicionando quince años de matrimonio, una familia, una imagen pública impecable.
Pero por primera vez en mucho tiempo, se sintió vivo.
Jimin, por su parte, sonrió para sí mismo mientras observaba al mayor. Sabía exactamente lo que estaba haciendo. Había estudiado a Jeon Jungkook durante semanas antes de esa cena. Sabía de su rutina asfixiante, de su matrimonio que se desmoronaba en silencio, de su poder y su dinero. Y había decidido que ese hombre sería su boleto de entrada a la vida que siempre había soñado.
Lo que empezó como un juego de seducción calculada pronto se convirtió en algo mucho más peligroso y adictivo.
Jungkook no tardó en caer.
En menos de un mes, las reuniones “de negocios” se convirtieron en noches en hoteles de lujo, regalos caros que aparecían en la puerta de Jimin, mensajes a medianoche y mentiras que cada vez le resultaban más fáciles de decir.
Jimin se encargó de todo: sacó a Jungkook de la monotonía gris en la que vivía, lo hizo sentir deseado, joven, poderoso. Cada encuentro era una explosión de pasión, risas, lujos y secretos. Lo que para el mundo sería una simple infidelidad, para ellos se convirtió en un “Deseo Prohibido”, adictivo, imposible de detener.
Porque a veces, el mayor pecado no es romper las reglas…
sino descubrir que nunca habías vivido realmente hasta que las rompiste.
Espero les haya gustado 💗
¡Nueva historia! Candente, hot, amantes, pobreza, ambición, drama y obviamente deseo prohibido.
Tengo muchas espectativas para esta historia y ojalá quedé mejor de lo que me imaginó.
⚠︎No habrá horario de actualización, puede ser diario, semanal o anual, es broma, pero dependerá de mi inspiración del día⚠︎
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