Prefacio
Karezza es una práctica de unión sexual prolongada en la que el clímax se evita deliberadamente. Dos cuerpos permanecen unidos durante periodos extensos, con la respiración sincronizada, los ojos abiertos y la atención fija. El objetivo no es la liberación, sino la coherencia que surge cuando el sistema nervioso aprende a retener más energía de la que le enseñaron a descargar. El placer no se rechaza; simplemente se permite que continúe sin ser interrumpido por el orgasmo.
Con el tiempo y la repetición, lo que tiende a profundizarse no es solo la excitación, sino el apego; esa lenta unión fisiológica de dos personas que han aprendido a permanecer. El vínculo que crea no es una metáfora. Dos sistemas nerviosos, mantenidos el tiempo suficiente en el mismo circuito cerrado, comienzan a confundirse mutuamente con la sensación de seguridad.
El término fue acuñado en 1896 por la médica estadounidense Alice Bunker Stockham en su libro Karezza: Ethics of Marriage. Tomó la palabra del italiano carezza, que significa caricia. Stockham se basó en experimentos previos de continencia matrimonial, sobre todo en la "continencia masculina" que se practicaba en la Oneida Community a mediados del siglo XIX bajo la guía de John Humphrey Noyes.
El impulso subyacente es aún más antiguo. Dondequiera que los amantes han descubierto que pueden permanecer presentes el uno para el otro a lo largo de grandes arcos de sensaciones, sin caer en la rutina o el agotamiento, ha aparecido alguna versión de esta práctica.
Karezza es distinta de las tradiciones tántricas. No conlleva ningún marco de energías sutiles, despertares de kundalini ni ascensos espirituales. Es una disciplina somática occidental arraigada en la fisiología y la ética.
Sus preocupaciones son la regulación del sistema nervioso, la intimidad emocional y la pregunta de cómo dos personas pueden mantener una presencia física profunda sin la interrupción del clímax o la lenta acumulación de la fatiga. El énfasis recae en la respiración, el contacto visual y la construcción gradual de un espacio compartido, en lugar de en energía ritualizada o metas esotéricas.








