Conocerte lo cambió todo

Era de madrugada y el primer tren del día estaba por salir. Eran las cinco de la mañana y la estación Paddington estaba casi vacía. Apenas se veían algunas personas apresuradas para subir a alguno de los vagones desocupados. Entre ellos, Harry, un chico de hermosos ojos verdes, velados por lágrimas, con sutiles y delicadas marcas de golpes en su bonito rostro, ensombrecido por la pena y el dolor.
Alcanzó a subir justo cuando el tren comenzaba su marcha. Por suerte solo llevaba su mochila de equipaje, no necesitaba más, no en ese momento de su vida.
Dio una larga mirada a la estación que lentamente iba quedando atrás, mientras la oscuridad aún reinaba en la fría y oscura ciudad de Londres, y las farolas proyectaban las sombras en el andén.
Caminó por algunos vagones, la mayoría vacíos. Podría haberse quedado en cualquier sitio, sin embargo siguió buscando. Encontró un lugar libre frente a otro chico, que estaba con los ojos cerrados. Tomó asiento sin molestar, abrazado a su mochila. Sería imposible intentar dormir, su cuerpo seguía en alerta, temblaba ligeramente y los recuerdos estaban incrustados en su piel.
Mientras veía pasar la ciudad a través de la ventana, sintió la mirada del chico frente a él. Parecían tener una edad similar, pero se veía muy demacrado. Quizás estaba demasiado delgado, pero las ojeras eran notorias bajo sus bellos ojos azules. Su ropa era sencilla en extremo y llevaba una margarita en su mano.
A Harry le dio un poco de pena verlo. Tan bonito y al parecer con tantas carencias. Sin embargo, le regaló una bonita sonrisa, que fue devuelta de la misma manera.
—Hola... —Saludó tímidamente. —Soy Harry...
—Hola Harry, me llamo Louis...
—¿Te desperté? No fue mi intención.
—No, no lo hiciste. Solo descansaba un poco los ojos, estoy agotado pero es difícil que pueda dormir a esta hora, no estoy acostumbrado.
—¿Por qué no? Es muy temprano.
—A esta hora comenzaba mi trabajo en un hotel.
—¿Y haciendo qué? —Preguntó Harry, con genuino interés.
—Haciendo el aseo...
—Aaaah, entiendo. ¿Y dejaste ese trabajo?
—Lo hice... Quiero buscar nuevas oportunidades, una nueva vida.
—¿Lejos de tu hogar?
—Sí.
—Perdón, estoy siendo muy mal educado...
—No lo eres, al contrario, creo que me hacía falta conversar con alguien, —dijo con otra sonrisa. —¿Qué me dices de ti?
—No hay mucho que contar... También busco cambiar de aire, dejar todo atrás...
Louis no quiso insistir, se había dado cuenta de los golpes. —¿Cuántos años tienes?
—Veintitrés, ¿tú?
—Veinticinco...
Ninguno sabía muy bien como seguir esa extraña conversación. No querían contar mucho de sus vidas, aunque morían por hacerlo, por encontrar en alguien un poco de calor, de apoyo, de valor.
Louis, un poco más valiente, decidió seguir con la conversación.
—Veinticinco años que se sienten como cien... Estoy tan cansado, aburrido de vivir así como lo estaba haciendo...
—¿Puedo saber cómo?
—Sí, —respondió con seguridad, como si fuese a hacer una confesión. —Soy de una familia de pocos recursos, lo que no tendría importancia si por lo menos hubiese sido amorosa o unida... Mis padres se separaron cuando yo era muy pequeño, tenía quizás... tres o cuatro años, según lo que dice mi madre. Nunca conocí a mi papá, y a esta altura ya da lo mismo, no me interesa y ya no me hace daño. Somos seis hermanos, nunca nos llevamos bien, siempre peleábamos por la razón que fuera, y si a eso le sumabas la falta de dinero, dormíamos casi en el piso, apenas alcanzaba para comer algo la mayor parte del tiempo... Perdí contacto con ellos hace diez años, cuando decidí irme de ahí.
—¿Te fuiste a la calle?
—Lo hice. Créeme que eso era mejor que seguir viviendo en esa casa.
—¿Y qué hiciste?
—Busqué trabajo, pero a esa edad era muy difícil encontrar algo serio y estable. Empecé por lo mismo que muchos, lavando autos, cargando verduras en algún mercado, lo que saliera durante el día.
—¿Dormiste en la calle? —Harry estaba conmovido con la historia de Louis.
—Un par de días, luego encontré un refugio donde pasarla, por lo menos mientras podía ahorrar algo de dinero. Así conocí a Bruno... Él era extranjero aunque nunca me dijo de donde venía. Siempre fue muy reservado con su historia, y yo no tenía mayor interés en su pasado. Nos hicimos amigos y entre los dos pudimos pagar una pieza horrible, pero pieza al final, para los dos. Teníamos una sola cama, y una cosa llevó a la otra...
—¿Te enamoraste?
—No, pero si me ilusioné. Empecé a trabajar con más ganas para poder salir adelante y dejar atrás el refugio y esa habitación. Empecé a imaginar un futuro con Bruno, pero él no pensaba lo mismo. Según yo éramos una pareja, dormíamos juntos todas las noches, estábamos en el mismo lugar se supone. Hasta que me di cuenta de que en el día él se iba con cualquiera por unas monedas...
—¿Qué? ¿Me estás hablando en serio?
—Me gustaría estar bromeando, pero no... Y lo peor es que no podía simplemente irme de la habitación que compartíamos. Por nada del mundo quería volver al refugio, vi cosas horribles, hombres ebrios abusando de los más jóvenes, golpes, robos... Se supone que era un lugar para poder pasar la noche tranquilos, y yo no pude pegar los ojos ninguna de las noches que estuve ahí...
—¿Y entonces qué hiciste?
—Con el dolor de mi alma, tuve que volver al refugio, ya más preparado mentalmente. No tuve opción.
—¿Y Bruno?
—Lo seguía viendo durante el día, pero él ni siquiera me preguntó qué había pasado o porqué me había ido, simplemente asumió que las cosas habían cambiado.
—¿Y eso te dolió?
—Un poco... Creo que me desilusioné, pensaba que las cosas iban a mejorar y me equivoqué.
Hicieron una pausa, cuando pasó un joven ofreciendo té, café y galletas.
—¿Quieres un café? —Preguntó Harry. —Yo invito.
—Sí, gracias, —respondió Louis con un poco de vergüenza.
El chico les entregó un café a cada uno, y un paquete grande de galletas.
—¿Y después?
—Como trabajaba de sol a sombra, pude pagar una pieza para mí solo. Tenía el baño y el dormitorio, donde solo había una cama de una plaza. Era muy pequeña, pero podía dormir tranquilo. De a poco pude comprar una manta más gruesa, o un pan todos los días.
—¿Cuánto tiempo estuviste así?
—Hasta los dieciocho. En ese momento encontré trabajo en este hotel haciendo aseo. Llevaba siete años trabajando allí.
—¿Y por qué te fuiste?
—Conocí a alguien hace dos años. Rusell, estaba de turista por la ciudad y se alojó en el hotel. Dijo que apenas me vio se enamoró de mí, y yo le creí.
Hicieron una pausa para mirar el paisaje.
—¿Y no fue verdad? —Continuó Harry.
—Nunca lo fue, —contestó Louis, bebiendo su café. —Pero me lo hizo creer durante un año. Encontró un buen trabajo en Londres, y decidió quedarse en la ciudad. Yo tontamente pensé que lo había hecho por mí, pero no. En nuestro aniversario quise sorprenderlo llevándole flores, —contó moviendo la cabeza en negación. —Toqué el timbre de su departamento y me abrió una chica muy bonita, estaban en plena celebración del compromiso de Rusell con otro hombre que no era yo.
—No puede ser...
—Cuando me vio se puso pálido y me sacó del lugar casi a empujones... Fue horrible.
—¿Esa vez si te habías enamorado?
—Lo hice, sufrí mucho. Lloraba todos los días, limpiaba las habitaciones del hotel con mis ojos llenos de lágrimas, no era capaz de comer, apenas dormía. Lo pasé muy mal.
—¿Volviste a saber de él?
—Lo vi unos meses después, andaba de la mano con otro hombre diferente. Nunca me buscó, hasta hace dos días.
—¿Qué pasó?
—Me fue a buscar al hotel, me pidió perdón y me dijo que solo yo había sido su verdadero amor, que había intentado olvidarme con otras personas y nunca pudo hacerlo.
—Me parece que no le creíste... ¿Es así?
—Imposible hacerlo, no después de tanto tiempo, no después de como pasaron las cosas.
—¿Sigues enamorado de él?
—No, el dolor fue tanto que se llevó todo lo que sentía. Y estoy bien con eso, ya no es tema para mí.
—Pero sí influyó para que hoy estés aquí.
—En cierta manera sí, ya no quería verlo más, y al mismo tiempo, el hotel cerró, se fue a quiebra y yo me quedé una vez más en la calle. Ayer vendí lo poco que tenía, y pude comprar el pasaje para este viaje y quedarme con algo para no dormir en la calle.
—Por eso quieres empezar desde cero... Te entiendo... Eres muy valiente... ¿Y sabes qué vas a hacer cuando llegues a tu destino?
—Lo de siempre. Buscar un trabajo, buscar donde dormir, buscar algo... —Contestó desanimado, pero sonriendo.
—Ojalá esta vez si puedas salir adelante, y quizás encontrar a alguien que de verdad te ame...
—Con trabajar sin problemas me conformo... Lo demás ya se ha vuelto un dolor de cabeza, —aseguró con tristeza.
—Claro...
—¿Y tú? ¿Me vas a contar tu historia? —Quiso saber Louis, terminándose las galletas que Harry ni siquiera había tocado.
—No hay mucho que contar. Soy hijo único. Mis padres se maltrataban de igual a igual. Las peleas eran la constante en mi casa y yo no era la excepción. Nunca me golpearon, pero los gritos y amenazas eran pan de cada día. Aguanté lo que más pude, me había acostumbrado a esa manera de vivir. Cuando cumplí veinte, empecé a estudiar. Ahí conocí a Jeff, nos hicimos amigos la primera semana y dos meses después se me declaró. Estuvimos casi un año saliendo en citas antes de que fuéramos novios, y yo no podía más de la felicidad, ya me daba lo mismo si mis padres se mataban... Estaba tan acostumbrado a la violencia que cualquier cosa ligeramente agradable me parecía el paraíso.
—No es para menos... ¿Pero él era amable contigo?
—Según yo, lo era. Pero nunca me di cuenta de lo posesivo que se volvía a veces... Pensaba que era hasta lindo de su parte enojarse y ponerse celoso por ridiculeces...
—¿Cómo cuáles? —Preguntó Louis, mirando fijamente las marcas en el rostro de Harry y sintiendo como su corazón se apretaba.
—Si algún cajero en el supermercado me saludaba, o si alguien me daba el paso al entrar a algún lugar, incluso si un mesero me tomaba el pedido en un restaurant.
—¿Tanto así?
—Sí, pero como te digo, lo encontraba lindo... Sentía que se preocupaba por mí.
—¿Cuándo cambiaron las cosas?
—Después de esas miles de citas y que nos hiciéramos novios, estuvimos juntos casi un año antes de ir a vivir juntos. Él tenía su departamento, y yo era el más feliz porque siempre podríamos estar juntos. Lentamente me di cuenta de que ya no podía salir solo o se molestaba. Perdí muchas clases porque él no me podía acompañar, no podía hacer los trabajos en grupo... Ni siquiera podía comprarme un par de calcetines si no pasaba por él la decisión...
—¿De verdad? Harry, eso era terrible.
—Como te digo, me costó entenderlo, pero ahora que miro hacia atrás, no sé cómo aguanté tanto...
—¿Quieres seguir contándome?
—Sí... Pese a todo logré terminar de estudiar, y ya me había acostumbrado a vivir encerrado y dependiendo de Jeff. Fue imposible pensar en buscar un trabajo, él jamás lo hubiese permitido y me lo dijo un millón de veces.
—¿Y entonces?
—Un mes después de empezar a vivir juntos, me pegó por primera vez. Fue una cachetada, que se sintió como mil...
—Harry...
—Luego de eso era recurrente. Me pegaba, se disculpaba, éramos felices hasta que se enojaba y empezaba otra vez el círculo. Pronto me di cuenta y entendí que estaba repitiendo la violencia de mis padres, pero de otra manera... Me costó mucho, pero salí de ese departamento solo con lo puesto. Busqué refugio donde mis padres, y me culparon de lo que había pasado... Luego pude hablar con un compañero de universidad, y él me dio techo por un par de meses. En la universidad donde había estudiado conseguí atención psicológica por ser estudiante antiguo, y así empezó mi recuperación. Encontré trabajo en un local de comida casera, yo hacía los repartos a pie. Iba bien, a pesar de llorar todos los días en la que era mi cama. Pude arrendar una pieza pequeña y un poco lejos, pero era algo mío...
—Pero algo pasó... Estás golpeado...
Harry sonrió sin ganas. —Hace tres días me encontré a Jeff en la calle. Él iba con una chica de la mano, se veían felices, aunque ella llevaba un pañuelo en el cuello, y supe que también era una víctima... Apenas me vio se me fue encima, y me pegó, delante de la gente, le dio lo mismo hacerlo... En ese momento decidí que no podía seguir en Londres. Renuncié a mi trabajo y esperé en mi pieza a que se me desinflamara un poco la cara...
—Santo Dios, Harry... Lo siento tanto...
—Gracias... Pero estoy bien... Tengo que estar bien si quiero salir adelante, si quiero, al igual que tú, empezar de nuevo.
—Pero, ¿no tienes miedo de que te busque?
—Siempre... Pero no puedo paralizarme ni perderme más de lo que ya lo he hecho. Quizás siempre tenga miedo, pero necesito creer que la vida es más que golpes y violencia...
Harry bajó la cabeza. No quería que Louis lo viera llorar.
—También eres un chico valiente, muy valiente... Y sé que vas a salir adelante.
Se quedaron en silencio. Les hubiese gustado estar en otro lugar, porque se sentían en extremo vulnerables. Hablar tanto y desahogarse con alguien había sido agotador, necesitaban un abrazo, calor, contención.
Pero estaban solos.
Ni siquiera se tenían a ellos mismos.
Afuera el sol estaba oculto por gruesas nubes, sin querer entregar un poco de sus cálidos rayos a ese par de chicos que no sabían qué más decir en esos momentos. Solo se quedaron en silencio, mirando los paisajes que pasaban rápidos por sus ojos y sonriéndose de vez en cuando. No se habían dado cuenta de que hablaron por horas, y que sin quererlo, habían dejado un pedacito de uno en el otro.
Tampoco se dieron cuenta de cómo sus miradas habían cambiado, ni de que les gustaría seguir conociéndose, incluso, porqué no, empezar una nueva vida en compañía de la amistad del otro. Quizás así sería un poco menos difícil.
Lentamente el tren iba bajando su velocidad, hasta detenerse por completo, momento en que apareció un inspector para avisar de la parada en ese lugar y llamar a quienes descendían ahí.
—¡Es mi parada! —Gritó Harry, levantándose y dándole un pequeño abrazo a Louis.
Susurró en su oído un tímido “suerte” y se fue.
Nunca supo cómo, la flor quedó enganchada en su abrigo. Solo se dio cuenta una vez que estaba en la parada de autobús. La tomó entre sus manos y sonrió con nostalgia, una que tenía de dulce y agraz.
Louis no alcanzó a reaccionar, solo sintió que de pronto el aire en el tren se volvía pesado, y que un frío lo recorría entero, de pies a cabeza. Solo pudo ver la silueta de Harry perdiéndose en el andén. Tuvo un segundo de duda, ¿y si lo seguía?
Pero ese segundo se demoró mucho en sus piernas, incapaces de moverse, y cuando pudieron hacerlo, simplemente el tren ya había comenzado su marcha. Miró el lugar frente al él, vacío, frío, lejano. Y se dio cuenta de que había algo, un papel en el suelo. Lo recogió y lo leyó, era el boleto de Harry, que decía que se bajaba en esa estación, en Bodmin Parkway. Lo guardó en su bolsillo, como si fuera un tesoro.
Harry caminó sintiéndose mal. Estuvo a punto de devolverse, pero sabía que no era justo. Louis estaba en su propio proceso, e interponerse en ello sería egoísta de su parte. Salió de la estación y caminó a la parada de buses para poder llegar a la ciudad de Padstow, esa ciudad que esperaba fuera su lugar definitivo.
Recorrió lo que más pudo, hasta encontrar una pieza en una hostal. Pagó un mes completo, tenía una buena cantidad ahorrada que era un milagro en ese momento. Una vez que se acomodó con sus pocas pertenencias, salió a buscar un trabajo.
Preguntó en varios negocios, hasta que llegó al único hotel de la ciudad. Tenía cerca de veinticinco habitaciones, y estaban necesitando a alguien con sus estudios en gestión de industria culinaria. Harry podía diseñar un menú, gestionar personal, incluso ayudar con el tema de los gastos que se hacían en la cocina. Estaba muy bien preparado.
Ese día quedó a prueba. Tuvo que hablar con el encargado de recursos humanos, un chico de su misma edad, llamado Niall. De inmediato congeniaron, parecía que se conocían desde siempre.
Niall lo ayudó con el trabajo, explicándole el funcionamiento del hotel y presentándole a los demás. Le tuvo paciencia y no le preguntó por su rostro golpeado.
Una semana después, ya eran amigos y confidentes en muchos temas, aunque Harry aún no se sentía listo para contarle sobre Jeff. Pero un viernes cualquiera, y junto a un par de vasos de gaseosa, pudo soltarse y contarle lo mismo que le había contado a Louis.
—No puedo creerlo, Harry... ¿Cómo soportaste tanto?
—No lo sé, solo creo que te acostumbras a vivir así y que llega un momento en que te parece normal. Los días buenos siempre compensaban los malos, eran verdaderas lunas de miel...
—No puedo dimensionar cómo te sentías... Vivías con terror, ¿de verdad pensabas que él iba a cambiar?
—Lo juraba. Cada vez estaba convencido de que iba a suceder un milagro, y luego cuando volvían los golpes... Me derrumbaba un poco más profundo.
Estaban sentados en la terraza de un bonito bar, ninguno bebía alcohol, pero querían conocerse en un espacio más relajado. El lugar tenía pocas mesas, era bastante pequeño, pero tenía la mejor comida del lugar, por eso siempre estaba lleno.
—¿Y en qué momento pudiste darte cuenta de lo que estaba pasando? ¿Cuándo entendiste que no iba a parar?
—Un día, recuerdo que era jueves en la tarde, estaba intentando ocultar mis golpes con un poco de maquillaje, y cuando me vi al espejo no me reconocí. Eso me asustó, pude ver en el reflejo la historia de mi vida, la de mis padres, la de mi pasado, y sobre todo, la de mi futuro... Yo no quería eso para mí, no lo merecía...
—Y entonces pudiste salir de ahí.
—Pude arrancar. Literalmente, salí con lo puesto, que era solamente mi mochila con mi portátil, mis documentos y una sudadera. Todo lo demás quedó en ese departamento.
—¿Piensas en él?
—Mucho... Más de lo que quisiera.
—¿Lo extrañas?
—No, no lo recuerdo de esa forma. Es una manera, creo, de estar y mantenerme alerta, siempre me parece reconocerlo en alguien más... Siempre recuerdo sus golpes, el miedo que me provocaba escucharlo azotar la puerta. Así sabía que venía de mal humor... Siempre azotaba la puerta apenas entraba, y no servía de nada esconderme, hablar suave, sonreír... Llorar... Nada, nada era suficiente...
Harry estaba afligido. Recordar con tanto detalle algunas cosas le provocó mucha angustia.
—Lo siento, —dijo Niall. —No quise hacerte recordar tanto... ¿Estás bien? ¿Prefieres ir a dormir?
—Sí, la verdad es que necesito descansar un poco... Gracias por la invitación.
Se levantó, y salió del bar. Necesitaba estar solo, por lo que caminó hasta su pequeña habitación. Una vez que llegó, se quitó las zapatillas y se recostó en la cama. Estaba cansado de recordar, cansado de su vida, cansado de su realidad.
Cansado de llorar.
Y en medio de su dolor, pensó en Louis. ¿En qué ciudad estaría? ¿Habrá podido encontrar un trabajo? ¿Estaría pasando penurias? Esperaba con todo su corazón que estuviera bien, que la vida le sonriera por fin, y que en algún momento la vida uniera sus caminos una vez más.
Se durmió pensando en ese hermoso chico de ojos azules.
Al día siguiente, fue a trabajar con más ánimo. Descansar y dormir le hizo mucho bien, sentía que poco a poco iba encontrando paz. Ese día tenía que preparar un nuevo menú. El hotel quería ampliar su carta y ofrecer más opciones de comida, por lo que Harry debía, primero, hacer un estudio sobre las materias primas, el público al que iba dirigido, y la competencia. Se dedicó a eso durante quince días, hasta que logró tener los datos suficientes.
Con ellos, pudo preparar el nuevo menú, mucho más original y novedoso, sin que significara grandes aumentos en el presupuesto. Consistía más que nada, en presentar de diferentes manera, los ingredientes típicos.
Casi todos los días se juntaba con Niall para ir por un jugo o un café, o algún cóctel sin alcohol. Eso hizo que su amistad creciera enormemente, se volvieron grandes amigos.
—Tienes que entender y aceptar que eres alguien valioso, —decía Niall, durante una de sus salidas. —Mereces que te pasen cosas buenas y bonitas y poder dejar ese pasado horrible atrás.
Y para Harry era muy difícil aún poder creer que merecía algo bueno, sentía que siempre sería el culpable de lo que había pasado y su autoestima estaba en el piso. No se daba cuenta que gracias a Niall y a sus jefes, poco a poco iba sanando. Rodearse de gente que lo estimaba y empezaba a quererlo, era una curita para su corazón.
Sus noches ya no estaban llenas de Jeff. Ahora empezaba a aparecer Louis, cada vez más seguido. Sentía que lo extrañaba, que echaba de menos la complicidad y la confianza con la que compartieron esas horas en ese tren, en esa fría madrugada. Esa donde solo pensaba en escapar y ponerse a salvo, y había encontrado a un chico dispuesto a entregar un pedacito de su vida y a llevarse uno de Harry.
También pensaba en Niall. Era tan maduro, tan seguro de sus decisiones y de su vivir. Llevaba cuatro años de relación con quien era una de las recepcionistas del hotel. Estaba completamente enamorado, y ya pensaban en formar una familia. Harry lo miraba y escuchaba, y le parecía que era un hombre increíble, lo admiraba y lo quería mucho, sobre todo porque se había vuelto su soporte.
Su soporte.
Cómo le hubiese gustado que Louis formara parte de eso, de esa estabilidad, de esa tranquilidad.
No tenía cómo saber que a varios kilómetros de allí, Louis lo extrañaba también.
El chico de ojos azules había llegado a su destino en Port Isaac, y de inmediato buscó un lugar donde pasar la noche. Encontró una vieja casona donde arrendaban piezas, y le alcanzaba justo para pagar un mes y quedarse con algo para comer y u poco para alguna emergencia. La tranquilidad que sintió, no la pagaba con nada.
Acomodó las pocas cosas que tenía en su vieja mochila en la habitación, y salió a recorrer y a conocer el lugar. Tenía bonitas calles empedradas y empinadas, y mucho turismo al ser un pequeño puerto. La brisa del mar lo hacía estar un poco más nostálgico que de costumbre, y eso sin dudar lo llevaba de vuelta a ese viaje en tren que de alguna manera marcó y cambió su vida.
Le llamó la atención uno de los restaurantes, porque parecía tener mucho movimiento, y se veía limpio y ordenado. Entró.
Al primer chico que encontró le preguntó por trabajo. Lo hizo esperar, y pronto llegó un muchacho de hermosos ojos a atenderlo.
—Me dijeron que andas buscando trabajo. ¿Sabes garzonear? ¿O lavar copas? ¿Atención al público?
—Ninguna, pero aprendo rápido y necesito mucho el trabajo. Dame una oportunidad para demostrar que puedo hacerlo, por favor.
—¿Cómo te llamas?
—Louis.
—Bueno, Louis, soy Zayn y empiezas ahora mismo tu período de prueba. Sígueme. —Lo llevó a una habitación detrás de la cocina, donde había algunos casilleros. Abrió uno, y sacó un uniforme. —Puedes cambiarte aquí, y luego me alcanzas en la cocina.
—¡Gracias!
—El pago es semanal, no es muy bueno, pero las propinas son tuyas, no se comparten.
—Está perfecto. Como te dije, necesito mucho trabajar, y lo que sea que me ayude lo haré con ganas.
Zayn sonrió. Algo le provocaba Louis, le daban ganas de cuidarlo.
Así comenzó el primer día de trabajo de Louis. No tuvo ningún accidente, aunque sí era mucho más lento que los demás chicos y se notaba. Sin embargo, no se iba a preocupar de eso, sabía que era cosa de tiempo el que tomara más confianza con los clientes.
Trabajaban, además de él y Zayn, que era el encargado, Liam. Él era novio de Zayn, y estaba en la caja, y los chicos que garzoneaban eran cinco o seis, dependiendo del día y de la temporada.
Al llegar esa noche a dormir a su pieza, Louis pudo agradecer a la vida por darle la oportunidad de encontrar donde dormir y donde trabajar. Empezaba su nueva vida, en un lugar distinto, rodeado de personas diferentes. Solo le faltaba saber de Harry para ser por completo feliz.
Ese primer mes pasó muy rápido. Louis se había afianzado mucho más en el restaurant. Ya se manejaba con propiedad, y era mucho más rápido. Era en exceso amable, lo que le hacía ganar buenas propinas. Y eso lo alegraba mucho, porque pudo ir pagando sin problemas los siguientes meses de su pieza, lo que le daba una tranquilidad infinita.
Intentaba trabajar de lunes a domingo, y no le costaba mucho, no tenía más que hacer, hasta que pensó que quizás podría estudiar. Se demoraría menos de una hora en llegar a la universidad más cercana que estaba en Plymouth, y tal vez había una carrera en la que pudiera ser bueno. Tenía que evaluarlo y organizarse, pero tenía tiempo. Faltaban algunos meses para que empezara el nuevo año académico.
Algunos días pidió permiso para tener libre una tarde o una mañana, o un par de horas. Eran momentos cuando sentía que extrañaba demasiado a Harry, y entonces volvía a esa estación de trenes, solo para quedarse de pie en el andén, esperando verlo. Otras veces caminó desde ahí hasta la parada de buses, y fue a algunos pueblos y ciudades cercanas, tal vez tres o cuatro.
Entraba a los cafés, a los restaurants, a los negocios locales donde pensaba, podría estar Harry; y sin embargo, no lo encontró.
Muchas veces su decepción era mayúscula, e incluso pensaba que tal vez todo había sido un mal juego de su imaginación y que Harry nunca existió. Era cuando tomaba entre sus manos ese boleto de tren que recogió ese día, que ya se sabía de memoria y que intentaba mantener lo más estirado posible, no quería arrugarlo ni estropearlo. Era su conexión con Harry.
Harry, que a su vez, tenía guardada la flor en un libro. Estaba seca ya, pero era suya y lo sería siempre. Le gustaba mirarla por largos minutos, mientras recordaba cada palabra de esa extraña y hermosa conversación en el tren, ese amanecer. ¿Sería la vida tan generosa, como para poder llevarlo a Louis, aunque fuera una vez más? Necesitaba saber que había podido salir adelante, que estaba bien, que quizás había conocido a alguien que lo hiciera feliz. Aunque no fuera él.
El hotel donde trabajaban Niall y Harry, al ser el único de la ciudad, y por lo demás, ser realmente hermoso, se arrendaba para distintos eventos. Incluso llegaba gente de otras ciudades a rentarlo, debido a la maravillosa arquitectura que tenía. Sus pilares, las terminaciones, los pisos brillantes, y las lámparas colgantes de los salones. Cuando eso sucedía, Niall llamaba a un gran amigo que tenía en la ciudad vecina, y que trabajaba en un restaurant, para que apoyara con el servicio. La paga era buena, y además podían quedarse en el hotel hasta la hora del desayuno.
Ese mes de abril, una pareja arrendó dos de los salones del hotel para celebrar su matrimonio.
Niall llamó a su amigo de inmediato.
—¡Hey! ¿Cómo va todo?
—¡Amigo! Todo bien, ya sabes, mucho trabajo afortunadamente. ¿Cómo está Sallie?
—Bien, creo que le voy a pedir matrimonio pronto...—Contó Niall, sonriendo.
—¿De verdad? ¡Me alegro mucho! Pero no llamaste para contarme eso ¿o sí?
—No, hay un matrimonio la próxima semana y quería saber si tienes algunos chicos que puedan y quieran venir a garzonear por algunas horas.
—Claro que sí. Mándame los datos por mensaje, y nos vemos en una semana. Hace tiempo no nos vemos, y ahora podremos juntarnos a tomar un café. Nos vemos amigo, cuídate mucho.
—Cuídate también, te quiero...
Los dos quedaron con esa sensación rica, de querer que el tiempo pasara rápido para verse pronto.
La semana pasó rápido, encontrando a Harry ya mucho mejor. Le hacía mucho bien estar en un lugar seguro, con personas que solo le ofrecían contención y preocupación.
—¿A qué hora está programada la ceremonia? —Preguntó el día viernes, Harry.
—A las cinco. A esa hora debería ser el matrimonio civil, y luego harán una recepción que debería durar hasta las nueve o diez máximo, aunque arrendaron el lugar hasta la medianoche.
—Pensé que era hasta más tarde.
—Por lo general sí, pero como empieza temprano y todos los invitados vienen en auto, prefirieron dejar la noche despejada.
—Tiene sentido. ¿Y los chicos que van a ayudar?
—Llegarán a las cuatro.
—Y entre ellos viene tu mejor amigo, ¿verdad?
—Sí... Lo extraño mucho, me gustaría que nos viéramos más seguido, pero los dos estamos ocupados.
—¿Y los demás chicos? ¿Los conoces?
—Por lo general no. Hay muchos que llegan al restaurant buscando algo rápido para trabajar, y luego se establecen o se van a otras ciudades. Suelen rotar bastante.
—Claro, se entiende...
—¿Estás bien?
—Sí, es solo que pensaba en eso de buscar donde establecerme. Me encanta esta pequeña ciudad, pero no sé si es para quedarme para siempre.
—Quizás no para siempre, pero tal vez para algunos años. Es un lugar tranquilo, con hartos turistas, tienes un buen trabajo, estás seguro. De a poco vas formando una red de apoyo que te cuida, y que se preocupa por ti.
—Es verdad, creo que aún me cuesta un poco entender y darme cuenta de que estoy a salvo y que no necesito escapar.
—Date tiempo, lo bueno recién está empezando para ti, mi querido Harry.
Harry sonrió, y comenzó con los preparativos para el matrimonio. Le habían pedido un menú especial, y aunque ya estaba casi todo listo, necesitaba verificar que las cosas estuvieran andando como correspondía.
Al día siguiente, ya estaba todo listo para el matrimonio. Los dos salones arrendados estaban realmente hermosos. En uno, el más pequeño, pusieron una bonita mesa para los novios y el oficial de registro, y detrás, las sillas para los cincuenta invitados. Una vez que la ceremonia terminara, pasarían al salón más grande, que estaba decorado con bellas flores frescas, y una iluminación suave. Las mesas con elegantes manteles, altas copas y cubiertos de plata, centros de mesa sencillamente decorados. En medio, una preciosa y deliciosa torta esperaba por los comensales. Al final del salón, un espacio despejado para bailar.
A las cuatro de la tarde, llegaba un minibús con los chicos que llegaban a ayudar con el servicio. El primero en bajar fue el amigo de Niall, con quien se abrazó con fuerza.
—¡Estás igual! —Dijo Niall. —¿Hace cuánto no nos veíamos?
—¿Seis meses? Nunca me había enfermado tanto como en este tiempo, pero ahora por fin pude venir.
—Pero sigan, llevemos a estos chicos a su salón para que descansen del viaje y puedan tomar algo para el calor.
Eran ocho ayudantes, que se sumaban a los seis que pudieron conseguir en la ciudad.
Les habían preparado uno de los salones pequeños, donde podían cambiarse de ropa, y esperar que empezara el matrimonio, mientras descansaban y tenían a su disposición agua, jugos, bebidas y algunas galletas y sándwiches.
Zayn los dejó instalados, pero antes de irse a conversar con Niall, se detuvo en la puerta.
—Espera, te quiero presentar a alguien.
—¿A quién?
—Mira Niall, él es Louis, —explicó. —Llegó hace poco al restaurant, pero ya somos buenos amigos.
—Mucho gusto Louis, espero que también podamos ser amigos.
—El gusto es mío, y espero lo mismo, —dijo con una sonrisa que tenía un dejo de tristeza.
Louis se sentó en una de las sillas, y mientras tomaba un jugo de durazno, se puso a pensar. En su piel, el recuerdo de Harry le quemaba. Se odiaba por no haberlo detenido, por no haberlo seguido, por no haberle pedido una dirección, un número de teléfono, algo que le diera una pista. Había quedado casi en estado de shock en ese momento.
Y eso lo hacía estar triste.
Decidió ir a dar un pequeño paseo antes de que fuera tiempo de trabajar. Iba caminando por fuera del hotel, cuando su corazón comenzó a palpitar con furia. Junto a Zayn, estaba Niall conversando muy efusivamente con un chico que se parecía mucho a Harry. Todo le recordaba a su chico de ojos verdes. Pronto Niall abrazó con gran cariño a quien, Louis pensó, era su novio, con demasiada confianza, y el corazón de Louis se trizó cuando el chico se dio la vuelta y era Harry, claro que era Harry.
Su inconfundible y buscado Harry.
Por un lado pensó en que era maravilloso que Harry hubiese seguido adelante y encontrado a alguien que lo quisiera bien. Pero por el otro, sintió que la tierra se abría bajo sus pies. Él quería ser ese alguien en la vida de Harry que lo hiciera sonreír, aunque fuera acelerado pensar así, él lo quería.
Durante meses había imaginado ese momento. Lo había imaginado en la estación vacía, en una cafetería desconocida, en noches largas cuando no podía dormir. Había pensado que si lo volvía a ver correría hacia él. Sonreiría y le contaría todo lo que le había pasado desde esa mañana en el tren. Nunca imaginó verlo feliz con otra persona, y eso le dolió más de lo que estaba dispuesto a admitir. Porque de pronto comprendió que el mundo no se había detenido para Harry... Ni para él. El tiempo seguía avanzando y la vida seguía ocurriendo. Y quizás él era el único que seguía atrapado en aquel vagón de tren, en aquella despedida en la que no se atrevió a decir ”quédate un poco más”.
Se quedó mirando la imagen frente a sus ojos, y prefirió dar la vuelta y volver al salón. Quizás, se consolaba, podría conversar con Harry más tarde, preguntarle cómo conoció a su nuevo amor, si lo trataba bien, si podrían ser amigos a la distancia.
La hora del matrimonio llegó, y los chicos comenzaron con el servicio. Sirvieron diferentes bebidas y licores, también las ensaladas, los platos principales y los postres. Luego el pastel. Y siguieron atendiendo a los invitados hasta las diez de la noche, hora en que comenzaron a retirarse del hotel, después de bailar por horas.
Ayudaron a lavar y ordenar, trabajo que los tuvo hasta la medianoche organizando todo.
A esa hora, Louis pudo conversar con Zayn.
—Quería hacerte una pregunta... —Dijo con algo de vergüenza.
—¿Pasa algo malo? —Preguntó preocupado.
—No, no es eso... en la tarde te vi junto a Niall, afuera del hotel... Pero él estaba abrazando a un chico... ¿Sabes hace cuanto están juntos?
—¿Niall? ¿Con Harry? Estás mal. Niall tiene novia, y tenía abrazado así a Harry porque le ha tomado mucho cariño. ¿Conoces a Harry?
—Sí, —contestó aliviado. —¿Crees que pueda verlo ahora o en la mañana?
—Puedo preguntarle a Niall, espérame aquí. Ojalá y siga en el hotel.
Louis vio salir corriendo a Zayn, y una pequeña esperanza apareció en su pecho. Quizás y solo quizás, Harry no lo había olvidado.
Diez minutos se demoró en volver.
—Ya... Fue un poco difícil por la hora, pero Harry va a llegar en cinco minutos. Vive aquí al lado. Creo que lo mejor es que lo esperes aquí, porque afuera está lloviendo. Ah, y recuerda que mañana la hora de irnos es a las diez, no te desveles... ¿Puedo preguntar de donde conoces a Harry?
—¿Te acuerdas que te conté que conocí a un chico en el tren?
—¿Es él? No puedo creerlo... ¡Es una gran coincidencia!
—Lo sé... Estoy muy nervioso...
—No es para menos, pero intenta calmarte. Estoy seguro de que no te ha olvidado.
—Ojalá... —Suspiró.
—Te dejo, voy a organizar a los demás chicos. Tu habitación es la número 20.
—Gracias Zayn, te debo una.
—Con que todo resulte bien, me doy por pagado.
Pronto Louis quedó solo, sintiendo su cuerpo tenso, y sus pensamientos alborotados. No quería hacerse expectativas, pero era muy difícil. Había pensado tanto y tantas veces qué le diría a Harry si volviera a verlo, que en el momento en que estaba pasando, había olvidado hasta su nombre.
Estaba de pie, mirando la ventana. Había ensayado conversaciones enteras para cuando se volvieran a ver. En algunas le contaba que había guardado el boleto del tren; en otras le confesaba que había vuelto una y otra vez a la estación donde se separaron. A veces, incluso, imaginó que Harry se reía de él por ser tan sentimental.
Pero ahora que estaba a punto de verlo de verdad, ninguna de esas palabras parecía suficiente. Porque durante meses había extrañado un recuerdo y en unos cuantos minutos tendría frente a él, una realidad.
Fue cuando sintió la puerta abrirse.
—¿Hola? Me dijeron que me estabas buscando...
Louis se dio la vuelta despacio.
Por un instante ninguno se movió, porque llevaban tiempo existiendo solo en los recuerdos del otro. Y ahora estaban allí, frente a frente, de carne y hueso, reales, con la misma mirada limpia, honesta e ilusionada que habían compartido esa madrugada en el tren.
Ninguno pudo evitar sonreír.
—¿Qué haces aquí? —Dijo Harry, acercándose hasta abrazarlo con fuerza.
—Yo... Vine a ayudar en el matrimonio, trabajo con Zayn...
—¡No puede ser! Louis... Pensé que jamás volvería a verte. ¿Quieres un café?
—Sí, por favor.
Harry sacó su teléfono y envió un mensaje.
—En cinco minutos lo traen. Pero cuéntame, que ha sido de tu vida este tiempo. Sentémonos.
Louis estaba casi paralizado, le costaba mucho coordinar sus movimientos y sus pensamientos.
—La verdad es que no ha pasado mucho... Ese día, mi pasaje era hasta Port Isaac, era lo más lejos que podía pagar en ese momento. Apenas llegué busqué un trabajo donde me pagaran por el día o por la semana y tuve suerte, encontré en el primer restaurant. Ahí conocí a Zayn, y nos hicimos amigos casi de inmediato. Nos llevamos muy bien, él se ha transformado en el hermano que no tuve...
Louis se interrumpió con el ruido de la puerta, alguien tocaba y Harry fue a abrir. Volvió con un café para cada uno y galletas.
—Zayn es un gran chico, me pude dar cuenta en ese pequeño tiempo que lo vi con Niall.
—Lo es... ¿Y tú? ¿Cómo llegaste aquí?
—También tuve suerte. Después de que me bajé del tren, tomé un autobús hasta acá. Tenía ahorros, pude pagarme una pieza en una hostal aquí muy cerca. Vine a este hotel a preguntar por trabajo y resulta que estaban necesitando a alguien con mis estudios... Conocí a Niall en ese momento y él ha sido un verdadero tesoro en mi vida...
—Has estado bien, entonces.
—Sí...
Ninguno quiso arriesgarse a decir en voz alta que se habían extrañado, ni que se habían pensado de manera casi obsesiva.
El sonido de la lluvia cayendo en el techo, acompañaba la pequeña conversación como si fuera un espectador.
Harry tamborileaba distraídamente sus dedos sobre la taza de café ya vacía. —Es curioso, —dijo de repente, sus ojos brillando con intensidad, —como las personas se encuentran en los momentos menos pensados, como si el destino tuviera un plan secreto para todos nosotros...
Louis lo observó con una mezcla de interés y cautela. —¿Crees en el destino, entonces? ¿Que está todo escrito?
Harry sonrió con un poco de melancolía. —No lo sé... Pero creo que ciertas cosas, o ciertas personas llegan cuando más lo necesitas, aunque no lo sepas...
Louis miró por la ventana, dejó pasar un minuto completo en silencio. —Es un bonito pensamiento, —reflexionó suavemente, —aunque aterrador saber que no tenemos el control.
—¿Y si lo único que importa no es si tenemos el control, sino lo que hacemos cuando ocurre?
—Quizás nunca lo sabremos, —contestó Louis, sonriendo.
Un silencio cómodo se sentó con ellos, hasta que Harry notó un poco extraño a Louis.
—¿Estás bien? —Preguntó Harry.
—Me siento un poco ahogado, y yo, Harry, ni siquiera te pregunté si estabas ocupado...
—Estaba leyendo, aunque sí me había acostado, —confesó riendo. —Pero no podía quedarme con las ganas de saber quién podría buscarme a esta hora.
—Lo siento... Quizás es mejor que hablemos otro día...
—Hey... ¿Quieres salir de aquí? ¿Vamos a caminar?
—¿A esta hora?
—Son garantías de vivir en una ciudad como esta.
—Vamos.
Salieron del hotel hacia las calles húmedas y solitarias. El silencio era completo a esa hora, pero la vista de la luna entre las nubes cargadas de agua, no tenía precio.
—¿Te sientes mejor? —Preguntó Harry.
—Sí, me gusta el aire fresco, aunque haga frío... Entonces, ¿puedo hacerte una pregunta un poco tonta tal vez?
—Estoy seguro de que no tiene nada de tonta, y puedes preguntarme lo que quieras.
—Si tuvieras que escribir una canción sobre esta noche, ¿cómo la empezarías?
Harry sonrió. —Seguramente diría algo así como “bajo la tormenta, un extraño se volvió conocido...”
Louis asintió. —¿Y cómo terminaría?
Harry lo miró de reojo, con una chispa de picardía en sus ojos. —Eso depende de nosotros, ¿no crees?
—¿Sientes que esto es real? ¿Esta conexión, este momento...?
Harry se detuvo y lo miró directamente a los ojos, de manera tranquila, pero intensa. —Lo sé, sé que es real, que es verdadero... Que el destino nos trajo de vuelta por algo...
—¿De verdad lo sientes? Yo necesito que me lo digas, que esto que siento es mutuo... Harry, yo no he dejado de pensarte desde ese día en el tren.
—Tampoco yo... No sabía dónde buscarte, se había vuelto un imposible para mí, y ya ves... La vida, el destino, Dios o la madre naturaleza te trajeron hacia mí otra vez...
Harry se había sonrojado al decir esas palabras, y eso provocó un corto circuito en Louis.
—Gracias por decirlo, a ratos sentía que me ahogaba, que se me atoraban las palabras.
—Lo sé... Es, tan extraño tenerte frente a mí... No sé muy bien qué decir ni cómo actuar.
—Me pasa lo mismo, —confirmó Louis. —Muchas veces imaginé esta escena en mi mente, pero todo era tan diferente...
—¿Me quieres contar?
—No... No todavía...
Y Harry sonrió una vez más. No necesitaba saber, ya lo hacía, porque esa imagen él también la tenía en su cabeza.
Siguieron caminando a un paso lento, conversando de mil y una cosas más, recordando sus pasados, confesando sus miedos, contándole al otro de sus sueños y anhelos.
Cuando el reloj marcaba las tres y media de la madrugada, dieron por terminado su paseo.
—Se me pasó la hora volando, —dijo Harry. —Te voy a dejar a tu habitación.
—Gracias...
Llegaron afuera de la pieza número veinte.
—Espero verte mañana antes de que te vayas... —Dijo Harry.
—¿Podemos desayunar juntos? Ahora puedo invitarte un café...
—Me encantaría, pero a esa hora estoy trabajando... Creo que nos toca despedirnos aquí.
Y esas palabras dolieron, no era lo que querían. Necesitaban más tiempo, más cercanía, más compartir, más conexión.
Como si lo necesitaran.
—Entiendo... Entonces, Harry, cuídate mucho...
—Espera, —interrumpió. —Dame tu número y tu dirección, no creas que te me vas a escapar.
Louis rio con ganas, feliz. —Anota...
—Estoy seguro de que nos podremos ver pronto, quizás dejar ese desayuno para un par de semanas...
—Me encantaría... Cuídate, ¿sí? No sabes lo feliz que estoy de haberte vuelto a ver...
—Cuídate también...
Se abrazaron con fuerza, con intensidad, con ganas de no querer soltarse, con ganas de quedarse para siempre ahí, con ganas de seguir sintiendo el calor del otro.
Pero en ese momento no se podía, quizás existiría un tal vez para ellos.
Harry se separó primero, dejando su corazón en ese abrazo, y sin más palabras, se perdió por el pasillo.
Louis lo miró caminar, y una vez más sintió lo que en el tren. ¿Debería detenerlo? ¿Para qué? ¿Para apoyarlo suavemente en la pared y besarlo como lo soñaba? ¿Para pedirle que se quedara esas horas antes del amanecer? ¿Para gritarle que lo quería suyo? ¿Para confesarle que le hacía falta y que su corazón simplemente se largó hacia su pecho?
Y una vez más se paralizó. Entró a la habitación que compartía con dos de los otros chicos, y se tiró en su cama, vestido. Apenas se tapó y simplemente se durmió pensando en Harry.
Y Harry, también había dudado. Cuando salió del hotel, y sintió el viento frío en su rostro y la humedad en la calle, supo que debería haberse atrevido a más. Y al mismo tiempo, sentía que no hubiese sido buena idea. Le pareció que Louis estaba demasiado vulnerable, como si encontrarse hubiera sido demasiado para él. Le pareció más frágil, y tal vez debió haberlo acogido con más ternura. Pero es que todo pasó muy rápido, y todavía estaba procesando esas últimas horas.
Llegó a su pieza y sin cambiarse la ropa, solo sacándose las zapatillas, se acostó. Pero no pudo conciliar el sueño hasta pasadas las cinco de la mañana, y tenía que estar a las ocho en el hotel. Tenía turno de domingo. Y nunca lo había odiado tanto.
La alarma sonó demasiado pronto, y la cabeza de Harry dolía y le martillaba. Se levantó, se desnudó y se bañó. Se puso ropa limpia, y se preparó un café. Tomó un par de analgésicos, aunque estaba consciente que su dolor era por la falta de sueño. Se miró al espejo como nunca, quería verse bonito por si se encontraba sin querer a Louis durante la mañana.
Caminó hacia el hotel, y comenzó su trabajo. Se encontró con Niall, a eso de las nueve.
—¿Por qué tan arreglado?
—A que no sabes... ¿Recuerdas a Louis?
—¿El chico del tren?
—Sí... Es amigo de Zayn, vino a trabajar y nos vimos anoche...
—¿De verdad? ¿Él es, Louis? Zayn me lo presentó ayer... ¡Qué emoción! ¿Y qué hiciste? ¿Te lanzaste encima y lo besaste?
—Ganas no me faltaron, pero no... Estuvimos conversando, salimos a caminar... Y yo no sé... Siento que otra vez lo estoy perdiendo...
Niall lo miró con un dejo de incomprensión. —Pero ahora sabes donde vive, tienes cómo ubicarlo, no va a ser lo mismo.
—Lo sé, pero al mismo tiempo es algo más grande que yo. No quiero que se vaya.
—Y se van ahora a las diez. Podrían haber desayunado juntos.
—Él me lo preguntó, pero yo estoy en horario laboral...
—Arráncate a eso de las nueve y media, yo te cubro. Quizás solo necesitan una última conversación, pero no te quedes con las ganas de hacer algo y luego te arrepientas. Recuerda que siempre es mejor hacerlo que no hacerlo, aunque salga mal, y en este caso, todo va a salir bien.
Harry sonrió y abrazó a Niall con todo su corazón.
A eso de las nueve y media, tuvo tan mala suerte, que su jefe se quedó conversando con él en el pasillo, de cosas sin sentido y para nada importantes. Harry intentaba sonreír y mirar disimuladamente la hora, y se estaba desesperando. Un par de minutos antes de las diez, pudo salir corriendo hasta afuera del hotel, donde los chicos ya estaban instalados en el minibús, listos para irse. Había empezado a andar el vehículo, cuando se escuchó el grito de Harry.
—¡Momento!
El chofer se detuvo, y Harry logró llegar a la puerta.
—Harry, ¿pasó algo? —Preguntó Zayn.
—Sí, necesito a Louis un minuto, te juro que no me demoro.
—Claro.
Louis no entendía qué pasaba, solo sabía que había amado la reacción de Harry al detener la van para conversar con él. Se bajó rápidamente y lo miro perplejo.
—Harry...
Y no hubo más palabras.
Solo un beso.
Y una promesa.
Harry terminó esa tímida caricia y le sonrió a Louis, que solo pudo devolverse a su lugar en el minibús, sin poder creer lo que había pasado.
Dos semanas después, Louis estaba en el bar del restaurant. Ese lugar era el que había decidido junto a Harry para encontrarse. Llevaban esas dos semanas enviándose mensajes cortos, no muy profundos, solo el contarse sobre sus días, lo que hacían en sus trabajos. Nada sobre el beso, nada sobre sus sentimientos, nada de admitir que se seguían extrañando.
¿Por qué?
Ninguno lo sabía bien. Quizás solo era miedo, quizás era un poco de inseguridad, de no terminar de entender dónde estaban. Porque, ¿qué había significado ese beso realmente?
¿Era una verdadera promesa? ¿O había sido un acto desesperado de Harry por no repetir la historia? ¿Podía ese beso, tal vez, encerrar un amor oculto pero que empezaba a latir con fuerza en sus pechos?
Los dos sentían que su historia era única, diferente y especial. Los latidos de sus corazones hablaban de que en esas dos semanas, todas esas ilusiones de las que se alimentaron antes de reencontrarse, se habían convertido en amor. ¿No era muy apresurado? No para ellos que sabían y estaban seguros de haber entregado la parte más importante de sus vidas a ese extraño, convirtiéndolo en la persona que necesitaban y querían en sus vidas.
No tenían nada más real que al otro.
Y era suficiente.
Louis, sentado en la barra, tomaba un jugo de naranjas recién exprimido. El antiguo reloj marcaba diez minutos para las nueve de la noche, y el lugar estaba con bastante gente para ser miércoles. Había reservado una habitación para pasar la noche, hasta el mediodía del jueves.
Estaba nervioso, le sudaban las manos y apenas había probado su jugo. Tenía tantas ganas de ver a Harry y poder hablar mirándolo a los ojos, que casi no podía calmar los latidos de su corazón.
A las nueve en punto apareció Harry, casi corriendo. Apenas vio a Louis de espaldas, no pudo evitar sonreír. Se acercó despacio, hasta llegar a su lado.
—¿Me das un jugo de frambuesas, por favor? —Pidió al barman, con esa voz grave y pausada, derritiendo los oídos de Louis.
—Llegaste... —Fue lo único que pudo decir.
—¿No me vas a abrazar? —Preguntó Harry, con una gran sonrisa.
Louis se puso de pie y se dieron un abrazo largo y apretado. Estaban tan juntos que sentían las palpitaciones en el pecho del otro.
—Te he extrañado mucho, —confesó Louis. Ya no quería seguir ocultando lo que pasaba en su interior, y prefería enfrentarse a una negativa que volver a perder la oportunidad de decir aquello que lo tenía preso en su mente.
—Te aseguro que no más que yo... —Susurró Harry, en su oído.
Se separaron despacio, con calma, como si tuvieran todo el tiempo del mundo, uno donde solo existían ellos dos.
Se sentaron, en silencio. No sabían como seguir esa conversación, porque se sentía como si hubiesen dicho todo.
—¿Te quedas hasta mañana?
—Sí, hasta mediodía... ¿Cómo has estado?
—Bien, ya sabes, lo de siempre. Es un trabajo muy relajado, y lo agradezco. Solo temas de logística y en un lugar como este es algo muy fácil. Hay un excelente equipo de trabajo, y un ambiente muy bueno... ¿Qué tal el restaurant?
—Con mucho movimiento esta semana. Dos de los chicos se fueron a otras ciudades, y nos dejaron atareados. Pero por otro lado he ganado más propinas... Prefiero que haya más trabajo, así no pienso tanto...
—¿Y en qué piensas tanto?
—En ti... Y ya no soporto más esto...
Harry lo miró profundamente, buscando algo en esos ojos azules que brillaban de miedo.
—Te entiendo... Pero ¿sabes? Siento que estamos atrapados en un lugar indefinido, que estamos siempre conteniéndonos y que hemos creado una especie de barrera entre nosotros. Y no tiene sentido...
—Lo sé, tienes razón, pero no sé cómo se hace esto. Me duele pensar que todo podría haber sido diferente si esa mañana me hubiese atrevido a pedirte algo, lo que fuera que nos hiciera estar más cerca, sin perder todo este tiempo donde siento que aún eres irreal. Leo tus mensajes y no encuentro al Harry del tren... Y no sé por qué... y luego te tengo aquí y siento que todo ha valido la pena, pero al mismo tiempo no logro acercarme. Solo puedo imaginarme cosas, momentos, conversaciones... Y no quiero que siga siendo así.
—Lo has dicho muy bien, es lo mismo que me pasa... Creo que la única manera de hacer esto real, es siendo sinceros, dejar los miedos atrás. Estoy apunto de jurar que sentimos lo mismo... ¿Vayamos a caminar? Hay una noche cálida hoy.
—Vamos...
Pagaron sus jugos, que quedaron a medio tomar en la barra.
Salieron del hotel, caminando sin rumbo.
—Entonces, me dices que tienes conversaciones y momentos en tu cabeza, que imaginas muchas cosas, ¿quieres contármelas? —Preguntó Harry, mirando las estrellas que parecían brillar más que otras noches.
—En mi imaginación hablamos y nos reímos, estamos relajados, nos tomamos de las manos, te beso despacio... Te cuento de lo importante que te has vuelto, de que ya no soporto tanta distancia... Imagino cómo sería un futuro juntos, uno donde no tenemos secretos, donde podemos contarnos cada uno de nuestros sueños, cada miedo...
—¿Has pensado en cómo sería vivir juntos? ¿Cómo sería tenernos la mayor cantidad de tiempo? ¿Cómo sería hacer realidad nuestras fantasías? En mis sueños tenemos una pequeña casita, cerca del puerto... Todas las noches tomamos un té antes de dormir, y desayunamos pan fresco que compramos en el negocio de la esquina... Durante el día nos extrañamos como locos, y estamos enamorados de la boca del otro...
Louis detuvo la marcha. Sus ojos estaban nublados de lágrimas.
—¿Es verdad? ¿Por qué es lo mismo que yo he sentido?
—Porque es lo que los dos queremos. Sin palabras hemos creado una vida juntos, una que parece fácil, una que es nuestro lugar seguro. Sé que cualquiera pensaría que estamos locos, y que es imposible haber creado un vínculo como el nuestro después de solo una conversación al azar en un tren, de madrugada... Pero existe, lo tenemos... Te llevaste un pedacito de mi y yo me llevé uno tuyo, y estoy seguro que ellos crecieron dentro de nosotros...
—¿Puedo? —Preguntó Louis, con temor, con algunas lágrimas cayendo por sus mejillas.
—Siempre puedes... Siempre... —contestó Harry, en un suave murmullo.
Y Louis se acercó, hasta abrazar la cintura de Harry.
Simplemente lo besó, y ese beso tenía el sabor de la realidad. Ya no era una promesa, era una verdad que empezaba a escribirse con el ímpetu de ellos, buscándose en el otro, en medio de besos, de caricias y de susurros que hacían perfecta la noche.
Al terminar el beso, sus miradas habían cambiado. De pasar de la nostalgia y la duda, ahora brillaban de tanta luz, eran reposadas y tranquilas.
—¿Y ahora? Sigo sin entender bien que significa esto, y no quiero que la duda opaque lo nuestro, nunca más... —Preguntó Louis, tomando las manos de Harry.
—¿Podemos intentar una relación a distancia? ¿Funcionaría?
—No sé si funcionaría, solo sé que no la quiero...
—¿Entonces? ¿Puedes o quieres cambiar de lugar? ¿Puedes venir a trabajar acá?
—¿Puedes tú cambiar de lugar?
—Creo que es un tema en el que nunca nos pondremos de acuerdo, porque hemos creado vínculos importantes en nuestros trabajos y dejarlos es injusto, —afirmó Harry.
—Así es... ¿Y si nos movemos los dos? Hay una pequeña ciudad, la debes conocer, Widebridget. Nos queda casi a la misma distancia y podríamos vivir allí sin tener que dejar nuestros trabajos.
—¿Lo harías? ¿Crees que resulte?
—¿Por qué no? Sería un nuevo empezar, pero ahora juntos, como debió serlo desde el principio...
Harry sonrió. —Hacerlo es algo que me provoca mucha ilusión... Que empecemos juntos una vida desde cero.
—Quiero estudiar, —confesó Louis. —Y eso es menos tiempo para nosotros, hacerlo a la distancia no tendría sentido.
—¿Quieres estudiar? ¡Eso es increíble! Lo haremos, podemos hacerlo, queremos hacerlo...
—¿Vamos mañana en la mañana a ver el lugar? Tenemos que saber si podemos arrendar algún lugar, si nos gusta el ambiente y todos esos detalles.
—Me encanta la idea. ¿A qué hora nos juntamos?
Louis sonrió con sus ojos brillando. —Pensaba que podía quedarme contigo...
Harry quedó sin palabras, solo sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. —Me va a encantar ver el amanecer junto a ti... Así como esa vez en que nos conocimos, donde tuvimos una despedida dolorosa, cambiarla por un nueva oportunidad...









