Prolo
La tarde transcurría con una tranquilidad absoluta en la guarida de los Tipos Malos.
Lobo estaba acostado en el sofá cambiando los canales de la televisión una y otra vez.
—No hay nada interesante... —dijo con un bostezo.
Tiburón estaba recostado en un sillón.
—Creo que nunca me había aburrido tanto.
Piraña daba vueltas sobre la mesa sin saber qué hacer.
—¡Necesito acción!
Serpiente simplemente suspiró.
—Hasta yo me estoy quedando dormido.
Tarántula seguía frente a su computadora, pero ni siquiera encontraba algo entretenido.
Diane observó al grupo.
—Jamás pensé que los vería tan aburridos.
En ese momento la programación de la televisión se interrumpió.
Apareció un elegante pingüino vestido con un traje de color azul oscuro.
Sonrió mirando directamente a la cámara.
—¿Está aburrido?
—¿Siente que necesita un trabajo emocionante?
—Entonces tengo la oportunidad perfecta para usted.
Detrás del pingüino apareció un enorme palacio iluminado.
—Su Majestad, el Rey Ruthel II, está buscando nuevo personal de seguridad para el turno nocturno.
Las cámaras mostraban enormes pasillos, jardines, salones y puertas gigantescas.
El pingüino continuó.
—Durante las últimas semanas varios vándalos han intentado entrar al palacio.
Por esa razón necesitamos guardias responsables que protejan el lugar durante toda la noche.
Si está interesado...
Llámenos al siguiente número.
El número apareció unos segundos en la pantalla.
—¡Rápido! —gritó Tarántula.
Sacó su teléfono y anotó el número antes de que desapareciera.
Sin perder tiempo llamó inmediatamente.
Después de unos segundos...
El pingüino respondió.
—Buenas tardes.
Tarántula sonrió.
—Llamamos por el anuncio del trabajo.
—Excelente.
Los estaremos esperando de inmediato en el palacio.
La llamada terminó.
Durante unos segundos todos permanecieron en silencio.
Luego Piraña sonrió.
—¡Tenemos trabajo!
Lobo se levantó del sofá.
—Pues será mejor causar una buena impresión.
Pocos minutos después, los seis ya estaban listos.
Todos vestían uniformes negros de guardias de seguridad.
Cada uno llevaba una linterna, una radio y el equipo necesario para patrullar.
Diane sonrió al verlos.
—La verdad... se ven bastante profesionales.
Tiburón acomodó su gorra.
—Espero que el trabajo sea tranquilo.
Piraña comenzó a reír.
—Con nuestra suerte, seguro no lo será.
Todos subieron a la camioneta.
Lobo encendió el motor.
El vehículo abandonó la guarida y recorrió la carretera durante varios minutos.
Finalmente, un enorme castillo apareció en el horizonte.
Altas murallas.
Torres iluminadas.
Y una gigantesca puerta principal protegida por estatuas.
Frente a la entrada los esperaba el mismo pingüino del anuncio.
Mientras la camioneta se detenía lentamente frente al palacio...
Una nueva aventura estaba a punto de comenzar.
Bloody Nights with Froggy: Los Tipos Malos
Prólogo: El nuevo trabajo








