Prólogo
Ha pasado más de un año de que aquello se nos escapó de las manos.
Y de nuevo estoy aquí con mi cabeza dando vueltas sin saber que hacer cuando se trata de ti.
Lo he hablado un par de veces con amigos, de como para ti todo fue volátil y para mí... Mejor ni pensar en ello, me pesa cada vez que lo admito en mi cabeza.
Me fui de aquí un año en busca de borrar lo sucedido porque me martillaba la cabeza sin parar. Todos siguieron reuniéndose y el mundo siguió girando sin importarle lo mucho que yo seguía parada en el pasado.
Tu voz. Tu sonrisa. Tus labios. Todavía era capaz de recordarlos con demasiada claridad.
Nuestras mentes insistían en negar aquello que nuestros cuerpos entendían demasiado bien.
Y ahora el calendario me recordaba todo con extrema claridad, viajé hasta aquí por nuestro campamento anual, aquel que hacíamos desde que éramos unos jovencitos, donde la vida no iba tan en serio.
El mismo bosque. Las mismas personas. La misma tradición que llevábamos repitiendo desde hacía años.
Solo que esta vez tú llegarías tomada de la mano de alguien más.
Si hubiera sabido que aquel sería el último verano en el que todo parecía normal, quizá habría inventado una excusa para no ir.
De hecho, tenía una razón para no ir.
Y era exactamente la misma por la que terminé regresando.
Pero nadie puede reconocer una tragedia antes de que ocurra. ¿O sí?








