Hogar
La luna se alzaba orgullosa sobre la gran casa, colándose por los grandes ventanales. La anfitriona del hogar se aseguraba de que todos sus invitados estuvieran cómodos. El ambiente era el de esperarse, risas, charlas... nada ajetreado.
Hermione la tomó del brazo suavemente, preguntándole como estaba.
—Todo bien, creo... ¿Como vas con Ron? ¿Siguen con problemas?
Su cuñada se encogió de hombros.
—Nada que un buen polvo no pueda arreglar. Es lo mismo de siempre, se queja que nunca tenemos un tiempo para nosotros por Rose.
Su charla fue interrumpida por el timbre, Ginny se disculpó brevemente antes de marcharse. No le molestaba su presencia, pero no tenía ganas de charlar, quizás en otro momento o cuando las copas empezaran a hacerle efecto.
Se dirigió hacia las grandes puertas, notando como la madera brillaba con la luz tenue de las lámparas. Hacía unas semanas habían mandado a darle una nueva capa de pintura a todo su hogar y le encantaba el resultado. Era con lo que siempre había soñado.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Ginny, no los esperaba.
Astoria le regaló otra sonrisa, con su brazo enredado en el de su marido, quién asintió levemente.
—Traje más —susurró enseñando una botella de champagne—, aunque supongo que hay varias.
—Nunca es suficiente —respondió Ginny estrechándola en un abrazo—. Pasen, pasen, no se queden ahí. Hace frío.
Astoria rio, adentrándose en la casa. La mano de Draco acarició su espalda baja, deshaciéndose del agarre en su brazo.
—¿Como has estado? —preguntó Ginny dejando la botella dentro de la pequeña bodega donde guardaban todos los presentes que los invitados iban trayendo.
—Bien, me cansa un poco ir de un lado a otro, pero por lo menos ya las náuseas empezaron a dejar de ser tan seguidas —respondió observando de reojo a su marido, qué seguía a su lado sin prestar especial atención a su alrededor.
—¿Vinieron en el auto? No lo vi estacionado.
Astoria negó levemente, acariciando su vientre.
—Nos trajeron. Draco no sabe en qué condiciones se va a ir, así que mejor prevenimos —una risa escapó de sus labios, recordando la casi discusión que habían tenido por eso.
—Siempre pueden quedarse —comentó Ginny, notando como el rubio buscaba con la mirada a alguien—. Ni Harry ni yo tenemos problema.
—¡Mamá, mamá! ¡Albus no quiere dormirse! —el grito de James, con un pijama de autos asomado sobre el barandal llamó la atención de todos los presentes.
Ginny giró sobre sus talones confundida, disculpándose nuevamente.
La risa de Draco llamó la atención de su esposa.
—No puede ser que siga sin saber cómo manejar a sus hijos —susurró con las manos en el bolsillo, viendo como Ginny subía las escaleras tratando de que su hijo se metiera a la habitación.
—¿Estás bien? —preguntó Astoria, notando que su marido estaba mas callado de lo normal. Su rostro no reflejaba nada más que preocupación. Draco asintió, su mano acarició la cintura de su esposa.
—Estoy cansado simplemente, pero ya te había prometido que vendríamos —respondió besando la mano de Astoria.
—Nos quedamos hasta las dos y nos vamos entonces, perdón por hacerte venir.
Draco negó, tranquilizándola. Astoria lo abrazó, escondiendo su rostro en el cuello del rubio, quién rodeó su cintura con sus brazos, sosteniéndola durante un momento.
—Relájate. Tomaré un par de copas y luego nos iremos, yo te aviso... —susurró en su oído, observando una vez más las escaleras, esperando algo que quizás no llegaría.
Harry volvió a apagar la luz luego de que tanto el como sus hijos hubieran sido reprendidos por su esposa.
—Les dije que se quedaran quietos o nos íbamos a meter en problemas —murmuró cerrando la puerta, callando el ajetreo de afuera.
—Pero no es mi culpa que Albus no quisiera dormirse.
Harry rodó los ojos con una sonrisa mientras arropaba a James.
—Fue tu culpa ir a gritar a los cuatro vientos que no quería hacerlo, de lo contrario mamá no estaría enojada.
—Pero mamá no se enojó con nosotros, fue contigo —replicó Albus desde la otra cama, esperando a que su papá le diera su beso de buenas noches.
Harry negó, su sonrisa tembló, tratando de recomponerse.
—Da igual, se molestó... y ya es tarde. Mañana los quiero levantados con los primeros rayos del sol —ordenó endureciendo su voz. Una queja, un suspiro. Harry rio revolviendo el cabello de sus dos soles. Albus sonrió, enseñando una sonrisa perlada y la ausencia de uno de sus dientes.
—¿El ratón vendrá está noche? —preguntó, bostezando en medio de la oración.
—Quizás. Solo sí se duermen en los próximos diez minutos, de lo contrario tiene que seguir su recorrido —presionó un suave beso en la frente de Albus, quién sonrió antes de darse la vuelta. Sus ojos pesaban y ya había recibido su beso, podía descansar.
—¿Enserio existe? ¿No es un cuento muggle? —cuestionó James en voz baja, tratando de que su hermano no lo oyera. Vio como su padre se encogía de hombros.
—No lo sé, esta noche lo descubriremos. Ya es hora de dormir, James, mañana no te vas a levantar.
—Pero papá...
—A dormir, muchacho. Es tarde y mañana tienes entrenamiento. —Escuchó como su hijo bufaba, sin embargo, levantó sus brazos, en busca de un abrazo.
—Buenas noches, papá. Descansa.
Harry sonrió levemente, acariciando su cabello. El silenció reinó por unos segundos, en los que simplemente se mantuvo observando a sus hijos, admirándolos. No parecía que hubieran pasado tantos años desde la primera vez que los ayudó a vestirse o les dio de comer.
Una suave brisa se coló por la ventana, elevando las cortinas, llamando su atención. Levantó la mirada, observando la noche... Oscura, despejada... y en calma. El silencio reinaba fuera de aquella casa, la ciudad estaba apagada, siendo iluminada por la tenue luz de los faros en la avenida.
Se puso de pie, cerrando las ventanas, organizando las cortinas. No quería que el cuarto se enfriara.
El ruido de las copas chocando y las risas retumbaron en su cabeza al atravesar el umbral de la puerta. Miró hacia los lados en busca de su esposa. Rápidamente la ubicó en el primer piso, en medio de toda la multitud. Carraspeó, caminando hacia el baño al final del pasillo. La luz saliendo por debajo de la puerta lo detuvo a unos metros. Pensó en tocar, aunque quizás era mejor esperar... Antes de tomar la decisión, sintió como lo tomaban del brazo, metiéndolo a una de las habitaciones. Se relajó al vislumbrar bajo la luz de la luna una cabellera rubia.
—¿Como estás? ¿Estás bien?
Los brazos de Harry rodearon el cuerpo de Draco, acariciando su espalda, tratando de relajarlo.
—¿Hace cuanto llegaste? ¿Por qué no me avisaste antes? —susurró Harry, presionando un suave beso sobre sus labios.
—No tuve como... Nos recibió Ginny y Astoria no me dejaba solo.
Se fundieron en un abrazo, tratando de calmarse el uno al otro. Eran un manojo de nervios, tenían demasiadas emociones cruzadas. Se sentían nuevamente como dos adolescentes escapándose después del toque de queda.
—Solo para asegurarme... ¿De verdad quieres? —murmuró Draco, apoyado sobre su hombro. La risa de Harry vibró en su pecho, ocasionando esa misma reacción el pelirrubio.
—Estoy más que seguro, Dragón. ¿Y tu?
Draco subió la mirada, aquellas lagunas grises brillando ante la luz natural de la noche.
—Desde Hogwarts, Potter —replicó besándolo, atrayéndolo hacia él.
—No hay tiempo que perder entonces. Trata de relajarte, todo saldrá bien —musitó Harry acomodando un mechón rubio tras su oreja, presionando su frente con la de su amante, quién sonrió temblorosamente.
Astoria sonrió, disculpándose con Hermione.
—Tengo que ir al baño, Mione, estoy tomando demasiado refresco.
Se separó de su amiga, apoyando la copa sobre una de las mesas. Sus tacones resonaron contra la madera, buscando el baño en el primer piso. Empezaba a cansarse, sus pies dolían y no sabía dónde se había metido Draco con su bolso, ahí llevaba sus sandalias.
Caminó lo más rápido que pudo hacia el pasillo, notando que de todas las habitaciones solo una resaltaba con un cartel indicando lo que tanto buscaba. Trató de agudizar su oído al escuchar un ruido proveniente de su interior. Bajó la mirada, notando que no parecía haber alguien usándolo en ese momento. Su mano se posó sobre la perilla, un vacío se instaló en su vientre al escuchar un par de jadeos. Su mano empezó a sudar, girando la perilla lentamente.
Lo último que esperaba encontrarse era a Blaise apoyando a Pansy sobre el lavabo.
—Maldición, idiotas. Consíganse una habitación —exclamó cerrando la puerta nuevamente. Apretó sus piernas, la presión en su vejiga era cada vez más, si no se apuraba no iba a llegar al baño.
Levantó su vestido lo suficiente para no tropezarse antes de volver a caminar hacia el segundo piso, rezando porque el baño estuviera libre.
Las escaleras eran largas y no sabía cuánto resistiría. Trató de subir lo máximo que sus piernas le permitían, se aferró al barandal en el último escalón al sentir como su tobillo se doblaba hacia la izquierda, haciéndola perder el equilibrio. Maldijo por lo alto, sintiendo como su pie escocia.
Harry salió de la habitación al escuchar el insulto.
—¿Estás bien? —preguntó ayudándola a incorporarse. Astoria asintió, sosteniéndose de Harry. Trató de apoyar el pie, siseando al hacerlo. Le dolía un poco.
—¿Puedes acompañarme al baño, por favor? No puedo caminar bien —pidió con la voz rota. Sus ojos escocieron, las hormonas, la desaparición de su marido y la frustración de estar apurada le jugaron una mala pasada—. ¿Sabes dónde está Draco? Hace rato que no lo veo...
Harry tragó saliva mientras trataba de que la mujer apoyara su peso en él, en lo que la ayudaba a llegar hasta el baño. Evitó mirar la habitación de la que había salido y en donde sabía que Draco estaba escondido.
—No sé... ni siquiera lo he visto desde que llegaron... Voy a llamar a Ginny para que te acompañe, no creo que quieras quedarte sola.
La mujer asintió con los ojos húmedos, apoyándose contra el marco de la puerta, cerrándola con dificultad. Unos minutos después, al abrir la puerta, encontró a Ginny esperándola.
—¿Estás bien? Harry me contó lo que pasó. ¿Puedes apoyar el pie?
Astoria asintió.
—Fue por el momento, no es tan grave, pero necesito encontrar a Draco, el tiene mis sandalias.
—¿Draco? ¿No estaba con Harry? —preguntó Ginny extrañada. Astoria enarcó una ceja, dudosa.
—No... no se, Harry salió solo de la habitación... Creo. ¡No sé, Gin! Estaba en el piso... —replicó atropelladamente Astoria. Su amiga asintió tratando de tranquilizarla.
—Vamos a mi habitación, te presto alguna sandalia hasta que lo encontremos. Seguramente esté fumando con Theo en el patio.
Draco salió de la recamara, notando como el ambiente se empezaba a tornar más pesado. Las botellas iban y venían más rápido, las voces empezaban a ser más fuertes y no había rastro de su esposa.
Al filo de las escaleras, se cruzó con Harry nuevamente.
—Astoria se lastimó subiendo, ve a ayudarla —susurró sin frenarse, siguiendo su camino escaleras abajo. El ceño de Draco se frunció, recordando que había dejado el bolso tirado en la habitación. Seguramente querría sus sandalias, no se las había hecho cargar para nada. Se devolvió sobre sus pasos, tratando de apresurarse, sabía que se iba a molestar más si no lo hacía.
Buscó la habitación de la pareja, encontrándola al escuchar la característica risa de su esposa. Tocó la puerta suavemente, anunciando que era él.
—Ya te habías tardado —exclamó Ginny riendo—. Si quieres recuéstate en mi cama, Tori. No te esfuerces mucho.
La pelinegra frunció el ceño.
—Ni lo sueñes —refutó tomando el bolso que su marido le extendía—. Mi madre no me deja hacer nada en mi casa, piensa que soy inválida solo por estar embarazada. No me voy a quedar tirada acá solo porque me tropecé.
Draco sonrió, fue una sonrisa leve, sin llegar a mostrar sus dientes. Aquella sonrisa que enamoró a Astoria.
—¿Qué pasó? ¿Por qué sonríes? —preguntó tomando su mano. Draco negó, besando su frente.
—Gracias —susurró—. Te amo.
Astoria frunció el ceño nuevamente.
—Yo también, ¿qué te pasa, Dray?
Otra negativa más, esta vez acompañada de una caricia en su mejilla.
—¿Ya te empezaron a afectar los tragos? —murmuró compartiendo una risa con Ginny—. No se vale... yo no puedo tomar —trató de mantener el drama, sin embargo, volvió a reír al notar como Ginny le hacía señas para que se fueran.
—¡Mandé a comprar sidra sin alcohol especialmente para ti! —Chilló la pelirroja, dando pequeños saltos en su lugar.
Draco observó en silencio como su esposa dejaba sus tacones tirados, calzándose las sandalias. Se despidió de él fugazmente, lanzándole un beso, corriendo de la mano de Ginny hacia el primer piso. Al parecer ya se encontraba mejor de su pie.
Harry encendió la luz del garaje, notando como esta parpadeaba unos segundos antes de estabilizarse. Observó su auto, el negro brillante, reflejando la luz pálida del foco. Tantas salidas con sus pequeños, llevándolos de un lado a otro, creando momentos padre e hijo que nadie podría quitarle. El ruido constante de fondo lo devolvió a la realidad. Tomó las llaves de su moto que descansaban sobre un estante polvoriento, apretándolas en su agarre, esbozando una sonrisa. Rodeó su auto, acercándose hacia una sábana negra llena de suciedad, tirando una de sus esquinas, dejándola caer al suelo, revelando una motocicleta bordó.
Esbozó una sonrisa, chasqueando la lengua.
—Después de tanto tiempo, volvemos.
Aquella moto fue su primera compra con su dinero. Con ella vivieron su primera cita, su primera escapada. Cientos de kilómetros recorridos en los que el mundo se reducía a ellos dos. Toda su vida paralela había transcurrido al lado de esa moto. Y hoy, después de tanto tiempo, volvía a ella. Volvía con él.
Presionó el botón para abrir la puerta del garaje. Sonrió una última vez antes volver dentro de su casa.
Draco lo detuvo en el pasillo.
—¿A dónde vas?
—Tengo que hacer una última cosa antes de irnos.
Se dirigió escaleras arriba, pasando desapercibido entre la multitud.
—¿Dónde está la sidra? —preguntó Astoria revisando el frigorífico. Su amiga empujó a un par de parejas antes de llegar hasta ella, sonrojada y agitada.
—Maldición, son más pesados cuando se emborrachan... —masculló Ginny abriendo una de las gavetas bajo el lavabo, sacando dos botellas de sidra y otras dos de champagne—. ¡Quiero hacer un brindis por el reciente embarazo de mi mejor amiga!
La cocina se inundó de vitorees mientras Astoria destapaba una de las botellas, llenando el lugar de espuma y gritos.
Harry se deslizó en la habitación de sus hijos, tratando de no hacer ruido para despertarlos. Dejó una bolsa llena de galeones bajo la almohada de Albus. Tomó otra bolsita de su bolsillo, escondiéndola al costado de James. Le iba a demostrar qué si existía.
—¿Estás listo? —preguntó Draco ingresando en la habitación, observando fuera constantemente, esperando que nadie se acercara.
—Si, Dragón. Cálmate —respondió Harry levantándose de la cama.
—Vamos, cielo, no tardarán en empezar a preguntar...
Harry asintió, dándose la vuelta, indicándole a Draco que marcara el camino. Antes de cerrar la puerta, la voz de su hijo mayor llamó su atención.
—¿Siempre fuiste tú, verdad, papá? —murmuró adormilado. Harry tragó saliva, acercándose nuevamente a la cama.
—Es un secreto entre tú y yo. No le digas a nadie.
Besó la frente de su hijo por última vez, suspirando al ver como volvía a descansar.
Observó por última vez a quienes eran su vida entera, su pecho ardía de una forma insoportable. Limpió las lágrimas que se acumulaban en las comisuras de sus ojos.
Se apresuró a salir de la habitación, sabiendo que lo que su pareja decía era verdad. Era cuestión de tiempo que empezaran a preguntar por ellos.
—¡¿Dónde demonios está el futuro padre?! —gritó Blaise dándole un trago a la copa que sostenía su novia, recibiendo un pequeño empujón de ella. La multitud a su alrededor le dio la razón, preguntando por Draco.
Astoria y Ginny compartieron una mirada extrañadas. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que vieron a sus maridos.
—¿No se habrá quedado dormido en la cama? —preguntó Ginny, sabiendo que desde que se cruzaron ya estaba pasado de copas.
—¿Y Harry? —replicó Astoria, observando las escaleras hacia el segundo piso, esperando algo que quizás no llegaría.
La moto derrapó sobre el asfalto, mientras Harry presionaba el acelerador. Los brazos de su novio rodearon su cintura, apoyando su cabeza sobre su espalda.
—¡Feliz aniversario, Potter! —exclamó Draco, no había tomado nada y aún así se sentía borracho, mareado por la felicidad qué desbordaba su corazón. Observó su sortija de matrimonio, esbozando una pequeña sonrisa antes de guardarla en su pantalón. Su cabello ondeaba con libertad a medida que tomaban más velocidad, su estómago se apretaba con emoción y adrenalina, aquella que no sentía desde que era un adolescente.
—¡Feliz aniversario, Dragón! —respondió Harry riendo, sintiendo como finalmente todo volvía a su lugar. Guardó su anillo dentro de su saco. El viento golpeaba su rostro. Su corazón martilleaba en su pecho, amenazando con salir disparado en cualquier momento. Llenó sus pulmones con el olor a tierra mojada y rocío de la madrugada.
El nuevo amanecer junto al amor de su vida marcaba el inicio de todo aquello que durante años solo se habían atrevido a imaginar.
Finalmente regresaban a casa.








