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EAT ME, IT'S MY BIRTHDAY <<KOOKMIN>>

Sinopsis

Jimin solo quería divertirse en su cumpleaños y Jungkook solo quería que dejara de usar esa maldita camiseta. NEW! OS KOOKMIN BOYPUSSY ADVERTENCIA: CONTENIDO SEXUAL Recomendada solo a mayores de 18 años. JIMIN NO ES TRANSEXUAL, es un hombre con VAGINA, en algunas partes del os se le tratara con pronombres femeninos. cerii: no recomiendo q se realicen ninguna d las conductas q se mostraran aqui, se recomienda discreción. estas en todo tu derecho de que no te guste el boypussy asi que si esto no es de tu agrado t puedes retirar, SIN REPORTAR PORQUE HACER ESTO LLEVA MUCHÍSIMO TIEMPO, gracias.!! BY CERII

Genero:
Erotica
Autor/a:
drippy
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Chapter

El desayuno en el buffet del resort era una locura de comida. 

Jimin, con el pelo teñido de un rojo cereza vibrante que hacía juego con su nuevo bikini bajo la camiseta holgada, se sirvió una montaña de fruta.

Jungkook, a su lado, llenó su plato con huevos y tocino, intentando ignorar cómo la luz de la mañana hacía brillar el rojo de su cabello.

Fue en la tienda de souvenirs, justo después de pagar la cuenta, cuando Jimin lo vio. Colgada en una percha, entre llaveros y sombreros ridículos, una camiseta blanca de algodón con letras rosas chillonas que decían: “EAT ME, IT’S MY BIRTHDAY”. 

Jimin soltó una carcajada.

—¡Tengo que comprarla!

—No —dijo Jungkook, pero ya era demasiado tarde. Jimin ya pagaba con una sonrisa pícara.

Diez minutos después salieron de la tienda. 

Jimin había guardado la camiseta que tenía antes y ahora lucía orgullosamente su nueva adquisición. 

Las letras rosas brillaban bajo el sol caribeño.

—¿En serio vas a usar eso? —preguntó Jungkook, ajustando sus gafas de sol.

—Es mi día. Yo mando —replicó dándole una palmada juguetona en el brazo.

La primera víctima fue el recepcionista que les deseó un buen día. Sus ojos bajaron a la frase, parpadearon y una sonrisa nerviosa se le escapó. 

Jungkook apretó la mandíbula.

Caminaron por los jardines del resort hacia la playa. La brisa le pegaba la camiseta a su cuerpo en algunos momentos. Jungkook no podía evitar mirar. 

Cada vez que leía esa maldita frase, sentía un calambre en el estómago.

—¿Qué quieres hacer primero? —preguntó Jimin, saltando sobre la arena blanda.

—Que te cambies esa camiseta —murmuró él.

—¡Ni loco! Es divertido. Mira, esa señora nos está sonriendo —dijo Jimin, señalando a una mujer mayor que pasaba en dirección contraria. 

La mujer leyó la camiseta, se rió entre dientes y le dio un guiño a Jimin. 

Jungkook sintió que se ponía colorado.

Pasaron la mañana en la playa. 

Jimin se quitó la camiseta para ponerse bloqueador y Jungkook tuvo que desviar la mirada rápidamente. 

Su bikini era pequeño y rojo como su pelo, y su piel, sin vello y suave brillaba bajo el sol. 

Parecía un postre. Un postre con un cartel que decía “cómeme”.

—¿Me pones bloqueador en la espalda? —preguntó Jimin, tendiéndole el bote.

Jungkook asintió, con la garganta seca. Sus dedos se deslizaron sobre su piel caliente, y él juró que Jimin arqueó la espalda un poco más de lo necesario.

Almorzaron en una palapa frente al mar. Jimin pidió una margarita gigante con sal en el borde.

—Brindo por mí —dijo, alzando la copa. 

La camiseta, ahora un poco manchada de protector solar, seguía enviando su mensaje a cualquiera que lo mirara. 

El mesero, al traerles la comida, casi se tropieza al leerla.

—¿Te das cuenta de que todo el mundo la está leyendo? —dijo Jungkook, clavando el tenedor en su ensalada con más fuerza de la necesaria.

—Ese es el punto, tonto —respondió Jimin, chupando la sal de su vaso con una sonrisa que a Jungkook le pareció deliberadamente lenta. —¿Te molesta?

Sí. Le molestaba. Le molestaba cada vez que un tipo pasaba cerca y sus ojos se pegaban a Jimin, primero a la frase y luego, inevitablemente, a sus piernas largas, a su cintura, a su sonrisa.

Jungkook no era celoso, pero hoy sentía diferente.

Por la tarde, fueron a la piscina con olas. 

Jimin saltó al agua, y la camiseta empapada se le pegó al cuerpo como una segunda piel. 

Las letras rosas se transparentaron. 

Jungkook se quedó en el camastro, observando cómo varios pares de ojos seguían a Jimin por la piscina.

—¡Ven, es divertido! —gritó Jimin desde el agua, salpicándolo.

—Estoy bien aquí —respondió él, pero sus ojos no se apartaron de Jimin.

Más tarde, visitaron las tiendas de artesanías. Jimin se probó un sombrero enorme y ridículo.

—¿Me queda? —preguntó, posando. 

La combinación del sombrero y la camiseta era tan absurda que Jungkook no pudo evitar esbozar una sonrisa.

—Eres un desastre —dijo, pero su voz sonó más suave de lo que pretendía.

El sol comenzó a bajar, pintando el cielo de naranja y rosa. 

Fueron a la cena especial de cumpleaños que Jungkook había reservado. Era una mesa en la playa, con velas y antorchas. Jimin se había puesto un shorts limpio, pero seguía con la maldita camiseta.

—¿No te vas a cambiar para la cena? —preguntó Jungkook desesperado.

—Es mi uniforme de hoy —dijo sacando la lengua.

El mesero trajo una rebanada de pastel de cumpleaños con una velita. 

Jimin sopló y pidió un deseo mirando a Jungkook por encima de la llama.

—¿Qué pediste? —preguntó.

—Secreto —respondió, tomando un bocado de pastel con los dedos y chupándose la yema. 

Un poco de crema quedó en su labio superior, Jungkook tuvo el impulso de lamerlo, pero se controló.

Caminaron de regreso a su habitación después de la cena. El resort estaba iluminado con luces cálidas y se oía música suave desde el bar. 

La tensión entre ellos era ahora algo palpable con cada roce accidental de sus manos.

Al llegar a la puerta de su habitación, Jimin buscó la llave en su bolsita. Jungkook lo observó: su perfil suave, sus labios gruesos, el rojo brillante de su pelo contra su cuello pálido. Y la camiseta, 

con ese mensaje que había estado martilleando en su cerebro todo el día.

Entraron. 

La habitación estaba fresca y oscura, solo iluminada por las luces del jardín que entraban por el balcón. 

Jimin tiró la bolsa al sofá.

—Bueno, fue un día increíble —dijo, estirándose. La camiseta se levantó, mostrando la piel suave en su abdomen. —Gracias por…

No pudo terminar. 

Jungkook lo empujó contra la puerta recién cerrada, con un movimiento tan rápido que Jimin soltó un leve “¡ah!” de sorpresa. 

Sus manos se posaron a cada lado de su cabeza, en la puerta.

—¿Ya terminó el show? —preguntó Jungkook, su voz grave y ronca, tan cerca que su aliento rozaba sus labios.

—¿Qué show? —susurró Jimin, pero sus ojos brillaban con complicidad.

—Este —dijo él, agarrando el borde de la camiseta con una mano y tirando de la tela suavemente. —Todo el día con este maldito letrero. Haciendo que todo el mundo te mirara. Haciéndome mirarte.

—¿Te molestó? —preguntó Jimin desafiante, pero su respiración se entrecortó cuando la mano de Jungkook se deslizó por debajo de la tela, encontrando la piel caliente de su cintura.

—Mucho —confesó él, bajando la cabeza hasta que su boca estuvo a un centímetro de la suya. —Me molestó tanto que no pude pensar en otra cosa.

—¿En qué pensabas? —murmuró Jimin, sus manos subiendo por sus brazos.

—En esto.

Finalmente, lo besó. No fue un beso suave de cumpleaños. Fue profundo, hambriento, lleno de toda la frustración y el deseo acumulados durante el día. 

Jimin respondió de inmediato, abriendo la boca para él, sus manos enredándose en su pelo.

Jungkook rompió el beso, agarró el cuello de la camiseta con ambas manos y la partió por la mitad con un tirón. 

El sonido de la tela rasgándose llenó la habitación.

—¡Hey! —protestó Jimin, pero era una protesta vacía, porque Jungkook ya estaba lamiendo desde su clavícula hasta el borde de su bikini rojo.

—Ya leí el mensaje —gruñó Jungkook contra su piel. —Ahora voy a obedecerlo.

Lo llevó a la cama grande, quitándole el bikini. 

Bajo las luces tenues de la habitación, su cuerpo era pálido, suave y curvilíneo, haciendo que Jungkook perdiera el último resto de control. 

Parecía un regalo envuelto.

—Eres tan… —no terminó la frase. Bajó la cabeza entre sus piernas y probó su coño.

Jimin gritó, sus manos aferrándose a las sábanas. Su piel era sensible, suave, y él no tenía prisa. Lo lamió con lentitud, bebiendo de el como si fuera el postre que había estado ansiando todo el día. 

Cada gemido de Jimin, cada sacudida de sus caderas, alimentaba el fuego en su interior. 

Jungkook lo hizo temblar, negándole el orgasmo hasta que el suplicó.

—Jungkook, por favor…

Solo entonces lo dejó venirse, observando cómo su cuerpo se estremecía con el orgasmo. 

Luego, se quitó su propia ropa con movimientos bruscos. Su erección era grande, dura y dolorosa después de un día de provocación.

—Mi turno —dijo Jimin, recuperando el aliento. Lo empujó hacia atrás y se colocó entre sus piernas. Jimin tomó su pene con la mano observando cómo palpitaba y luego bajó la cabeza atragantándose con el.

Jungkook dejó escapar un gruñido. 

La boca de Jimin era cálida, húmeda y experta, lo tomó todo.

La vista de su pelo rojo moviéndose sobre su regazo, de sus hombros pálidos bajo la luz tenue, fue demasiado. 

Lo sacó de allí después de un minuto, antes de correrse.

—No —dijo, con voz ronca. —Ahora te toca a ti.

Lo colocó boca abajo, con una almohada bajo sus caderas. Lo observó por un segundo: la curva de su espalda, la suavidad de sus nalgas, ese rojo brillante que lo había vuelto loco. 

Luego, se colocó sobre el y lo penetró de un solo golpe.

Jimin gritó de placer, de alivio. 

Jungkook comenzó a moverse, un ritmo duro y constante que hacía que la cama chirriara.

Ya no había bromas, ni camisetas, ni miradas de extraños. Solo esto: su piel contra la suya y el sonido húmedo de sus cuerpos uniéndose.

Jimin se empujó hacia atrás, encontrando su ritmo, suplicándole que fuera más rápido, más profundo. 

Jungkook le mordió el hombro, una marca que quedaría allí mañana, mientras su mano se deslizaba a su clítoris frotándolo en círculos.

El segundo orgasmo de Jimin lo sacudió con tal fuerza que vio estrellas. 

Su interior se apretó alrededor de Jungkook y eso fue todo lo que él necesitó. 

Con un último empujón profundo, se vino dentro de el, un gemido largo y gutural escapando de su garganta.

Colapsó a su lado, jadeando. 

Jimin se giró y se acurrucó contra su costado, su pelo rojo esparcido sobre su pecho.

—Feliz cumpleaños —murmuró Jungkook, besando su frente.

—El mejor —susurró, con una sonrisa satisfecha y cansada. —Y la camiseta… fue una buena inversión, ¿no?

Jungkook soltó una risa, un sonido ronco y genuino. —La voy a enmarcar —dijo. —Como advertencia para la próxima vez.

—No hay próxima vez —dijo Jimin, trazando círculos en su pecho. —El próximo año me pongo una que diga “Ya me comieron, pregúntenle a mi novio”.

Jungkook lo apretó contra sí, riendo de nuevo, y supo que no había regalo de cumpleaños que pudiera superar esto: tenerlo a el desnudo, satisfecho y suyo, después de un día de quererlo devorar entero.

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