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⠀⠀⠀⠀Habían pasado cuarenta y ocho horas desde la última vez que Namjoon vio a Seokjin. Aunque sabía que su novio solía ausentarse al instituto por misteriosos “bajones de salud”, esta inasistencia se sentía distinta, provocándole una ansiedad que le quemaba las entrañas. Su novio siempre había sido un enigma que protegía sus malestares con excusas vagas, un mecanismo que el moreno intentaba respetar pese a la frustración de recibir siempre un “no te preocupes solo es...”.
⠀⠀⠀⠀Sin embargo, la falta de noticias era alarmante.
⠀⠀⠀⠀El castaño, quien solía saturar su chat con stickers de animales marinos —focas, peces y tiburones—, notas de voz escandalosas y mensajes repletos de corazones coloridos, parecía haber sido reemplazado por un robot. Ahora, sus respuestas eran apenas monosílabos secos: un “sí” o un “estoy bien” que carecían totalmente de su energía chispeante, dejando a Namjoon con los nervios de punta y un vacío en el estómago.
⠀⠀⠀⠀No vengas. Esas dos palabras fueron un puñal.
⠀⠀⠀⠀Conocía a su novio, sabía a la perfección que aquel que envió dichos mensajes no su Jin. El de piel nivea siempre buscaba atención incluso por un raspón superficial, exigiendo mimos y golosinas; por ende, un rechazo tan directo solo podía significar dos cosas: Seokjin estaba realmente grave o ocultaba algo que lo hacía sentir profundamente vulnerable.
⠀⠀⠀⠀En cuanto sonó el timbre , Namjoon no lo pensó, metió su libreta en el maletín y se echó la correa al hombro. No se despidió de sus amigos, ignorando dejarlos a medias con los planes para la fiesta de Hoseok.
⠀⠀⠀⠀Su mente estaba decidida a qué hacer y dónde ir: el departamento de Seokjin. El moreno se sentía culpable por haber perdido dos días entre suposiciones en lugar de actuar.
⠀⠀⠀⠀De camino al piso, hizo una parada rápida en una pequeña tienda de conveniencia. Arrasó con los estantes, comprando los antojos de su princesa: galletas de limón, un par de bebidas y bolsas de gomitas; sin olvidarse de sí mismo, eligió un tteokbokki picante. Namjoon estaba convencido —en su ingenuidad de novio preocupado— de que Jin pasaba un pozo emocional, una tristeza profunda que solo podía curarse con una sobredosis de azúcar y mimos.
⠀⠀⠀⠀Así que, la compra fue lo de menos. Él cuidaría de Seokjin, lo quisiera el mayor o no.
⠀⠀⠀⠀Cuando llegó frente a la puerta, las bolsas de plástico colgaron de sus muñecas mientras una duda flotaba a su alrededor. Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta, sus dedos rozaron el metal frío de su propia copia de la llave. Fue inevitable recordar el día en que Seokjin se la entregó, con esa sonrisita cómplice y un brillo travieso en la mirada.
⠀⠀⠀⠀«Para que entres cuando quieras, grandulón», le había dicho con esa cadencia coqueta que usaba cuando insinuaba que estaba abierto a cualquier “travesura hormonal” sorpresa. No obstante, el silencio al otro lado era denso y usar la llave se sentía ahora como una invasión. Así que, como buen novio que le prometió ser, golpeó la madera tres veces con firmeza.
⠀⠀⠀⠀El tiempo pareció dilatarse. Pasaron uno, tres, cinco minutos y, justo cuando el moreno iba a ceder al pánico y usar su llave, escuchó pasos arrastrados, seguidos del chasquido del cerrojo. La puerta se abrió apenas unos centímetros, revelando a un Seokjin irreconocible. No quedaba rastro del radiante chico que conoció en el instituto; su rostro estaba pálido y sus ojos —usualmente brillantes— yacían apagados, rodeados de unas ojeras que delataban noches sin dormir.
⠀⠀⠀⠀— Te dije que no vinieras —murmuró este, con una voz rasposa y cansada.
⠀⠀⠀⠀— Y yo te dije una vez que nunca te creería cuando intentaras alejarme —respondió Namjoon, suavizando su expresión.
⠀⠀⠀⠀— Mhm. —suspiró el mayor, derrotado, mientras abría la puerta por completo.
⠀⠀⠀⠀Su novio sintió que el corazón se le estrujaba. Desbordado por el alivio de verlo después de tanto distanciamiento, al carajo que Seokjin no luciera perfecto; estaba enamorado de su angelito incluso en su peor momento. Las bolsas cayeron en la entrada y, en un movimiento fluido, lo rodeó con sus brazos y lo alzó por la cintura. Lo levantó como si fuera de porcelana, refugiándolo contra su cuerpo.
⠀⠀⠀⠀Normalmente, si la situación no hubiese sido tan “deprimente” la reacción sería otra: Seokjin iba a reír a carcajadas, patalearía de alegría en el aire, rodeando el cuello de su novio mientras le acunaba el rostro entre las manos para llenarlo de besitos rápidos.
⠀⠀⠀⠀Pero hoy todo fue distinto. El cuerpo de Jin se puso rígido al instante; no hubo risas ni abrazos. En su lugar, un gemido de incomodidad pura escapó de sus labios y sus manos empujaron débilmente los hombros de Namjoon.
⠀⠀⠀⠀Era una clara muestra de rechazo que cortó la fluidez del momento.
⠀⠀⠀⠀— Bájame... Namjoon, de verdad, bájame ahora —pidió, casi con un matiz de irritación—. No hagas eso.
⠀⠀⠀⠀El de piel canela obedeció de inmediato, sintiéndose como un cachorro que ha sido regañado sin entender por qué. Al aterrizar, Seokjin se tambaleó un poco y se llevó una mano a la parte trasera del pantalón —un gesto rápido e imperceptible— acomodándolo milimétricamente.
⠀⠀⠀⠀— Lo siento —se disculpó—. Pensé que te gustaría.
⠀⠀⠀⠀— Me gusta —corrigió el castaño—, lo sabes. Solo que hoy no.
⠀⠀⠀⠀No quiso presionar más; se inclinó hacia abajo y depositó un beso tierno y prolongado en la coronilla de su pálida muñequita, aspirando el aroma de su cabello.
⠀⠀⠀⠀Namjoon lo observó mientras caminaba al sofá, dejándose caer; las compras quedaron sobre la mesa de centro, ignoradas completamente. Se cruzó de brazos, ensanchando los hombros en una postura que intenta fingir indignación, aunque por dentro continuaba preocupado. Fue en ese momento de quietud cuando se fijó en lo que su pareja llevaba puesto y otra alarma salió disparada en su cabeza.
⠀⠀⠀⠀Nada de eso era suyo, ni le pertenecía a Seokjin. En el departamento, él solía usar shorts extremadamente cortos, que dejaban a la vista sus muslos suaves y blanquitos, así como unos top traslúcidos que se deslizaban por su hombro, una imagen que siempre lograba cautivar a Namjoon.
⠀⠀⠀⠀En un caso crítico, cuando las temporadas gélidas se aproximaban, Jin solía robarle sus sudaderas XL —ahogándose en ellas— luciendo adorablemente pequeño mientras se envolvía en su aroma. Ahora, la visión era lúgubre: llevaba un pantalón de chándal negro, grueso y pesado, que arrastraba por los talones. Arriba, llevaba una camiseta de manga larga y cuello cerrado del mismo color.
⠀⠀⠀⠀El pelinegro tardó apenas unos segundos en darse cuenta que nada de esa ropa le pertenecía. Conocía de memoria los guardarropas de ambos, y esas prendas oscuras parecían compradas específicamente para ocultarse, rechazando por completo la opción de calidez y el consuelo que siempre le daban las ropas de su novio.
⠀⠀⠀⠀— Jin —musitó él, ladeando la cabeza con extrañeza—. ¿Por qué vas vestido así, muñeca?
⠀⠀⠀⠀Seokjin no se giró. Caminó lentamente hacia la cocina, arrastrando los piecitos en sus calcetines.
⠀⠀⠀⠀— Es por comodidad, Joonnie —respondió, abriendo la alacena para sacar una caja de infusiones—. Solo quiero estar cómodo, ¿vale? Esta tela es más suave... no te desesperes.
⠀⠀⠀⠀Namjoon no le creyó. Había una tensión evidente en su mandíbula, algo que distinguía de sus mentiras “por omisión” de las reales, y ese tono de voz ligeramente tembloroso dejaba al descubierto su intención de ocultar algo importante.
⠀⠀⠀⠀Aprovechando que Jin le daba la espalda para encender el hervidor y prepararse su infusión tibia, el moreno se acercó hasta acorralarlo contra la fría barra de granito. Pegó su pecho directamente contra la espalda de Seokjin, atrapándolo, e inclinó la cabeza para dejar que su respiración cálida y espesa le golpeara justo en la nuca, alborotándole las hebras finas de la zona.
⠀⠀⠀⠀El castaño dio un saltito preso del susto ante la repentina invasión de calor. El cuerpo de su novio era un horno reconfortante que lo envolvía, cortándole cualquier vía de escape. Sus manos anchas se posaron con firmeza sobre las caderas del castaño, anclándolo en el lugar.
⠀⠀⠀⠀— Nam... —jadeó Jin, sintiendo el calor de aquel cuerpo recorrerle la espalda.
⠀⠀⠀⠀El menor no respondió de inmediato. En su lugar, empezó a dejar besos húmedos, lentos y deliberados por su nuca, descendiendo hacia la curva del hombro mientras sentía la tensión de los músculos ajenos. Con cada roce, soltaba una pregunta en voz baja, ronca, que vibraba contra su piel.
⠀⠀⠀⠀— ¿Por qué estás tan distante, mi niña? —inquiso—. ¿Por qué prefieres usar esa ropa antes que algo que huela a mí? —pellizcó un poco de carne con los dientes—. Estás tan callada... ¿Qué me estás escondiendo?
⠀⠀⠀⠀Su tono no era acusatorio, sino profundo e íntimo. Con una curiosidad intensa, Namjoon no dejó que sus manos se quedaran quietas; empezó a tocar, a recorrer los costados de Jin, trazando el contorno de la silueta de su bebé bajo la pesada tela negra.
⠀⠀⠀⠀— Nada —aseguró, aunque cerró los ojos ante las caricias—. Solo... no me siento bien.
⠀⠀⠀⠀El pelinegro bajó las manos hacia el abdomen, rozando por encima del elástico del chándal y notó que Jin contenía el aliento. Asimismo, percibió algo alarmante: la temperatura de la zona no era normal. Incluso a través de las ropa, la piel de Seokjin desprendía un calor intenso, como si escondiera una pequeña estufa interna, palpitante y dolorosa.
⠀⠀⠀⠀Además, su muñequita estaba algo hinchada.
⠀⠀⠀⠀En un movimiento impulsivo, pero también lleno de curiosidad, Namjoon deslizó su mano dentro del elástico para tocar la piel directa de Jin y comprobar su temperatura.
⠀⠀⠀⠀La reacción fue explosiva. El más bajito se sacudió como si lo hubieran quemado, impulsó su espalda hacia atrás, dándole un golpe seco en el pecho con los omóplatos en un intento desesperado por alejarse. Al mismo tiempo, sus manos sujetaron con fuerza la muñeca de su novio, frenando su avance.
⠀⠀⠀⠀— ¡Namjoon, basta! —exigió el castaño, alzando la voz mientras temblaba ligeramente—. ¡Saca la mano de ahí!
⠀⠀⠀⠀Aunque por fuera sonó enojado, su corazón latía desbocado, chocando contra sus costillas. Seokjin estaba muerto de los nervios, aterrorizado de que su secreto quedara expuesto ante el hombre que amaba. Sin embargo, el moreno prefirió ignorar la protesta; no se rendiría si sospechaba que Jin estaba sufriendo en silencio.
⠀⠀⠀⠀— Solo quiero revisarte, ¿está bien? Inspección rápida —le susurró al oído—. Tu piel arde de fiebre.
⠀⠀⠀⠀Bajó la mano un poco más, hasta que sus dedos llegaron al puente de la ropa interior. Fue entonces cuando su mente hizo un cortocircuito. Lo que sintió no fue la suavidad habitual del sexo de Jin, ni la humedad en tela fina que este solía usar, había algo distinto: una textura acolchada, de algodón grueso e irregular. Era un volumen artificial que se sentía duro y esponjoso a la vez; justo en el centro, sus yemas trazaron los contornos de una cubierta con bordes que se doblaban hacia afuera de la braguita del castaño.
⠀⠀⠀⠀El tiempo se detuvo mientras Namjoon —con la mano congelada sobre el puente de la braguita— procesaba la información táctil. Una sonrisa de suficiencia, lenta y cargada de comprensión, comenzó a dibujarse en su rostro al entenderlo todo: la ropa oscura, el rechazo a ser cargado, el calor en su vientre, junto al aislamiento e irritabilidad. Lo que Seokjin llamaba “bajones de salud” no eran migrañas ni fatiga crónica. Era un ciclo, su ciclo menstrual. Algo que Namjoon, en su ingenuidad completamente masculina, solo conocía por libros de biología o susurros, y que ahora tenía frente a él.
⠀⠀⠀⠀Ahora que lo había descubierto, el pelinegro pudo haberse retirado e ir al sofá para mimar a su devastado tesoro, pero su faceta suya más pícara quería verlo retorcerse solo un poquito más; deseaba escucharlo hablar de la situación.
⠀⠀⠀⠀— Mmm... —musitó, hundiendo ligeramente los dedos en la superficie acolchada—. ¿Qué es esto, Jinnie? No recuerdo haberte comprado esta lencería tan... particular.
⠀⠀⠀⠀Seokjin cerró los ojos con fuerza, sintiendo que las orejas le ardían de vergüenza.
⠀⠀⠀⠀— No es nada... es solo... algo médico. ¡Yah, suéltame...!
⠀⠀⠀⠀— ¿Algo médico? —Namjoon volvió a hacer fricciones sobre la zona, sintiendo como Jin soltaba un pequeño jadeo tembloroso—. Pareces muy tenso para ser solo eso, amor. ¿Me dirás la verdad o tendré que averiguar yo mismo qué es esta pequeña almohada que tienes aquí escondida?
⠀⠀⠀⠀La “amenaza”, cargada de una tensión que partía el aire de la cocina, fue demasiado para los agotados nervios del más pequeño. Se rindió. Dejó caer la cabeza hacia adelante, apenado de sí mismo ante la evidencia e imposibilidad de mantener su coraza frente a Namjoon.
⠀⠀⠀⠀— Es... estoy con el periodo, ¿vale? —soltó de golpe, en un estallido de frustración y vergüenza—. Estoy con ese maldito periodo. Por eso me duele todo, por eso la ropa negra, ¡por eso estoy hinchado! —exclamó desesperado, al borde del llanto—. Porque estoy sangrando y me siento sucio. No quise verte, por eso... ¡No quería que fuera un tema entre nosotros...!
⠀⠀⠀⠀Namjoon mantuvo su silencio. No retiró la mano, pero tampoco la movió; lejos de asustarse, retroceder con incomodidad o hacer una mueca de asco, esbozó una sonrisa comprensiva. Con ternura, mordió suavemente el lóbulo de la oreja de Seokjin, escuchando su hipo placentero, mientras frotaba sin presión el bulto de la toalla dentro la braguita para aplicar un calor reconfortante justo sobre el centro del dolor.
⠀⠀⠀⠀— Ay, cosita bonita... —el moreno le envolvió el cuerpo con el brazo libre—. Te sientes cansada, ¿verdad?
⠀⠀⠀⠀Sin fuerzas para fingir orgullo, el pálido se dio la vuelta y se dejó caer contra el pecho de su novio, apoyando todo su peso en él.
⠀⠀⠀⠀— Estoy hecho mierda, Namu —admitió, frotando lentamente sus ojitos lagrimeantes con los puños—. Me duele mucho el abdomen y todo es incómodo. Solo quería desaparecer hasta que pasara; no quise preocuparte.
⠀⠀⠀⠀Namjoon asintió lentamente, descansando la mejilla sobre el cabello revuelto de su bebé.
⠀⠀⠀⠀— Ya pasó, preciosura. Ya estoy aquí. Te voy a llevar a la cama para que descanses como te mereces. Dejaré que te relajes y yo me ocuparé de ti, ¿vale?
⠀⠀⠀⠀Ante esa declaración romántica, la mente nublada de Seokjin imaginó la típica escena de película: Namjoon deslizando un brazo bajo sus rodillas y el otro por su espalda, levantándolo con una delicadeza nupcial para llevarlo hacia el dormitorio. Sin embargo, antes de que pudiera procesarlo, el moreno retiró la mano del pantalón, se agachó y usó su fuerza.
⠀⠀⠀⠀Enganchó a Seokjin firmemente por los muslos, apoyando su hombro contra su abdomen planito y, con un impulso, lo levantó del suelo echándoselo como si fuera un saco de patatas.
⠀⠀⠀⠀— Oh Dios, ¡Nam, ¿qué demonios haces...?! —gritó el castaño, sintiendo que la sangre le subía a la cabeza al ver el suelo alejarse—. ¡Nammie, se va a mover! ¡Te juro que si se mancha algo te mato!
⠀⠀⠀⠀Namjoon soltó una carcajada que retumbó en el pecho contra el cuerpo de su novio.
⠀⠀⠀⠀— No se va a mover nada, muñeca. Estás a salvo conmigo —afirmó, yendo hacia la habitación e ignorando por completo la rabieta—. Así que deja que te ayude.
⠀⠀⠀⠀Sin ningún pudor, le dio una palmada en el trasero cubierto sobre el grueso chándal. Al llegar al dormitorio, Namjoon se acercó al colchón y dejó caer a su princesa sobre las sábanas con un movimiento que —aunque pretendía ser suave— lo hizo rebotar. Seokjin se quedó allí, hundido en las almohadas, sintiéndose pequeño bajo la mirada intensa del moreno. Namjoon no perdió el tiempo: se arrodilló entre sus piernas y agarró el cordón del pantalón.
⠀⠀⠀⠀— Espera, espera, ¡no! ¿Qué haces? —preguntó Jin, tratando de cerrar las piernas.
⠀⠀⠀⠀El de piel canela ni siquiera dudó la respuesta.
⠀⠀⠀⠀— Cuidarte. No puedes estar cómodo con tanta ropa pesada.
⠀⠀⠀⠀Seokjin, sin fuerzas físicas o emocionales para pelear, se dejó hacer mientras su rostro se ponía rojo como un tomate.
⠀⠀⠀⠀— Eres un demente... —balbuceó mirándolo con enojo fingido—. Eres un completo enfermo, demente y depravado si crees que va a pasar lo que sea que tienes en esa cabeza tuya. Me duele todo, ya te lo dije, no estoy para tus calenturas, Namjoon.
⠀⠀⠀⠀El mencionado detuvo sus manos y se inclinó sobre Jin, apoyándose a ambos lados de su cabeza para cerrarle cualquier medio de escape. Sus hoyuelos no tardaron en aparecer.
⠀⠀⠀⠀— Eres demasiado lista, muñeca —ronroneó Namjoon, dándole un beso rápido en la punta de su nariz—. Pero te prometo que ahora estoy en la obligación de cuidarte.A mi manera.
⠀⠀⠀⠀Con eso dicho, Namjoon le quitó el pantalón de chándal, deslizándolo con delicadeza por sus largas y pálidas piernas hasta tirarlo al suelo. Seokjin quedó en ropa interior, revelando su braguita inusualmente oscura; sin embargo, lo que capturó la atención del moreno fueron los bordes blancos de la pegatina que sobresalían por los lados, asegurando protección.
⠀⠀⠀⠀La visión, lejos de apagar el deseo, encendió en él una fascinación nueva. Esa era la prueba física de la naturaleza de Jin, de su feminidad intrínseca que Namjoon siempre había adorado en secreto.
⠀⠀⠀⠀— Más ropa negra por si hay manchas —comentó con el tono genuinamente curioso—. Eres tan precavido, mi amor.
⠀⠀⠀⠀— Es humillante —susurró, pataleando de pura vergüenza sobre las sábanas, tratando de cubrirse el rostro con ambos brazos—. No me mires tanto.
⠀⠀⠀⠀— ¿Por qué no? No hay nada de malo, Jinnie —admitió él, acariciándole las punta de las rodillas con sus pulgares—. Además, que vistas de negro no significa que las manchas no lleguen a escaparse.
⠀⠀⠀⠀— ¡Por eso mismo lo hago, al menos así prevengo un poco! —dijo ahogado, ocultando el grito tras de sus brazos—. El flujo es abundante estos días y es impredecible. Si uso colores claros y ocurre un accidente... sería asqueroso. ¡Yah, deja de mirar ahí!
⠀⠀⠀⠀Suplicó. Hablar de algo tan crudo e íntimo, relacionado con su ciclo menstrual y sus fluidos, lo tenía descolocado; era un nivel de exposición que jamás había compartido con nadie, ni siquiera con ese idiota en su año de relación. O al menos, no hasta ahora.
⠀⠀⠀⠀La situación empeoró cuando Namjoon, en lugar de apartar la vista por compasión, enganchó sus largos dedos en el elástico de su braguita color negro. Jin soltó un grito estridente, sobresaltándose en la cama.
⠀⠀⠀⠀— ¡Maníaco! ¡Suéltame! ¡No lo mires!
⠀⠀⠀⠀El pelinegro soltó otra carcajada, aflojando un poco el agarre pero sin soltarlo.
⠀⠀⠀⠀— Tranquila, princesita nerviosa —le pellizcó los muslos con ternura intentando calmarlo—. Admito que no esperaba que pasaras por esto de forma tan... intensa. Siempre pensé que lo llevabas mucho más ligero.
⠀⠀⠀⠀— Eres muy estúpido...
⠀⠀⠀⠀Hubo un silencio prolongado donde ninguno encontró palabras para continuar. ¿Qué se suponía dirían de todos modos? Sabían cómo iba terminar esto, aunque preferían no pensar en cómo dar el siguiente paso.
⠀⠀⠀⠀— Jinnie —llamó el moreno de repente—, ¿puedo confesar algo?
⠀⠀⠀⠀Seokjin no respondió, solo apretó las piernas con una lentitud abrumadora.
⠀⠀⠀⠀— Desde que cumplimos nuestro primer año juntos y supe de tu naturaleza... siempre he tenido un pensamiento rondando mi cabeza. Una curiosidad, más bien.
⠀⠀⠀⠀El castaño lo miró con desconfianza—. ¿Qué curiosidad?
⠀⠀⠀⠀— Saber cómo sería estar contigo, juntos... ya sabes, follando de verdad, justo en días como estos. Durante tu ciclo, cuando menstruas y estás frágil —los ojos de Namjoon se iluminaron por el deseo—. Ya sea haciéndolo con un condón o simplemente dejando que mi semen te llene por completo... verte así, lidiando con los cólicos, tan crudo y vulnerable... Dios, me vuelve loco.
⠀⠀⠀⠀El de piel nivea quedó atónito. Sus labios se abrieron ligeramente, jadeando por la impresión; no podía creer lo que escuchaba. ¿Su novio quería coger con él precisamente porque estaba en sus días menstruales? Su rostro pasó de un simple rubor a un carmesí violento.
⠀⠀⠀⠀Dio la vuelta sobre su propio eje, escondiendo la cara en la almohada para soltar un grito sordo, amortiguado por el algodón.
⠀⠀⠀⠀— ¡Kim Namjoon, te odio! —juró contra la tela—. Eres repugnante, eres pervertido, eres... ¡Esto es tan humillante! ¡No voy a dejar que lo veas, ni mucho menos que lo toques!
⠀⠀⠀⠀No obstante, el moreno sabía leer entre las líneas de aquellos berrinches. Conocía a la perfección el lenguaje corporal de Jin y entendía que ese «te odio», pronunciado con las piernas aún separadas y el cuerpo temblando de anticipación —sumado a la falta de rechazo físico real— significaba todo lo contrario.
⠀⠀⠀⠀Ese rechazo era en realidad el miedo a ser juzgado, mezclado con un morbo latente que el castaño no se atrevía a admitir. Para Namjoon, aquel gesto era la luz verde más brillante que había recibido en todo su tiempo de noviazgo.
⠀⠀⠀⠀— Yo también te amo, mi niña preciosa. —murmuró.
⠀⠀⠀⠀Se acercó de nuevo, deshaciéndose de la braguita oscura de su novio con cuidado, deslizando los bordes con suavidad para evitar cualquier mancha o tirón incómodo. Seokjin mantenía el rostro hundido en la almohada, temblando por la exposición y la brisa que sintió rozar su feminidad, entregando el control de su cuerpo por completo.
⠀⠀⠀⠀— Qué bonita...
⠀⠀⠀⠀Antes de seguir, la mente del pelinegro tomó una precaución que demostraba cuánto conocía las ansiedades de su pareja. Se levantó rápido, quitándose la camisa negra por la cabeza —revelando un torso ancho y marcado— y regresó a la cama.
⠀⠀⠀⠀Levantó las caderas de Seokjin mientras colocaba la tela estratégicamente doblada debajo de su cintura y glúteos para proteger las sábanas blancas.
⠀⠀⠀⠀— Aquí tienes —se burló, orgulloso de su idea—. Tu cubierta protectora de lujo, edición limitada Kim Namjoon. Así tu cabecita dejará de pensar en las manchas y se concentrará solo en mí.
⠀⠀⠀⠀Jin giró la cabeza lo suficiente para mirarlo con un ojo, fulminándolo, aunque sus mejillas delataban su alivio embobado ante el gesto—. Tonto...
⠀⠀⠀⠀— Quizá. Pero si algo pasa, es mi ropa la que se ensucia.
⠀⠀⠀⠀Namjoon bajó del colchón, se arrodilló entre las piernas abiertas de Jin, jalándolo hasta que sus pies se apoyaron en sus hombros. Observó el cuerpo de su princesa con una mezcla de fascinación genuina y excitación pura. Allí, la suave curva de su feminidad estaba hinchada, algo irritada por los días de calambres, con el flujo natural de su ciclo asomándose en pequeñas gotas espesas y extremadamente rojas a pesar de la oscuridad.
⠀⠀⠀⠀El olor metálico era ahora mucho más intenso, atestiguando la tormenta hormonal que asolaba el cuerpo de Seokjin.
⠀⠀⠀⠀— Mírate —suspira el moreno, acariciando con el dorso de la mano el interior de sus muslos para calmar los temblores—. Eres perfecta incluso así.
⠀⠀⠀⠀— Voy a dejarte en abstinencia por un año, Namjoon.
⠀⠀⠀⠀— Sabes que no podrás resistir tanto tiempo. —afirmó él, ensimismado por la vista.
⠀⠀⠀⠀El pelinegro se inclinó y comenzó a dejar besos cálidos y húmedos por la zona interna de los muslos, descendiendo por la piel sensible, rozando su pelvis. Trazó caminos que hicieron que Jin botara más sangrecita y arqueara la espalda involuntariamente.
⠀⠀⠀⠀Los labios de Namjoon estaban tan calientes que contrastaba con el dolor sordo de los calambres, creando una mezcla embriagadora de alivio y sobreestimulación. Mordía la carnecita de los muslos con travesura, dejando marcas superficiales de sus dientes que se extendían hasta las corvas.
⠀⠀⠀⠀Sin embargo, lo mejor fue cuando llegó al punto exacto, al coño de Seokjin. La zona que era la fuente del dolor y el placer que su novio solía sentir.
⠀⠀⠀⠀Namjoon depositó un beso espontáneo sobre la sangre, ganándose un suspiro por parte del castaño. El cuerpo de este tembló antes de liberar más líquido, que no era precisamente el gush que el moreno adoraba. Otro lento y espeso rastro de sangre corrió de los rojitos labios vaginales de Jin, quien a pesar de la vergüenza, dejó de esforzarse por retener su satisfacción.
⠀⠀⠀⠀— ¿Te gustó, muñeca? —pregunta, sintiendo parte de su barbilla pegajosa y salada.
⠀⠀⠀⠀— Sí, sí... —gime Seokjin, estrujando la almohada—. Sigue... sigue ahí,por favor.
⠀⠀⠀⠀Su comportamiento era tan cambiante.
⠀⠀⠀⠀La tensión en la habitación se volvió densa, casi sólida. El castaño, que hace unos minutos se quejó de estar exhausto y miserable, ahora arqueaba la espalda buscando el contacto de su boca, desesperado por sentir nuevamente la lengua de su novio entre sus pliegues manchaditos. Jin hundió las manos en el cabello ajeno, guiándolo hacia su centro, mientras los suspiros se convertían en gemidos que llenaban cada rincón del cuarto.
⠀⠀⠀⠀— Namu... Nammie —jadeó cuando el contacto de la lengua disparó una descarga eléctrica—. ¡Ah! Nammie mueve, mueve más tu lengua... muévela.
⠀⠀⠀⠀El moreno rió con el rostro hundido entre los muslos palidecidos de su princesa, recorriéndolo con otro lengüetazo que desapareció el rastro del periodo que acaba de salir. Podía jurar que se estaba embriagando por el aroma que residía el espacio, así como por el sabor mixto del gush y la sangre.
⠀⠀⠀⠀Para Namjoon, estar ahí era un exquisito premio.
⠀⠀⠀⠀A pesar de todo, él —realmente— no veía el periodo como algo sucio o incómodo, sino una parte sagrada de la persona que tanto amaba. Otro rasgo de su anatomía que no debía minimizarse. Se tomó su tiempo, consciente de que eso era territorio inexplorado; en defnitiva el sabor y la textura fueron diferentes a las ocasiones anteriores donde tuvieron sexo.
⠀⠀⠀⠀Tan pronto comenzó a devorar el pudor de Seokjin, recuperó la confianza de hacerle una buena mamada como lo tenía acostumbrado. Su profesionalismo en ellas únicamente se debía a la entrega que este le ofreció desde el primer momento.
⠀⠀⠀⠀Sujetó sus muslos con una fuerza que prometía dejar marcas y su lengua —con lentitud exasperante— limpió cada centímetro del coñito de su niña incluso si no había algo que quitar. La humedad densa y cruda del ciclo menstrual era suficiente.
⠀⠀⠀⠀Siempre brotaría más líquido y Namjoon no se molestería en dejar seca la feminidad de su novio una y otra vez, disipando la preocupación por manchar las sábanas.
⠀⠀⠀⠀— Por favor, Joonnie... —suplicó Seokjin, con la mirada nublada por la excitación—. No puedo, Namjoonie, no puedo.
⠀⠀⠀⠀Y en serio que no lo soportó.
⠀⠀⠀⠀La respuesta física fue inmediata. Una pesada y terrible ola del lubricante mezclada con sangre propia del periodo de Seokjin golpeó a Namjoon desde el puente de la nariz hasta gotear por su barbilla; en ese momento, el menor entendió a qué se refería Jin cuando mencionó que los primeros días el flujo era abundante.
⠀⠀⠀⠀La mancha de los fluidos quedó dispersa sobre la camisa negra que usaron como cubierta improvisada y también sobre el rostro del moreno, quien ni siquiera vaciló; aceptó la corrida de su princesa como un regalo. Alejó el rostro unos centímetros para recuperarse y acarició los tobillos del pálido antes de frotar su nariz, que sentía algo tapada.
⠀⠀⠀⠀— Namu... —murmuró Jin, soltando sollozos que no eran producto del miedo—. ¿Lo... lo harás de nuevo?
⠀⠀⠀⠀Vaya, su malhumorado angelito quería que le diera otra ronda de sexo oral.
⠀⠀⠀⠀— Te ha ayudado —él asintió, bajando mínimamente la almohada para observar el rostro de su pareja.
⠀⠀⠀⠀El puente de la nariz de Namjoon estaba manchada en sangre y el gush se marcó lentamente su barbilla; parecía un animal. Seokjin sintió que le daría un nuevo orgasmo, Dios, era demasiado excitante ver a su novio así. Lleno de sus fluidos.
⠀⠀⠀⠀— Estaré aquí abajo, preciosa. —dijo, interrumpiendo los pensamientos del castaño.
⠀⠀⠀⠀Dicho y hecho, el pelinegro regresó a lo suyo. Entretenido con la nueva dinámica, su lengua se encargó de masajear y succionar por enésima la carne blandita de su bebé, extrayendo quejidos cada vez más agudos de aquellos labios que pronto devoraría. Los calambres se disolvieron en profundas olas de placer, logrando que Jin se concentrara en la intensidad del toque en lugar del malestar.
⠀⠀⠀⠀No supo cuánto tiempo trabajó y disfrutó de estar atrapado entre las piernas de su novio, pero cuando la sangre se detuvo por fin, Namjoon se asomó de su íntimo escondite, fijándose en que Jin parecía estar disociando en algún otro plano del universo. Era tierno ver cómo había hecho tanto problema por algo que su cuerpotantonecesitaba.
⠀⠀⠀⠀Rozó su frente contra la rodilla flexionada del castaño—. ¿Estás listo, bonita?
⠀⠀⠀⠀— ¿Uh? —murmuró, esforzándose por recuperar el sentido.
⠀⠀⠀⠀Namjoon no dijo más, dejó que sus acciones hablaran por él. Retiró la correa de su uniforme junto con el cierre, luego el bóxer y su virilidad se irguió de inmediato cerca al abdomen de Jin. Este tragó saliva de forma audible y cerró los ojos, entregándose a su novio con una devoción silenciosa; con las pocas fuerzas que le quedaban, sujetó sus propias piernas por las corvas. La vista fue sensacional: el agujerito sonrosado de Jin, impaciente por ser llenado, expulsó otro riachuelo rojizo mientras se abría y cerraba tras tanta estimulación de la lengua.
⠀⠀⠀⠀El de piel canela hizo un movimiento lento y decisivo. Se acomodó sobre Seokjin, sosteniendo el peso de su falo hasta alinearlo entre los pliegues mojaditos por la sangre, moviendo su bálano de arriba hacia abajo mientras sentía el líquido preseminal aflorar de su uretra.
⠀⠀⠀⠀Ahora era él quien sentía una necesidad insoportable. Cuando comenzó a presionar contra la entrada, quedó sorprendido al ver que no había resistencia; el flujo natural y la preparación instintiva del cuerpo de Jin por su periodo hacían que todo fuera distinto.
⠀⠀⠀⠀Mucho más fluido. Mucho más suave. Sin la fricción por la sequedad, el miembro de Namjoon se deslizó con facilidad dentro del pálido; una sensación acogedora de plenitud que les robó unos gemidos.
⠀⠀⠀⠀— Nammie... —gimió este, viendo por encima de su pecho cómo su novio se enterraba en él con tanta facilidad.
⠀⠀⠀⠀— Tranquila, tranquila está todo dentro. Estarás bien, bebé —aseguró tomándolo por la cintura, fijando su cuerpo sobre el colchón para que no se sacudiera demasiado—. Te ves tan bonita abierta de piernas, Jinnie...
⠀⠀⠀⠀Musita mientras se mueve con más fuerza. Seokjin asentía sin apartar la vista de su rostro, Namjoon se veía tan decidido a follarlo que lo obligó a lubricar más; la imagen de su novio dispuesto a aliviar sus malestares era increíblemente caliente. Además, el castaño podía dejar de mirar cómo el rostro de Namjoon seguía bañado por su sangre menstrual.
⠀⠀⠀⠀Sus pieles producían un chapoteo al chocar. El encaje era tan perfecto como placentero, que los ojitos del pálido se llenaron los ojos de lágrimas por la emoción; sentía a través de sus paredes cómo el falo de su novio llegaba hasta el fondo sin el más mínimo esfuerzo.
⠀⠀⠀⠀— ¿S- sí...? ¿Estoy, está... estás bien, Namu? —pregunta medio ido, sintiendo cómo su cuerpo expulsa un poco de gush—. ¿Abro, abro más las piernas...?
⠀⠀⠀⠀El moreno ladea la cabeza, negándose; su Jinnie estaba suficientemente abierto para él en ese momento, era imposible exigir más. Vio cómo este volvía a echar la cabeza hacia atrás con un suspiro largo y trémulo, rendido por completo a los embistes. Namjoon observó su falo: cada vez que salía para arremeter contra el coño de Jin, hilillos de sangre se estiraban por la longitud y, al entrar, parecían multiplicarse por montones.
⠀⠀⠀⠀— Joon... Joonnie... —dice, con las manos abiertas en sus corvas, intentando alcanzar sus hombros.
⠀⠀⠀⠀— ¿Qué pasa? —preguntó él, arremetiendo contra mayor abruptamente.
⠀⠀⠀⠀— Uhg... beso... Dame un beso. —exigió Seokjin, mientras sus músculos flaqueaban por el adormecimiento. Estaba desesperado por sentir los carnosos labios de su novio.
⠀⠀⠀⠀El pelinegro ralentiza sus embistes, tratando de recuperar el aliento. Sonrió sin negarse, agachándose lo suficiente para que las manos de su princesa le tomen el rostro todavía manchado.
⠀⠀⠀⠀— ¿Un beso con sangre? —bromeó en medio de la agitación.
⠀⠀⠀⠀Jin asintió, también carismático, rozando sus narices con cierto temblor—. S-sí, quiero que me beses así... con mi sangre encima... Quiero sentir si juntos sabemos mejor.
⠀⠀⠀⠀Los ojos de Namjoon brillaron con anhelo; sentía la piel alrededor de sus labios algo pegajosa y seca. Se dieron una mirada cómplice antes que el pálido presionara ambos labios con avidez, uniéndose con una mezcla de gratitud, pasión y la vulnerabilidad de sentirse completamente amados incluso en sus momentos más crudos.
⠀⠀⠀⠀— Sabes delicioso, angelito —musita el moreno contra la boquita de su bebé, dándole otra embestida—. Estás tan calentita y húmeda que quisiera embarazarte ahora mismo.
⠀⠀⠀⠀Seokjin rió ante la idea; no era malo, pero aún eran jóvenes para pensar en una familia. Así que, entre beso y beso, sus manos blanquecinas subieron para acariciar las mejillas ajenas, buscando con los pulgares esos adorables hoyuelos que tanto lo perdían.
⠀⠀⠀⠀Él aceptó encantado los mimos y, para facilitarle el trabajo, tomó las piernas de Jin hasta que sus corvas quedaron sobre sus hombros, manteniéndolas lo suficientemente abiertas para que cada fluido cayera a borbotones sobre su camisa. Ahora el castaño solo debía encargarse de besar, acariciar y arañar la piel de Namjoon mientras éste continuaba penetrándolo de forma rítmica y estable, utilizando el peso de sus caderas para presionar los lugares correctos.
⠀⠀⠀⠀— Eres tan buena para mí, preciosa... —jadeó—. Tan suave y perfecta.
⠀⠀⠀⠀Seokjin soltó un gemido adolorido, abrazándose al cuello sudoroso de su novio
⠀⠀⠀⠀— Así, bonita, así. Déjamelo todo a mí.
⠀⠀⠀⠀— A ti, Nammie... Todo siempre... te lo dejaré solo a ti —repitió antes de comenzar a llorar por placer—. Nammie...
⠀⠀⠀⠀— Tranquila, tranquila, ya voy a acabar, dulzura... —siseó el moreno.
⠀⠀⠀⠀Los términos gentiles, cargados de esa posesividad dulce y dominante, aumentaron el nivel de dopamina que había en su cerebro. Él se sentía pequeño, cuidado, protegido bajo el cuerpo inmenso de Namjoon; no tenía que ser fuerte ni lidiar con el dolor solo, porque siempre tendría al moreno quien estaría ahí para aliviar sus malestares con buenas rondas de sexo.
⠀⠀⠀⠀Horas después, habiendo perdido la noción del tiempo, la promesa de cuidado mutuo llevó a que ambos llegaran al clímax. El de piel nivea se tensó de inmediato y una última ola de placer arrasó con los dolores de su vientre; se rompió en los brazos de Namjoon con un llanto ahogado de puro alivio. Su gush cremosito —junto con su fluido menstrual— salió a borbotones rodeando el miembro de su novio.
⠀⠀⠀⠀— Namjoonie...
⠀⠀⠀⠀Lloró, limpiándose los ojos.
⠀⠀⠀⠀— No te preocupes —lo detuvo de inmediato—. Mañana sin falta te llevaré a un chequeo con el doctor... solo por si acaso.
⠀⠀⠀⠀Seokjin solo atinó a frotar su mejilla sobre el desordenado cabello pelinegro.
⠀⠀⠀⠀— Está bien...
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