Prólogo
Olivia estaba segura de muchas cosas en su vida, o siempre pensó estar en completo control y conocerse a sí misma.
Pero en momentos como estos no está segura ni siquiera de quién es realmente.
Ya no es la misma que un día tenía las manos llenas de sangre y lloraba desconsoladamente por el hporror que había hecho; ahora eso ya se ha convertido en parte de su rutina y le preocupa tomarse tan normalmente el hecho de quitar una vida...
Pero ya no lucha con eso y lo acepta.
Aunque aún no es un monstruo sin corazón como el que está frente a ella, el hombre alto vestido de negro y con ojos tan oscuros como su alma solo espera.
¿Acaso será eso lo correcto?
Eso no importa ahora, ya no hay opción, lo poco que le importa está en peligro y aunque tenga que pasar por encima de todos lo hará.
Así que pronuncia las palabras que tanto odia, pero necesita decir.
—acepto.
En ese momento el hombre sonrió, sus colmillos asomándose en aquella horrible sonrisa.
—a partir de este momento me pertenecerás, serás mía y algo me dice que no correrás con el mismo destino de las otras —su voz era tan dulce que Olivia contuvo las ganas de escupirle al rostro—. Eres como ella, siento lo mismo al verte, así que no te soltaré tan fácil.
La joven lo mira con asco y con todos los sentimientos malos que pueden existir.
—puede ser que mi alma sea tuya, pero yo nunca seré como ella y jamás te querré.
El gran hombre frente a Olivia pierde la sonrisa.
Da un paso hasta quedar cara a cara con la muchacha, toma su rostro con una mano y le susurra:
—te apuesto a que sí, dulce Olivia, tú me querrás.
Sabía que eso nunca pasaría, así que con mucha seguridad respondió:
—podría apostar mi libertad a que no.
Una sonrisa oscura salió de los labios de él.
—¿no te enseñaron a no hacer apuestas con el demonio? Eres tan linda —se acercó a su oreja y susurró—, el problema es que él siempre hace trampas.
Y luego de eso lo único que vio Olivia fue negro. Un pozo sin fondo que la tragaba hasta que ya solo la oscuridad era lo único que podía ver.








