Capítulo 0 - (Prólogo)
Estaba despertando con un placer indescriptible, despertando del mejor sueño de mi vida, pero también noté un considerable dolor en mi cuerpo. Lo primero de lo que me di cuenta fue el dolor en la espalda, luego en la cadera; después moví mis piernas y el dolor en los muslos internos era el mayor.
Era como si hubiera estado haciendo ejercicio todo el día anterior, pero yo sabía que esa no era la verdad.
La verdad era que sí, a medias, venía despertando de un sueño: vivía en una casa bastante linda, amplia y simple, pero no por eso menos lujosa que una mansión. Techos altos, pisos de madera, y cuando pisaba alguna cerámica, el piso estaba calefaccionado.
Estaba tapada con las sábanas, que eran muy suaves. Refunfuñando, empecé a acordarme de mi sueño. Aquí vivía acompañada de tres hombres; podía dormir con ellos según quisiera. En especial anoche había estado con Fede. Era muy extraño despertar tan cansada y seguir deseosa de que las caricias continuaran, junto con los mimos. Quería seguir durmiendo.
Cuando me di cuenta de lo que estaba pensando, acepté el hecho de que nada había sido un sueño, que podía recordar las caricias, los roces, el amor que había recibido la noche anterior. Lo último que recuerdo es que se durmió conmigo en esta cama, y ahora estaba sola.
Fue ahí cuando me sonreí por pensar que era un sueño, por tener vergüenza de reconocer que aún era la de antes, pero ahora más completa.
El camino fue complicado, pero sin duda me había asegurado que todo tendría una recompensa. Ver lo que había recorrido para transformarme en lo que ahora era: una mujer dueña de su cuerpo, dueña de sus acciones y sus decisiones. Pero también con algo de niña que me encanta demostrar.
Cuando ya estaba totalmente despierta, me estiré en la cama, que era grande, muy grande a mi parecer. —Qué lata será lavar esta ropa —me dije. Yo sabía lo que era lavar, incluso a mano. Y ahora agradecía por tener todo esto, en especial a estos tres hombres que me cuidaban, mimaban y defendían de ser necesario.
Me levanté y paseé por mi pieza con toda la desnudez de mi cuerpo. La temperatura estaba cálida y templada. Fui al baño, me duché en esa ducha de piedras tipo lluvia. Era una sala de baño enorme, con tina y ducha en espacios separados, un vestidor. No podía de tanta satisfacción.
Al salir del baño me puse una bata de seda y caminé a pies descalzos. Amaba el tacto de la madera del piso. Fui hasta la cocina; necesitaba desayunar. Allí me esperaban mis tres hombres: Lucas, Facundo y Federico.
Todos repartidos en diferentes partes de la cocina, tomando café, murmurando. Me vieron y siguieron hablando bajo. El calor me subió hasta las orejas; estaba sonrojada. Facundo me vio y me dijo: —¿Le dio cosita? ¿Ahora? Jajajaja. Bajé la cabeza y me reí. Mi pelo negro y largo cayó por los lados tapándome el rostro. —Jajajaja —la risotada de Lucas rompió el silencio de todo el recinto. —Ya, si aún tiene vergüenza, déjenla —dijo Fede por otro lado.
Saqué una taza, me serví café y me paseé por la cocina dando besos de buenos días a los tres. Me sentía con la cara llena de risa y roja como tomate.
Me senté en la mesa. Lucas seguía riéndose, Facundo me guiñó un ojo y Fede me salvó del bochorno, como siempre. Miré la cocina, la casa.
Por el ventanal vi la terraza y esos cardenales (geranios) que se erguían grandes y frondosos, solo con verlos podía volver a sentir su aroma, y lo amaba. El olor a tierra cuando los planté, me llenó.
—¿En qué parte de mi vida llegué aquí? —me pregunté. —¿Cuándo fue que cambió todo?


![The Moon's Weapon : the cursed mate [ MOVING TO GALATEA]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_123f31099804e79c6de11657975bcaae.jpg)





