⤑·𝐏𝐫𝐨𝐥𝐨𝐠𝐨: 𝐓𝐨𝐝𝐨𝐬 𝐦𝐞𝐧𝐨𝐬 𝐭ú·༺
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La primera vez que Elizabeth perdió el control por completo fue esa noche, bajo una lluvia que caía como un castigo divino. El cuerpo sin vida de Dmitri, el hermano menor de Aleksei, yacía a pocos metros de ellos, cubierto apenas por una sábana blanca que la tormenta ya empezaba a teñir de gris.
—¡SUÉLTAME! —gritó la chica, con la voz desgarrada.
El agua helada se mezclaba con las lágrimas que corrían por el rostro de Elizabeth, pero ella apenas lo notaba. Sus ojos, enrojecidos y llenos de un odio visceral, estaban clavados en los de su supuesto amigo como si quisieran atravesarlo.
—Lizz... —murmuró él, con la voz ronca.
—¡NO ME LLAMES ASÍ! —chilló ella, dando un tirón violento para liberarse de su agarre— ¡Nunca más! ¡Todo esto es tu culpa!
Su pecho subía y bajaba con violencia, como si cada respiración le doliera. La rabia y el duelo la hacían temblar entera.
—Dmitri solo tenía diecinueve años... —sollozó, casi escupiendo las palabras—. ¡Era un niño! Y ahora está muerto por culpa de las decisiones que tú tomaste sin pensar en las consecuencias. ¡Ojalá nunca te hubiera conocido! ¡Ojalá ninguno de ustedes hubiera aparecido en mi vida!
El se quedó paralizado bajo la lluvia torrencial. Aquellas palabras lo golpearon más fuerte que cualquier puño, que cualquier bala que hubiera recibido en el pasado. Sintió cómo algo dentro de su pecho se astillaba de forma irreversible.
Elizabeth retrocedió varios pasos, mirándolo como si ya no viera al hombre que amaba, sino al responsable directo de la tragedia. La sábana blanca se movía ligeramente con el viento, revelando por un segundo la mano pálida de Dmitri, inerte sobre el asfalto mojado.
—No quiero volver a verte —susurró ella con la voz quebrada, pero firme—. Si te acercas a mí otra vez...
Y por primera vez desde que todo comenzó... no supo qué hacer. No había palabras, ni acciones, ni excusas que pudieran reparar lo que acababa de destruirse para siempre.
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Meses antes.
La música vibraba suave en el fondo mientras las risas llenaban el departamento de Aleksei.
Solo eran cuatro amigos con botellas a medio terminar sobre la mesa, y el desorden típico de una noche que se negaba a terminar. Eran las ultimas semanas antes de la fiesta de titulacion, y el ambiente olía a nostalgia, cerveza barata y promesas tontas.
—Hablando del baile de la próxima semana...—dijo Aleksei—. Creo que ya gané respecto a la apuesta que habíamos estado conversando antes .
—¿A si?, pero si tu ni siquiera has encontrado una pareja de baile. Pedazo de imbécil.—rió Thomoe desde la alfombra.
—Todavía quieres decir.
Soltan soltó una carcajada desde la esquina.
—Que dices bro, si vos espantas hasta a las abuelas.
—Ya aparecerá una mujer desesperada, envidioso. Veremos quien gana.
Las risas estallaron de nuevo.
Seikyuu, de pie junto a la ventana con un vaso en la mano, observaba la ciudad iluminada con una media sonrisa. La noche era tranquila. Perfecta. De esas que uno guarda en la memoria.
—Acuérdense de la apuesta —continuó Aleksei, incorporándose con dramatismo—. El primero que consiga pareja para el baile gana. y el premio será una cena pagada por los perdedores en el motel mas caro de la ciudad.
Seikyuu miro de reojo mientras bebia de su copa.
—¿No se suponía que simplemente pagaría unas cervezas?
—Si pero decidí hacerlo mas interesante, eh.
Los chicos se miraron.
—Pues ahora sí me interesa —dijo Thomoe.
—Entonces nose ustedes —sonrió Soltan—. Porque yo ya tengo candidata.
—Mentiroso —lo señaló Thomoe.
—No miento.
—¿Quién es? —preguntó el pelirojo.
—No les diré.
—Porque no existe —se burló Seikyuu.
Thomoe soltó una risa.
—Seguro es Lauren.
Seikyuu giró lentamente la cabeza, con una sonrisa sarcástica.
—¿Mi hermana?, jamás la dejaría estar contigo imbécil.
—Oye —protestó Soltan
—Eres bueno, aunque podrías intentarlo. —respondió Seikyuu con calma—. Siempre y cuando tu interés sea recibir una paliza esa misma noche.
Las bromas volaron durante varios minutos, ligeras y absurdas, hasta que Thomoe dejó su botella sobre la mesa y su sonrisa se fue desvaneciendo poco a poco.
—Bueno... quiero contarles algo ahora que finalmente pudimos juntarnos todos.
Aleksei arqueó una ceja.
—Esa cara nunca trae buenas noticias.
Thomoe respiró hondo.
—Hablo en serio.
—¿Estás endeudado otra vez? —preguntó Seikyuu.
—No.
—¿Embarazaste a alguien? —lanzó Aleksei con tono burlón.
—¿POR QUÉ SIEMPRE DICEN ESO? —exclamó Thomoe, exasperado.
Las carcajadas estallaron con fuerza en toda la sala. Incluso Seikyuu soltó una risa baja. Pero Thomoe no se unió esta vez. Su expresión seguía seria.
—Hablo en serio, idiotas.
Poco a poco las risas se fueron apagando.
—Me gusta alguien.
El silencio duró apenas un segundo antes del nuevo caos.
—¿¡Quien es la desafortunada!?
Un cojín voló directo a la cara de Aleksei.
—¡CÁLLENSE! —rió Thomoe, avergonzado pero claramente feliz—. Es... Elizabeth.
El silencio que cayó fue distinto. Más pesado.
Aleksei sonrió primero.
—Joder, soñar se vale bro.
—Ya veo porque pasan demasiado tiempo juntos ultimamente. —añadió Soltan.
—Por culpa de ella ya no te acuerdas de nosotros...—bromeó Aleksei—. Deberías declararte en el baile, Thomoe. Es el momento perfecto.
Thomoe sonreía cada vez más, nervioso pero lleno de esperanza.
—¿Creen que tenga oportunidad?
—Claro —dijo Aleksei—. Ustedes dos hacen una pareja perfecta.
Seikyuu permanecía en silencio junto a la ventana. Sus dedos apretaban el vaso con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
Thomoe continuó, emocionado:
—Llevo meses pensando en esto... Quiero decírselo mirándola a los ojos. Decirle que ella es lo mejor que me ha pasado, que cada vez que sonríe siento que el mundo tiene sentido. Quiero ser valiente por una vez.
Mientras Thomoe hablaba, Seikyuu le clavó una mirada brutal. Una mirada oscura, fría y llena de algo peligroso. Sus ojos parecían decir todo lo que su boca callaba. Thomoe, emocionado, ni siquiera lo notó.
Pero Seikyuu sí, lo sintió todo.
—No deberías hacerlo —dijo de pronto, con una voz baja y cortante que silenció la habitación.
Thomoe levantó la cabeza, confundido.
—¿Qué?
—No deberías declararte a Elizabeth —repitió Seikyuu, girándose por completo. Su mirada seguía siendo brutal—. Ella te ve solo como un amigo. Si te rechaza, vas a perderla para siempre.
La atmósfera cambió por completo.
—Aun así quiero intentarlo.
—Mala idea.
Soltan frunció el ceño.
—¿Qué te pasa?, deberías apoyarlo.
—Lo estoy haciendo.
La respuesta llegó demasiado rápido.
—Literalmente acabas de decirle que no se declare.
Aleksei observó a Seikyuu durante unos segundos.
Luego entrecerró los ojos.
—No, no. Ahora entiendo por qué estás actuando tan raro.
Seikyuu rodó los ojos.
—No estoy actuando raro.
Aleksei lo señaló con una botella.
—Normalmente eres el primero en apoyar las estupideces de Thomoe.
—Eso es verdad —admitió Soltan.
—Eso no es cierto.
—Claro que sí. Cuando quiso teñirse el cabello de blanco fuiste tú quien dijo “hazlo”.
Thomoe se cubrió el rostro.
—No me recuerdes eso...
—Le quedó bien.
—Parecía un anciano.
—Gracias —dijo Thomoe.
La sala estalló en carcajadas.
Thomoe terminó riéndose también, aunque escondió el rostro entre las manos por pura vergüenza.
—Y aun así Seikyuu dijo que te veías increíble.
—Porque me veía bien —murmuró Thomoe.
—Parecías jubilado —remató Soltan, provocando otra oleada de carcajadas.
Aleksei aprovechó el momento:
—¿Y cuando quiso abandonar una semana entera de clases? ¿Quién lo apoyó?
Soltan señaló directamente a Seikyuu.
—¿Y cuando quiso aprender a conducir en una sola noche?
—No choqué —se defendió Thomoe.
—Por puro milagro —dijo Aleksei—. Mi punto es que siempre apoyas sus estupideces, Seikyuu. Entonces explícame... ¿por qué esta vez no?
El silencio cayó sobre la sala como una losa pesada. La música de fondo parecía lejana ahora.
Thomoe dejó de sonreír y comenzó a mover nerviosamente la botella entre sus manos.
—Porque esto es diferente —respondió Seikyuu al fin, con voz baja.
Thomoe miró a Seikyuu, herido.
—Vamos, tampoco es para tanto...
—Claro que es para tanto —intervino Aleksei—. Este idiota prácticamente te está diciendo que no lo intentes.
—Solo digo que podría salir mal —repitió Seikyuu, pero su tono era cada vez más tenso.
—Todo puede salir mal si es para Thomoe —dijo Soltan.
Todos rieron.
Todos... menos Seikyuu.
Y eso fue lo que delató todo. Normalmente él sería el primero en burlarse, el que lanzaría la broma más afilada. Pero esa noche su rostro permanecía serio, casi sombrío. Sus dedos apretaban el vaso con tanta fuerza que los nudillos se le veían blancos.
Aleksei y Soltan lo notaron al mismo tiempo.
—Espera... —murmuró Soltan, inclinándose hacia adelante.
—No —cortó Seikyuu.
—Ni siquiera he dicho nada.
—Ya sé lo que vas a decir.
—Entonces probablemente tengo razón —dijo Soltan con una media sonrisa.
Todos miraron a Seikyuu. Él levantó una ceja, fingiendo calma.
—Entonces...dilo, que no te gusta Elizabeth.
Seikyuu soltó una risa corta, sin humor, sin alma.
—No me gusta Elizabeth.
—¿Y te molestaría que Thomoe saliera con ella? —preguntó Aleksei directamente.
El peliblanco dejó de sonreír por completo. Ahora estaba atento, casi pálido.
Seikyuu tardó en responder. Solo un segundo. Pero bastó.
—No —dijo al fin.
Mintió.
Soltan levantó ambas manos, intentando romper la tensión.
—Bueno...o le gusta Elizabeth... o está teniendo una crisis existencial.
—Prefiero la primera —bromeó Aleksei.
Las risas regresaron, forzadas y nerviosas. La tensión pareció disiparse.
Pero Seikyuu sabía que no era así.
Mientras Thomoe volvía a sonreír tímidamente, imaginando cómo invitaría a Elizabeth al baile, algo oscuro y venenoso comenzaba a crecer dentro de Seikyuu. Una sombra que ya no podía ignorar.
Iba a perderla.
La conversación terminó desviándose de forma natural.
Como siempre.
Soltan comenzó a hablar de una chica de ingeniería que había visto en la cafetería. Aleksei aseguró que podía conseguir una cita con cualquier mujer del campus si se lo proponía. Thomoe se burló de él. Soltan se burló de ambos. Y en cuestión de minutos el tema de Elizabeth pareció quedar enterrado bajo una montaña de bromas estúpidas y anécdotas vergonzosas.
La tensión desapareció.
Para cuando Aleksei comenzó a contar una historia absurda sobre una cita fallida, Seikyuu ya iba por la tercera copa.
—Y entonces me preguntó cuál era mi libro favorito.
—¿Y qué respondiste? —preguntó Soltan.
—No leo.
Las carcajadas llenaron la sala.
—Idiota.
—¿Qué querías que hiciera? No iba a mentir.
—Por eso sigues soltero.
Aleksei se llevó una mano al pecho.
Cuando la conversación volvió al tema del baile, Thomoe ya estaba bastante más relajado. La vergüenza inicial había desaparecido. Ahora sonreía cada vez que alguien mencionaba a Elizabeth. Y eso comenzaba a irritar a Seikyuu.
—Entonces hazlo de una vez —dijo Soltan.
—No es tan fácil. llevamos años siendo amigos.
—Precisamente por eso.
Aleksei asintió.
—Entiendo lo que quiere decir.
—Si me rechaza será raro.—Thomoe soltó un suspiro.
Entonces giró la cabeza, mirando directamente a Seikyuu.
—¿Y tú qué opinas?
El corazón de Seikyuu se tensó apenas un instante.
—Ya te dije lo que opino.
—Sí, pero quiero escucharlo otra vez.
La sonrisa de Thomoe era pequeña, Inocente.
Pero algo en ella hizo que Seikyuu sintiera ganas de romperle la cara, porque Thomoe sabía.
Sabía perfectamente.
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Un año antes.
La noche era tranquila.
Thomoe estaba sentado sobre el borde de concreto, balanceando una botella de cerveza entre las manos y Seikyuu permanecía de pie, apoyado contra una baranda, mirando las luces que parecían extenderse hasta el infinito.
No hablaban mucho.
Nunca lo necesitaban.
—¿Sabes...? —murmuró Thomoe después de un largo silencio—. Creo que somos demasiado jóvenes para preocuparnos tanto por la vida.
Seikyuu soltó una risa baja.
—Habla por ti.
Thomoe levantó la botella y ambas chocaron con un sonido seco, sellando un brindis silencioso.
—Thomoe.
—¿Hm?
Seikyuu soltó un largo suspiro, como si estuviera liberando algo que llevaba meses guardado.
—Hay algo que no le he contado a nadie.
Thomoe arqueó una ceja, intrigado.
—¿Qué hiciste? ¿Apostaste todo y quedaste en banca rota?
—Nada de eso.
—¿Entonces?
Seikyuu dudó. Por un momento pensó en cerrar la boca y cambiar de tema, pero ya había llegado demasiado lejos. Respiró hondo.
—Me gusta alguien.
Hubo un segundo de absoluto silencio. Thomoe lo miró fijo, parpadeó una vez... y luego soltó una carcajada tan fuerte que casi dejó caer la botella al vacío.
—¡NO TE CREO!
Seikyuu frunció el ceño.
—¿Qué tiene de gracioso?
—¡Pensé que ibas a morir virgen!
—...
Seikyuu lo observó con una mezcla de fastidio y resignación.
—Eres un imbécil.
—Un imbécil que tiene razón —replicó Thomoe, todavía riéndose—. Dime la verdad, ¿cuántas has pensando en ella? Porque si nunca has hablado de esto, seguro que ya tienes callos en la mano derecha.
—Thomoe...
Se apoyó contra la pared intentando recuperar el aire, todavía riéndose.
—No puedo creer que estés enamorado. ¿En serio tu corazón late por alguien?
Seikyuu cruzó los brazos, claramente irritado pero acostumbrado a las bromas de su amigo.
—¿Vas a seguir molestando o piensas escuchar?
Thomoe levantó ambas manos en señal de rendición, aunque su sonrisa pícara no desaparecía.
—Perdón, perdón... Intentaré ponerme serio.
IDuró exactamente tres segundos.
—¿Quién es la chica? ¿Es alguien que conozca?.
Seikyuu cerró los ojos y suspiró.
—Elizabeth.
Esta vez Thomoe dejó de bromear. La sorpresa reemplazó la risa por completo.
—...¿Elizabeth?
Seikyuu asintió en silencio.
Thomoe permaneció unos segundos mirándolo, procesando la información. Luego sonrió de lado, más suave esta vez.
—Qué idiota estás.
—Gracias.
—No lo digo como insulto, de verdad —dijo Thomoe, dándole un leve empujón en el hombro—. Nunca te había visto así.
Seikyuu bajó la cabeza, mirando sus propias manos.
—No pienso decirle nada.
—¿Por qué no? —Thomoe frunció el ceño—. ¿Prefieres quedarte con las ganas?
—Porque prefiero seguir siendo su amigo antes que perderla. No quiero arruinarlo todo.
Thomoe guardó silencio unos instantes, mirando las luces de la ciudad. Luego le dio un golpe amistoso pero firme en el hombro.
—Pues cuando cambies de opinión, yo voy a ayudarte. En serio.
Seikyuu levantó una ceja, escéptico.
—¿Tú?
—Claro —respondió Thomoe con total seguridad, sonriendo con picardía—. Si algún día decides confesarte, voy a estar de tu lado. Te voy a preparar el terreno, te voy a dar consejos infalibles... y si se pone tensa la cosa, te cubro las espaldas. Hasta te puedo enseñar cómo no eyacular en los primeros cinco segundos, si quieres.
Seikyuu soltó una risa incrédula y le dio un empujón.
—Cállate, idiota.
Thomoe se rio, pero su expresión se volvió más sincera al final.
—Hablo en serio con lo de ayudarte. Eres mi hermano. Si Elizabeth es la indicada... vamos a hacer que funcione. Aunque tenga que arrastrarte de las bolas hasta ella.
Seikyuu negó con la cabeza, pero una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Gracias, Thomoe.
—Siempre, cabrón. Siempre. Ahora pásame otra cerveza, que esto merece otro brindis... por tu virginidad en peligro.
El recuerdo desapareció de golpe.
...
Un dolor insoportable le atravesó la cabeza.
Seikyuu abrió los ojos lentamente, con el ceño completamente fruncido.
—...Mierda...
La garganta le ardía. Tenía la boca seca y un sabor amargo que le revolvía el estómago.
Parpadeó varias veces y giró apenas la cabeza.
Botellas vacías.
—¿Qué...?
Se incorporó con dificultad, llevándose una mano a la frente.
Sentía que el cerebro le latía.
Entonces vio el sofá.
Thomoe dormía allí, completamente desparramado, con un brazo colgando hacia el suelo y una manta apenas cubriéndole las piernas.
Seikyuu frunció el ceño.
No recordaba cómo habían terminado allí.
Lo último que tenía realmente claro...
Era aquella conversación.
“...Es Elizabeth.”
“...Algún día voy a ayudarte.”
“...Voy a estar de tu lado.”
Y después...
La noche anterior.
“...Quiero declararme en el baile.”
El pecho de Seikyuu se tensó.
Bajó lentamente la mirada hacia sus propias manos.
Las cerró en un puño.
¿De verdad había pasado un año entero?
Un año...
Mirándola en silencio, guardándose cada palabra, cada sentimiento.
Un año completo creyendo que siempre habría tiempo. Y mientras él esperaba...
Thomoe simplemente había decidido actuar.
Seikyuu soltó una risa amarga.
—Qué imbécil fui...
Su voz apenas fue un susurro, no sabía si hablaba de Thomoe... O de sí mismo.
Miró otra vez al sofá.
Thomoe seguía profundamente dormido, se veía tranquilo. Como siempre.
Como si no acabara de partirle el corazón.
Seikyuu permaneció observándolo varios segundos. Después estiró la mano y le dio un pequeño empujón en el hombro.
—...Thomoe.
Nada.
Volvió a moverlo.
—Oye.
El muchacho soltó un gruñido.
—Cinco minutos...
—Levántate.
—No...
Seikyuu perdió la paciencia y le dio un golpe un poco más fuerte.
—Levántate de una vez.
Thomoe abrió un ojo con evidente sufrimiento.
—¿Quién... Quien vomito...?
—Nadie.
—Entonces déjame dormir...
Intentó darse la vuelta.
Seikyuu lo sujetó del hombro antes de que pudiera hacerlo.
—Tenemos que hablar.
Aquellas cuatro palabras hicieron que Thomoe abriera ambos ojos.
La somnolencia desapareció poco a poco al notar el tono de voz de su amigo. Demasiado frío.
Thomoe terminó incorporándose lentamente en el sofá. Se frotó la cara.
—¿Qué pasa?
Seikyuu permaneció de pie frente a él.
En silencio.
Thomoe tragó saliva.
—Ayer... cuando hablaste de Elizabeth...
Thomoe bajó un poco la mirada.
Ya entendía por dónde iba la conversación.
—No estaba mintiendo hace un año.
Su voz era baja.
—Sigo enamorado de ella.
El silencio fue inmediato.
Thomoe no respondió.
Se quedó sentado, observando el suelo durante unos segundos.
Luego dejó escapar un largo suspiro.
—Lo imaginaba.
Seikyuu frunció el ceño.
—¿Lo imaginabas?
—Ayer, cuando intenté preguntarte varias veces si te molestaba que me confesara... esperaba que me lo dijeras. Que me detuvieras.
Seikyuu bajó la mirada.
Thomoe se levantó del sofá.
—No pudiste hace un año... ni pudiste ayer, ya es tarde, Seikyuu.
Seikyuu soltó una risa seca.
—Qué conveniente.
Thomoe frunció el ceño.
—No empieces.
—No, claro. Esperaste un año entero y justo cuando decides que “ya es tarde”, apareces diciendo que la amas.
La voz de Seikyuu era cada vez más dura.
—¿Sabes qué es lo peor? Que me pedías consejos. Me hablabas de cómo pensabas declararte... sabiendo perfectamente lo que sentía.
Thomoe bajó la mirada. No encontró una respuesta.
Porque era cierto.
—Seikyuu...
—No.
Él levantó una mano para callarlo.
—No quiero escucharte.
Tomó su chaqueta del respaldo de una silla.
—Me voy.
Thomoe dio un paso al frente.
Seikyuu intentó pasar a su lado, pero Thomoe le sujetó el brazo.
—Puede ser peligroso. Quédate unas horas más y después te vas.
Seikyuu se soltó de un tirón.
—No me toques.
Los dos se quedaron inmóviles.
Thomoe jamás lo había oído hablarle así.
—Déjame acompañarte al menos.
—No.
—Seikyuu...
—¡He dicho que no!
El grito hizo eco en el departamento. Thomoe abrió la boca para insistir, pero no encontró las palabras.
Seikyuu abrió la puerta.
Antes de salir, habló sin mirarlo.
—Ojalá nunca me hubieras hecho aquella promesa.
Y cerró de un portazo.
...
El aire frío de la mañana le golpeó el rostro y el mundo parecía balancearse bajo sus pies.
Caminó sin rumbo durante varios minutos hasta que entonces una idea lo golpeó con fuerza.
Iba a buscar a Elizabeth e iba a decirle toda la verdad antes del baile.
Antes de que fuera demasiado tarde.
Pero ahora...
Ahora sabía que Thomoe haría exactamente lo mismo.
Se llevó una mano al rostro y sintió ganas de vomitar. No sabía si era por el alcohol...O por la desesperación que le oprimía el pecho.
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