Capítulo 1
—¡Tienes que ayudarme a salir de aquí! —jadeó Jimin, con voz desesperada.
—No puedo, estoy herido ¿No lo ves?
—¡Taehyung, estoy más herido que tú!
—¡Nos van a matar a los dos si no te mueves! Avanza y busquemos dónde escondernos.
—¿Acaso no ves que... —el sonido de una ráfaga de disparos los hizo callar un instante, sobre todo a Jimin, quien se petrificó al ver sangre por todos lados— ¡¿Viste?! Nos mataron por tu culpa —señaló el televisor.
—¡Te dije que avanzaras y no me hiciste caso! —lo señaló con el control en la mano.
—Siempre nos matan por tu culpa.
—¿Ahora es mi culpa?
—Debiste ayudarme.
—Debiste avanzar.
—Hubiera avanzado si me hubieras curado.
—No puedo dejarlos solos dos minutos porque ya están buscando cómo arrancarse la cabeza entre ustedes —renegó desde la puerta.
Jimin se remolineó en su asiento y lo miró.
—Hobi, tú sabes que tengo razón.
El muchacho puso la bandeja con bocadillos que cargaba sobre la mesilla y suspiró.
—Ambos son unos idiotas.
—¡Hey! —espetaron Jimin y Taehyung al mismo tiempo.
—Es verdad —elevó los hombros.
Jimin frunció el ceño y sujetó el control nuevamente.
—Hay que jugar otra vez.
—No. Yo ya no quiero jugar contigo —habló Taehyung mientras se metía un trozo de sándwich a la boca.
—Miedoso.
—Rencoroso.
—Traidor.
—Perdedor.
—¡Basta! —intervino Hoseok nuevamente, removiéndose su melena rojiza con los dedos—. Estas peleas eran divertidas antes, pero ahora ¡Compórtense como adultos!
—Sabes que no nos vemos muy adultos mientras estamos haciendo una pijamada ¿Cierto? —Taehyung elevó una ceja.
—Esto es diferente. Estamos celebrando que Jimin finalmente haya encontrado un empleo.
—Claro, porque ya dejé de ser un vago mantenido.
—Porque oficialmente has entrado al mundo de los adultos —corrigió Hoseok.
—No me siento muy adulto sólo por trabajar y menos si es desde casa.
Taehyung los observaba en silencio mientras metía un par de chetos a su boca y señaló a Jimin.
—Bueno, pero te van a pagar por eso.
—Tienes razón —suspiró—. Sinceramente no creí que me darían empleo y menos con este cabello.
—Yo no veo nada malo —Hoseok se apoltronó en el sillón.
—A algunas agencias no les agradó verme con el cabello teñido de rosa.
—Pero eso te da un poco de estilo —Taehyung parecía ser el único atragantándose con la comida.
—Bueno. Deberíamos ir a dormir temprano. Nam llega mañana y quiero limpiar un poco antes de que eso pase.
—Relájate ¿Si? Te dije que fueras un adulto no que te comportaras como un viejo.
—Es un viejo —completó el otro y ambos se echaron a reír.
—¿Han visto a Namjoon enojado?
—Miles de veces —respondieron al unísono.
—Tu hermano lo que tiene de risueño, lo tiene de amargado —agregó Taehyung.
—Bueno, no digan que no les advertí —los señaló.
—Como digas —Taehyung se limpió el resto de chetos de sus dedos en el pijama y miró a Hoseok—. ¿Juegas conmigo?
—Prepárate para perder —negó con la cabeza mientras tomaba un control.
Jimin suspiró y buscó con la mano su móvil mientras los otros discutían por quién moriría primero; encendió la pantalla y se percató de que tenía un mensaje nuevo de un número desconocido y una llamada perdida que no atendió por tenerlo sin sonido.
Número desconocido: Eres Jimin ¿Cierto? Vi un anuncios obre tu trabajo. Me interesa trabajar contigo para que me ayudes a crear una página Web. ¿Te veo mañana en el “Latte Love”?
El corazón de Jimin se aceleró por un instante. Había egresado de la carrera de diseño gráfico dos años atrás y no había logrado obtener ningún cliente, mucho menos empleo hasta que una agencia decidió darle la oportunidad a un novato como él. Le hicieron crear un perfil en su página oficial y ahora ese mensaje podía ser de su primer cliente oficial.
Observó a sus amigos riendo con ganas mientras peleaban entre sí dentro del juego, ajenos a la situación, y con manos temblorosas respondió.
Sí, soy Jimin. Por supuesto, esa cafetería me queda muy cerca. Usted diga la hora y yo estaré ahí😊
Apretó la mandíbula mientras miraba la pantalla y a los pocos minutos obtuvo una concisa respuesta.
Numero desconocido: A las 6:00 pm.
—¿Con quién vas a ir? —inquirió Namjoon con una sonrisa ancha.
—Con un cliente, ya te lo dije —pronunció sus labios mientras acomodaba su laptop dentro de la mochila.
El mayor rio por lo bajo y negó con la cabeza.
—Mi hermanito ya es todo un hombre de negocios —lo abrazó por los hombros y depositó un beso en su cabeza.
—¡Me vas a despeinar!
—Lo siento —se alejó sin borrar su sonrisa—. No puedo creer que aquel jovencito rebelde sin causa que tanto dolor de cabeza me provocó, ahora se está alistando para una reunión de trabajo.
—Deja de recordarme eso ¿Quieres? —cerró la mochila y se la puso sobre un hombro—. Fui un adolescente desastroso y hormonal, pero estoy intentando encontrar el camino del bien.
—Te escuchas como drogadicto rehabilitado —se soltó a reír.
—¡Carajo, Nam! Ten un poco de seriedad —frunció el ceño y caminó hacia la puerta—. Apúrate o voy a llegar tarde.
Una vez que Namjoon estacionó su auto frente a aquella cafetería los dos hermanos se quedaron en su lugar observando en el interior a un hombre de piel pálida, cabello oscuro y una gabardina negra que piqueteaba la mesa mientras sorbía un vaso con café.
—¿Cómo dices que se llama? —preguntó el mayor.
—Sólo sé que se llama August.
—¿Cuál es su apellido?
—No lo sé, Nam. Le pediré su identificación y su tipo de sangre para que estés tranquilo —rodeó los ojos.
—Ese hombre te puede secuestrar, robar órganos o venderte al mercado negro ¿Lo sabes? Mira su aspecto. Además, esta camioneta —señaló al frente—, debe ser de él ¡Mira todo eso! Debe valer varios billones de wones.
—Y por eso es un muy buen cliente —entornó los ojos— Deja de preocuparte y yo me encargaré de él.
—¿Quieres que te espere?
—No.
—¿Seguro?
—Sí —murmuró, ya hastiado—. No tengo cinco años, Nam. No tienes que cuidarme los pasos.
El mayor bajó la mirada sobre el volante y suspiró.
—Algunas veces suelo olvidar que ya no me necesitas.
Jimin sostenía el seguro de la puerta, listo para salir y dejó caer sus hombros a los lados.
—Ya no soy ese niño —susurró—, pero agradezco que sigas cuidando de mí —se acercó y besó suavemente su mejilla—. Estaré bien, regresaré en taxi a casa. Tú descansa.
—Si necesitas algo sabes que puedes llamarme.
—Lo sé —le sonrió levemente antes de salir del auto.
Al instante en el que puso un pie sobre la acera, los nervios se anudaron en el estómago del chico. El tipo tras el vidrio de la cafetería realmente se veía intimidante, quizá porque era su primer cliente o tal vez porque tenía cara de querer asesinar al mundo.
En algunos momentos, como ese, Jimin extrañaba su versión más extrovertida.
—Hola —balbuceó, sosteniéndose de los tirantes de su mochila.
El hombre levantó la mirada del móvil sin mover su rostro y respondió con un gruñido.
—Jimin, llegas a tiempo —miró el reloj en su muñeca—. Toma asiento —señaló a un lado de él.
El chico observó que del otro lado de la mesa había espacio, pero el hombre le indicó a un lado de él. Estaba nervioso y no quería molestar a su primer cliente, así que obedeció.
Se deslizó por el asiento de piel hasta casi topar su cuerpo con el hombre y quitó su mochila de los hombros.
—Te ves... Diferente —murmuró el mayor.
Jimin levantó la mirada y lo observó de pies a cabeza. Su piel se veía aún más pálida de cerca y su cabello era tan oscuro como su penetrante mirada, pero ¿Por qué le había hecho aquel comentario? ¿Lo decía por su foto de perfil en la página de la agencia? En esa fotografía lo obligaron a vestir de manera formal y ahora sólo llevaba unos vaqueros, un suéter afelpado de color lavanda y unas Vans, ¿era eso? O ¿acaso se conocían? No, era muy improbable. A alguien tan peculiar lo podría recordar fácilmente.
—Señor August, disculpe, pero no lo conozco.
—Soy Min Yoongi. No puedo creer que te hayas tragado lo de August.
—Yo creí...
—Era sólo un pseudónimo. Te has vuelto muy ingenuo y —observó su melena— rosa.
Jimin continuaba observando de pies a cabeza al hombre. Jamás lo había visto ¿Quién carajos era?
—Veo que no puedes recordarme.
El chico negó con la cabeza.
—Bien, quizá pueda ayudarte con eso —le tomó la línea de la mandíbula y lo besó.
El caos que se formó dentro de Jimin fue inmediato.
El hombre tenía cara de querer asesinarlo, no de besarlo... Y para su mayor sorpresa, los labios del otro se movieron muy suavemente y con gentileza. Casi con cariño.
Cuando se alejó despacio los ojos de Jimin se abrieron en grande.
—Señor... —balbuceó.
El hombre soltó un bufido y miró hacia el techo.
—Entonces no lo recuerdas —concluyó.
El muchacho tomó todo el valor que tenía, que era muy escaso en esos momentos, y se puso de pie.
—Señor Yoongi o August... ¡Como sea! —sacudió la cabeza— No tengo idea de quién sea, pero yo no lo conozco y sólo estoy aquí para hacer mi trabajo. No me esté faltando al respeto.
El hombre lo observó en silencio y lentamente fue mostrando su hilera de dientes.
—Oh, Jimin, eres tan tierno.
La frustración creció más dentro del muchacho y apretó ligeramente los pequeños puños.
—No estoy aquí para que se burle de mí. Creí que podía ser un cliente serio con el que podría trabajar, no un viejo rabo verde acosando a chicos como yo —se puso la mochila sobre sus hombros.
—Jimin —suspiró tranquilo—, en primer lugar, ya no eres un niño. En segundo lugar, soy sólo dos años mayor que tú y, en tercer lugar, sí quiero que trabajes para mí —estiró su brazo y deslizó dos dedos por el antebrazo afelpado del chico—, por eso te cité aquí.
El muchacho alejó la mano con un movimiento y frunció completamente el ceño.
—Entonces llame a la agencia y pida a alguien más porque yo no pienso trabajar nunca con usted —se alejó a pasos largos para salir de la cafetería.
Min Yoongi se quedó sentado y esbozó una pequeña sonrisa mientras observaba por la ventana cómo el chico pelirosa cruzaba la calle sobre esforzándose por dar pasos largos.
—Te haré recordarlo, Mimi —susurró antes de beber otro trago de café.








