Twisted │ Taekook por Jane en Inkitt
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TWISTED │ Taekook

Sinopsis

Taehyung fue creado para destruir demonios mientras Jungkook nació para devorar lo que ama. Cuando sus caminos se cruzan, nada en el cielo ni en el infierno puede detener la atracción que crece entre ellos, ni el abismo que los separa. En un mundo de lealtades rotas, verdades veladas y deseos prohibidos, amar al enemigo puede ser la más dulce condena. Y también, la más inevitable.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Jane
Estado:
Completa
Capítulos:
47
Rating
5.0 (1 reseña)
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Hubo un tiempo en el que ángeles y demonios convivían sin más distancia que la sombra y la luz. Ambos tenían forma humana, alas dormidas bajo la piel y dones únicos marcando su existencia.

La única diferencia real: los ángeles brillaban. Los demonios ardían.

Durante milenios, esa dualidad coexistió en un frágil equilibrio, mantenido por una sola regla: ningún demonio debía enamorarse de un ángel.

Era la única barrera entre la armonía y el desastre.

La única cosa que el universo no podía permitir: la unión de la tempestad con la pureza.

Pero las prohibiciones, como siempre, solo sirven para tentar a quienes se atreven.

Y uno de los ángeles más hermosos se atrevió. Renunció al cielo por un demonio poderoso, y de ese amor prohibido no nació un castigo, sino dos.

Mellizos: Diferentes como la noche y el alba.

Jimin, de cabello platinado, alas blancas y mirada celeste, era luz en carne viva. Taehyung, de piel morena, ojos ámbar y alas negras, era oscuridad contenida. Ambos portaban en su sangre el eco del cielo y el rugido del infierno. Eran Nephalems.

No hubo tregua ante su existencia. Eran demasiado poderosos y peligrosos.

Y así, una noche, el líder de los demonios dio la orden. Primero asesinó al padre. Luego fue tras el ángel, pero antes de morir, ella logró esconder a sus hijos.

Un cuidador fiel los llevó a la Tierra, ocultos en un palacio sellado entre montañas.

Durante años, los mellizos crecieron entre humanos. Sin saber que el odio que los persiguió al nacer aún los buscaba. Y que no se puede huir para siempre del cielo, ni del infierno.

Porque un día, alguien los encontró.


Matar, conquistar, dominar. Eso es lo que se espera de un Nephalem. Criaturas nacidas del caos y la divinidad, destinadas a inclinar la balanza del mundo, pero a veces, el destino exige lo impensable. Y cuando la vida está en juego, incluso los más poderosos deben adoptar formas que nunca imaginaron.

O que nunca desearon.

Así comenzó la historia de dos hermanos enviados a la Tierra bajo la apariencia de simples humanos. Jimin, desde niño, mostró un amor genuino por las personas. Corría por las tardes entre los niños del pueblo, riendo, descalzo, dejando que su alma angelical se confundiera entre las risas humanas. Aprendió a leer y escribir, a pintar sobre lienzos gastados, y en algún momento, encontró su mayor pasión: crear juguetes de mimbre. Esos pequeños objetos que, según él, guardaban un trozo de su corazón hizo que mezclarse entre los humanos se volviera sencillo. Él los realizaba y su hermano los vendía en el pueblo.

A simple vista, parecía una tarea fácil.

Pero Taehyung no era como su hermano. Toleraba a los humanos, sí, pero desde la distancia. No podía entender esa necesidad de afecto o esa alegría ruidosa. Mucho menos podía sentarse durante horas a entretejer mimbre como si su existencia dependiera de ello.

Él sentía que su propósito debía ser otro. Algo más grande, más trascendente. Vivir en un palacio escondido entre las montañas y caminar kilómetros cada día solo para vender muñequitos le parecía una absurda pérdida de tiempo.

Y sin embargo, lo hacía.

Porque si aquello hacía feliz a Jimin, entonces Taehyung estaba dispuesto a soportarlo.

Su hermano era lo único que tenía en ese mundo ajeno, y verlo sonreír cada mañana mientras le entregaba un cesto lleno de juguetes terminados era la única motivación que le quedaba para seguir fingiendo.

Ese día en específico, cuando regresaban a casa, el frío era abrazador. Parecía una burla que seres tan poderosos pudieran padecer debilidades como el frío, el dolor o el hambre, pero si querían tener una apariencia humana, debían sufrir como tal.

Taehyung se encogió dentro de su gabardina y siguió el sendero que los llevaba hacia la montaña.

—Camina despacio, puedes tropezar —le advirtió.

—Tengo visión nocturna, unas simples rocas no pueden contra mí —respondió Taehyung, mirando el acantilado junto a él y las pequeñas piedras que caían hacia allá con su caminar.

—Siempre te ha gustado vivir al límite, literalmente —se quejó.

—Te estás volviendo un viejo quejumbroso, Yoongi —resopló.

—Se te olvida que este viejo quejumbroso te cuidó desde que naciste —se apresuró y le dio un leve manazo en la cabeza.

—¡Oye! —se frotó el cabello—. Yo no tengo la culpa de que seas mucho más viejo que yo y te veas igual a mí.

—Eso no quita el hecho de que me debas respeto.

Uno de los pies de Taehyung resbaló hacia el vacío negro junto a ellos y Yoongi lo sujetó del gorro de su capucha para regresarlo al camino y colocarlo en un lugar seguro.

—Espero que algún día puedas hacerme caso cuando te digo que hay peligro cerca —apretó los dientes antes de soltar de manera brusca la ropa del otro y empujarlo para seguir el camino.

El muchacho era terco y testarudo, le era fácil responderle al hombre que lo acompañaba a todos lados, pero momentos como ese era en donde se replanteaba que quizá debía modificar ciertas actitudes en él.

—Lo lamento —murmuró antes de entrar a una pequeña cueva al costado de la montaña.

Esta tenía un largo pasillo entre rocas antes de llegar a la puerta de la que había sido su hogar todo ese tiempo.

Taehyung llegó directamente a la sala de estar, cautivado por el calor de la chimenea encendida y al tratar de sentarse en el sofá frente a ella, notó que su hermano dormía plácidamente. Vestía un pijama afelpado de color blanco y sus labios estaban ligeramente abiertos al presionar sus cachetes contra la almohada.

—Jimin ni siquiera nota cuando llegamos —le susurró a Yoongi. Se colocó en cuclillas frente al muchacho y se acercó a su rostro para susurrarle—. Llegamos, Chimmy —lo llamó con ternura.

El peligris comenzó a frotar su rostro contra la almohada y abrió los ojos lentamente.

—Llegaste —sonrió en grande.

—Yo también llegué, por si te importa —farfulló Yoongi, quitándose las botas desde el otro sofá.

—¿Cómo les fue hoy? —Jimin se sentó, dando espacio a su hermano.

—Bien, pero me fastidia el maldito frío —renegó Taehyung, disimulando que le temblaba el labio inferior.

—Prendí la chimenea para ti —se removió hasta eliminar el espacio entre ellos y rodeó al chico con sus brazos—. Te ves tan indefenso cuando tiemblas de frío —le susurró, divertido.

—No es la apariencia que deseo dar —frunció el ceño.

—Bueno, pero aquí sólo está tu hermanito favorito contigo. Puedes actuar como un bebé si lo deseas.

—No puedes ser mi hermano favorito cuando eres el único que tengo.

—Por eso soy tu favorito —se acercó rápidamente a besarle la mejilla. Sabía que eso molestaba al chico y comenzó a reír fuerte cuando notó el gesto de disgusto en el otro.

—¡No hagas eso! —renegó, sin poder parar de temblar.

—Sólo pretendo ayudar a estabilizarte —se acercó para rodearlo con sus piernas también y colocó la barbilla en el hombro ajeno—. Te cantaré —susurró.

—No. No estoy de humor —arrugó la nariz.

—Precisamente por ello. Lo necesitas.

Taehyung resopló hacia el techo y comenzó a mover sus piernas, un tanto impaciente, otro tanto por el frío.

El día que la alegría se apague, quédate. Quédate a mi lado por toda la eternidad—la voz de Jimin salía de sus labios de una forma tan melodiosa que Taehyung sólo pudo cerrar los ojos y dejar de mover las piernas—.Promételo con el dedo meñique—terminó su canción para soltar su agarre y poner frente a su hermano su pequeño dedo meñique.

—Odio que hagas esto ¿Lo sabes? —entrelazó su dedo con el del otro.

—¿Se te quitó el frío o no? —sonrió con suficiencia.

Cada uno tenía una habilidad de nacimiento. La de Jimin era el canto, pero no cualquiera. Jimin poseía una voz tan melodiosa que podía tranquilizar a cualquier bestia. Su voz era como un sedante para los oídos que estuvieran cerca, podía curar heridas o, en este caso, quitarle el frío a su hermano.

—Creo que el alcohol me ayudaría también —Taehyung alzó una insinuante ceja.

—Aún quedan botellas de ron —Jimin se mordió el labio inferior con complicidad.

Taehyung tenía una fascinación desde años atrás por beber alcohol en temporadas gélidas, pero Jimin no. Él parecía ser un poco más intolerante al alcohol y terminaba con una resaca espantosa. Hasta que Yoongi le mostró la manera correcta de beber y ahora adoraba terminarse botellas de ron junto con su hermano.

Un par de horas después, ambos muchachos estaban tumbados en la alfombra frente a la chimenea ante la mirada adormilada de Yoongi desde el sofá, era el único que no se empinó ninguna de las botellas que tenían regadas sobre la alfombra.

—¿Te acuerdas cuando te vomité encima? —Jimin le dio una palmada en el hombro al moreno y se tiró boca abajo para reírse con más ganas.

Taehyung rio por lo bajo y dio otro trago a su bebida. A veces le parecían absurdos los chistes de su hermano, pero escuchar aquella risa clara y desbordante siempre terminaba contagiándolo.

Jimin reía con tanta fuerza que sus mejillas pálidas se tornaron rosadas. Y entonces, sin previo aviso, la delgada tela de su pijama se rasgó desde la espalda.

Sus alas blancas se desplegaron con fuerza.

—¡Maldición, Jimin! —espetó Taehyung, echándose hacia un lado para esquivarlas—. ¡Tienes que aprender a controlar esas cosas! No puedes permitirte esto en público. Por eso ya ni siquiera quiero acompañarte al pueblo. ¡Se supone que somos humanos!

El peligris se incorporó tambaleante y, con toda la intención, azotó una de sus alas contra el rostro de su hermano.

—Bebimos tres de éstas —levantó la botella con los ojos entrecerrados—. ¿Cómo esperas que controle mis alas si apenas puedo controlar mis piernas?

—Yo también bebí lo mismo —replicó Taehyung, cruzado de brazos—. Y no estoy rompiendo mi ropa ni haciendo un espectáculo. No me importa si ya no te da tanta resaca, tienes que aprender a mantener la cordura con el alcohol. O dejar de beber conmigo.

Jimin parpadeó lentamente, enfocándose en el rostro moreno frente a él. Sus ojos azules brillaban apenas bajo la tenue luz, pero su expresión se suavizó.

Sin decir nada más, plegó lentamente sus alas hasta que desaparecieron por completo en su espalda. El movimiento dejó al descubierto una marca entre sus omóplatos: un delicado dibujo de fases lunares, pálido como su piel.

Se dejó caer sobre la alfombra y arrastró el cuerpo hasta apoyar la cabeza en las piernas de su hermano. Suspiró profundamente, agotado. A pesar de que Taehyung podía ser áspero en sus palabras, para él siempre había sido su refugio.

El moreno se recargó contra el sofá y pasó los dedos por entre los mechones grises de Jimin, con un gesto automático y protector. La tela rasgada dejaba ver la marca lunar en su espalda, justo donde nacían sus alas. Él tenía una igual, aunque con un diseño diferente: estrellas en distintas formas y tamaños brillaban sobre su piel morena como si alguien las hubiese pintado con luz.

—Sabes que te quiero, ¿verdad? —murmuró Jimin, con la voz apagada.

—¿Aunque me la pase regañándote por tus travesuras y dramas? —respondió Taehyung, esbozando una sonrisa mientras le despeinaba el flequillo.

—Yoongi también nos regaña todo el tiempo, y aún así lo queremos —susurró con una sonrisa débil.

Desde el rincón, el aludido soltó una risa por la nariz y negó con la cabeza, divertido.

—Entonces sí me quieres —concluyó Taehyung.

—Más de lo que imaginas —susurró Jimin, antes de cerrar lentamente los ojos.

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