Capítulo 1: Solo sé que lo necesito
Anestesiada, recostada sobre las hojas caídas del cálido otoño, intento abrir los ojos, pero fracaso. Qué está pasando... ¿Por qué puedo pensar pero no reaccionar?
Pienso en mi rostro, pienso en el suyo, pienso en esa montaña que mi voz podía mover ... Oh no, estoy olvidando todo... ¿Esto es locura? ¿O es el éxtasis causado por algún extraño brebaje?
Despierta Ágata, abre los ojos y recuerda tu ser...
Fué un fuerte dolor de cabeza lo que me levantó de la cama, estaba en esa casa cubierta de flores amarillas, tanto en su exterior como en su interior, con aroma exquisito, una mezcla de lima y banana. Allí me atendió Kinagua, la agradable anciana que secaba mi frente mojada.
-Al fin despertaste niña, has estado durmiendo más de 3 semanas, y no sé cuánto tiempo llevabas sobre aquel suelo del Este, mi nombre es Kinagua y este es mi humilde Ransen- dijo la anciana.
Intenté responder, intenté recordar, no encontraba nada, más que mi nombre y todo el idioma Ítio completo.
-Me llamo Ágata, gracias por cuidarme y dime, ¿qué lugar es este? ¿y no sabes si yo llevaba algún objeto conmigo?
-Pequeña- dijo la anciana -estás en la región Norte del Ítianos, aquí solo verás el día y escucharás a las aves cantar sin cesar ni un minuto, con respecto a tus pertenencias, guardé tu bolso de plumas negras debajo de tu almohada-
-Gracias Kinagua- respondí -por favor si tienes más agua de flores para beber me dejarías más que satisfecha-
Mientras tanto, revisé debajo de mi almohada y encontré aquel bolso de plumas negras, brillante y totalmente desconocido para mi.
¿Qué es esto? ¿Tendrá que ver con mi verdadera identidad?
Lo más enigmático fue que cuando comencé a acariciar aquellas plumas, un escalofrío recorrió mi cuerpo y la necesidad de estar con él, se convirtió en grandes lágrimas que llenaron mis ojos... pero, ¿en quién estoy pensando, quién es “él”?
Tengo que descubrir qué pasó conmigo ¿por qué no recuerdo nada? ¿por qué tengo solo sensaciones de pérdida, temor y arrepentimiento que no puedo explicar?
-Ágata, aquí traje el agua de flores, bebe y recuéstate un poco más si lo necesitas, deberías comenzar a moverte muy de a poco- dijo Kinagua con su voz dulce y algo pausada.
No recuerdo cuánto tiempo más descansé, hasta ya no sentir ese horrible dolor de cabeza, pero lo cierto es que luego de despedirme de Kinagua, junto a mi única pertenencia, partí rumbo al Este, que es donde me había encontrado...
El día comenzaba a desaparecer poco a poco, podía escuchar los sonidos de los pájaros diurnos bajar de intensidad, y en cada parada, aprovechaba para refrescarme con el rocío de los altos Ontes verdes.
Me alimentaba de aquellos frutos rojos llenos de Itianoides, vitales para nuestra especie...
Mientras más me acercaba al Este, más nostangia podía sentir. Dicen que los recuerdos pueden borrarse, pero las emociones que sentimos durante aquellas vivencias perduran, y con solo el estímulo adecuado pueden proyectarse.
El atardecer estaba solo a minutos de distancia de mí... camino hacia él, hacia aquella montaña que presiento con las plantas de mis pies, hacia aquella helada brisa que congela mi sangre...
Sé que te voy a encontrar, eso que tanto busco, necesito y no sé qué es...






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