Capítulo 1
Capítulo 1:
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Cuando sus padres se enteraron de que serían abuelos de nuevo les tomó por sorpresa. Por un lado, se encontraba su padre, quien se alegraba por la noticia, y por otro estaba su madre que le repetía que aún era demasiado pronto para ser padre por segunda vez —no se cansaba de decirle que no estaba listo para aquella responsabilidad—.
Al principio del embarazo Izuku dudo demasiado, los recuerdo invadían su mente y las inseguridades golpeaban cada noche su pecho, pero al pasar de los días —y tras pensarlo con mucha atención—decidió que su deseo era continuar con el embarazo.
Izuku se sentía más que preparado para tener a un pequeño en sus brazos. Al final había pasado un tiempo desde que había perdido a su anterior pareja y a su pequeño hijo en aquel trágico accidente.
Tras varios meses de embarazo, llegó el tan ansiado día del parto. Aquel día fue demasiado duro, ya que, a diferencia de la primera vez, ahora se encontraba completamente solo y sin el apoyo de nadie o con la figura de un pilar que le garantizara algo de seguridad.
En cuanto Izuku tuvo al pequeño en sus brazos su familia fue a verlo. Sus padres pasaron directamente al final de la habitación donde se encontraba el bebé y, con solo un vistazo, quedaron enamorados del pequeño en cuanto lo vieron.
—Es hermoso— dijo su madre mientras sostenía al pequeño en brazos.
Aquella alegría se borró en cuestión de semanas, cuando el pequeño bebé terminó por desarrollar su quirk a tan temprana edad. Así llegaron los problemas, las discusiones y el dolor.
Siendo el pequeño tan joven era incapaz de controlar su poder lo que había derivado en pequeñas heridas ocasionadas a su familia y algunas pérdidas materiales.
— Tienes que hacer algo— exigió Inko mientras vendaba la reciente quemadura.
—Perdona. No volverá a repetirse— repetía cada vez que algún incidente ocurría.
Por más que Izuku deseaba irse de casa de sus padres, no tenía ningún lugar al que ir. Tampoco contaba con la ayuda del padre biológico puesto que este desconocía por completo la existencia del pequeño. Su hijo era fruto de una aventura de una noche, una noche donde terminó engendrando al ser que le traía luz a su agotada vida. Podría encontrar la padre, lo sabía, pero no deseaba obligar sabía que aquello podría ocurrir ya que su segundo hijo era producto de un encuentro de una noche, nada buscado a posta simplemente había ocurrido y si bien recordaba quien era el padre de su hijo nunca iba a pedirle que tomase responsabilidad por ello.
…
Mientras su pequeño de ocho meses jugueteaba en el suelo, Izuku decidió ir a la cocina por un segundo para terminar de preparar su biberón. Era un minuto, quizás dos, no era demasiado tiempo para que ocurriese un desastre o eso pensaba.
—¡Maldito! —escuchó a su madre gritar desde el salón.
Aterrado, Izuku salió de la cocina para ver qué ocurría. En cuanto entró en el salón se encontró a su madre mirando con rabia al pequeño bebé, este había usado su quirk y había quemado parte de un mueble que su madre recientemente había comprado.
—Tiene que irse— soltó su madre molesta— es imposible convivir con él.
—Lo siento— fue todo lo que pudo decir Izuku.
Tras pronunciar aquellas dos palabras, Izuku tomó a su pequeño hijo en brazos y, avergonzado, terminó por llevarlo a su habitación.
Mientras permanecían encerrados, el pecoso escuchó a sus padres discutir fuertemente. Justo cuando estaba por levantarse para poder disculparse su padre apareció furioso en la habitación.
—Esa cosa debe irse— soltó con dureza, mientras señalaba al pequeño— es un peligro.
—Papá. Él solo es...
Intentaba excusar a su pequeño, pero rápidamente el alfa lo interrumpió.
—Tú madre me echa la culpa por haberte dejado traerlo, por haberos acogido— en su mirada se reflejaba esa furia que por años había soportado— y como no quiero más problemas debes irte.
El silencio cayó sobre ellos, mientras Izuku miraba a su madre quien no decía nada desde el fondo. Buscaba consuelo, alguna simple señal, pero sabía que nada iba a cambiar.
—Lo siento— volvió a pronuncia.
No quería ser un problema para nadie, así que simplemente terminó por moverse en dirección al armario para hacer las maletas.
La pareja mayor se marchó de la habitación, sin cero arrepentimiento por dejar a su hijo desamparado por segunda vez, sin importarle que en esos momentos había acudido a ellos porque creyó que serían su refugio.
En cuanto terminó de coger todo lo que podría llevar en las manos, caminó en dirección a la salida del departamento.
—Podrás volver cuando sea normal— dijo su madre mientras le abría la puerta— cuando pueda controlarlo.
—Entiendo...
Muy apenado le pidió a su madre un momento para volver por unas cosas después, a lo que la mujer acepto.
Tras dormir una noche en una estación de servicio, consiguió un pequeño lugar donde él y su pequeño podrían vivir por un tiempo.
Con todo listo, terminó por volver a casa de sus padres por las pocas pertenencias que permanecían en el lugar, pero la situación seguía siendo complicada.
-—¡Te dije que esa cosa no entra más aquí! — gritó el alfa.
—Ya me voy— explico el pecoso en voz baja, intentando calmar a su padre.
—¡No va a entrar!
Izuku salió de la habitación donde hasta hacía unos días había dormido y comenzó a andar en dirección a la puerta, no quería seguir escuchando más gritos.
—¡Que no lo quiero aquí! — volvió a gritar furioso, sin ninguna razón real.
Cansado, el omega, lo miro molesto y le dijo por lo bajo que estaba actuando como un loco.
—Por favor, ya me voy— soltó el pecoso cansado de la situación— estás actuando como un loco.
Gran error, Sabia a la perfección lo agresivo que podría llegar a ser su padre si algo no le gustaba.
—¡¿Loco?! — gritó, mientras golpeaba una puerta con fuerza.
De forma amenazante se le acerco el alfa, parecía querer golpearlo.
Su padre tenía un carácter fuerte y era muy explosivo, conocía bien como era por lo que el pecoso terminó aterrado por tenerlo a escasos centímetros de su rostro y con su bebé pegado al cuerpo. Estaba a punto de herirlo, como ya anteriormente lo había hecho.
Inko, quien, en múltiples ocasiones hacía la vista gorda, salió de su habitación y miró molesta a su esposo.
—¡Vete! — le dijo su madre mientras le gritaba a su esposo que no le pusiera una mano a su hijo encima.
Así, con el miedo en el cuerpo, cargando con su bebé y lo poco que le quedaba, Izuku salió del lugar rápidamente mientras aún escuchaba los gritos de su padre. Estaba acostumbrado a aquel estilo de vida tan caótico, a los golpes, las acusaciones, las bofetadas, pero todo terminó por superarle en ese momento. Las lágrimas cayeron por sus mejillas mientras temblaba.
Siempre que discutía su padre con su madre lo usaba a él, para descargar su furia, ya que con su madre no se atrevía. Había aguantado por años aquello, por lo que vio como una puerta de escape casarse, pero ahora —tras haberlo perdido todo— tuvo que volver a pasar por todo aquello. Recordar el pasado y soportarlo de nuevo.
Comenzó a caminar por las calles, mientras las lágrimas se deslizaban sin descanso.
—Lo siento— le dijo a su pequeño mientras lo pegaba a su cuerpo tembloroso— perdóname.
Los recuerdos volvieron a su mente, los golpes, las heridas, las palabras del pasado. Ahora que carecía de una marca de enlace, Izuku se sentía desprotegido, completamente desamparado. No tenía a nadie más que a su pequeño bebé, al que anhelaba cuidar con todo lo que tenía y pese a que no contaba con un quirk con el que protegerlo de quien quisiera herirlos.
Retomo el camino, arrastrando los pies mientras veía las figuras de los héroes en aquellos carteles.
Entonces a lo lejos lo vio y una desoladora sonrisa amarga se dibujó en su rostro.
—Katsuki tenía razón— dijo mientras veía aquel enorme cartel de su ex amigo de la infancia—soy un don nadie, inútil...
Frente a él no solo tenía aquella enorme imagen de su examigo de la infancia, sino que también tenía la imagen del que era el padre biológico de su padre. Aquel hombre, que, tras una noche de copas y lamentos, terminaron teniendo una sola noche juntos. El mismo hombre que cuando eran adolescentes le hizo vivir un infierno y que aun así permaneció amando por años.
— Yo seré tu héroe— le dijo a su pequeño, sin apartar la vista de aquella imagen— papá nunca te dejará,
Su pequeño hijo le había devuelto las ganas de vivir, tras haber perdido la poca estabilidad que consiguió formar y se esfumó en aquel accidente donde un villano destrozó el edificio donde vivía, perdiendo a la luz de sus ojos en el accidente.
Volviendo a ver el cartel frente a él, su mirada se endureció.
—Un héroe— soltó riendo al ver el rostro de Katsuki— si tan solo yo hubiese obtenido un quirk sería un héroe, no tendría miedo de nadie y protegería a los míos... —Una lágrima cayó de sus mejillas.
Por un segundo pensó en pedir ayuda, pero desconocía que podría pasar si hablaba con Katduki. Temía que su hijo fuese rechazado o que negara la noche que ambos tuvieron juntos.
—Él ni siquiera me buscó después de aquella noche— pronuncio por lo bajo.
No tenía importancia remover el pasado, no cuando sentía que el mundo entero le había fallado. Que él mismo había fallado.
Continuará...
Siento la redacción y las faltas ortográficas.








