Chapter
El aeropuerto de Incheon bullía con la energía frenética de los viajeros matutinos.
Jimin caminaba con paso firme por el pasillo de la terminal, su uniforme impecable azul marino ajustado a su cuerpo perfectamente. La falda lápiz llegaba justo por encima de las rodillas, la chaqueta entallada marcaba sus curvas, y su cabello rubio estaba recogido en un moño bajo y elegante.
—Jimin, el vuelo KAL 082 a Nueva York está en la puerta 12 —dijo su supervisora por el radio. —Pasajeros de First Class ya están abordando. Ve a recibirlos.
—Recibido —respondió con voz profesional, aunque por dentro sentía la adrenalina de siempre.
Era su vuelo favorito: Nueva York. Doce horas de viaje. Doce horas atendiendo a los ricos, famosos y poderosos que pagaban el doble para sentirse especiales.
Y a él le encantaba.
No solo por el sueldo, sino porque en First Class, los pasajeros siempre tenían exigencias interesantes.
Jimin se detuvo frente a la entrada del puente de embarque y ajustó su sonrisa de cortesía. Sus manos enguantadas de blanco se cruzaban frente a su abdomen mientras esperaba.
Los primeros pasajeros comenzaron a llegar. Ejecutivos con trajes caros, mujeres con bolsos de diseñador, parejas mayores que viajaban por placer.
Jimin los recibía uno por uno con su voz dulce pero firme:
—Bienvenido a bordo, señor. Su asiento es el 1A, a la izquierda.
—Permítame ayudarle con su chaqueta, señora.
—¿Le gustaría una copa de champán antes del despegue?
Todo iba bien.
Hasta que él apareció.
Jimin sintió un cambio en el aire antes de verlo.
El pasillo se tensó.
Las sobrecargos más jóvenes se quedaron quietas, mirando hacia la entrada.
Y entonces él cruzó la puerta.
Jungkook.
No llevaba traje, llevaba una chaqueta de cuero negra, una camiseta blanca que se pegaba a su torso marcado como una segunda piel, jeans ajustados y botas militares. Su cabello oscuro caía desordenado pero perfecto sobre su frente y sus ojos negros, intensos, barrían el pasillo con la seguridad de alguien que sabía exactamente lo que quería.
Y lo que quería, en ese momento, era mirar a Jimin directamente a los ojos.
—Buenos días —dijo él, con una voz grave que vibraba en el pecho de Jimin. —Soy el pasajero del 2A.
Jimin parpadeó. Su entrenamiento le ordenaba sonreír, pero su cerebro se había quedado en blanco.
—B-bienvenido a bordo —logró decir, con un tono más bajo de lo que pretendía. —Permítame guiarlo hasta su asiento.
Jungkook sonrió. No era una sonrisa amable, era una sonrisa peligrosa, de esas que dicen "sé algo que tú no sabes".
—Claro —dijo, y se giró para caminar junto a él.
Jimin sintió su perfume, era algo amaderado, con notas de pimienta y cuero. Algo que le provocó un hormigueo en la nuca.
—Su cabina está al final del pasillo —explicó, señalando con la mano. —Es la más privada, con asiento reclinable completamente, pantalla de 32 pulgadas y servicio personalizado las 24 horas del vuelo.
—¿Servicio personalizado? —preguntó él, con un tono que Jimin no supo si era inocente o provocador.
—Sí, señor. Cualquier cosa que necesite, estoy a su disposición —respondió Jimin, manteniendo su compostura.
Jungkook se detuvo frente a la puerta de su cabina. Lo miró de arriba abajo, sin disimulo, y su sonrisa se hizo más ancha.
—¿Cualquier cosa? —repitió, saboreando cada sílaba.
Jimin sintió un calor recorriéndole el cuello, tragó saliva.
—Todo lo que esté dentro de nuestras políticas de servicio, señor.
Jungkook soltó una risa baja y se metió en la cabina. Antes de cerrar la cortina, se giró y dijo: —Entonces guarda champán para más tarde. Vamos a celebrar.
La cortina se cerró.
Jimin se quedó allí, con el corazón latiendo tan fuerte que podía oírlo en sus oídos.
—¿Qué acaba de pasar? —susurró para sí mismo.
El avión ya estaba en el aire.
Jimin había atendido a todos los pasajeros de First Class con su eficiencia habitual, pero su mente no dejaba de regresar a la cabina 2A.
“Vamos a celebrar", había dicho él. ¿Qué demonios significaba eso?
A las 8:45, el timbre de llamada de la cabina 2A sonó.
Jimin se enderezó, ajustó su chaqueta y caminó hacia la cabina. Tocó suavemente la cortina.
—¿Señor? ¿Necesita algo?
La cortina se abrió ligeramente, y apareció la mano de Jungkook. Lo agarró del brazo y lo metió dentro.
—Entra —dijo, con voz ordenada pero no agresiva.
Jimin entró y la cortina se cerró detrás de él. La cabina era pequeña pero lujosa: un asiento de cuero blanco, una mesita plegable con una copa de champán ya servida, y Jungkook recostado como si fuera el rey del mundo.
—Cierra la puerta —dijo, señalando el panel corredizo que separaba la cabina del pasillo.
—Señor, eso no está permitido durante el vuelo, los sobrecargos deben tener acceso por si…
—Cierra la puerta, Jimin —repitió él, usando su nombre sin haberlo preguntado.
Jimin se quedó frío. ¿Cómo sabía su nombre? Revisó su identificación. Estaba en su pecho, sí, pero él no había mirado hacia abajo.
—He viajado en esta aerolínea suficientes veces para conocer a los mejores —dijo él, como si le hubiera leído el pensamiento. —Y he pedido específicamente al sobrecargo que atiende la sección VIP en este vuelo. Eres tú.
Jimin sintió un escalofrío, no era miedo.
—¿Qué quiere, señor? —preguntó, con voz más firme de lo que esperaba.
Jungkook se levantó del asiento. Era alto, más alto que él, y su presencia llenaba toda la cabina. Caminó hacia Jimin hasta que sus pechos casi rozaban.
—Quiero que me atiendas —dijo, bajando la voz a un susurro. —Pero no como a un pasajero.
Jimin sintió la mano de Jungkook en su cadera, deslizándose hacia su cintura. Su cuerpo reaccionó antes que su mente: un temblor recorrió sus piernas, y sus pezones se endurecieron bajo la blusa blanca.
—Esto no está permitido —dijo, pero su voz sonó débil, casi suplicante.
—¿Y si te dijera que he pagado por esta cabina el doble de lo que cuesta, solo para tenerte a solas? —murmuró él, acercando sus labios a su oreja. —¿Y si te dijera que he estado esperando este vuelo durante tres meses?
Jimin cerró los ojos, la respiración de Jungkook en su cuello era caliente y su mano ya estaba bajando por su espalda hasta rozar el borde de su falda.
—No podemos hacer esto aquí —susurró Jimin, aunque sus manos ya se estaban moviendo para agarrar la chaqueta de cuero de él.
—Podemos hacer todo aquí —respondió él, y su mano subió por debajo de la falda, encontrando la piel desnuda de su muslo. —Nadie va a interrumpir, he puesto "No molestar" en la pantalla. Además —hizo una pausa y sonrió contra su piel—, a esta hora todos los pasajeros están dormidos o viendo películas.
Jimin abrió los ojos y lo miró. Sus pupilas estaban dilatadas, sus labios entreabiertos. Jungkook lo miró de la misma manera, con hambre, con urgencia.
—Dime que no quieres —dijo Jungkook, con la voz ronca. —Dímelo y me detengo.
Jimin tragó saliva, su cuerpo entero ardía.
—Quiero —respondió, y fue todo lo que necesitó decir.
Jungkook lo empujó contra la pared de la cabina con un movimiento rápido, brusco, lleno de intención. La espalda de Jimin chocó contra el panel de madera, y él ya estaba presionando su cuerpo contra el de él, su polla dura contra su vientre a través de la ropa.
—Has estado provocándome desde que subí al avión —gruñó Jungkook, mordiendo su cuello. —Esa falda ajustada, esas piernas. Esa forma de morderte el labio cuando hablabas.
—No estaba provocando —jadeó Jimin, arqueando el cuello para darle más acceso. —Estaba trabajando.
—Trabajando en volverme loco, dices —rió él, y sus manos subieron por la blusa hasta encontrar sus tetas, las apretó con fuerza, y Jimin gimió.
Jungkook lo levantó del suelo como si pesara nada y lo sentó en el reposabrazos del asiento. Con una mano, subió su falda hasta sus caderas, dejando al descubierto sus braguitas negras que ya estaban empapadas.
—Mierda —murmuró Jungkook, pasando un dedo por la tela mojada. —Estás tan mojado. ¿Estabas así desde que me viste?
Jimin asintió, sin poder hablar.
—Buen chico. —susurró, y entonces rompió las braguitas de un tirón, la tela se rasgó con un sonido seco y quedó colgando de una pierna.
—¡Esas eran caras! —protestó Jimin, pero su queja se convirtió en un gemido cuando Jungkook metió dos dedos dentro de su coño sin previo aviso.
—Te compro otras —dijo moviendo los dedos rápido con brusquedad, encontrando ese punto dentro que hacía a Jimin temblar. —Te compro todas las que quieras, pero ahora cállate y déjame hacerte esto.
Jimin apoyó su frente contra el hombro de él y se dejó llevar. Los dedos de Jungkook eran largos y gruesos, y se movían dentro de su coño con una precisión que no podía ser casual. Él sabía exactamente lo que hacía.
—¿Cuántas veces te has imaginado esto? —preguntó Jungkook, mientras su pulgar frotaba su clítoris en círculos rápidos. —¿Cuántas veces has soñado con un pasajero que te hiciera esto?
—No… no lo sé —jadeó.
—Mientes, lo sé porque yo sí lo he hecho —confesó él, y su voz se volvió más grave. —Me he corrido tantas veces pensando en ti con este uniforme, Jimin. En cómo te verías arrodillado frente a mí, con la boca llena.
Jimin gimió más fuerte, y Jungkook aprovechó para quitarle la chaqueta y abrir los botones de su blusa. Sus tetas quedaron al descubierto y él no esperó: bajó la cabeza y tomó un pezón con la boca, succionando con fuerza, mordiendo suavemente.
—Jungkook —gimió Jimin, su nombre escapando de sus labios como una oración.
—Dilo otra vez —ordenó él, soltando su pezón. —Di mi nombre.
—Jungkook —repitió, y él lo besó con violencia, con lengua y dientes, mientras sus dedos seguían dentro de su coño, empujando más profundo.
En cuestión de segundos, Jimin sintió el orgasmo acercarse. Todo su cuerpo se tensó, sus manos se aferraron a los hombros de él y sus caderas se movieron solas contra su mano.
—Voy a… —empezó a decir.
—Vente —ordenó Jungkook. —Vente ahora en mi mano.
Jimin obedeció. Su cuerpo se sacudió con un orgasmo intenso, rápido, que lo dejó sin aliento. Se aferró a Jungkook como si fuera su único ancla, y él lo sostuvo, riendo bajito contra su cuello.
—Eso es solo el comienzo —susurró él, y en un movimiento la giró y la arrodilló en el suelo.
Jimin cayó sobre la alfombra de la cabina, y Jungkook se puso frente a él, desabrochando su cinturón con lentitud deliberada. Cuando bajó su bragueta, su polla salió libre, grande, gruesa, con la punta roja y brillante de excitación.
—Ábrela —ordenó.
Jimin no dudó, abrió la boca y Jungkook no fue gentil. Agarró su cabello con fuerza y empujó su polla dentro de su boca hasta el fondo, hasta que la punta tocó su garganta.
—Así —gruñó Jungkook. —Así me gusta.
Jimin tosió un poco al principio, pero pronto encontró el ritmo. Movía su cabeza hacia adelante y hacia atrás, succionando con todas sus fuerzas, usando su lengua para lamer el borde de la polla mientras sus manos acariciaban los testículos de Jungkook.
Él gemía desde lo alto, con la cabeza echada hacia atrás, los dedos enredados en el cabello de Jimin.
—Eres tan bueno en esto —jadeó. —¿Cuántos pasajeros has mamado antes de mí?
Jimin apartó la boca un segundo.
—Ninguno —respondió con la voz ronca. —Eres el primero.
Jungkook abrió los ojos y lo miró, algo en su mirada cambió. La lujuria seguía ahí, pero ahora había algo más, algo más oscuro.
—Entonces voy a hacer que este vuelo sea inolvidable para ti —dijo, y volvió a meter su polla en su boca, más fuerte, más rápido, sin piedad.
Jimin sintió su garganta llenarse, sus ojos lagrimear, pero no se detuvo. Mantuvo su mirada fija en Jungkook mientras chupaba, y este no podía apartar la vista.
—Me voy a venir —advirtió, con la voz rota.
Jimin no se apartó.
Jungkook se corrió en su garganta, con un chorro caliente y espeso, y el rubio tragó todo sin dejar de mirarlo.
Cuando terminó, Jungkook se arrodilló frente a él y lo besó con lengua, sintiendo su propio sabor en su boca.
—Ahora —dijo, separándose—, la verdadera diversión comienza.
Jimin estaba arrodillado sobre el asiento, con el culo levantado y la cara contra el respaldo. Su uniforme estaba completamente abierto, su blusa colgaba de sus hombros, y su falda estaba arrugada alrededor de su cintura.
Jungkook estaba detrás, sin camiseta, su torso marcado brillando con una fina capa de sudor. Una mano agarraba su cadera, y la otra guiaba su polla hacia la entrada de su coño.
—¿Listo? —preguntó, con una sonrisa maligna en la voz.
—Sí —respondió Jimin, con la voz temblorosa.
Jungkook empujó. No fue suave ni lento. Jungkook metió toda su polla de una sola embestida, sin preparación, sin piedad. Jimin gritó, pero no fue un grito de dolor. Fue un grito de placer puro, de sorpresa.
—¡Oh, Dios! —exclamó.
—No, no Dios —dijo él, comenzando a moverse. —Soy yo.
Los movimientos de Jungkook eran brutales; cada embestida hacía que su polla chocara contra el fondo de Jimin, contra ese punto que lo hacía ver estrellas. Sus caderas golpeaban contra su culo con un sonido húmedo que resonaba en la cabina.
—Así, así —gemía Jimin, sin control. —Más fuerte.
—¿Más fuerte? —rió Jungkook, y aceleró el ritmo, golpeándolo con tal violencia que el asiento se movía hacia adelante y hacia atrás. —¿Así?
—¡SÍ!
Jungkook lo agarró del cabello y tiró hacia atrás, arqueando su espalda de manera que su culo se ofreciera mejor. Con la otra mano, bajó y comenzó a frotar su clítoris.
—Quiero que te vengas otra vez —dijo, con la voz ronca. —Quiero sentir cómo te aprietas alrededor de mi polla.
Jimin no podía más, el orgasmo lo golpeó como una ola, sacudiendo todo su cuerpo, los músculos de su coño se contrajeron alrededor de la polla de Jungkook, y él gimió con fuerza.
—Eso es… eso es—gruñó y no se detuvo.
Siguió embistiéndolo a través de su orgasmo, haciendo que las contracciones se convirtieran en espasmos y en temblores incontrolables.
Jimin ya no podía hablar, solo gemía y lloraba de placer.
—¿Quieres que me corra dentro? —preguntó Jungkook, con la voz tensa.
—Sí —jadeó. —Sí, por favor.
Jungkook se corrió con un gruñido profundo, llenando el interior de Jimin con su semen caliente. Se quedó dentro un momento, sintiendo cómo se contraía a su alrededor.
Luego se retiró lentamente y un hilo de semen cayó sobre la alfombra.
Jimin se desplomó sobre el asiento, jadeando, temblando.
—Eso fue… —empezó a decir, pero no pudo terminar.
—Eso fue solo la mitad —dijo Jungkook.
Entonces, Jungkook lo levantó y lo sentó en el pequeño lavabo de la cabina. El espacio era minúsculo, pero él no necesitaba espacio.
Necesitaba control.
—Quiero verte —dijo, colocándose entre sus piernas abiertas. —Quiero ver tu cara cuando te follo.
Jimin lo miró con los ojos nublados de deseo y abrió más las piernas.
Jungkook entró de nuevo, esta vez más lento, más profundo. Cada centímetro era deliberado, casi tortuoso. Jimin sentía cada espasmo de su polla dentro de su coño.
—Eres tan hermoso —susurró Jungkook, y por un momento, su mirada fue casi tierna.
Pero la ternura no duró, Jungkook lo levantó contra la pared y lo sostuvo en el aire mientras embestía hacia arriba. Era increíblemente fuerte, y Jimin solo podía aferrarse a sus hombros y dejarse llevar.
—Esta es mi posición favorita —dijo Jungkook, con la voz entrecortada. —Verte suspendido, completamente a mi merced.
Jimin estaba llegando al límite, sus ojos se estaban desviando hacia arriba, y su boca estaba abierta pero no salía ningún sonido.
—Voy a venirme contigo —dijo Jungkook, y en cuestión de segundos, ambos explotaron al mismo tiempo.
Jimin sintió el calor dentro mientras su propio orgasmo lo envolvía. Se aferró a Jungkook, enterrando su cara en su cuello, y se quedó allí temblando, mientras él lo sostenía.
Pasaron varios minutos antes de que Jimin pudiera hablar.
—Nunca he tenido sexo así —confesó.
Jungkook lo sentó con cuidado en el asiento.
—Yo tampoco —respondió, y esta vez, su voz era honesta. —Tú eres diferente, Jimin.
Jimin se vistió lentamente mientras Jungkook se recostaba en su asiento, sin camisa, viéndolo.
El vuelo aún tenía horas, pero la intensidad del encuentro había dejado el aire pesado.
—El resto del vuelo va a ser incómodo —dijo Jimin con una risa temblorosa.
—No para mí —respondió Jungkook. —Yo voy a estar aquí, recordando esto.
Jimin terminó de arreglar su uniforme lo mejor que pudo; sus braguitas estaban rotas, así que se las quitó completamente y las guardó en el bolsillo de Jungkook.
—Las llevaré como recuerdo —dijo Jungkook, sonriendo.
—Perverso —murmuró Jimin, pero sonrió.
Antes de salir, Jungkook lo agarró del brazo.
—Jimin —dijo, con seriedad. —Cuando aterricemos, ¿quieres cenar conmigo?
El rubio lo miró sorprendido.
—¿Cenar?
—Sí, no en el avión, en un restaurante real. Yo pago.
Jimin rió y dijo: —¿Qué pasó con el "solo sexo" en el avión?
—Cambió —contestó Jungkook, encogiéndose de hombros. —Tú cambiaste el plan.
Jimin lo miró por un largo momento, luego sonrió.
—Me encantaría cenar contigo, Jungkook.
Él sonrió, y por primera vez desde que subió al avión, su sonrisa no era peligrosa. Era genuina.
—Entonces es una cita —dijo.
Y Jimin salió de la cabina con el corazón latiendo fuerte, las piernas temblorosas y una sonrisa que no podía ocultar.
El vuelo KAL 082 seguía su rumbo hacia Nueva York, pero en la cabina 2A, el pasajero más peligroso y atractivo que Jimin había conocido ya estaba planeando cómo hacer que el aterrizaje fuera solo el comienzo de algo mucho más largo.
Cuando el avión tocó tierra, Jimin estaba en la puerta, despidiendo a los pasajeros.
Jungkook fue el último en salir, se detuvo frente a él y discretamente deslizó un papel en su mano.
—Mi número —susurró. —Llámame cuando termines tu turno.
Jimin guardó el papel en su bolsillo y le dedicó una sonrisa profesional.
—Que tenga un buen día, señor.
Jungkook se inclinó, rozando su oído con sus labios: —Va a ser un buen día —dijo. —Porque sé que vas a llamar.
Y se fue, dejando a Jimin con el corazón acelerado y el recuerdo de un vuelo que nunca olvidaría.








