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Colisión de Mundos: Operación Titán

Sinopsis

Cuando un misterioso disco de datos impulsado por tecnología de taquiones y Sangre de Titán abre una brecha interdimensional, el caótico marsupial Crash Bandicoot aterriza de golpe en el jardín de la Casa Búho. Lo que comienza como una inesperada visita en medio de las Islas Hirvientes se transforma rápidamente en una misión multiversal cuando Tawna y Coco cruzan el portal para unirse al rescate. Con la ayuda de Eda Clawthorne, la bruja más buscada, y Luz Noceda, una humana tan fascinada por la ciencia como por la magia, el peculiar equipo deberá unirse para frenar los planes del Dr. N. Brio. Combinando la ingeniería de Neópolis con la magia salvaje del Titán, los héroes tendrán que impedir que un colosal gólem cibernético fusione dos realidades que jamás debieron cruzarse, todo mientras intentan sobrevivir al caos, las risas y uno que otro antojo de pan dulce.

Genero:
Adventure
Autor/a:
RexGrant
Estado:
Completa
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capitulo único

El aire olía a ozono, gasolina quemada y peligro.

Esa noche, los neones de Neópolis parpadeaban contra la lluvia ácida, reflejándose en el charco donde Tawna ajustaba el agarre de su gancho mecánico. Había rastreado la señal de frecuencia hasta una vieja fábrica abandonada en la periferia de la ciudad. El lugar llevaba años cerrado, pero la energía residual de la tecnología de Cortex palpitaba desde las entrañas del edificio como un corazón metálico.

—No hay rastro de Crash ni de Coco en este sector —susurró para sí misma, ajustándose la chamarra de cuero mojada—. Mejor. Menos distracciones.

Con un movimiento fluido, disparó el gancho hacia una viga de acero en el techo, elevándose en el aire antes de aterrizar sin hacer ruido sobre las plataformas superiores.

Dentro del hangar, la luz era escasa. En el centro, envuelto en sombras y rodeado de cables gruesos, se alzaba un prototipo olvidado: un bot gigante de combate con el sello del Dr. N. Gin. Pero no estaba abandonado del todo. Las luces rojas del pecho del meca comenzaron a encenderse una a una, emitiendo un zumbido agudo que hizo vibrar el suelo.

—*Sujeto no identificado detectado* —retumbó una voz sintética—. *Iniciando protocolo de erradicación.*

Tawna no esperó a que el sistema terminara de cargarse. Salió disparada hacia adelante, ejecutando una pirueta en el aire y lanzando su gancho directamente a la lente central del robot. Con un tirón seco, destruyó los sensores frontales antes de que las armas secundarias pudieran fijar su posición.

El bot reaccionó a ciegas, lanzando un manotazo de acero que destruyó la pasarela donde Tawna estaba parada un segundo antes. Ella ya estaba cayendo en picada, utilizando la inercia para deslizarse por el suelo, esquivar una ráfaga de plasma y plantar una patada cargada en la articulación de la pierna mecánica.

El impacto hizo crujir el metal. Con una maniobra rápida, enganchó el cable al núcleo de energía expuesto del robot y saltó hacia una plataforma elevada.

—Terminemos con esto —dijo con una sonrisa confiada.

Tiró del cable con todas sus fuerzas, arrancando el núcleo de cuajo. Una lluvia de chispas azules iluminó el hangar mientras la enorme estructura de metal caía pesadamente hacia adelante, desactivándose por completo en medio de un eco ensordecedor.

El silencio volvió a adueñarse del lugar. Tawna recogió su gancho, se limpió un mechón azul del rostro y contempló el desastre. En la pantalla del núcleo caído, una pequeña señal parpadeaba en bucle, mostrando coordenadas que apuntaban fuera de la ciudad.

Guardó el dispositivo en su cinturón, miró hacia la tormenta a través del tragaluz roto y sonrió. La noche apenas comenzaba.

Tawna saltó por el tragaluz rotó y cayó de pie sobre la cornisa mojada del edificio de enfrente. El viento de la noche le helaba el rostro, pero la adrenalina mantenía sus sentidos alerta. Sacó el dispositivo de memoria que acababa de arrancar del núcleo y lo conectó a su brazalete de rastreo.

Mientras tanto…

El sol de la tarde caía sobre las playas tropicales de las islas Wumpa. Las olas rompían suavemente contra la orilla, pero la paz duró muy poco. A unos metros de la arena, tumbado bajo la sombra de una palmera, Crash Bandicoot dormía plácidamente. Una gota de saliva se le escapaba por la comisura de las fauces mientras soñaba con montañas interminables de jugosa fruta Wumpa.

De pronto, un zumbido eléctrico cortó el aire.

Un portal interdimensional de color morado resplandeciente se abrió justo encima de la cabeza de Crash.

El portal resopló con una pequeña chispa eléctrica y se cerró de golpe, dejando caer un pequeño objeto metálico rodando hasta los pies de Crash. Era un disco de datos con el logo de Cortex grabándolo a fuego, parpadeando con la misma luz violeta.

A unos metros, Coco, que estaba ajustando el motor de su jet-ski con una llave inglesa, levantó la mirada de inmediato. Aku Aku flotó hacia ellos con un tono de voz preocupado.

—Crash... esa energía no es de nuestra dimensión. Siento una distorsión temporal extraña.

Crash, ignorando por completo la advertencia, tomó el disco, lo olió, intentó darle un mordisco pensando que era una fruta tecnológica y, al no poder romperlo, empezó a hacer muecas raras mientras Coco se acercaba corriendo para quitárselo.

se lo quita de las manos de un manotazo rápido antes de que terminara rompiendo los circuitos con los dientes.

—¡Crash, no te lo comas! —exclamó Coco, ajustándose los lentes mientras conectaba el disco a su computadora portátil de pulsera—. Esto es tecnología de la Décima Dimensión... o de una línea temporal muy parecida a la de Tawna.

Las líneas de código comenzaron a correr en la pantalla de Coco a toda velocidad, tiñendo su rostro de un resplandor azul.

El aire de las Islas Hirvientes ya de por sí olía a azufre, magia antigua y vapor rancio, pero la atmósfera se volvió insoportable cuando una grieta de color violeta neón rasgó el cielo sobre la Casa Búho.

—¡Esa no es una de mis pociones! —exclamó Eda Clawthorne, sosteniendo un brebaje humeante en una mano mientras esquivaba un par de chispas cuánticas que empezaban a llover sobre el jardín.

Del portal, envuelto en una tormenta de pixeles y energía inestable, salió despedido un borrón naranja. El marsupial giró en el aire como una hélice descontrolada antes de estrellarse de espaldas contra un parche de plantas carnívoras parlanchinas, que se quejaron indignadas.

Crash Bandicoot se levantó de un salto, sacudiéndose un par de hojas de los hombros, abrió los ojos de par en par, miró los árboles con ojos gigantes que parpadeaban y soltó un alegre "¡Whoa!".

—¡Oye! ¡Cuidado con el helecho carnívoro de la tía Mavis, bulto de pelos naranja! —gritó King, asomándose desde el porche con su calavera en la cabeza y un tazón de cereales en la zarpa.

Eda se cruzó de brazos, dejando escapar un suspiro mientras el portal violeta comenzaba a cerrarse lentamente con un zumbido seco. Miró al marsupial, luego el cielo distorsionado, y arqueó una ceja con total escepticismo.

—Genial. Otra grieta en el tejido de la realidad —masculló la bruja, dando un trago a su poción—. Y yo que pensé que hoy tendríamos una tarde tranquila de contrabando. A ver, forastero, ¿vienes huyendo del Emperador Belos o simplemente te caíste de otra dimensión por pura estupidez?

Crash la miró fijamente, parpadeó un par de veces con inocencia y, con una gran sonrisa en el rostro, levantó los pulgares antes de dar un giro sobre su propio eje y exclamar:

—¡Uh-gah!

King dejó escapar una risita burlona desde el porche, dejando caer un par de trozos de cereal en su tazón.

—Me cae bien. Es un idiota total, pero tiene estilo —comentó el pequeño demonio, relamiéndose los colmillos—. ¿Crees que explote si le damos un poco de jugo de gusano?

—Ni lo intentes, King. Lo último que necesitamos es que el bulto naranja mute y destruya la sala de estar —respondió Eda con desdén, aunque una chispa de curiosidad brilló en su mirada dorada al examinar el rastro residual de magia cuántica que el portal había dejado en el aire—. Esa energía no es de las Islas Hirvientes.

Antes de que Eda pudiera acercarse al marsupial para interrogarlo con más calma, el brazalete de rastreo que Crash llevaba colgado de la muñeca —un obsequio accidental de Coco que seguía conectado al disco de datos— comenzó a emitir un pitido estridente. Una pequeña pantalla holográfica se proyectó en el aire, mostrando un mapa interdimensional y una señal parpadeante que conectaba directamente con Neópolis.

De pronto, un destello azul cortó el cielo nublado de la dimensión de la Casa Búho.

Muy lejos de allí, en la cima de un edificio bañado por la lluvia ácida, Tawna miraba fijamente la pequeña pantalla de su brazalete, donde una segunda señal acababa de activarse de la nada, abriendo un canal de comunicación directo con una extraña e impredecible frecuencia mágica.

El parpadeo azul en el brazalete de Tawna se estabilizó, transformándose en una línea de datos nítida que dividía la pantalla holográfica en dos. Del otro lado, la señal no venía de un laboratorio clandestino de N. Gin ni de un puesto avanzado de Cortex, sino de una lectura de energía completamente ajena a las leyes de la física de su universo.

—¿Qué demonios...? —murmuró Tawna, frunciendo el ceño mientras tecleaba con rapidez en la interfaz táctil del dispositivo—. Esto no es interferencia de los androides. Tiene una firma térmica y mágica…

El destello de la puerta principal de la Casa Búho se abrió de golpe, disipando la tensión del momento con el sonido inconfundible de una mochila llena de libros y una caja de cartón golpeando contra el marco.

—¡Ya llegué, mamá adoptiva! ¡No van a creer lo que pasó en la Academia Hexside hoy, el director Bump intentó confiscar un demonio de bolsillo y... espera, ¿por qué huele a ozono y fruta Wumpa? —exclamó Luz Noceda, deteniéndose en seco en medio de la entrada.

Luz dejó caer la caja de cartón al suelo, haciendo volar un par de folletos de aquelarres por los aires, mientras sus ojos se abrían de par en par al fijar la vista en el centro del jardín.

—¿Un marsupial mutante tridimensional? —balbuceó, acercándose con una mezcla de fascinación y asombro científico— ¡Esto supera por completo a cualquier fanfic que haya escrito! ¿Viene del reino de los demonios o cruzó el velo cuántico de una brecha espacio-temporal? ¡Dime que habla, por favor dime que dice "¡Whoa!"!

Antes de que Eda pudiera detenerla, Crash respondió al llamado con una amplia sonrisa, lanzándose de cabeza hacia un parche de musgo brillante mientras hacía su característico giro huracanado, levantando una nube de tierra y esporas mágicas.

—¡Uh-gah! —exclamó el marsupial, chocando contra una columna de piedra antes de quedar atrapado de cabeza en un arbusto.

King aplaudió divertido desde el porche.

—¡Voto por que lo adoptemos! Es más gracioso que Hooty y hace menos ruido.

—¡Oye, bulto de pelos naranja, saca la cabeza de ahí antes de que el musgo te coma el cerebro! —exclamó Eda, chasqueando los dedos para invocar un bastón de fuego tenue que apartara las ramas con un toque de magia.

Luz, con los ojos brillando de emoción y una libreta de notas que apareció mágicamente en sus manos, ya estaba arrodillada junto al arbusto.

—Espera, espera, no te muevas —murmuró la humana, hojeando las páginas a toda velocidad—. Si la física interdimensional se rige por las leyes de la conservación de la masa y el caos absoluto, entonces... ¡Ay, por Titan, tiene una cinta en el brazo!

Efectivamente, el brazalete de rastreo que Crash llevaba puesto seguía emitiendo destellos. La pantalla holográfica flotante, que conectaba directamente con el dispositivo de Tawna en Neópolis, amplió la señal. Una imagen en alta definición parpadeó en el aire, revelando el rostro de una mujer de cabello azul, chamarra de cuero y una mirada decidida que no parecía dispuesta a tolerar tonterías interdimensionales.

Del otro lado de la línea holográfica, los ojos de Tawna se abrieron de par en par al ver a Luz, a Eda, a King y, por supuesto, al marsupial sacándose una hoja de la oreja.

—¿Pero qué rayos...? —dijo Tawna a través del comunicador, cruzándose de brazos en su propia dimensión mientras la lluvia ácida seguía golpeando los tejados de Neópolis—. ¿Crash? ¿Cómo terminaste en medio de un pantano mágico lleno de brujas?

Luz soltó un grito ahogado de absoluta emoción y se abalanzó hacia el holograma, agitando los brazos.

—¡Hola! ¡Soy Luz Noceda, humana, estudiante de brujería y fan número uno de cualquier cosa que rompa las leyes de la realidad! ¡Estás en las Islas Hirvientes! ¿Tu dimensión tiene dragones? ¿O robots gigantes? ¡Dime que hay robots gigantes!

Eda se frotó el puente de la nariz con fastidio, sintiendo que el dolor de cabeza de la tarde apenas comenzaba.

—Genial. Ahora tengo llamadas de larga distancia... y de otras dimensiones. Lo único que faltaba para completar la semana —bufó la Dama Búho, dándole un sorbo a su poción—. Oye, tú, la del holograma: si tu mascota naranja vino a causar estragos en mi jardín, vas a tener que venir a buscarlo, porque aquí no cobramos peaje interdimensional.

Tawna suspiró, soltando una pequeña sonrisa divertida a pesar de la situación. Tocó el botón de su brazalete, ajustando los parámetros del portal de teletransportación que el disco de datos había estado calculando en segundo plano.

—No es mi mascota, es... digamos que es un viejo amigo con el talento especial de meterse en problemas dondequiera que vaya —respondió Tawna, preparándose con su gancho mecánico—. Y no te preocupes, bruja. Voy en camino.

Un nuevo destello de energía violeta y azul comenzó a formarse en el centro del jardín de la Casa Búho, haciendo que las plantas carnívoras se encogieran de miedo y que King se aferrara emocionado al dobladillo de la túnica de Eda.

La noche, tanto en Neópolis como en las Islas Hirvientes, estaba a punto de volverse mucho más interesante.

El taller de Coco en las Islas Wumpa era un servidor de pantallas parpadeantes, herramientas flotantes y zumbidos eléctricos. Sobre la consola principal, el monitor central mostraba la transmisión en directo del brazalete de Crash: un caótico plano secuencia del jardín de la Casa Búho donde Eda intentaba apartar a un marsupial aturdido y Luz Noceda gritaba preguntas sobre la física cuántica del multiverso.

Coco, con una llave inglesa en una mano y el teclado táctil bajo la otra, detuvo su tecleo frenético y ensanchó los ojos.

—¿Una dimensión habitada por brujas, magia real y una adolescente humana entusiasta? —murmuró Coco para sí misma, ajustándose las gafas con una mezcla de escepticismo científico y absoluta fascinación—. ¡Eso desafía todas las leyes conocidas de la termodinámica dimensional! No puedo dejar que Tawna vaya sola a un entorno tan impredecible.

Sin pensarlo dos veces, Coco deslizó su computadora portátil de pulsera, se colgó la mochila táctica repleta de dispositivos de contención de plasma y se abrochó el cinturón de herramientas.

En ese preciso instante, la voz de Tawna resonó a través del comunicador holográfico, preparándose para activar el generador de portales desde su posición en Neópolis.

—Voy en camino, Coco. Quédate en el laboratorio por si la señal se desestabiliza —advirtió Tawna desde el otro lado de la línea.

—¿Bromeas? ¡Ni hablar de que me pierda esto! —respondió Coco con una sonrisa desafiante, corriendo a toda velocidad hacia la plataforma de pruebas del laboratorio—. ¡El algoritmo de apertura del portal está sincronizado con mi brazalete! ¡Voy contigo!

Con un par de tecleos rápidos en la consola principal, Coco redirigió las coordenadas cuánticas del disco de Cortex directamente hacia el jardín de Eda. Justo cuando el destello violeta y azul comenzó a rasgar el aire en el umbral de la Casa Búho, un portal gemelo se abrió de par en par en el taller de Coco.

El zumbido del portal secundario en el taller de Coco resonó con tanta fuerza que los frascos de repuesto en los estantes vibraron al unísono. Sin dudarlo ni un segundo, la joven genio saltó a través del umbral de energía justo cuando las coordenadas terminaban de fusionarse.

En el jardín de la Casa Búho, el aire comenzó a crujir con chispas de electricidad cuántica. El círculo de luz violeta que había traído a Crash se expandió de golpe, tragándose la mitad de las begonias de Eda y abriéndose de par en par.

De la cortina de humo y partículas estelares, Tawna y Coco salieron disparadas hacia el césped de la Casa Búho, completando el cruce dimensional justo a tiempo para unirse al caos.

Eda soltó un largo suspiro, cruzándose de brazos mientras observaba el pequeño ejército de visitantes interdimensionales que ahora ocupaba su jardín.

—Muy bien, ya tenemos al marsupial torpe, a la científica hiperactiva y a la justiciera de chamarra de cuero. Solo falta que aparezca el villano calvo con complejo de superioridad para completar la clásica reunión familiar de desastres —comentó la Dama Búho con ironía, aunque una chispa de genuina intriga brillaba en su mirada.

—¡Por el Titán! ¡Una científica de otra dimensión con una mochila táctica! —chilló Luz, con los ojos brillando de emoción absoluta mientras se plantaba frente a Coco sin darle tiempo ni de sacudirse el polvo del portal—. ¿Tu dimensión tiene tecnología cuántica avanzada? ¿Viajan en naves espaciales?

—¿Viajes espaciales, láseres cuánticos y tecnología capaz de alterar el tejido del espacio-tiempo? —respondió Coco, sacando su tablet holográfica con total naturalidad mientras las pantallas flotantes se encendían a su alrededor—. Digamos que en nuestra casa la ciencia loca es un deporte de todos los días. Aunque, para ser justa, es la primera vez que uno de nuestros inventos me cruza a una dimensión donde la magia real y las brujas parecen sacadas de un libro de cómics. ¡Es fascinante!

Luz soltó un chillido de absoluta felicidad, dando un pequeño salto en el sitio.

—¡Te lo dije, King! ¡No estoy loca, la ciencia y la magia son primas hermanas en el multiverso! —exclamó la humana, señalando triunfante al pequeño demonio.

—Muy lindo el recibimiento, la magia y las charlas científicas, pero será mejor que averigüemos qué demonios disparó ese disco de datos desde el laboratorio de Cortex hasta aquí —señaló Tawna, con la mirada fija en el horizonte—. Si el viejo doctor o alguno de sus secuaces descubrió cómo abrir portales hacia este plano, no tardarán en mandar algo mucho peor que un simple bot de combate.

—Tiene razón la chica de la chamarra —interrumpió Eda, chasqueando los dedos para apagar los restos de chispas mágicas que aún flotaban en el aire—. El velo entre nuestras dimensiones es delgado, pero no lo suficientemente frágil como para que un ratón con delirios de grandeza cruce sin un ancla mágica. Alguien, o algo, amplificó esa señal desde este lado.

Coco asintió energéticamente ante la deducción de Eda. Sin perder un segundo, deslizó los dedos sobre el teclado de su computadora de pulsera. Un haz de luz escaneó el césped chamuscado del jardín, proyectando un modelo tridimensional holográfico que flotó entre las dos inventoras.

—Si cruzamos la lectura térmica del portal con la interferencia de taquiones, puedo aislar el punto de origen —murmuró Coco, mordiéndose el labio inferior con concentración. Las líneas azules del holograma comenzaron a parpadear, distorsionadas por un aura dorada—. Pero los datos están... mutando. Es como si el algoritmo estuviera intentando procesar un elemento de la tabla periódica que no existe.

Luz se asomó por encima del hombro de la bandicoot, con los ojos muy abiertos y una sonrisa de oreja a oreja. Sacó un trozo de papel de su bolsillo y dibujó rápidamente un glifo de luz, activándolo con un toque para iluminar mejor la pantalla de Coco.

—¡Eso es porque no es ciencia tradicional, es magia salvaje! —exclamó Luz, señalando un pico de energía en el mapa holográfico—. Esa lectura dorada se parece mucho a las anomalías que produce la Sangre de Titán. Es la sustancia mágica más poderosa de nuestro mundo; literalmente altera el tejido de la realidad.

La computadora de pulsera de Coco emitió un pitido afirmativo.

> **Alerta del Sistema:** *Anomalía espacio-temporal localizada. Sincronizando espectro cuántico con matriz energética local. Coordenadas fijadas.*

El mapa tridimensional se acercó de golpe a una montaña escarpada y cubierta de nieve que se alzaba en el horizonte de la isla.

—¡La Rodilla del Titán! —dijeron Eda y Luz al unísono.

—Tiene razón la chica de la chamarra —interrumpió Eda, chasqueando los dedos para apagar los restos de chispas mágicas que aún flotaban en el aire—. El velo entre nuestras dimensiones es delgado, pero no lo suficientemente frágil como para que un ratón con delirios de grandeza cruce sin un ancla mágica. Alguien, o algo, amplificó esa señal desde este lado.

Coco se arrodilló junto a Crash, que seguía intentando atrapar una mariposa de color fosforescente con la boca, y conectó su tableta al disco de datos que el marsupial había estado a punto de morder. Las líneas de código cambiaron de azul a un tono carmesí parpadeante.

Alerta de Seguridad: Señal de rastreo sincronizada. Anomalía de Sangre de Titán detectada en el núcleo del dispositivo.

La luz carmesí de la tableta de Coco iluminó el jardín de la Casa Búho con un parpadeo constante, confirmando que la tecnología de Neo Cortex no solo había cruzado las barreras dimensionales por pura casualidad, sino que había sido amplificada intencionalmente utilizando la magia del mundo de Eda.

Fuente de Energía: Sangre de Titán combinada con tecnología de núcleos de taquiones del Dr. N. Gin.

Coordenadas de Origen: La Rodilla del Titán, un punto geográfico de alta concentración mágica.

Implicación Táctica: Alguien en las Islas Hirvientes está ayudando a Cortex a estabilizar un puente permanente entre ambos universos.

—Bien, ya tenemos el mapa y sabemos quién está detrás de esto, o al menos qué tipo de trampa nos espera allá arriba —anunció Tawna, ajustándose los guantes y preparando su gancho mecánico con un chasquido metálico.

El viento helado de la Rodilla del Titán aullaba a través de los desfiladeros de roca blanca y hueso fosilizado, levantando remolinos de nieve y polvo mágico. Allá arriba, donde el aire era escaso y el cielo se teñía de un violeta enfermizo, la silueta de una estructura improvisada destacaba contra el paisaje imponente: una torre de andamios metálicos, cables y antenas parabólicas con el inconfundible logo de una "N" estizada, mezclándose extrañamente con runas brillantes de magia salvaje.

—Bien, parece que a alguien le sobró tiempo de laboratorio y decidió mudarse a un cementerio de dioses —murmuró Eda, cruzándose de brazos mientras su báculo de palisman flotaba a su lado—. Espero que tengan buen café, porque la caminata ya me dio jaqueca.

—¿Ya has probado el café? — diría Luz incrédula y bastante sorprendida , deteniéndose en seco a mitad del sendero nevado mientras miraba a la bruja con los ojos como platos—. ¿En medio de una misión interdimensional para detener a un científico loco y a su misterioso aliado mágico, tu prioridad es la cafeína?

Eda soltó una carcajada ronca, ajustándose la capa contra el viento helado de la montaña.

—Si ¿De dónde crees que consigo toda esa mercancía? …. además en el reino humano nadie me conoce y ahí puede tienen muy buenos panecillos —Si. ¿De dónde crees que consigo toda esa mercancía? Además, en el reino humano nadie me conoce y por allá tienen unos panecillos rellenos de chocolate que son verdaderamente mágicos —respondió Eda con una sonrisa de suficiencia, dándole otro trago al termo mientras continuaba ascendiendo por el sendero congelado.

Luz parpadeó un par de veces, procesando la información antes de que una chispa de absoluta complicidad se encendiera en sus ojos.

—Espera... ¿estás diciendo que tus viajes clandestinos al reino humano no eran solo para contrabandear chatarra, sino para ir por pan dulce? —preguntó Luz, con una mano en el pecho y una sonrisa pícara—

—¡Exacto! El contrabando paga los gastos, pero los panecillos del mundo humano sostienen mi salud mental —respondió Eda con total naturalidad, guiñándole un ojo antes de dar un paso al frente sobre una placa de hielo.

Tawna, que iba liderando el ascenso con el gancho mecánico listo en la mano, se detuvo un segundo para mirar de reojo a la bruja y sacudió la cabeza con una sonrisa inevitable.

—No sé cómo sobreviven en esta dimensión con prioridades así —comentó la bandicoot, aunque el tono divertido en su voz delataba que disfrutaba del caos del grupo—. Pero guarden fuerzas. La estructura de Cortex está justo detrás de esa cresta. Y por las lecturas de Coco, no estamos solos.

—¡Whoa! —exclamó Crash de repente, señalando con urgencia hacia la cima de la estructura metálica.

Detrás de la antena parabólica principal, una figura encapuchada comenzó a descender por los andamios, acompañada por el zumbido metálico de un par de extremidades mecánicas adicionales que se extendían desde su espalda como patas de araña. La capucha cayó con el viento, revelando una sonrisa cínica y una mirada que brillaba con pura ambición científica y un toque de locura familiar.

—Vaya, vaya. Parece que el servicio de mensajería interdimensional funciona a la perfección —saludó una voz aguda y sarcástica que hizo que Coco apretara los dientes al instante—. Debo admitir que subestimé su capacidad para seguir las migas de pan tecnológico, bandicoots... y compañía.

—¡N. Brio! —exclamó Coco, conectando su tablet al brazalete y preparando un escudo de plasma—. Sabía que tenías que estar detrás de esta locura de taquiones. ¿Qué planeas hacer con la Sangre de Titán? ¿Mutar al multiverso entero?

El científico loco soltó una risa estridente mientras ajustaba un frasco lleno de líquido dorado en el panel central de la torre.

—No a todo el multiverso, querida Coco. Solo a los mundos que se atrevieron a ignorar el verdadero potencial de la evolución química —respondió Brio, levantando una palanca que hizo que el cielo sobre la Rodilla del Titán comenzara a teñirse de un violeta aún más intenso—. Y para inaugurar esta nueva era... ¡he preparado una pequeña sorpresa para nuestros queridos invitados!

El suelo bajo sus pies comenzó a temblar con furia. Del interior de la base improvisada, los paneles de metal cedieron con un estruendo metálico, revelando una masa informe de energía y chatarra que empezaba a tomar la forma de un colosal gólem cibernético, alimentado por la magia salvaje del Titán y la tecnología de Neópolis.

Eda clavó su báculo en la nieve, una sonrisa salvaje cruzando su rostro mientras la gema dorada estallaba en llamas brillantes.

—Muy bien, Brio. Te daré exactamente tres segundos para apagar tu maquinita antes de que mi palisman te convierta en un sapo con problemas de manejo de ira —advirtió la Dama Búho, adoptando una postura de combate.

Tawna hizo girar el gancho mecánico, preparándose para el impacto con una confianza inquebrantable.

—¿Listos para acabar con esto? —preguntó la bandicoot, mirando a su equipo.

Crash respondió dando un giro perfecto sobre su propio eje, desatando una onda expansiva de energía mientras soltaba su grito de batalla:

—¡Uh-gah!

El estruendo de la colosal masa de chatarra y magia sacudió los cimientos de la torre, levantando una densa nube de nieve y chispas violetas. El gólem cibernético rugió, combinando el chirrido metálico de los pistones de N. Gin con el eco gutural de la Sangre de Titán.

—¡A él! —exclamó Eda, trazando un círculo de hechizo en el aire que disparó una ráfaga de fuego dorado directo al pecho del monstruo.

El impacto apenas hizo titubear a la bestia, pero abrió la brecha perfecta. Tawna salió disparada por los aires, utilizando su gancho mecánico para impulsarse sobre el hombro del gólem. Con una patada giratoria cargada de energía cinética, destrozó los conductos de refrigeración del hombro derecho, provocando una fuga de vapor hirviente.

—¡Mi turno! —gritó Coco, tecleando a toda velocidad en su brazalete para desplegar un campo de contención electromagnético que bloqueó una ráfaga de plasma lanzada por los cañones secundarios del monstruo.

Luz, con un glifo de planta trazado en la palma de la mano, lo estrelló contra el suelo congelado. Instantáneamente, gigantescas enredaderas mágicas brotaron de la nieve, enredándose alrededor de las piernas del gólem e impidiendo que avanzara hacia ellos.

Desde la plataforma superior, N. Brio apretaba los dientes con frustración, agitando sus matraces humeantes.

—¡Imbéciles! ¡La química pura no puede ser contenida por simple fuerza bruta! —chilló el científico, arrojando una poción mutágena gigante directo hacia el centro del grupo.

Crash, con sus reflejos felinos y una sonrisa traviesa, se lanzó de cabeza hacia el frasco en pleno vuelo. Con un giro huracanado perfecto, desvió la trayectoria del ácido explosivo, haciéndolo rebotar de regreso hacia la torre de control de Brio.

La poción estalló con una violenta llamarada verde justo debajo de la consola principal, cortando los cables de transmisión y haciendo que las antenas parabólicas soltaran una lluvia de chispas.

—¡No, no, no! ¡Mi fórmula maestra! —gritó Brio, viendo cómo el sistema comenzaba a sobrecargarse.

—¡Ahora, Crash! —gritó Tawna, señalando el núcleo de energía expuesto del gólem que aún intentaba liberarse de las enredaderas.

Crash dio un salto colosal, impulsado por la adrenalina y la promesa de una buena aventura, girando a máxima velocidad como un tornado naranja. Se estrelló de lleno contra el núcleo de taquiones y Sangre de Titán.

*¡CRacK!*

El sonido del cristal y el metal cediendo al mismo tiempo resonó por todo el desfiladero. Una onda expansiva de luz dorada y violeta barrió la cima de la montaña, desactivando al gólem en seco y disipando el portal interdimensional que amenazaba con fusionar ambos mundos.

La estructura de andamios comenzó a tambalearse. N. Brio, cubierto de hollín y con la bata chamuscada, dio un par de pasos hacia atrás tropezando con sus propias piernas.

—¡Esto no se quedará así! ¡La ciencia siempre encuentra la manera! —bramar el científico antes de activar un dispositivo de teletransporte de emergencia, desapareciendo en un destello de humo químico.

El silencio volvió a instalarse en la Rodilla del Titán, solo roto por el viento helado que mecía la nieve a su alrededor.

Eda se recostó sobre su báculo, exhalando un largo suspiro, mientras Luz saltaba de alegría aplaudiendo a más no poder. Tawna guardó su gancho mecánico y Coco cerró la interfaz de su brazalete con una sonrisa de absoluta satisfacción.

Crash, por su parte, se sacudió los hombros, miró a su alrededor con curiosidad, sacó una fruta Wumpa de quién sabe dónde y le dio un mordisco con total tranquilidad.

La misión había terminado, y el multiverso, al menos por esta tarde, estaba a salvo.

—Bueno —dice Eda, acomodándose la capa mientras apaga los restos del círculo de hechizos con un leve movimiento de muñeca—. Si alguien vuelve a abrir un portal a otra dimensión solo para probar un disco de datos, juro que lo convertiré en una maceta parlante. ¿Entendido, bulto de pelos?

Crash, con la fruta Wumpa a medio comer en una mano, parpadea inocentemente, asiente con la cabeza y le ofrece la mitad de la fruta a un confundido King, quien la mira con desdén antes de soltar una risita.

—Oigan —interrumpe Coco, revisando rápidamente la interfaz holográfica de su brazalete para asegurarse de que las lecturas taquiónicas hayan vuelto a cero—. El rastro de energía se ha disipado por completo. Las coordenadas locales están selladas y el portal de regreso a nuestras dimensiones está abierto... pero solo durará unos minutos antes de que el tejido espacial se estabilice del todo.

Luz suspira con una mezcla de emoción contenida y un toque de nostalgia infantil, mirando a sus nuevos amigos bandicoots.

—¿Se tienen que ir tan rápido? ¡Apenas estábamos calentando! Tenía una lista de al menos cincuenta preguntas sobre la física de los saltos en caja y el ADN mutante —se lamenta la humana, cruzando los brazos con una sonrisa divertida.

Tawna le devuelve la sonrisa, guardando el gancho mecánico en su cinturón mientras le da un suave apretón en el hombro a Coco.

—Créeme, Luz, si las cosas en Neópolis o en las Islas Wumpa siguen el mismo ritmo de siempre, no pasará mucho tiempo antes de que crucemos caminos otra vez. Tienen un hogar bastante... peculiar, pero interesante —comenta Tawna, echando un vistazo a la imponente y extraña arquitectura de la Casa Búho a lo lejos.

—Y ustedes tienen buen gusto para las peleas callejeras improvisadas —añade Eda, levantando su termo en dirección a los bandicoots con un gesto cómplice—. Si algún día andan por el reino humano buscando panecillos o huyendo de algún científico calvo, ya saben dónde encontrar a la bruja más buscada de las Islas Hirvientes.

Con un último destello de energía violeta y azul, el portal interdimensional se abre con un zumbido suave en medio de la nieve, marcando el camino de regreso a casa.

Crash, adelantándose al grupo con su característico trote desgarbado, da un salto mortal hacia el centro del portal y grita con alegría:

—¡Whoa!

Coco y Tawna cruzan tras él, despidiéndose con la mano, mientras la luz del umbral se cierra lentamente, devolviendo la paz absoluta a las cumbres nevadas del Titán.

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