Prólogo
La luz de la agradable mañana se filtraba a través de las persianas de la oficina, proyectando sombras danzantes sobre los escritorios. James, tarareaba una melodía mientras revisaba los correos electrónicos, anotaba las fechas y ordenaba los números, mientras una sonrisa leve curvaba sus labios. Enero apenas estaba comenzando y el inicio del año 2000 era un increíble nuevo comienzo para muchas personas, incluyéndolo a él.
Su traje negro, impecable y recién planchado, contrastaba con la camisa blanca y la corbata de seda, cuidadosamente anudada. Su cabello, corto y ordenado, reflejaba un nuevo amanecer, y su rostro, recién afeitado, irradiaba una juventud despreocupada.
La empresa de contabilidad lo había contratado hacía unos meses, y aunque seguía siendo el “novato”, no le molestaba. Se sentía valorado. Sus compañeros lo trataban con respeto, y por primera vez en mucho tiempo, tenía la sensación de que estaba construyendo algo sólido.
En ese momento uno de sus compañeros se acercó a su puesto.
—Oye, James, ¿Qué tal estás? —La voz de Bruce lo sacó de su concentración.
James, sin apartar la vista de la pantalla, fingió ignorarlo con una sonrisa burlona.
—No me interrumpas, Bruce. Estoy muy ocupado... hmm, tal vez puede ser esto...
Bruce, su compañero más cercano y quien lo había ayudado a adaptarse a la empresa, se asomó por encima de su hombro.
—¿En serio esperas que me crea eso? Claro que no estás trabajando. ¿Qué andas mirando en tiendas en línea?
James soltó una pequeña risa y giró la pantalla apenas un poco.
—De acuerdo, me atrapaste. Estoy buscando un regalo para Max. Es nuestro segundo aniversario, y quiero elegir algo especial, sabes cómo es ella.
Una de sus compañeras también escucho la conversación y se acercó.
—¿Nuestro James en su segundo aniversario? —intervino Emily, su compañera, acercándose con una sonrisa divertida—. Vaya, sí que estás creciendo. ¿Necesitas consejos?
James se reclinó en su silla, cruzando los brazos con fingida seriedad.
—¿Consejos? Hm... Solo si lo vale. No quiero arruinarlo con ella, ya sabes...
Bruce y Emily intercambiaron una mirada de cómplices antes de responder.
—¿Qué tal algo de su ciudad? —sugirió Bruce, apoyándose en el escritorio de James—. Digo, tendrías que pagar el impuesto de importación y todo eso, pero valdría la pena.
James frunció ligeramente el ceño, considerando la idea mientras tamborileaba los dedos sobre el teclado.
—Podría ser... pero tampoco quiero quedarme sin presupuesto.
—Vaya, qué romántico —se burló Emily, cruzándose de brazos—. “Te amo, Max, pero no tanto como para gastar de más”.
James soltó una risa breve y negó con la cabeza.
—No es eso, solo quiero elegir algo significativo sin que después tenga que andar pidiendo préstamos.
Bruce chasqueó la lengua, fingiendo desaprobación.
—Hombre precavido. Está bien, pero piénsalo: si le consigues algo especial, más si es algo que le traiga recuerdos, le demostrarás que pones atención a lo que le importa.
James asintió lentamente. La idea tenía sentido. Maxine a menudo hablaba con nostalgia de su hogar y de las pequeñas cosas que extrañaba. Quizás algo que le recordara sus días de juventud podría ser el regalo perfecto.
Emily apoyó los brazos en el cubículo y lo miró con una sonrisa de satisfacción.
—Entonces ya tienes tarea. Ahora, deja de hacer compras en horario laboral antes de que el jefe te pille, ya lo ha hecho con nosotros.
James rodó los ojos, pero cerró la pestaña de la tienda con un leve suspiro.
—Sí, sí, pero den ideas en el almuerzo.
Bruce y Emily se alejaron entre risas, dejándolo solo de nuevo con su pantalla y sus pensamientos. A pesar de las bromas, una cálida sensación se asentó en su pecho. Tenía buenos compañeros, un trabajo estable y a Maxine.
Cuando James terminó su jornada, salió de la oficina con una mano en el bolsillo y otra en su maletín, su mente aun ocupada en su dilema del regalo para su novia. Caminaba por las calles del distrito comercial de Covent Garden, donde los escaparates iluminados mostraban artículos de lujo, relojes elegantes y joyería reluciente. Tal vez podría encontrar algo especial en alguna tienda de alta gama, algo que realmente impresionara a Maxine.
Mientras sus pensamientos divagaban entre opciones, no notó la figura que venía en dirección opuesta hasta que chocaron.
—Oye, fíjate por donde vas amigo... —le hablo el desconocido con voz áspera pero respetuosa.
El hombre tenía un aspecto intrigante y elegante: un traje gris de alta gama, afeitado, un cabello ordenado y gris, aunque con una expresión de desdén. James parpadeó, volviendo en sí, y levantó las manos en señal de disculpa.
—Lo siento, hombre. No estaba prestando atención.
El transeúnte bufó y le respondió de manera simple.
—No pasa nada, solo fíjate bien o terminaras chocando con más gente.
En ese momento aquel hombre pareció dejar caer una tarjeta, James se acercó y la tomo leyendo lo que estaba escrito.
—Bufete de Abogados Caldwell...
James se quedó quieto por un momento con la tarjeta, viendo cómo el hombre desaparecía entre la multitud. No era alguien que hubiera visto antes o conociera de alguna manera, pero algo en su mirada le dejó un vago malestar. Sin embargo, no le dio demasiadas vueltas y retomó su camino, dejando la tarjeta en una pequeña fuente por si alguien decidía tomarla, así volviendo a su principal preocupación: el regalo para Maxine.
Siguió recorriendo las tiendas, pero nada parecía lo suficientemente bueno. Si iba a ser un aniversario especial, el regalo también tenía que serlo.
En un momento, James se detuvo al ver una joyería que le llamó la atención. Las vitrinas estaban llenas de anillos, collares y pendientes fascinantes, pero fue un collar en particular el que capturó su mirada. Era místico y elegante, con un diseño intrincado que brillaba bajo la luz tenue del local, con una cadena de platino y un pequeño diamante en el centro incrustado en una pequeña placa de metal.
—Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle? —dijo la dueña del local, una mujer de mediana edad con una sonrisa amable pero reservada.
—Este collar... —James señaló, claramente interesado—. ¿Cuál es su precio?
La mujer observó el collar con una ligera duda antes de responder, como si estuviera evaluando si debía compartir su precio con él.
—Está seguro, joven... Es un collar bastante caro —dijo mientras lo tomaba cuidadosamente, como si sintiera el peso del objeto—. En precio normal, vale 800 libras... pero, siendo sincera, usted parece realmente interesado. Si lo desea, puedo ofrecerle una oferta especial por... 600 libras.
James frunció el ceño, aun sopesando la idea. Sabía que 600 libras seguían siendo mucho dinero, pero algo en el gesto de la mujer y la pieza en sí le daban una sensación de urgencia. Quería hacer que Maxine se sintiera especial, y este collar, por alguna razón, parecía ser el regalo perfecto.
—¿En serio? —preguntó, sus ojos buscando confirmar que no estaba siendo engañado—. ¿Por qué tan barato?
La dueña le dedicó una sonrisa enigmática, como si compartiera un secreto solo con él.
—Los objetos más valiosos merecen un destino especial. Y siento que este collar... tiene un propósito más allá que su precio.
James no pudo evitar sonreír ante esa respuesta, aunque la incertidumbre siguió rondando en su mente. Era una oferta tentadora, y sin pensarlo demasiado, decidió aceptarla.
James compró el collar con una sensación de alivio que le recorrió el cuerpo, como si hubiera hecho una compra más grande de lo que en realidad era. El collar, brillante y sofisticado, parecía casi un símbolo de lo que estaba dispuesto a hacer por Maxine, como si fuera su “hueso del santo”. La dueña de la tienda lo guardó con delicadeza en una caja metálica con un diseño minimalista pero elegante.
—Espero le guste a su prometida —comentó la mujer, mientras le entregaba la caja con una sonrisa.
James la miró, sin saber si tomar esas palabras como un simple comentario o como una insinuación. Su mirada se desvió hacia la caja, la cual ya se sentía demasiado pesada en sus manos, como si contuviera más de lo que él imaginaba.
—Bueno... —respondió, vacilando antes de continuar—. Digo lo mismo al respecto.
Un aire de incomodidad llenó el espacio entre ellos. No era un comentario que esperara recibir, ni una situación que había planeado. Pero las palabras de la mujer, aunque simples, resonaron en su cabeza, como si de alguna manera le recordara que las decisiones que tomaba no solo dependían de él, sino de algo más grande, sabiendo que la decisión de llegar a comprometerse con Maxine era una de las más fuertes que debería tomar.
Salió de la tienda con la caja cuidadosamente sujeta, sintiendo que, por primera vez en mucho tiempo, había hecho algo que podría llegar a hacer feliz a su prometida como nunca. Aun así, una pequeña inquietud lo acompañaba, no sabía si era algo del trabajo, el transeúnte que se topó antes o en el tono de la mujer, pero era algo que notaba extraño.
Con el collar guardado en su maletín, James caminaba por las calles de Covent Garden. La ciudad a su alrededor seguía su curso, pero él se sentía en su propio mundo, alejado de los problemas y la confusión de los últimos días. El collar, aunque ligero en comparación con las decisiones que había tomado, pesaba más de lo que imaginaba. Pero no era un peso incómodo. Al contrario, sentía una especie de calidez al saber que había encontrado el regalo perfecto para Maxine.
Sabía que este primer aniversario sería especial, más de lo que había planeado en un principio. A pesar de la confusión que había envuelto su vida en las últimas semanas, algo tan simple como un regalo podía traerle una felicidad inesperada. Este aniversario sería uno de los más recordados de su vida, y lo sabía con certeza.
En su corazón, un sentimiento de esperanza comenzó a tomar forma. Él sabía que se permitiría disfrutar de la simple felicidad de dar algo especial a la persona que más quería.
James siguió caminando por las calles del distrito dirigiéndose a su hogar y ver a Maxine, sonriendo de manera ligera, como si el peso de todo el mundo ya no existiera. El futuro, al menos por ese momento, se veía brillante.








