Capítulo 1
Capítulo
—Mira Asher, te mandaba a la mierda, pero eres tan idiota que seguro que te pierdes por el camino —me dirijo a la cabeza de pelo castaño claro.
—Pues claro, necesito un mapa hecho por ti, como has hecho el camino tantas veces... y por tantas personas —responde seriamente, frío, sin inmutarse. Eso ha sido ir a hacer daño. No había tenido mucha suerte con mi vida amorosa que digamos... Solo cuento con un ex que está obsesionado con que seguimos juntos...
—Puff, prefiero que te pierdas. Es lo que consigues con esas contestaciones. Además, así tendría el mando de la tele y el sofá para mí sola.
No recibo respuesta.
Asher Blackwood es el mejor amigo de mi hermano. Tengo que aguantarle 24/7 porque es mi vecino (aunque parece que no tiene casa propia) y le encanta visitar a mi hermanito mayor, aparte de tocarme los ova... las narices, sí, las narices.
Solemos discutir por todo. Él llega a mi casa y se adueña de mis pertenencias sin siquiera preguntar.
Lo más fuerte no es que poco a poco vaya asumiendo el papel de mi hermano, sino que repitió curso y está en mi clase.
Así es. No solo aguanto al capullo con problemas de expresión en mi casa, sino también en mi clase.
—¿No deberías estar haciendo el trabajo en lugar de darme el coñazo? —dice.
Oh, mierda.
—¿Qué trabajo? —pregunto mientras noto mis pulsaciones acelerarse y la bilis subirme a la garganta.
—El que han mandado para mañana —responde tan tranquilo. No, no, no...
Mierda, he caído.
—Mañana es domingo, gilipollas.
—Cuéntame algo que ya no sepa.
Gruño y me dirijo a mi habitación, a contarle todo a la chica que siempre aguanta mis dramas con Asher: Hannah.
Nada más entrar me encuentro con una de mis medallas de mis competiciones de karate. La agarro y la devuelvo a su sitio.
—¿Brooklyn? —contesta con voz adormilada —. ¿Qué pasa? Me has interrumpido la siesta.
—Es una videollamada, Hannah, separa el teléfono de tu oreja. ¿Te imaginas lo que me ha hecho el gilipollas ese?
Se incorpora de golpe y pone los ojos como platos.
—¿Está tu vecino buenorro en tu casa? —creo que Hannah lleva colada por Asher desde que entró a mi casa por primera vez y lo vio tirado en el sofá.
Me preguntó si ese modelo Playboy era real o producto de su imaginación. En alto.
—Sí, pero no sé de qué te sorprendes. Prácticamente vive aquí.
—Ni se te ocurra moverte ni dejar que se vaya, en cinco minutos estoy allí.
—Vas a reñirle por molestarme, ¿verdad?
—Sí. Tengo pensado reñirle. Pero no de la manera que te esperas... de otra más bonita —sonríe enseñándome sus preciosos dientes blancos, a veces me da tanta envidia...
—¡Dios, Hannah! ¿Cómo se te ocurre insinuar eso?
—Es que sabes que es lo que seguramente pase.
—Pero ten cuidado. No les des muy fuerte que pierde la única neurona que tiene.
—Ambas sabemos que te gustaría estar en mi lugar. Hasta ahora, amiga... —cuelga tan rápido que no me da tiempo a responder. Bajo al salón, dispuesta a hacerme un sitio en el sofá. Que, para mi sorpresa, está ocupado por los dos borregos de siempre.
Le agarro a Asher de los pies y, como está sin zapatos, le tiro de los dedos para molestarle.
—Aparta de mi sofá —digo mientras intento forzarle a que se mueva —. O me veré obligada a sentarme sobre ti.
—¿Encima de mi cara? A, no, que eso ya lo intentaste con el de la semana pasada y no funcionó —¿Qué? ¿Cómo narices sabe eso?
—¡Ah! —exclamo indignada —. Seguro que hubiera tenido más suerte si lo intentaba contigo. A no, que estás muy ocupado evitando que te mueva de mi sofá.
—Chicos, parad ya... —dice Ethan. Pero solo paramos porque acaban de llamar al timbre.
Corro hacia la puerta y empiezo a soltarle todo a Hannah.
—Ese gilipollas me acaba de decir que me siente en su cara.
—Tranqui tía, yo le mantengo a raya.
—¿Pero no se supone que tú me ibas a castigar, Jones? —grita Asher desde el salón.
—Mi nombre de pila es Hannah —grita la aludida en respuesta.
—Vale, Jones. Lo tendré en cuenta.
Pero... espera. ¿Cómo sabe que Hannah le iba a "castigar"? ¿Había cotilleado nuestras conversaciones? Eso parecía. A ver, no es nada descabellado. Las paredes son de papel... Pero, si sabía eso, también sabía otras cosas mucho más vergonzosas que le había contado a Hannah. Como la vez que le conté que me había tocado por primera vez, o la vez que perdí la virginidad...
Todos los secretos que había compartido con Hannah por videollamada, ahora los sabía él.
Qué vergüenza.
Yo no tenía con qué responderle en comparación con las cosas que él me podía echar en cara.








