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Jimin se encontraba retorciéndose entre las sabanas de aquella cama de hotel, pues su más preciado amante le estaba haciendo sentir en las nubes. Jeon se movía a gran velocidad en el interior de Jimin, teniendo sus piernas hacia un lado, las dos juntas mientras arremetía con violencia en la rosada entrada del rubio.
Ambos conectaron miradas con una sonrisa cómplice. Ambos sabían que aquello no debía de pasar, que sus encuentros eran prohibidos y que un corazón estaba siendo destrozado gracias a su lujuria.
Pero ni uno de los dos pudo detenerlo.
Jimin había caído bajo las garras de Jungkook; garras de las cuales no deseaba salir jamás.
─ ¿Cuándo lo dejarás?
La frialdad en sus palabras hizo a Jimin retorcerse entre sus brazos. No le gustaba que Jungkook tocara siempre ese tema.
─ No tienes que decirlo cada que nos vemos, estoy buscando el momento adecuado.
─ Me vienes diciendo eso desde que comenzamos con esto, ¿es que soy el único enamorado aquí?
Jimin se sentó en la cama, arrugando levemente las finas sabanas. Claro que no era el único, él había empezado a desarrollar sentimientos reales por Jungkook, pero no podía simplemente separarse de Lee como si de botar una botella vacía se tratase.
─ Me iré ya, nos vemos la próxima semana.
Se levantó y comenzó a vestirse, pero una mano en su ante brazo le hizo detenerse.
─ Sabes muy bien de lo que soy capaz de hacer si sigues mintiéndome. Si me amas, déjalo. Si no lo dejas, atente a las consecuencias.
Jimin se soltó de agarré y tomó el rostro de Jungkook entre sus brazos, sonriendo lentamente mientras le depositaba un tierno beso en los labios ajenos.
─ Sabes que te amo, Kookie, y en cuanto me separe de él podremos ser felices; solo nosotros dos.
Jungkook sonrió, pues aquellas eran las palabras que siempre le hacían darse cuenta que Jimin no le mentiría.
Jimin lo amaba.
La lluvia en las calles de Seúl era horrible: las gotas azotaban puertas y ventanas, los arboles se movían con brusquedad y las personas corrían de un lado a otro tratando de huir de la tormenta.
Jungkook caminaba por las calles sin tomarle mucha importancia a la lluvia, pues estaba más que concentrado pensando el porqué Jimin no había llegado a su encuentro de los viernes como todas las semanas.
Se refugio bajo una parada de autobús temblando, pues el agua había logrado empapar por completo su cuerpo. Miró a su alrededor, tratando de ver si el autobús estaba cerca, pero lo que vio no fue para nada de su agrado.
Como si de una película se tratase, frente a él pasó un auto deportivo, qué, a pesar de tener sus ventanas polarizadas, logró ver quienes eran los sujetos dentro del vehículo.
Jimin, su Jimin iba al lado de quien suponía era su pareja, pero eso no fue todo.
Sino que la pareja era su mejor amigo y casi hermano.
La pareja se veía feliz, como si el amor entre ellos hubiera revivido, o peor aún; como si jamás se hubiera ido.
Cayó sentado sobre la banca detrás de él, viendo cómo el auto pasaba de largo y el autobús se posaba frente a él. No subió, no reaccionó, solamente apretó sus puños y pensó lo que creía no tendría que hacer nunca.
Pero Jimin lo había obligado.
─ ¡Me mentiste! ¡dijiste que no lo amabas y te vi muy feliz con él!
Jungkook estaba histérico. Jimin trato de calmarlo, pero Jungkook en su coraje solamente lo tomó del brazo y se acercó al rostro contrario con brusquedad. Con autoridad.
─ Recuerdas muy bien lo que dije, ¿no es así?
Jimin no respondió.
─ ¡¿No es así?!
Jimin negó lentamente, temiendo que Jungkook sí fuera capaz de hacerlo.
─ No lo hagas… por favor. ─Susurró.
Jungkook río, le hacía gracia que aún tuviera el descaro de defender lo cuándo días antes le había dicho que lo amaba. ¿Es que las palabras realmente se las llevaba el viento?
─ Tú me obligaste. Yo te advertí y no hiciste caso, así que ahora solamente tendrás que vivir con el miedo de que en algún momento tu “maridito” te va a abandonar.
Le tomó la mano en la cuál posaba un anillo de compromiso y luego la tiró hacia un lado, como si no le importara el hecho que el amor de su vida ya se hubiera comprometido.
Salió de la habitación del hotel furioso, con un destino en mente.
─ Buenas noches, tengo una reservación a nombre de Jeon Jungkook.
─ Claro que sí, sígame.
Jungkook asintió y a paso seguro siguió a la recepcionista, quién lo llevó hasta una mesa al fondo del lugar, a un lugar un poco más privado.
Días después del encuentro con Jimin, planeo una cena especial con la otra parte del triángulo.
─ Muchas gracias.
Tomó asiento y acomodó las mangas de su traje, miró por la ventana mientras esperaba las bebidas que había pedido.
Luego de minutos de espera, su invitado llegó a la mesa donde él se encontraba.
─ ¡Jungkook, hermano! Tanto tiempo sin verte. ¿Cómo te encuentras?
Jungkook le dio un sorbo a su copa y alzó la mirada, sonriendo levemente ante el saludo tan amistoso de su amigo.
─ Muy bien, Dongmin, gracias por preguntar. Ven, toma asiento.
Lee se sentó frente a Jungkook y acomodó su traje, sonriendo porque tenía varios meses sin ver a su mejor amigo y casi hermano.
─ Y cuéntame, ¿a qué se debe la invitación tan formal?
Jungkook colocó la copa sobre la mesa y miró a su amigo, quién empezaba a partir la carne en su platillo, platillo que Jungkook se encargo de pedir con anticipación.
─ Supe que te ibas a casar, quería que celebráramos tu compromiso.
Lee Dongmin sonrió en grande al escuchar las palabras de su amigo.
─ ¿En serio te diste cuenta? Quería contártelo cuándo ya estuviera todo planeado, pero realmente me alegra que ya lo sepas. Sí, me casaré con el hombre más hermoso de esta universo, si tú lo conocieras sin duda me darías la razón.
Tomó de la copa con vino sin borrar la sonrisa en su rostro. Jungkook solamente lo observó.
─ Sí… sin duda sería lindo conocer a Park.
Tomó sus cubiertos y empezó a partir la carne en su plato.
Dongmin dejó la copa a medio terminar en el aire, viendo a Jungkook fijamente.
─ ¿Sabes con quién me voy a casar?
Jungkook miró su platillo, tratando de calmar la ira que dentro de él habitaba.
─ ¿Cómo no conocer a… mi amante?
Alzó la mirada y logró ver cómo el rostro de Lee pasaba por cuatro expresiones seguidas: duda, sorpresa, tristeza e ira.
Lee se levantó con el ceño fruncido, pero rápidamente un mareo lo atacó y lo obligó a tomar asiento otra vez. Apoyó su cabeza sobre su mano y miró a Jungkook sospechando de él.
─ ¿Qué me has dado?
Jungkook siguió cortando su carne, restándole importancia al estado de su amigo.
─ Te he dado un somnífero y estas a punto de quedar inconsciente.
Los ojos de Lee empezaron a fallar, viendo todo cada vez más borroso. Entonces ahí Jungkook tuvo la gran señal esperada.
Salió del edificio con el cuerpo de su mejor amigo, dando como excusa que había bebido de más y debía llevarlo a casa. Todos creyeron, pues Jungkook se había encargado de comprar el vino más fuerte del restaurante.
Llegó hasta el estacionamiento y tiró el cuerpo de Lee en los asientos traseros, subió al auto y se dirigió hacia el bosque más cercano de la zona. Necesitaba deshacerse de la evidencia lo más pronto posible.
Llegó al lugar, bajo el cuerpo y las herramientas necesarias y justo cuándo estuvo a punto de cruzar aquella hacha entre el cuello de su mejor amigo, este despertó.
─ ¡Jungkook, no!
Detuvo el hacha en el aire y vio a su mejor amigo y casi hermano acostado sobre las hojas de aquél bosque somnoliento. Lo pensó, sí, pero recordó la escena donde lo vio muy feliz con la persona que amaba y entonces no tuvo piedad.
Cinco hachazos le bastaron para desprender la cabeza del cuerpo. Su rostro y traje se encontraban salpicados del líquido rojo que del cuello de su mejor amigo brotaba. No sintió remordimiento, no sintió culpa.
Solamente sintió paz.
Acarició la cabeza de su amigo con el guante que por protección se había colocado y le cerró los ojos, ojos que hasta en su último suspiro lo miraron fijamente.
Se puso de pie y miró la escena, para tiempo después retirarse sin dejar rastro alguno. Había sido sumamente precavido con las huellas y demás, así que no podrían incriminarlo.
Al día siguiente se anunció en las noticias el fatídico asesinato de un hombre en el bosque principal de la zona. Jimin, preocupado por no recibir ni una sola llamada de su prometido, se encontraba mirando las noticias atento a cualquier noticia. Pero cuándo vio la foto de quién se trataba el cuerpo ya sin vida su mundo se vino abajo.
Lloró, soltó gritos desgarradores mientras salía de su hogar para poder encontrarse una última vez con su prometido. Llegó a la escena del crimen y entre sollozos preguntó por Lee, no obtuvo respuestas agradables y eso solamente le hizo desplomarse más.
─ Lo lamento tanto.
Jimin escuchaba lejana la voz de sus familiares, conocidos y personas que habían asistido al entierro de su prometido. Limpió sus lágrimas con un pañuelo que pertenecía a Lee y miró la lápida con su nombre y foto grabados.
Cerró sus ojos y suspiró, sus ojos estaban hinchados de tanto llorar y su cuerpo no tenía energías para mantenerse de pie. Se encontraba solo en el cementerio, tratando de conectar con el alma de su prometido si es que eso era posible.
Pero entonces observó cómo una mano ensangrentada tiraba una rosa roja, rosa que estaba también llena de aquél líquido rojizo.
Alzó la vista un poco y a su lado observó a Jungkook, pero la imagen que miraba le hizo recordar las palabras que días antes le había dicho.
“─ Tú me obligaste. Yo te advertí y no hiciste caso, así que ahora solamente tendrás que vivir con el miedo de que en algún momento tu “maridito” te va a abandonar.”
Comenzó a sollozar más fuerte, pues realmente no creía capaz a Jungkook de asesinar a alguien solamente por celos.
─ Es una pena que hayas preferido este destino para él. Realmente no lo merecía, pero me obligaste a hacerlo.
Jimin negó, comenzando a golpear el pecho de Jungkook, llenando sus propias manos de la sangre ya seca que creía ser de su prometido.
─ ¡Y-yo no hice nada! ¡fuiste tú quién lo asesinó!
─ Lo asesine por ti, por lo nuestro. Mira el lado bueno, ahora nadie podrá obligarnos a ocultar nuestro amor, porque nos amamos. ¿No es así?
Jimin bajó la mirada mientras lloraba, desviando su mirada a la lápida de Lee.
Jungkook le abrazó por detrás y comenzó a besarle el cuello, tomando a Jimin por sorpresa.
─ ¿Qué crees que haces?
─ Voy a mostrarle a mi mejor amigo que su futuro esposo queda en buenas manos.
Jungkook, sin preguntar comenzó a bajar los pantalones de Jimin, y Jimin en un intento de taparse cayó de rodillas sobre la tumba de Lee.
─ No, no hagas esto aquí. Por favor.
─ ¿Ahora me pides no cogerte, mi amor? Si en aquella cama de hotel pedías a gritos que te llenara.
Comenzó a frotar su erección ya liberada en la entrada de Jimin. Jimin soltó un jadeo de sorpresa y rápidamente vio hacia los costados por si alguien los observaba.
Pero el cementerio estaba totalmente vacío.
Sintió la introducción de la extensión de Jungkook en su interior y un gemido se escapó de sus labios. Bajó la mirada observando la lápida y foto de Lee mientras comenzaba a recibir las embestidas de Jungkook.
Aquél hombre no estaba siendo para nada gentil, la brusquedad de sus embestidas hacía que Jimin se agitara de más sobre la tumba. Se trató de agarrar del césped, pero aquél quedaba entre sus dedos al ser tan frágil.
Jungkook arremetía en el interior de Jimin, sonriendo porque sabía que por fin eran libres, libres del obstáculo que tanto le impedía demostrar el amor que Jimin y él se tenían.
Tomó a Jimin se los cabellos y lo obligó a acercarse, comenzando a besar su cuello con deseo de marcarlo en su totalidad.
Marcas que siempre deseo dejar, pero por ser el amante nunca pudo.
─ Por fin eres totalmente mío… mío y de nadie más.
Sus ojos conectaron con los de Jimin y Jimin le dedicó una sonrisa.
─ Solamente tuyo…









