El niño conejo
Narrativa de autor.
En el corazón de la ciudad, un pequeño bar de aspecto acogedor se ilumina con luces brillantes y colores festivos. La fachada está decorada con guirnaldas brillantes y banderas que ondean al ritmo de la suave brisa nocturna. El murmullo de la multitud se mezcla con la risa y la música que fluyen desde el interior del establecimiento.
Mujeres con escotes en pecho reveladores y aventureros llenos del alcohol en la sangre abundaban.
Al traspasar la puerta, envuelve un cálido resplandor que proviene de las luces colgantes que se entrelazan con las enredaderas que adornan las paredes. El bullicio del bar está lleno de risas contagiosas y conversaciones animadas, creando una sinfonía alegre que llena el aire. algo que llena los sentidos de aquel aventurero de vestimenta verde oscura el cual vio el escenario con una gran sonrisa y con ojos que se llenaban de asombro.
En el rincón del bar, un grupo de músicos entusiastas toca una mezcla vibrante de ritmos festivos. Guitarras, tambores y saxofones se combinan para crear una melodía que invita a la gente a bailar y celebrar. Las mesas están decoradas con centros de flores brillantes y velas parpadeantes, aportando un toque romántico a la atmósfera festiva.
Los camareras se mueven ágilmente entre las mesas, sirviendo coloridos cócteles y platos deliciosos que inundan el lugar con aromas tentadores. El murmullo de las conversaciones se mezcla con el tintineo de los vasos y el suave murmullo de la música, creando una armonía que encapsula la alegría del festival, algo que animaba formar parte de él.--MESERO SÍRVAME UN CÓCTEL DE LAS ERAS.--. demandó con una sonrisa el joven recién llegado.
Un chico joven y de apariencia delicada, con ojos grises y una mirada apacible y unas notables pero peculiares orejas de conejo, su inocencia contrastaba con lo que traía puesto y la espada en su espalda, guantes y botas de metal, combinadas toscamente con ropa llena de musgo que parecia crecer armoniosamente sobre la ropa que alguna vez fueron finas prendas de tela blanca.
--Así que un nuevo aventurero, pareces muy joven como para ser un guerrero, ¿Que trae por aqui a un aventurero novato?.--. dijo una joven mesera mientras traía su bebida en un gran vaso cervecero, mirando con curiosidad a aquel chico.--Nada especial, el clima, el festival, quería descansar después de haber viajado tanto y conocer a algunas personas.--. respondió el chico con una gran sonrisa, antes de darle un trago a su vaso. devolviendolo junto con un par de monedas.
--Hazme un favor tráeme otros dos más y dime como te llamas.--. dijo inclinando la cabeza levemente, iniciando la cabeza con una sonrisa.
Un intercambio amistoso con la mesera. Ella de cabello oscuro recogido en una coleta y ojos chispeantes, respondió con una risa musical antes de dirigirse a preparar los cócteles adicionales.
La noche continuó con la euforia del festival. La pista de baile estaba ahora llena de personas que se movían al compás de la música festiva, y el joven aventurero se unió a la diversión, dejando que la música y la alegría del momento lo envolvieran. Pronto, se encontró bailando con nuevos amigos y compartiendo risas con desconocidos que se convertían rápidamente en camaradas de fiesta.
Los cócteles de las eras con su mezcla única de sabores, añadieron un toque mágico a la noche, y el joven aventurero se deleitó con cada sorbo, disfrutando de la calidez del licor que contrastaba con la frescura del limón y la dulzura de la miel.
A medida que avanzaba la noche, la música se intensificaba, y la celebración alcanzaba su clímax. Luces parpadeantes iluminaban el cielo nocturno, y fuegos artificiales estallaban en una explosión de colores brillantes. La plaza central estaba llena de risas, bailes y la vibrante energía de la comunidad reunida para honrar el festival.
El joven aventurero, completamente inmerso en la festividad, se encontró charlando animadamente con la mesera entre tragos y risas. El tiempo parecía volar mientras compartían historias y se sumergían en la magia de la noche.
Sin embargo, cuando la madrugada se acercaba y la intensidad de la celebración comenzaba a disminuir, el joven aventurero se dio cuenta de que el cansancio lo alcanzaba. Decidió retirarse y agradeció a la mesera por su compañía y la deliciosa bebida.
El último recuerdo claro que tenía era de despedirse y dirigirse hacia la posada del pueblo. La siguiente mañana, al despertar en una cama desconocida, se encontró con la mesera a su lado, ambos despertando con sonrisas en sus rostros y la promesa de una nueva amistad que floreció en la mágica noche del festival.
--¿Te cause muchos problemas?.--. preguntó el joven aventurero a la camarera, la cual solo atino a reír levemente.--No para nada, aunque no esperaba esto... no esta noche y no con el cliente que parecia mas inocente hoy.--. dijo la mesera con una sonrisa.
--No recuerdo nada... pero tenemos toda la ropa puesta asi que no hicimos nada raro, solo dos borrachos que se hicieron amigos en una fiesta y se quedaron dormidos sin querer.--. dijo antes de levantarse sosteniendo su cabeza por el dolor de la resaca.
--Por mis ancestros... esto debe doler más que cuando le arrancaron el cuerno al gran Almiraj.--. dijo el chico con una sonrisa.--Y al final no me dijiste tu nombre...--. dijo la mesera mientras se removía en sus sábanas.
--Cierto... mi nombre es Aiden Brisa, séptimo hijo de la familia Brisa de los forjadores de armas mágicas del norte del reino.--. dijo antes de estirarse levemente.--Bromeas verdad... asi que conocí a uno de los famosos herreros de la casa Brisa.--. dijo la chica entre risas.
--Pues... no, escuchaste de mi familia pero no sobre mi supongo, yo soy el séptimo hijo, aquel que nunca tuvo talento para la forja o la creación de armas o artefactos, el hijo que se dedicó a viajar por un capricho en busca de un deseo imposible... bueno bella dama tengo que irme, mi viaje debe continuar, aunque a la proxima tal vez me haré responsable de alguna acción que cometa jajaja.--. dijo con una gran sonrisa marchando por la puerta.
El amanecer golpeó con fuerza a Aiden cuando dio sus primeros pasos por la ciudad. El eco metálico de sus botas resonaba en las calles empedradas, un sonido rítmico que acompañaba sus pensamientos errantes.
--Una noche con demasiada información... pero nada de lo que buscaba. Aunque hay pistas de algo mayor en el próximo pueblo. Un dragón que resguarda un tesoro... tal vez la Lágrima del Tiempo o el Ojo de Aetherium estén allí. Como sea, alguien tendrá que encargarse del problema del dragón tarde o temprano.--.
Perdido en sus reflexiones, apenas notó cuando una voz áspera interrumpió su andar.
--¡Hey, semi-humano! ¿Estás tan distraído que no escuchas cuando te llaman?.--.
Aiden levantó la vista y se encontró con un soldado de brillante armadura plateada. Su diseño era similar al de los guanteletes y botas metálicas que el propio joven llevaba consigo.
--Oh, lo siento. Estaba pensando en mi próximo destino.--. respondió con una sonrisa despreocupada.
--Tu próximo destino ya ha sido decidido. Viajarás a la capital del reino de Eldoria, a la ciudad de Aurelia, al Palacio del Sol Dorado.--. ordenó el soldado con tono firme.
Aiden ladeó la cabeza con una expresión de amable escepticismo.
--En realidad, pensaba ir a Villa Alis, el pueblo élfico de las festividades del reino. Allí hay una pista que podría llevarme a lo que busco. Claro, en la capital podría haber otra, pero está demasiado lejos... De todos modos, gracias por la sugerencia. Que tenga un buen día.--.
Hizo una reverencia con educación y se dispuso a marcharse, pero su camino fue bloqueado por un jinete que detuvo su caballo justo frente a él.
Aiden frunció el ceño.
--Oye... No me dejas pasar. ¿Qué es lo que quieren ahora?.--. dijo casi como un niño.
El caballero desmontó con elegancia y lo miró con severidad.
--El rey ha solicitado tu presencia. Es por tus acciones en las Villas Maltain, Tomas y Estepa.--.
--Oh, ya veo...--. Aiden suspiró y cruzó los brazos.--Para ser honesto, no pensé que a los caballeros les molestara que eliminara a esas personas. Es decir, no vi a nadie del reino interviniendo mientras cada uno de ellos cometía atrocidades.--.
El tono de su voz era ligero, despreocupado, prácticamente inocente, pero lo que dijo estremeció al caballero.
--El Puercoespín.--. continuó Aiden.--Era un gobernador tirano que empalaba a sus ciudadanos para ofrecer su sangre como tributo a un cofre con un artefacto roto. El León fue aún peor: esclavizó mujeres y niños, destruyó aldeas por mero placer... todo en su enfermizo intento de devolver la vida a su esposa, cuya belleza quedó atrapada eternamente en una estatua de carbón. Él mismo la convirtió en eso, creyendo que así obtendría la inmortalidad para ella.--.
Hizo una breve pausa, como si recordara algo curioso.
--Ah, y la Zorra, cuyo corazón avaro la llevó a convertir la sangre de otros en joyas de colores... y el sufrimiento en prendas para si misma... Cada uno de ellos vivía sin que al reino pareciera importarle. Así que no imaginé que eliminarlos llamaría su atención.--.
El caballero estaba pálido, horrorizado no solo por lo que escuchaba, sino por la tranquila naturalidad con la que Aiden lo relataba.
--Lo cierto es que... el rey te ha mandado a llamar, pero no por los motivos que imaginas. No estamos aquí para arrestarte, señor Brisa.--.
Sacó de su armadura una carta sellada con cera roja y la extendió hacia él.
--Su Majestad convoca tu presencia en el palacio. Quiere recompensarte por tus acciones, ofrecerte un título de caballero y encomendarte una misión.--.
Aiden parpadeó, genuinamente sorprendido. Luego dejó escapar una risa breve, negando con la cabeza.
--Aprecio la oferta, en serio... Me honra que el rey quiera darme un título, pero tengo una búsqueda pendiente y... bueno en teoria mi familia ya es protegida por el reino--.
El sonido del acero cortando el aire lo interrumpió. La espada del caballero relució a la luz de la mañana.
--El rey no es de los que aceptan un “no” por respuesta.--. advirtió con tono implacable.
Aiden suspiró, alzando las manos en señal de rendición.
--Bien... Iré con ustedes. Mi espada no fue hecha para combatir contra caballeros que intentan impartir un poco de justicia.--.
Sin oponer más resistencia, dejó que lo escoltaran hacia su destino.
Tres semanas de viaje...
Fue lo que duró el viaje en donde aquel chico conejo, se mantuvo inmutable y en silencio, sonriendo y maravilladocé por el paisaje, algo que constrastaba de la personalidad de guerrero que los rumores habían descrito sobre el.
Al llegar a la capital, Aiden fue recibido con toda la pompa digna de un héroe: un banquete exuberante, ropajes de finas telas y habitaciones adornadas con lujos que jamás había visto. Sin embargo, rechazó casi todo, aceptando únicamente el alimento y el agua necesarios para sostenerse. No se dejó tentar por las sedas ni los manjares, y al tercer día, se presentó ante el rey con la humildad que consideraba apropiada para alguien de su origen.
Arrodillado en el gran salón del trono, con la mirada fija en las baldosas de mármol, su voz resonó con firmeza y respeto.
--Mi rey, me postro ante usted, agradeciendo sus atenciones para conmigo, su indigno invitado.--.
El monarca lo observó con interés desde su elevado asiento. Su expresión, severa pero inquisitiva, reflejaba una mezcla de curiosidad y evaluación.
--Atenciones que, según me han informado, rechazaste casi por completo. No aceptaste la vestimenta ni el banquete que se te ofreció. ¿Puedo saber la razón de tal desprecio?.--.
Aiden mantuvo la cabeza baja y respondió sin titubeos.
--No soy digno, majestad. No soy como mis padres o mi familia. No forjo armas para sus caballeros ni poseo su talento. No he contribuido al reino de la manera en que ellos lo han hecho. Por ello, no considero justo aceptar más de lo estrictamente necesario para seguir con vida. Ese, para mí, ya es un gran regalo.--.
Las palabras, dichas con una serenidad impropia de su juventud, provocaron un murmullo entre los cortesanos. Algunos veían en él una muestra de virtud y modestia; otros, una postura ridícula de un joven sin ambición.
El rey asintió lentamente, apoyando una mano sobre el reposabrazos de su trono.
--Eres sabio para alguien de tu edad, Aiden Brisa... Sé que buscas algo, y que por ello dudaste en aceptar mi invitación y tu nombramiento como caballero.--.
Aiden levantó la vista por primera vez, con una expresión apacible y sincera.
--Persigo un tesoro, un mito nacido en la era de los dioses del bosque y los grandes no muertos. Es la razón por la que emprendí mi viaje. En el camino, mi espada se alzó contra tiranos y ajusté cuentas que no me correspondían. Me tomé atribuciones que solo aventureros y caballeros pueden permitirse. Por ello, presento mis disculpas, majestad... Pero mi búsqueda ha sido y seguirá siendo mi propósito en este mundo.--.
Los ojos del rey se entrecerraron con un brillo impenetrable. Finalmente, se puso de pie y desenfundó su espada. La luz del salón se reflejó en la hoja, proyectando un resplandor sobre el joven arrodillado.
--Levántate, niño... No, mejor dicho... Caballero Aiden Brisa.--.
El filo tocó su hombro con el peso de una bendición. El murmullo entre los soldados y cortesanos creció en intensidad. Algunos miraban con desdén, otros con incredulidad. ¿Un muchacho sin linaje noble, sin el porte de un guerrero, nombrado caballero con tal facilidad?
El rey continuó con su proclamación.
--A partir de hoy, eres el inicio de un nuevo linaje. Padre de una futura casa noble. Tendrás privilegio sobre la ley y libertad para ejecutar tu búsqueda. Podrás dictar sentencia sobre aquellos que consideres malvados, como lo has hecho hasta ahora... Pero a cambio, deberás hacer algo por tu reino. O mejor dicho... por el mundo.--.
Aiden sintió el peso de las palabras, pero se mantuvo en calma. Entonces, la voz del rey cambió de tono. Más baja. Más grave.
--Las personas que mataste... cada una de ellas pertenecía a un culto. Tal vez notaste similitudes entre ellos. Cada uno poseía habilidades únicas, dones concedidos por un solo hombre... un brujo que se hace llamar Lord Umbra.--.
El salón quedó en completo silencio.
--Nuestros soldados comunes... ni siquiera pueden escapar de tales individuos. Así que dime, Caballero Brisa... ¿Cómo es que tú, solo y sin la bendición de haber nacido con magia, lograste enfrentarlos y salir con vida?--.
Los ojos del monarca se clavaron en Aiden, esperando su respuesta el cual solo sonrió.








