Naeki
Sin detener su marcha, con prisa, Rauno se hizo paso entre el gentío de invitados. Llegó sin invitación a la pequeña mansión lujosa del Marqués Bugrov. No le interesaba más que llegar y ver con sus propios ojos, comprobar si los rumores eran ciertos. Que Naeki se casaría con ese oportunista de Jorgen.
Poco le interesó los murmullos de los presentes que se preguntaban la razón para tal intromisión, Rauno estaba desaliñado, con el cabello crecido y una barba notoria, el rostro demacrado y una mirada atestada de arrepentimiento tardío.
Llegó al jardín, donde los invitados presenciaban la unión. Naeki estaba ahí, de la mano del marqués. Tan bello con esas prendas blancas y el cabello decorado con sus propias flores de tono rojizo, simplemente una visión fantasiosa que a Rauno le causó pavor,su floricultorno podía estar casándose con otro.
—Joven Naeki, ¿acepta como esposo al Marqués Jorgen Bugrov? —El oficial a cargo se la unión le hizo la pregunta de rigor.
Nae vió por unos segundos hacia los invitados, ahí en medio del caminillo por donde ingresó hace poco, notó a Rauno. Tarde. Como siempre.
Su pecho latía adolorido, porque odiaba saber que aún conservaba sentimientos por ese hombre que no hizo más que lastimarlo y humillarlo. Luego su vista regresó hacia Jorgen, este le miraba con dulzura, como si ese fuera el momento cumbre de su vida. Tan gentil y amable que aún le costaba acostumbrarse.
Naeki tomó aire. Su naturaleza le exigía que su pareja debía ser unCome flores, pero Rauno no había hecho nada para ganarse ese derecho.
—Acepto —Respondió Naeki.
Sellando su compromiso y destruyendo las repentinas esperanzas de Rauno.
Elcome floresse quedó sin aliento, Naeki había cortado cualquier ápice de esperanza. Y aunque era consciente de lo mal que lo trató, el saber que suFloricultoraceptó el anillo de otro, lo devastó. Su cuerpo no pudo más y cedió a la enfermedad que lo aquejaba.
Los invitados causaron alboroto cuando el cuerpo de Rauno cayó inconciente al piso.
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Capítulo 1.
El mundo de sueños de Naeki es interrumpido cuando la señorita Devin ingresa a la habitación, siendo escandalosa por sus zapatos de tacones, sus varias pulseras chocando entre sí, y sus murmullos por la borrachera. Naeki no se mueve de su postura, oyendo como ella hace un tiradero al cambiarse y buscar algo más ligero para dormir.
Finalmente sale de la cobija y siendo silencioso avanza hasta llegar a la cama más grande y mullida de la mujer que duerme profundo y desparramada. Naeki toma las cobijas y la cubre, sabe que ha trabajado toda la noche y puede verlo en su rostro aun maquillado y manchado. Naeki se toma el tiempo de recoger las baratijas regadas y las deja en el joyero, asi como los zapatos que van a su lugar.
Ya que muchos de los habitantes de la casona rosa ya duermen, Naeki aprovecha para ir al cuarto de baño compartido, se asea lo más rápido que puede y ya sintiendose más despierto, se dirije al primer piso.
El salón cabaré está hecho un desastre, son Rosy y él que deben limpiar todo.
Rosy le sonríe leve cuando lo ve llegar, ninguno dice mucho y optan por tomar escobas y trapos para limpiar todo antes de que madame Coral baje a inspeccionar.
Naeki recoge los platos, cubiertos y copas de las mesas, tambien aprovecha para desayunar, comiendo las sobras, es lo único a lo que tienen derecho pues ambos no le generaban ganancias a la señora del lugar.
Las mesas y sillas están recogidas, los manteles están en los cestos y Rosy es rápida trapeando el suelo liso. Hay una carrera por terminar todo en el tiempo más corto.
Finalmente el salón está limpio y ordenado, en la cocina es donde ambos pueden relajarse un poco, mientras lavan toda la loza.
—Ví un poco de tarta de frambuesa en aquella cesta. ¿Vamos a comerla? —Rosy habló repentinamente con una voz traviesa.
—Seguro de es de alguno de los chicos, se enojaran —Naeki no se atrevía.
Rosy bufó. —Si fuera de madame, estaría prohibido. Al resto, no les tengo miedo.
—¡Rosy!
Naeki abrió los ojos cuando ella tomó el plato con una gran rebanada de tarta. Rosy usó sus manos para dividirla en dos. Naeki recibió una parte porque realmente su estómago exigía algo mas que sobras. Ambos se comieron el postre con mucha prisa y se limpiaron la boca con una sonrisa cómplice.
Su labor continuaba incluso cuando era más de medio día. El resto de habitantes de la casona ya despertaba o bajaba en busca de algo para comer. Naeki se apresuraba a servir la sopa de col que habían cocinado.
—¡¿Quién mierda tomó mi tarta?!
Naeki presionó los labios y prefirió ocuparse en pelar las patatas mientras el dueño maldecía por su postre desaparecido. Menuda suerte, el chico fúrico no era nadie más que Eros, el prostituto más cotizado de madame Coral.
—¡Rosy! ¿qué hicieron con mi tarta? —Eros interrogó a la muchacha que se ocupaba del guiso.
—No sé. Cuando hicimos la limpieza no vimos tu tarta —Mintió la joven sin pena alguna.
—Estaba en aquella cesta, era obvio que tenía dueño. Habla mocosa o se lo haré saber a madame Coral y ustedes recibirán un castigo —La amenazó.
—Ya déjalos, Eros... debiste llevarte esa puta tarta a tu habitación. Ya sabes cómo es aqui, culpas a unos chicos cuando lo más probable es que otro se comió tu tarta —Mila que apareció en la cocina, usando un camisón corto y toda despeinada. Ella estaba harta de los gritos de floricultor.
—Quizá fuiste tú —Eros se acercó a su rival, la mujer contra quien cada noche se disputaba por los mejores clientes.
—Me hubiera comido esa puta tarta en tus narices, si hubiera sido yo —Le retó la joven de larga cabellera rubia.
—La única puta aquí eres tú —Eros la empujó antes de marcharse a su habitación.
—¡No más que tú, querido! —Mila no se quedó callada tampoco.
Mila sacó la lengua hacia el pasillo por donde se perdió Eros y luego volvió su vista con un expresión sonriente al par de cocineros. —Y bien ¿la tarta estuvo buena?
Rosy soltó una risita. —Mucho —Admitió.
—Gracias, Mila —Naeki agradeció tambien.
—No agradezcas, los de esta casa deben estar locos por pensar que ustedes no merecen comer decentemente. Además, Eros es una ladilla molesta que me harta ver.
Naeki le sirvió el almuerzo a la joven que se sentó a la mesa.
—Ugh. Esta sopa es horrible.
—Lo siento —Naeki se disculpó por no haber podido hacer mucho, pero es que la mayoria de alimentos era para los clientes.
—Ay, no es tu culpa, Nae ¡Ya sé! —Mila se levantó y fue corriendo hacia la cesta que el panadero dejó en la mañana.
—Mila, no podemos tomar eso —Nae se agovió porque los regañarían.
—Dile a madame Coral que me descuente la pieza de pan y yá. Vengan —Mila llamó al par de muchachos con quienes compartió el pan y al cual le huntaron un poco de mermelada que sobraba por ahí.
°°°
Ya siendo noche, Naeki se ocupaba de asistir para su buena fortuna, a Mila. La ayudó con su cabello, con su atuendo y con su maquillaje.
—Estas feliz ¿cierto? —Notó Mila.
—Normal —Respondió Nae pese a su sonrisa.
—Últimamente Devin está insoportable. Pobre de tí que compartes habitación con ella —Comentó Mila mientras se arreglaba el cabello.
—No es tan mala.
—Devin ya esta vieja y por eso los clientes ya no la buscan, eso dijo Madame Coral.
Nae no opinó mucho, a sus ojos Devine era hermosa, pero su mal caracter y su costumbre por embriagarse cada noche la hacía víctima de críticas.
—Oí decir que la expulsaran pronto.
—Pero ¿donde irá? —Nae se sintió mal por ella.
—Cumplirá cuarenta, supongo que ha tenido mucho tiempo para ahorrar algo.
—Pobre.
—Nae, no te aflijas por una mujer que no quiere a nadie. Mejor ayúdame con el corsé —Mila se puso de pie.
Nae asintió y sujetó los tirantes para darle una figura más resaltante a Mila que esa noche daría un espectáculo de baile.
🕯
Madame Coral era quien recibía a su clientela, la que ofrecía los mejores espectáculos y los mejores amantes para cualquier sujeto que desee una noche de pasión y copas.
El ajetreo de la noche era lo usual, los meseros atendían con prisa y en la cocina se servían los manjares sin descanso alguno, mientras de fondo se oía música alegre junto a las meretrices de Madame Coral que sabían hacer bien su trabajo.
—¡Nae, necesito seis rebanadas de tarta y cuatro de pastel de frutas!
—Voy.
Nae creía que se volvería loco sirviendo los postres y la cena, cuidando de no olvidar o mezclar nada por error.
—Que desgracia —Madame Coral como pocas veces, se metió a la cocina donde el par de chicos servía todo con prisa.
La mujer observó al par, Rosy llevaba un viejo vestido con remaches, incluso en el delantal, Nae en cambio llevaba un pantalon corto bajo las rodillas, una camisa limpia y delantal.
—Nae, tú estas menos peor —La mujer regordeta tomó el brazo del chico. —Dos de mis meseros fueron arrestados por pelear en la calle y me hace falta manos...
Nae fue casi arrastrado por la mujer que pese a no ser alta, tenía fuerza. Ella le encargó el trabajo de mesero y cómo debía hacerlo, despues lo mandó por el gran salón para atender a los clientes.
Era la primera vez que Nae veía de cerca a las personas con quienes convivía, con una actitud diferente, coqueteando y siendo manoseados por los clientes. Quizá era notorio, pero Nae estaba sonrojado por tanta perversión y si no fuera porque Madame Coral lo echaría a la calle sin dudar si se rehusa a trabajar, es que soportó todo mientras levantaba copas vacias, llevaba copas nuevas y cargando botellas de licor.
—Oye tú.
Nae giró hacia una mesa de donde lo llamaban.
—Sirve más vino —Le ordenó el cliente.
Nae lo hizo.
El tipo, un hombre corpulento y de barba frondosa que llevaba prendas elegantes, tenía a los lados a dos prostitutos que lo consentían.
Una vez sirvió la copa, Nae dió media vuelta y se dispuso a atender el resto.
—Oye, más vino.
Las risitas de sus acompañantes hizo a Nae regresar y ver que el tipo se bebió todo de un trago. Nae sirvió vino otra vez y antes de retirarse sintió la mirada de ese tipo de una forma incómoda.
Más tarde, Nae notó a madame Coral platicando con ese hombre robusto, esperaba al menos que no fuera una queja por el servicio.
°°°
—¡Hah! Me duele los hombros —Se quejó Rosy cuando el trabajo en la cocina terminó.
Nae dejó algunos platos en el lavabo, sintiendo lo mismo que su amiga. Tambien estaba agotado y solo deseaba ir a cama a dormir.
—Nae, sígueme por favor —Madame Coral apareció en la cocina por segunda vez.
Rosy vió intrigada a Nae, pero Nae no tenía idea de porqué Madame Coral quería hablarle en privado.
—¿M-madame ? —Nae estaba de pie y mirando nervioso a la mujer que llevaba el rostro muy maquillado.
—Nae, llevas casi toda tu vida viviendo conmigo. Sé que eres buen chico, pero ya estas grande —Inició ella.
—¿Sucede algo malo? —Las manos de Nae se presionaban por los nervios.
—No. Tan solo un cliente me ha pedido tus servicios y ofrece una buena cantidad por acostarse contigo... Creo que va siendo hora que te unas a mis muchachos que venden su amor por dinero...








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