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SasuNaru| He oído que incluso los dioses pueden morir

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Sinopsis

Para un cultivador la ascensión a los cielos para convertirse en un Dios siempre exigirá el precio más alto. Cuando la línea entre el amor infinito y la indiferencia divina se desdibuja, ¿qué queda para aquel que lo entregó todo?

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Daikiwoo
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 01

—¡Oye, espérame! — Naruto corrió tras la persona que tenía delante y entró en la posada, pero aquel hombre no le prestó atención en absoluto, caminando directamente hacia un rincón y sentándose allí. —Te salvé. No seas tan frío.

Naruto se dejó caer en el asiento frente a él con total familiaridad, tomó una taza de té y se sirvió un poco. Echó un vistazo al vendaje negro que cubría los ojos del otro. Tres días atrás, Naruto lo había encontrado en un bosque de bambú, donde estaba siendo perseguido por un grupo de personas. Aunque su destreza en combate era formidable, las marcas en su cuerpo indicaban que ya estaba gravemente herido antes del enfrentamiento. Rodeado por tantos enemigos y bajo una persecución implacable, incluso él tenía dificultades para defenderse. Justo cuando estaba a punto de ser alcanzado por una ráfaga de energía de espada desde atrás, Naruto le gritó una advertencia, y solo gracias a eso pudo esquivar el golpe a tiempo.

En ese momento, Naruto tuvo la oportunidad de ver claramente su rostro: tenía los ojos vendados con una tira de tela negra de dos dedos de ancho que le cubría el puente de la nariz. ¡Era ciego!

Naruto se quedó sorprendido y se ocultó para observar la escena. Su propia técnica aún era inestable, así que prefirió no intervenir y empeorar las cosas. Sin embargo, su grito de advertencia ya había revelado su presencia. Algunos de los atacantes lo tomaron por un aliado del hombre vendado y se lanzaron hacia él con las espadas desenvainadas, pero antes de que pudieran hacerle daño, aquel hombre los atravesó de un solo golpe con su espada. En un parpadeo, el desconocido ya estaba al lado de Naruto.

Naruto quedó asombrado de que alguien sin vista pudiera moverse con tanta precisión y rapidez. Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar, vio cómo todos los enemigos en el bosque cambiaban de objetivo y se abalanzaban sobre ellos. Fue entonces cuando se dio cuenta de que la situación era grave. El hombre que estaba a su lado despedía un fuerte olor a sangre, y su aura era fría y penetrante. En el instante siguiente, levantó una mano y extendió los dedos en el aire.

Kirin.

Naruto lo oyó pronunciar aquella palabra con una voz grave y profunda, como un rayo que chisporroteaba en la atmósfera y le producía una sensación de cosquilleo en la piel. Un rugido retumbó en el cielo. Instintivamente, todos alzaron la vista. El firmamento se tornó oscuro, enormes nubes tormentosas se agruparon, y relámpagos azulados y blancos revolotearon en su interior, formando la silueta de una bestia divina.

Los enemigos quedaron petrificados de terror. ¿Cómo era posible que alguien pudiera desatar un ataque de semejante magnitud en una era donde la energía espiritual estaba tan debilitada?

Pero en el siguiente instante, las nubes se disiparon y los relámpagos se desvanecieron como si nunca hubieran existido. Naruto se giró para mirar al hombre a su lado y lo encontró con el rostro pálido y un hilo de sangre escurriendo de sus labios, goteando sobre el suelo. Antes de que Naruto pudiera reaccionar, el hombre se desplomó contra él, completamente inconsciente.

¿Se había desmayado? Naruto se quedó congelado de la sorpresa. El bosque quedó en un silencio momentáneo, pero pronto volvió el alboroto. Los atacantes se reagruparon y los rodearon, exigiendo que entregara al hombre de negro. Por supuesto, Naruto se negó. Sosteniendo con firmeza el cuerpo inconsciente en sus brazos, también recogió su espada para resguardarla.

La multitud se lanzó contra ellos, conjurando todo tipo de hechizos. Cuando la nube de polvo se disipó, descubrieron que en el lugar donde habían estado no quedaba nadie, solo algunas manchas de sangre aún frescas.

Buscaron por todo el bosque de bambú, pero no encontraron ni rastro de ellos.

A cien millasde distancia, Naruto dejó escapar un suspiro de alivio. Cargaba con esfuerzo el peso del hombre mientras se dirigía hacia el pueblo. Por suerte, había traído consigo un Talismán de Tierra Menguante que su maestro le había dado antes de bajar de la montaña, lo que les permitió escapar de aquella situación.

Después, llevó al desconocido a una posada para que descansara. Se quedó junto a la cama, preocupado por su estado, sin atreverse a apartarse por si algo le ocurría. Pero al amanecer, lo primero que hizo aquel hombre al despertar fue colocarle la espada en el cuello. Naruto, aún medio dormido, se despertó de golpe por el susto. Se apresuró a explicarle lo que había sucedido y, solo entonces, la afilada hoja sin filo se apartó de su garganta.

Sin embargo, el hombre no pronunció ni una sola palabra. Se levantó, se arregló y, sin más, se dispuso a marcharse. Naruto lo siguió sin descanso, intentando hacerle hablar, pero hasta ahora no había conseguido arrancarle ni una sola palabra. Después de tanto caminar y hablar, Naruto estaba agotado y sediento. Se bebió varias tazas de té seguidas y dejó escapar un largo suspiro.

Viendo que la taza del otro estaba vacía, extendió la mano para tomarla, pero antes de que pudiera hacerlo, el peso de una vaina de espada cayó sobre su muñeca, deteniéndolo.

Alzó la vista sorprendido. La otra punta de la vaina estaba en manos de su dueño. —¿De verdad no puedes ver? —Naruto quedó perplejo por un instante y soltó la pregunta sin pensar.

El hombre retiró la espada y, finalmente, pronunció su primera frase hacia él: —No me sigas.

Pero Naruto simplemente sonrió. Sus labios se curvaron, su expresión se relajó, y su cabello dorado resplandeció con la luz del sol. —Y yo que pensaba que no querías hablarme, —respondió con ligereza.

Sasuke se detuvo por un instante, sorprendido por aquella respuesta.

Dentro de su cuerpo, algo extraño comenzó a agitarse. Era una sensación similar al flujo de energía espiritual cuando atravesaba sus meridianos al romper un límite, pero a la vez, no era exactamente lo mismo.

—Quería pedirte un favor. Eres muy hábil, ¿puedes escoltarme en mi viaje? Por supuesto, la paga será muy generosa. —Naruto agitó una mano frente a él, tratando de confirmar si realmente no podía ver.

Sasuke apartó su mano con la vaina de su espada. Naruto frunció los labios, sin darle demasiada importancia, y continuó: —Voy a viajar muy lejos, pero el camino estará lleno de peligros. Al fin y al cabo, te salvé la vida, ¿ayudarme un poco no sería lo justo?

El extraño tono con el que Naruto terminó su frase resonó una y otra vez en los oídos de Sasuke, resultándole sumamente molesto. Dejando de lado el asunto de escoltarlo, ¿acaso no veía que él mismo estaba siendo perseguido? ¿No temía que lo involucraran también?

—¿A dónde quieres ir? —Sasuke guardó silencio por un momento antes de preguntar. Después de todo, este hombre realmente lo había salvado. Aunque su naturaleza fuera fría, aún no era tan desagradecido como para ignorarlo por completo.

—Al Monte Fuxian. —Naruto se acercó a él y susurró la respuesta. Sasuke se tensó de inmediato.

Hace dieciséis mil años, la escalera celestial que conducía al reino superior se cerró, y la energía espiritual comenzó a debilitarse hasta casi desaparecer. Los cultivadores se volvieron cada vez más escasos, y solo unas pocas sectas poderosas lograron mantenerse gracias a su profunda herencia.

La desaparición de la escalera significó que los cultivadores ya no podían ascender para convertirse en dioses. Cuando el pasaje se cerró, muchos intentaron investigar en el Monte Fuxian, pero todos regresaron con las manos vacías.

De hecho, la desaparición de la escalera celestial había mostrado señales previas, pero hubo alguien que, con su propia fuerza, logró retrasar este proceso. Para entonces, ascender ya era increíblemente difícil, y no se veía un solo cultivador alcanzar la divinidad en siglos. Sin embargo, esa persona ya tenía el poder para hacerlo, pero eligió quedarse, manteniendo la escalera en funcionamiento y sirviendo como el último peldaño para la ascensión de todos.

Con su desaparición, la escalera se cerró por completo y la energía espiritual del mundo comenzó a menguar. Nadie sabe a dónde fue. Algunos dicen que murió. Las sectas enviaron discípulos a buscarlo, pero no pudieron detectar ni su energía ni su alma. Peor aún, aquellos que fueron a buscarlo desaparecieron sin dejar rastro, como si se hubieran desvanecido en el vacío.

Con la disminución de la energía espiritual, incluso los cultivadores más poderosos ya no pueden ascender. Nadie puede vencer al tiempo, y así, el mundo del cultivo ha ido decayendo con cada generación. Aunque aún no ha desaparecido por completo, está al borde de su extinción.

Sin embargo, este año han comenzado a circular rumores de una posible recuperación de la energía espiritual, cuyo origen parece encontrarse en el Monte Fuxian. Varias sectas han enviado a sus discípulos a investigar, e incluso algunos ancianos no pudieron resistir la tentación y decidieron unirse a la expedición. Innumerables cultivadores han acudido en masa, dispuestos a arriesgarlo todo. Al fin y al cabo, ¿quién no querría convertirse en inmortal y alcanzar la divinidad?

—¿Quieres ir al Monte Fuxian? —Sasuke preguntó en voz baja, sus ojos cubiertos se entrecerraron ligeramente, dejando entrever un atisbo de intención asesina mientras sus dedos se posaban sobre la empuñadura de su espada.

Naruto sintió un escalofrío recorrerle la espalda y solo entonces notó lo cerca que estaba de Sasuke. Aunque sus ojos estuvieran vendados, aún podía distinguir sus facciones afiladas y atractivas. Parpadeó y respondió sin rodeos: —Sí. ¿Acaso tú no piensas ir? Mucha gente lo hará, ¿no?

Sasuke se relajó y retrocedió. Que lo dijera tan abiertamente disipó parte de sus sospechas. Sin embargo, este hombre no tenía ni un ápice de energía espiritual en su cuerpo. ¿Qué iba a hacer en el Monte Fuxian?

—Mi maestro me echó de la montaña y me dijo que debía ir al Monte Fuxian. Dijo que mi cultivación ha alcanzado la perfección y que, si la escalera celestial se abre, podré ascender. —Naruto bajó la cabeza con desánimo y explicó por iniciativa propia: —Pero, ¿cómo voy a haber alcanzado la perfección? A veces, mis técnicas funcionan y otras no. Si no, ni siquiera necesitaría que alguien me escoltara en el camino.

No era de extrañar que Sasuke no pudiera sentir su energía espiritual. Sin embargo, nunca había oído hablar de un caso así. En tiempos de escasez de energía, un cultivador sin secta difícilmente podría sobrevivir.

—¿Qué tipo de camino cultivas? —Sasuke le preguntó directamente. Después de pasar tantos días con él, había notado que Naruto tenía un carácter transparente, como un lago cristalino donde todo se veía a simple vista. Si le preguntaba directamente, seguramente le respondería sin ocultar nada.

Efectivamente, Naruto soltó una risita, inflando ligeramente las mejillas con orgullo. Luego, pronunció con énfasis cada palabra: —El Camino del Amor.

Alargó las sílabas y su voz, suave y melódica, envolvía las palabras en una calidez que encajaba perfectamente con el nombre de su camino. Sasuke dejó escapar una risa burlona. Todos los cultivadores buscan desprenderse de los deseos mundanos y alcanzar la pureza absoluta, pero este sujeto, en cambio, seguía un “Camino del Amor”. Solo de escucharlo, sonaba absurdo, ridículo, apegado a las emociones humanas.

Sin embargo, esa expresión satisfecha en su rostro tenía un cierto encanto. Naruto golpeó ligeramente su taza con los palillos, produciendo un suave ding que atrajo la atención de Sasuke, antes de preguntarle: —¿Y tú?

—El Camino de la Crueldad. —Sasuke arqueó una ceja y levantó su taza de té, ocultando la ligera sonrisa que asomó en la comisura de sus labios. Naruto, en cambio, asintió como si de repente todo tuviera sentido. —¡Con razón pareces tan frío y despiadado! —exclamó, sin darse cuenta de que Sasuke solo lo estaba tomando el pelo.

—Entonces, ¿eso significa que aceptas venir conmigo? —preguntó Naruto con expectación. Sasuke asintió levemente, apenas perceptible, como señal de acuerdo. De todas formas, su destino también era el Monte Fuxian. Uno más en el camino no haría mucha diferencia; si se volvía una molestia, siempre podía deshacerse de él... ya fuera abandonándolo o matándolo.


A lo largo del viaje, recorrieron varias ciudades y pueblos sin prisa, pero en múltiples ocasiones fueron emboscados, siempre con Sasuke como objetivo. Tras otra batalla, los dos encendieron una fogata en las afueras. Sasuke ajustó la venda de su antebrazo para detener la hemorragia. Bajo la tenue luz de la luna y el canto de los grillos, Naruto lo miraba con evidente inquietud.

No pudo evitar preguntar: —Sasuke, ¿realmente tienes que matarlos?

Sasuke no respondió, solo levantó la mano, y Naruto vio la sangre que aún manchaba la venda. Solo pudo suspirar. Lo entendía. Si Sasuke no los mataba, ellos lo matarían a él.

Aun así, no podía evitar sentir compasión. Tal vez Sasuke tenía razón: su corazón era demasiado blando, y esa misma indecisión podría terminar costándole la vida. El viaje al Monte Fuxian duraría casi un año, pero en menos de dos meses ya habían sufrido múltiples ataques. Estaba claro que Sasuke era el blanco, pero nunca explicaba el motivo, y Naruto tampoco insistía en preguntarle.

—Puedes irte. —Sasuke rompió el silencio mientras avivaba la fogata con una rama. Al entrar más aire, las llamas cobraron fuerza.

—No me iré. —Naruto respondió con firmeza. La cálida luz del fuego iluminó su rostro serio, sus ojos azules reflejaban un brillo intenso. Se acercó un poco más a Sasuke, su cabello rubio y suave cayendo sobre su hombro. Mirándolo de perfil, le preguntó: —Sasuke ¿tú también vas al Monte Fuxian para convertirte en un dios?

Todos los cultivadores que se dirigían al Monte Fuxian Tai lo hacían con el propósito de ascender y convertirse en dioses. Ya se había difundido el rumor de que la escalera celestial volvería a abrirse, la energía espiritual se restauraría y el cielo enviaría su tribulación de rayos. Quienes la superaran, ascenderían tal como sucedió hace dieciséis mil años.

—No. —Sasuke negó con indiferencia.

—¿Es por negocios?

—No.

—¿Vas a buscar a alguien?

—No.

—¿Entonces a qué vas? —Naruto no pudo evitar preguntar de nuevo. Los cultivadores iban a enfrentar su tribulación, los mortales iban a presenciar el espectáculo y hacer negocios. Se decía que las posadas en Fuxian Town ya estaban llenas y que los comerciantes casi se peleaban por un puesto. Si Sasuke no iba por ninguna de esas razones, ¿entonces para qué?

—A matar a alguien. —Sasuke avivó despreocupadamente el fuego, haciendo que la leña chisporroteara y soltara chispas. Naruto se quedó atónito.

El entorno cayó en un silencio extraño. Por un momento, ni siquiera se oía el canto de los insectos. Naruto apretó los labios.

—¿A quién vas a matar?

—A quien deba morir.

—¿Son aquellos que te acorralaron?

—No.

—¿Entonces han hecho algo imperdonable?

—No lo sé.

—Entonces, ¿por qué quieres matarlos? —La voz de Naruto se tornó más baja mientras miraba a Sasuke con una pizca de tristeza en los ojos. Su rostro redondeado, iluminado por el fuego, parecía el de una deidad compasiva.

Sasuke guardó silencio. No tenía necesidad de explicarse ante Naruto. Solo dijo: —Mis asuntos no son de tu incumbencia.

—¡No puedes hacer eso! —Naruto, furioso, enderezó la espalda y lo miró con reproche—. ¿Cómo puedes matar a alguien, así como así?

—Si quiero matarlos, lo haré. —Sasuke habló con indiferencia.

Naruto se rió de la rabia. —¡Eres realmente despiadado! —Tras decir esto, se levantó y se marchó con enojo. Pensaba que había juzgado mal a Sasuke. Creía que solo era difícil de tratar en apariencia, pero jamás imaginó que realmente fuera alguien que matara a gente inocente sin distención.

Sasuke permaneció sentado en su lugar, con la mirada baja y la mente divagando. Para él, que Naruto se fuera o se quedara daba igual. Aún faltaban varios meses para llegar a Fuxian Tai, y no creía que simplemente por llegar allí podría ascender. Si su fuerza no era suficiente, de todos modos, sería reducido a cenizas por los rayos celestiales.

Sin embargo, esta reunión de sectas y clanes le facilitaba cumplir su objetivo. No tendría que tomarse la molestia de buscar a sus presas una por una.

Su principal propósito era matar.

Continuará...

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