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Tiempo Extra

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Sinopsis

Adrián Beaumont, un reconocido entrenador de fútbol de 45 años, creía haber dejado atrás el amor y cualquier posibilidad de sentirse realmente feliz. Una noche, en un bar, conoce a Nicolás, un joven de 22 años que sueña con convertirse en futbolista profesional. Una noche juntos parece no significar nada... hasta que Nicolás descubre que aquel hombre es el entrenador del equipo al que está a punto de hacer las pruebas. Ahora deberán verse todos los días mientras intentan mantener en secreto lo ocurrido entre ellos. Porque en el fútbol, como en el amor, a veces necesitas tiempo extra para descubrir lo que realmente quieres.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

PRÓLOGO • El último partido

El estadio estaba lleno.

Miles de personas coreaban su nombre mientras las luces iluminaban el campo y las cámaras seguían cada uno de sus movimientos.

Adrián Beaumont.


A sus treinta y tres años, era considerado uno de los mejores mediocampistas de su generación.


Había pasado años trabajando para llegar hasta allí.


Los entrenamientos interminables.


Las derrotas.


Las lesiones menores.


Las críticas.


Los sacrificios.


Todo parecía haber valido la pena.


Aquella noche, su equipo estaba a pocos minutos de conquistar uno de los títulos más importantes de su carrera.


Adrián respiró profundamente mientras esperaba el saque de esquina.


El marcador estaba empatado.


El partido estaba llegando a su final.


—¡Adrián! —gritó uno de sus compañeros.


Levantó la mirada.


El balón cayó cerca del borde del área.


Adrián corrió.


Controló.


Esquivó a un defensor.


Otro apareció frente a él.


Con un movimiento rápido, logró dejarlo atrás.


Entonces vio el espacio.


Sabía exactamente qué hacer.


Golpeó el balón.


La pelota atravesó el área y terminó en el fondo de la portería.


El estadio explotó.


—¡GOOOOOOOL!


Sus compañeros corrieron hacia él.


Adrián apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que varios jugadores se lanzaran sobre él.


Sonrió.


Por fuera, parecía el hombre más feliz del mundo.


Pero nadie podía ver lo que ocurría dentro de su cabeza.


Mientras levantaba los brazos y escuchaba a la afición corear su nombre, sintió una extraña sensación de vacío.


Había imaginado ese momento durante toda su vida.


Había soñado con ganar.


Con ser reconocido.


Con demostrar que era el mejor.


Y ahora que finalmente lo había conseguido...


No sentía nada.


---


Aquella noche, después de la celebración, Adrián regresó solo al hotel.


Dejó la medalla sobre la mesa.


Se quitó el traje.


Se sentó frente a la ventana.


Desde allí podía ver las luces de la ciudad.


Su teléfono no dejaba de recibir mensajes.


Felicitaciones.


Entrevistas.


Fotografías.


Invitaciones.


Personas que querían celebrar con él.


Adrián apagó el teléfono.


Durante unos segundos permaneció en silencio.


Entonces tomó la medalla y la observó.


Era hermosa.


Había trabajado años para conseguirla.


Sin embargo, lo único que podía pensar era:


¿Y ahora qué?


Por primera vez, Adrián comprendió que había construido una vida alrededor del fútbol y había olvidado construir una vida para sí mismo.


Tenía treinta y tres años.


Tenía dinero.


Fama.


Una carrera brillante.


Pero cuando cerraba la puerta de su habitación...


Estaba completamente solo.


---


Tres meses después ocurrió la lesión.


Fue durante un partido que, en circunstancias normales, Adrián ni siquiera habría recordado.


Un movimiento.


Un mal apoyo.


Un dolor insoportable.


Cayó al césped.


Y durante unos segundos no escuchó nada.


Ni al público.


Ni a sus compañeros.


Ni al árbitro.


Solo escuchó su propia respiración.


Los médicos llegaron rápidamente.


—No intentes levantarte.


Adrián miró su pierna.


Algo dentro de él supo inmediatamente que aquello era diferente.


Mucho más serio.


---


Los meses siguientes estuvieron llenos de rehabilitación.


Dolor.


Frustración.


Esperanza.


Y nuevamente dolor.


Volvió a entrenar.


Volvió a correr.


Volvió a tocar el balón.


Pero su cuerpo ya no respondía como antes.


La velocidad había desaparecido.


La seguridad también.


Aun así, se negó a rendirse.


Hasta que un día, después de otro entrenamiento, su médico se sentó frente a él.


—Adrián, tienes que aceptar la realidad.


Adrián permaneció en silencio.


—Podrías seguir jugando algunos minutos. Quizá algunos partidos. Pero nunca volverás al nivel que tenías.


Aquellas palabras fueron peores que cualquier diagnóstico.


—¿Me estás diciendo que se terminó?


El médico bajó la mirada.


—Estoy diciendo que tienes que pensar en tu futuro.


Adrián soltó una pequeña risa amarga.


—Mi futuro era el fútbol.


—Entonces tendrás que descubrir qué significa el fútbol para ti ahora.


---


A los treinta y cuatro años, Adrián anunció su retiro.


La noticia apareció en todos los periódicos deportivos.


LA ESTRELLA QUE DEJA EL FÚTBOL.


ADIÓS A UNO DE LOS GRANDES.


UNA CARRERA INTERRUMPIDA POR UNA LESIÓN.


Miles de aficionados le dedicaron mensajes.


Sus compañeros organizaron un homenaje.


El club retiró su camiseta.


Todos hablaban de su legado.


Pero cuando Adrián entró por última vez al vestuario y cerró la puerta detrás de él, no pudo evitar pensar en aquella noche después de ganar el campeonato.


En la medalla sobre la mesa.


En la sensación de vacío.


Entonces comprendió algo.


Había pasado tantos años intentando llegar a la cima que nunca se había preguntado qué haría cuando finalmente estuviera allí.


Y ahora ni siquiera tenía la oportunidad de averiguarlo.


---


Un año después, alguien le ofreció convertirse en entrenador asistente.


Adrián aceptó.


Al principio lo hizo porque no sabía qué más hacer.


Después descubrió algo.


El fútbol todavía podía darle una razón para levantarse cada mañana.


Solo que ahora no estaría dentro del campo.


Estaría al borde de él.


Aprendiendo.


Observando.


Enseñando.


Y, poco a poco, comenzó a construir una nueva carrera.


Una carrera que terminaría llevándolo nuevamente a la cima.


Pero también a una pregunta que tardaría muchos años en responder:


¿Qué ocurre cuando consigues todo lo que siempre quisiste y aun así sigues sintiéndote solo?


Adrián todavía no lo sabía.


Tampoco sabía que, doce años después, una noche cualquiera en un bar cambiaría por completo la respuesta.


Porque algunas historias no comienzan con un gol.


Algunas comienzan mucho después de que el partido parece haber terminado.


Y esta...


apenas estaba comenzando.

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