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Luna rota

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Sinopsis

Raisa ha cometido muchos errores. Algunos deliberados, la mayoría inevitables. Ahora cinco de ellos han regresado para cobrarse la deuda. Tienen razones de sobra para odiarla. También tienen algo mucho más difícil de ignorar: un vínculo que los une y que convierte a Raisa en aquello que ninguno querría que fuese. Su compañera. Odiarla era natural. Desearla, también. Y la línea que separaba un impulso del otro era cada vez más difusa. Con su mundo derrumbándose a su alrededor y cinco alfas decididos a hacerle pagar cada cicatriz, Raisa tendrá que enfrentarse a las consecuencias de las decisiones que tomó. Pero ella nunca ha tenido miedo de pagar el precio. Lo difícil será descubrir cuánto de ella quedará cuando termine de hacerlo.

Genero:
Romance
Autor/a:
Elaris_Nox
Estado:
En proceso
Capítulos:
6
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1: Princesa destronada

Raisa

Hay algunas promesas que son ligeras como plumas, fáciles de cumplir, sencillas, agradables, naturales. Pero hay otras tan pesadas… fáciles de hacer, y sin embargo se sienten como una cadena irrompible, asfixiante.

— Señorita Raisa, su padre ha perdido, es una falta de respeto que esté aquí.

Suspiré.

— Es una falta de respeto que no haya presenciado el combate para empezar; no estar en el fin del mismo, no va a empeorar mi situación, ¿no te parece?

La sirvienta me miró con reproche.

Nadie en esa casa sentía el más mínimo aprecio por mí. Me había asegurado de ello.

Para todo el mundo Raisa era la niña mimada de la manada, la intocable hija del alfa. Hermosa, cruel y despiadada. Ese era mi papel en la manada y lo había ejercido con la precisión de un cirujano.

Y aquí estábamos: el alfa vencido, destronado; y la princesa acababa de ser arrojada de su pedestal en un abrir y cerrar de ojos.

Rovik no era un buen alfa, era cruel, despiadado, irresponsable, derrochador, caprichoso, arrogante… La manada entera le odiaba, solo fieles por un juramento de lealtad. Así que cuando cinco alfas llegaron dispuestos a desafiarle por el liderazgo, la emoción podía sentirse en todos y cada uno de los miembros de la manada. La esperanza de que pudieran acabar con su reinado de terror.

Pasos pesados subían por las escaleras. La princesa estaba a punto de perder su corona.

No pude evitar reír. No sabía ni qué sentir.

Varios guerreros de la manada se plantaron en mi habitación, rostros fríos, despiadados. Eran de mi manada, pero seguramente se ofrecieron voluntarios para venir, para enseñarme mi nuevo lugar.

— ¿Vas a venir por las buenas o vas a hacerlo divertido?

Les miré con indiferencia. Si pensaban que podían intimidarme, es que no habían aprendido bien mis lecciones.

Me levanté con elegancia; si la princesa iba a caer, lo haría con estilo. Fui hacia la puerta, ignorando su presencia, con la cabeza bien alta y la postura perfecta. No quería provocarles, simplemente hay hábitos que no se pueden borrar fácilmente.

Error. No pareció gustarles mi actitud. Levon, el más grande de ellos, apretó los dientes y me agarró con fuerza del brazo, zarandeándome.

Vi el regocijo en la mirada de la sirvienta. Oh, la manada entera iba a disfrutar de mi caída.

Levon apretaba mi brazo con ganas, eso se lo reconozco. Pero no pensaba mostrarle el dolor que me ocasionaba; podría romperme el brazo y seguiría sin mostrarle mi dolor, esa satisfacción no se la iba a dar.

El guerrero frunció el ceño y apretó los dientes con rabia.

— Veremos cuánto dura esa arrogancia.

Me arrastró por la casa hacia la salida. El sol me cegó ligeramente cuando se abrió la puerta. No vi más que borrones alrededor antes de que Levon me lanzara con fuerza hacia fuera, haciéndome caer al suelo.

Había manchas de sangre por toda la tierra. Podía sentir cientos de miradas fijas en mí; todas hostiles, anticipando mi desgracia, regodeándose.

Dios… qué bien hice mi trabajo.

Me levanté con calma, lentamente, arreglando mi vestido con tranquilidad antes de levantar la vista hacia ellos.

Los nuevos alfas.

Cinco hombres enormes, imponentes; y las miradas más hostiles de todas. Eran mi mayor amenaza, me rebanarían el cuello, me arrancarían las tripas y me las pondrían de decoración sin el más mínimo escrúpulo. Pero eso sería demasiado fácil. No… ellos querían hacerme sufrir. Y por el sol, la luna y todas las estrellas que tenían derecho a odiarme.

Y sin embargo, no pude evitar sentir el cosquilleo, la atracción inevitable hacia ellos. Una prolongación de mí misma. Mis compañeros. A los que había torturado y rechazado sin piedad. Habían venido por su justa venganza.

— ¿No te resultaba interesante la pelea?

Lior… su rostro angelical era engañoso. Cabello rubio, ojos azules que queman como el hielo, una sonrisa burlona siempre presente. Aparentemente inofensivo si no lo conoces.

A su lado estaba Rhien, una monstruosidad a ojos de los lobos. Alterado por los vampiros, ahora era… algo distinto. Su necesidad de sangre incomodaba a los lobos, pero tenían mucho cuidado de guardarse su desprecio. Siempre me gustaron sus ojos, verdes, un verde intenso; era como internarse en un bosque frondoso que podía ocultarme y protegerme del mundo.

Claro que de eso hace mucho tiempo. Ahora me miraba con indiferencia, una molestia que le estaba robando el tiempo.

— No me gusta la sangre — respondí.

— ¿Desde cuándo?

Luka, otra anomalía, un mestizo.

La verdad es que eran un grupo variopinto. Todos eran criaturas despreciadas por los lobos: engendros, malditos, parias de nuestra sociedad.

Según las dinámicas de la manada, hace mucho que deberían estar muertos. Pero crearon una especie de vínculo entre ellos, algo antinatural. Los alfas no colaboran, no comparten. Un alfa, una manada; que cinco alfas colaboren sin pelear por la supremacía era, cuando menos… curioso.

Nadie daba una moneda por ellos, pero habían crecido, se habían hecho fuertes, y ahora mismo eran imparables, temidos por todas las criaturas inmortales de nuestro pequeño mundo.

Ironías de la vida, supongo…

Dragar dio un paso adelante. Era el más grande, el más corpulento, el más salvaje.

— Sí… ¿desde cuándo? — preguntó — Siempre tuviste un don especial para hacer sangrar a la gente.

— Pero raramente es ella la que blande el cuchillo — intervino Lior.

— Cierto.

Suspiré.

— No me conocéis tan bien como creéis.

Todos se tensaron. Sus miradas más frías que nunca. Reconozco que hasta yo estaba sorprendida de que mi cabeza siguiera en su sitio.

Eran alfas, acababan de obtener esta manada; la sumisión no era una opción, era una obligación. Y aquí estaba yo. Sin bajar la mirada, respondiendo, desafiándolos. En circunstancias normales ya estaría muerta. Y ojalá fuera tan fácil… si pudiera conseguir una puñalada certera solo provocándoles, lo haría sin dudar; sé exactamente qué palabras decir para hacerles daño. Sé cómo acabar con su autocontrol. Pero no iba a ser tan fácil.

— Ten cuidado, lobita — advirtió Lior —. No olvides cuál es aquí tu posición.

Resoplé, divertida.

— Mis disculpas, alfa — respondí con burla.

Lior gruñó. Una advertencia.

— No te pongas tan dramático, ni que fueras a hacerme daño. Soy tu compañera, ¿recuerdas? No está bien eso de hacer daño a la otra mitad de tu alma.

Soy realmente odiosa.

Lior se adelantó, parecía dispuesto a mostrarme cuánto daño podía hacerle a su compañera.

— Basta.

Una simple orden, dada en voz baja, clara y contundente. Jarek.

El alfa entre los alfas. Su autoridad estuvo presente desde que éramos unos críos. Sus órdenes eran obedecidas incluso cuando no teníamos por qué hacerlo.

Lior se paró de golpe, y yo sentí un escalofrío por todo mi cuerpo, mi instinto forzándome a bajar la mirada, a someterme. Pero no lo hice, luché contra ese instinto como llevaba luchando cada día de mi vida. Hace mucho tiempo me juré que mi sumisión sería una elección, nunca una imposición, nunca más.

Lior miró a Jarek con frustración, pero no se movió.

Jarek avanzó hacia mí. Según se acercaba, el cosquilleo aumentaba; mis dedos ansiaban tocarle, mi cuerpo suplicaba por acercarme a él. Se paró justo delante de mí. Podía oír los latidos de su corazón, su respiración, pero no nos tocábamos; y ese hecho era en sí mismo una tortura para ambos.

Sus tormentosos ojos grises me recorrieron de arriba abajo. Mi cuerpo quemando donde sus ojos pasaban.

— Encerradla, nos ocuparemos de ella más tarde.

Nuestros ojos se quedaron enganchados, desafiándonos, necesitándonos. Ninguno de los dos desvió la mirada hasta que uno de los guerreros tiró de mi brazo para que caminara.

No me resistí.

Pasé junto al cadáver del antiguo alfa. No me molesté en mirarle; era débil. Había perdido, no merecía mi atención.

Oh, qué princesita más cruel y desagradecida era yo.

Me encerraron en una pequeña celda, oscura y fría. No había cadenas, algo que agradecer, supongo. Me acerqué a la pequeña ventana. Pronto anochecería, y este precioso y delicado vestido poco iba a hacer para protegerme del frío.

Me reí sin humor.

¿Frío? Ese era el menor de mis problemas. Porque cuando volviera a salir el sol, empezaría mi infierno.

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author

Tengo muchas dudas pero por ahora me gusta que Raisa no sea la típica mujer frágil que empieza siendo torturada hasta por el apuntador, ni la mujer superpoderosa que todo lo puede. No sé si lo será más adelante, espero que no, porque es agotador ver personajes que son expertos en todo: hacker, politica, negociadora, la docotora que nadie conoce pero que todo lo cura, que a la vez es CEO de una superempresa que domina el mundo, que también sabe luchar, y sabe conducir con un coche mejor que en la formula1, y es experta en explosivos... Pero ahora mismo me gusta que sea ella la "mala", la que ha estado torturando y tenga que redimirse con sus compañeros, que siemore es al revés. Aunque hecho de menos descripciones físicas de los personajes, imagino que Raisa es como la de la portada, pero bueno, imagino que las descripciones vendrán después.

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