Prólogo
Sebastián
Acomodo mi corbata y me fijo la hora en el Rolex en mi muñeca. Respiro hondo, implorando por más paciencia de la que poseo para soportar estas reuniones, porque ocupan mucho de mi preciado tiempo. Lo único bueno es que puedo ver como la cara de Hernán se aguanta cada vez que me ve.
Una de las razones de porque vivo es para molestar a mis rivales y el primer lugar es para el hijo del hermano de mi padrino, con quien compito desde que llegue a esta familia por poder.
—Como saben —comienza a hablar Esther, la Matriarca de la familia— Estamos acá reunidos para votar a quien será el próximo candidato a la presidencia de nuestro partido político.
En la sala de juntas, todos comparten miradas entre sí expectantes por lo que sucederá. Por mi parte solo miro a mi padrino, Antonio Fernández, que mantiene sus ojos en las manos entrelazadas. Sé que está pensando en que mierda se está por metro.
—Este año debemos salir victoriosos cueste lo que cueste. —advierte la Matriarca con un tono frío como es de costumbre—. Por esa razón considero, como presidenta del partido Victoria, que debemos de considerar a la persona más capaz para ser el candidato.
La comisura de mis labios se levanta, en una pequeña sonrisa. Este juego se está poniendo bueno.
—Debemos de exponer los nombres de los presentes que se postularon a elección —informa al actual gobernador de Córdoba, una provincia del país.
Observa como ensancha sus hombros Sergio Fernández, el más deseado para que gane las elecciones. Ahora mismo está cumpliendo su segundo mandato como gobernador de la provincia de la cual son nativos la familia, Tierra del Fuego.
Él está convencido al igual que su primogénito que será el próximo presidente de la nación. El pobre tiene el ego muy alto, aunque no lo culpo porque yo lo tengo aún más, pero a su diferencia sé reconocer mis fortalezas y eso me hace más poderoso que él.
—Entonces, si todos están a de acuerdo comenzaremos la votación oral —dice un hombre con panza predominante y la camisa a punto de estallar.
La mayoría contesta al unísono que sí.
— ¿Quiénes se postularán a la elección para ser candidatos a presidente de nuestro espacio político? —pregunta Esther con autoridad en la punta de la mesa como la líder que es.
Sergio es el primero en levantar la mano y otros dos hombres más lo hacen.
—Bueno, hay tres candidatos a...
—Cuatro —interrumpe Antonio enfrente mío y un silencio rotundo se crea en la sala. Para después ser reemplazado por una ola de murmullos.
Todos miran asombrados a mi padrino y su madre levanta el mentón con orgullo. Es más que obvio que es su hijo preferido, cosa que a Sergio le da cólera cuando nota que un rival mucho más grande se ha levantado y ha tirado todas sus fichas de dominó.
—Bien, entonces votaremos por cuatro candidatos —toma la palabra otro miembro presente en la larga mesa que alberga a más de veinte personas a su alrededor.
—El candidato que más se impongan en votos entre los presentes será el elegido —aclaran antes de comenzar.
Se llevan a cabo los pasos correspondientes para la votación, dando por resultado que los primeros tres no reciban votos importantes y continúan con los hermanos Fernández.
—¿Quiénes votan a Sergio Fernández? —preguntan.
La tensión es palpable en la sala de juntas y me acomodo en la silla listo para ver la derrota aplastante.
Varias manos se alzan y se cuentan con cautela para que no haya error alguno.
—11 votos de 23 a favor de Sergio Fernández —habla Esther para todos cuando su secretario lo confirma.
Hernán pasa saliva al lado de su padre y ahora me alegro no haber faltado a esta reunión, aunque sabia con antelación el resultado.
—¿Por último quiénes votan a Antonio Fernández? —preguntan de nuevo aumentando la pesadez en la atmosfera.
Dejo caer mi peso en el espaldar de la silla de oficina, disfrutando de cada segundo que contemplo la derrota en los ojos de padre e hijo. Esta noche festejaré a lo grande.
Las manos se alzan y yo también participo como un buen ciudadano que busca el bien del país y la ruina de mis enemigos, por supuesto.
Un silencio expectante y de suspenso predomina en el lugar cuando se comienzan a contar la cantidad de manos levantadas. La Matriarca se pone de pie sin flaquear luego que su secretario le confirme al oído el resultado y todos ponen su atención en ella con inquietud.
Apoya sus puños sobre la mesa y toma aire.
—12 votos sobre 23 a favor de Antonio Fernández: como resultado él es el ganador a ser el candidato oficial del partido para las elecciones presidenciales 2024 —anuncia con una casi notable sonrisa.
Una ola de aplausos se adueña de la sala y mi padrino se incorpora agradeciendo con un movimiento de cabeza a todos los presentes. Su madre con solo una señal con los ojos ordena a Sergio a felicitar a su hermano menor. Por supuesto, finge una sonrisa muriendo de impotencia por dentro. Le extiende la mano y se dan un rápido abrazo, que es filmado y fotografiado por los responsables de las relaciones públicas. Él y su hijo tratan de permanecer tranquilos y felices por el triunfo, pero sé mejor que nadie que por dentro les hierve la sangre.
Este es solo el comienzo de su ruina.
Espero mi turno para acercarme a mi padrino y sin necesidad de sonreír demasiado por parte de ambas partes, lo felicito con un abrazo captado de igual manera por las cámaras.
—Felicitaciones, futuro presidente —le digo y con un apretón de manos dejo en claro mi total apoyo a él.
—Gracias, hijo —sonríe con los labios cerrados y con unas palmadas en mis brazos muestra su agradecimiento.
Nos miramos y la seguridad en sus ojos verdes, el gen característico de los Fernández, me confirma que ambos estamos en el mismo camino y en busca del mismo objetivo: ser los más poderosos.
Desde el día en que me adopto como su hijo supe de nuestra conexión, por esa razón somos aquello que anhelamos. Aunque nos envidian, nadie puede alcanzarnos ni derribarnos. No existe rival que nos gané una partida y todo gracias a nuestra inteligencia que él me inculcó desde el mismo día que estuve a su cuidado.
No soy un verdadero Fernández, pero demostré a todos que soy digno de ser considerado como uno más de esta dinastía, la familia más poderosa del país.








