La primera noche
El viento ululaba entre los árboles del bosque, arrastrando consigo las hojas secas que cubrían el camino de tierra. Sofía ajustó su chaqueta de cuero, sintiendo cómo el frío de la noche calaba hasta sus huesos. Frente a ella, el cartel desvencijado que decía “Bienvenidos a Black Hollow” oscilaba peligrosamente con cada ráfaga. Había conducido toda la tarde desde la ciudad, y ahora que estaba aquí, una sensación de inquietud comenzaba a instalarse en su pecho.
La luz de su linterna iluminó la carretera vacía mientras se acercaba a la posada del pueblo, un edificio antiguo con maderas agrietadas y ventanas empañadas. El lugar parecía congelado en el tiempo. Al empujar la puerta, una campanilla resonó, y un silencio incómodo cayó sobre los pocos parroquianos que ocupaban las mesas del vestíbulo.
—¿Necesita algo, forastera?— preguntó una voz áspera. El hombre detrás del mostrador, de cabello gris y mirada desconfiada, la observaba con detenimiento.
Sofía dejó su mochila en el suelo y sacó un mapa doblado.
—Busco una habitación. Y también información sobre esto.— Extendiendo el mapa, señaló un punto marcado con tinta roja en las afueras del pueblo.
El hombre frunció el ceño, pero antes de que pudiera responder, una carcajada amarga resonó desde una de las mesas.
—¿Vas a las cavernas?— dijo un joven de aspecto desaliñado, jugueteando con un vaso de whisky. —Espero que tengas una buena razón, porque nadie vuelve de allí.
Sofía lo miró sin parpadear.
—Tal vez por eso estoy aquí.
El ambiente se tensó. Los parroquianos volvieron a sus conversaciones en voz baja, y el hombre del mostrador le entregó una llave sin decir una palabra más.
Horas más tarde, mientras Sofía revisaba los documentos que había traído, un golpe seco interrumpió su concentración. Venía de la ventana. Se levantó con cautela, apartó las cortinas y encontró una pequeña rama rota que se había estrellado contra el vidrio. Sin embargo, algo en el borde del bosque llamó su atención: una sombra alta y alargada que parecía moverse contra el viento.
Por un instante, el aire en la habitación pareció volverse más denso, como si la noche misma estuviera observándola. Sofía cerró las cortinas con rapidez y respiró hondo. Había enfrentado situaciones extrañas antes, pero algo en Black Hollow era diferente.
Sabía que esa noche sería la primera de muchas. Y también sabía que las respuestas que buscaba podían ser más oscuras de lo que imaginaba.
Se volvió a la mesa y siguió estudiando el extraño mapa que aún no entendía. Entonces, un ruido más intenso la sobresaltó, seguido de otro, y otro, y otro.
El miedo comenzó a apoderarse de ella. Su corazón latía con fuerza descontrolada, como si quisiera escapar de su pecho. Otro sonido extraño rompió el silencio, más cercano esta vez.Sofía se negó a mirar hacia afuera. Un escalofrío recorrió su espalda mientras el sudor frío comenzaba a formarse en su frente. Cada sonido la hacía encogerse más en su asiento, paralizada entre la incertidumbre y el terror.
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