Dónde estás - Thangyu

Sinopsis

"Nam-Gyu." Un susurro a su espalda interrumpe sus pensamientos, recordándole dónde está: en clase, donde debería estar prestando atención. Mierda. "¿Qué?" "Mi-Na aceptó ser mi novia." Es tan repentino que la punta del lápiz que Nam-Gyu sostiene se rompe contra el papel con un chasquido seco. La presión que había estado ejerciendo sin darse cuenta resulta demasiada. Su-Bong no parece darse cuenta, gracias a Dios. Nam-Gyu y Su-Bong han sido amigos casi desde que tienen uso de razón. Irremediablemente, Nam-Gyu se enamora de él. Su amistad tambalea por primera vez cuando Su-Bong empieza a salir con chicas. Desde ahí, las cosas van a peor.

Genero:
Drama
Autor/a:
lemon who
Estado:
Complete
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

1

Nam-Gyu garabatea en su cuaderno cuando Su-Bong interrumpe la clase, llegando 20 minutos tarde.

El profesor lo reprende, y Su-Bong se disculpa a medias. Una vez que el profesor se da la vuelta hacia la pizarra, Su-Bong le hace gestos de burla. Algunos se ríen por lo bajo. Nam-Gyu sonríe.

Su-Bong se sienta en el asiento detrás de él mientras tararea algún ritmo que probablemente acaba de inventar.

“¿Y?” empieza Nam-Gyu, sin dejar de mirar al frente. “¿Qué pasó esta vez?” pregunta con genuina curiosidad. Su-Bong y él solían tomar el mismo autobús, a la misma hora, todos los días para ir a la escuela. Desde los cinco años, casi sin excepción. A Su-Bong no le gusta separarse de Nam-Gyu, y a Nam-Gyu no le gusta separarse de Su-Bong.

“El inútil de papá estaba tirado en la acera frente a la casa, así que tuve que cargarlo”.

Nam-Gyu levanta una ceja, pero le cree. Sabe que el padre de Su-Bong es un alcohólico.

Su-Bong solía ir a su casa después de recibir palizas por parte de su padre y lloraba hasta quedarse dormido.

Eso fue cuando ambos eran unos niños. Ahora están en su último año de secundaria y, a este punto, Su-Bong ya finge que no le afecta, y Nam-Gyu finge que le cree.

Lo sorprendente aquí es que ese viejo no se haya muerto todavía. Años y años de alcoholismo y peleas de borracho deberían ser suficientes para matarlo. Lastimosamente, como dicen por ahí, hierba mala nunca muere.

Nam-Gyu acomoda sus lentes con una mano y golpea su lápiz contra el cuaderno con la otra mientras trata de comprender la clase de ondas mecánicas del maestro.

No es un genio ni mucho menos, pero lo intenta. Trata de comprender todos los temas por sus propias calificaciones y por Su-Bong. Este último es realmente malo en casi todas las materias, especialmente con las que contienen números. Siempre pide ayuda a Nam-Gyu para tutorías extra en casa.

Es un infierno tratar de explicarle cómo funciona el movimiento armónico simple a ese idiota, pero si pierde un año se separarían, y Nam-Gyu no quiere eso.

Después de todo, es el último año que les queda antes de que Nam-Gyu vaya a la universidad y Su-Bong empiece (o trate de empezar) su carrera como músico.

No sabe cuánto vayan a cambiar las cosas en cuanto se gradúen. Tampoco quiere pensarlo mucho. Va a disfrutar de su mejor amigo/amor de su vida todo el tiempo que pueda.

Y sí, sabe que es un poco (demasiado) tonto por enamorarse de su mejor amigo, que lo ve como un hermano y, además, es un hombre.

Cuando era más pequeño, creía que era normal: era su primer y único amigo, quien lo entendía tan bien y con quien podía pasar horas y horas sin aburrirse. Lo que sucedió fue que, con el tiempo, con la adolescencia y todo el desastre de hormonas que viene con eso, empezó a querer más de Su-Bong, e incluso empezó a soñar con él.

Empezó inocente: Su-Bong tocándole suavemente la mejilla. Luego, sus fantasías se fueron tornando más intensas: Su-Bong tocándole el cuello, la espalda; Su-Bong agarrándolo de las caderas, Su-Bong besándolo; Su-Bong dejándole marcas en el cuello y— bueno, lo demás te lo puedes imaginar.

A pesar de esto, Nam-Gyu no se considera “un maricón”.

No lo es, teniendo en cuenta que nunca le han gustado otros chicos además de Su-Bong. Pero tampoco es del todo “normal” porque nunca le ha gustado ninguna chica, ¿no? ¿Qué lo convierte esto?

Tal vez debería darse una vuelta al salón de computación y hacer una búsqueda en internet. Tal vez alguien tendrá un problema similar—.

“Nam-Gyu.” Un susurro a su espalda interrumpe sus pensamientos, recordándole dónde está: en clase, donde debería estar prestando atención. Mierda. En lugar de eso, casi tiene una crisis sobre su sexualidad.

“¿Qué?” pregunta, sin esperar nada en particular. Su-Bong nunca puede concentrarse en clase y siempre termina parloteando de cualquier cosa con él.

“Mi-Na aceptó ser mi novia.”

Es tan repentino que la punta del lápiz que Nam-Gyu sostiene se rompe contra el papel con un chasquido seco. La presión que había estado ejerciendo sin darse cuenta resulta demasiada. Su-Bong no parece darse cuenta, gracias a Dios.

“¿Por qué?” suelta sin pensarlo, volteándose para verlo. Su-Bong frunce el ceño.

De todos modos, su pregunta es genuina. Su-Bong es el chico más guapo que ha visto, también el más gracioso y, aunque un poco brusco y tonto, sigue siendo el chico de sus sueños. La cosa es que nadie piensa lo mismo. Nadie podría, porque nadie pasa tanto tiempo con Su-Bong como él, nadie lo conoce tanto como él. Para todo el mundo, Su-Bong es solo un chico problemático, tonto, sin futuro, que sueña con ser artista.

No cree que haya muchas personas que vean lo que él ve en Su-Bong, y duda que Mi-Na sea una de esas pocas. Es imposible. Tiene que haber algo detrás de esto. Están jugando con él.

“¿Por qué qué? ¿Quién no querría salir conmigo?” pregunta Su-Bong, ladeando la cabeza. El chico de lentes lo analiza inconscientemente. No hay nada sobre su mesa, ni siquiera ha abierto el libro de texto.

Nam-Gyu quiere responderle: ′Nadie, probablemente solo yo porque tengo un gusto cuestionable en chicos según cualquiera′ pero no lo dice. En su lugar responde: “Solo... es inesperado. ¿No te rechazó muchas veces?”

“Sí, sí, pero ya sabes cómo son las chicas, quieren pero se hacen las difíciles.”

Nam-Gyu resopla ante esto.

“Igual no—“.

“¡Silencio!” interrumpe el profesor, golpeando la pizarra. Nam-Gyu suspira y dirige su mirada hacia el frente, bajando la cabeza en señal de disculpa.

Su-Bong ni se molesta en parecer arrepentido. En su lugar, cuando el profesor se da la vuelta, se inclina para susurrarle al oído. “Hablamos en la azotea.”

Está de más decir que Nam-Gyu no logró concentrarse en esa clase en absoluto.

“Ah... T-thanos... más, más”.

Nam-Gyu se revuelve en la cama, se tapa los oídos, pero sigue oyendo lo que ocurre en el otro lado de la pared. Las paredes de este microapartamento de mierda son delgadas.

Refunfuña y busca su celular a tientas, en el suelo junto a su cama. Mira la hora. 1 am. No ha dormido nada y tiene clases mañana temprano.

Se arrastra por la habitación hasta llegar a sus píldoras para dormir. Se traga una en seco y regresa a la cama.

Los ruidos no se detienen. Los gemidos femeninos perforan las paredes, cada chasquido de la cama contra la pared se siente como un golpe directo a su pecho.

Aprieta los ojos, las manos hechas puños sobre las sábanas. Su garganta quema, y su mente comienza a divagar, llevándolo a la primera vez que se sintió así.

Eso fue cuando Su-Bong, emocionado, le habló de su primera novia. Una relación breve y desastrosa, porque la chica—¿cómo se llamaba? Ni siquiera lo recuerda—solo lo usó para dar celos a su ex. Nam-Gyu se sintió aliviado cuando terminaron.

Su mejor amigo se decepcionó un poco, pero lo superó. Aun así, aquella primera experiencia fue suficiente para que Su-Bong no volviera a tomarse a ninguna chica en serio. De todos modos, no iba con su personalidad.

Lo que sí cambió con el tiempo fue el comportamiento de las chicas hacia él. Su-Bong se volvió más guapo, más atractivo.

Se tiñó el pelo, se tatuó y se hizo perforaciones. También empezó a hacer ejercicio regularmente, aunque le resultaba cada vez más difícil por el consumo. Aun así, incluso si su personalidad seguía siendo una mierda, su físico bastaba para atraerlas. Y Su-Bong no desaprovechó ninguna de esas oportunidades.

Antes de que pudiera seguir hundiéndose más en su propia desgracia, la píldora hizo efecto.

“¿Qué te pasa hoy? ¿Es sobre Thor otra vez?” pregunta Se-Mi con algo de amargura en su tono. Su voz baja apenas se oye en el silencio de la biblioteca.

“Es Thanos.” Corrige inútilmente mientras ojea sus apuntes, sin responder a las otras preguntas.

Min-Su, en el lado más lejano de la mesa, no dice nada, pero escucha la conversación.

“Thanos, Thor. Irrelevante. ¿Qué hizo esta vez?” Se-Mi lo mira fijamente. Aunque no levanta la vista, Nam-Gyu puede sentir su mirada.

“Llevó a alguien a casa.”

“Espero que eso no se traduzca en ′no podía dormir y terminé tomando cinco pastillas para dormir de una sola vez y acabé en el hospital’" Se-Mi lo dice con desdén, sin dejar de mirarlo.

“Sigo vivo y aquí, ¿no? Y solo tomé una.” Argumenta, levantando la vista por fin. Se encuentra con la mirada dura de Se-Mi y la preocupada de Min-Su.

“Quedaste en dejarlas.” Debate Se-Mi, su tono era serio. “No deberías pasar sueño por su culpa. ¿No le habías dicho que no llevara más mujeres a casa?”

“Lo hice, pero no escucha.”

“Deberías echarlo.” Dice, cruelmente, como si fuera tan fácil.

“Sabes que no puedo.” Nam-Gyu siente la boca amarga, dudando si es por el café con leche que ha estado bebiendo. “Es mi mejor amigo desde que tengo memoria, y pagamos a medias el lugar.”

Se-Mi suspira. “Sabes que puedes venir a vivir con nosotros. Ese chico es un idiota. No entiendo cómo sigues enamor—”

“Se-Mi...” Se queja Min-Su, en un intento de callarla. Un intento bastante débil.

“Estaré bien, ya hablaré con él.” Su voz se quiebra ligeramente, pero se esfuerza por sonar seguro.

Se-Mi no parece convencida, pero deja el tema por ahora.

Nam-Gyu y Su-Bong no lo hablan.

El hombre de pelo largo se limita a dejarle una nota en la nevera. ”Mantén la polla en tus pantalones un poco, por favor, te va a dar una ETS."

Es simple y en broma, pero tal vez funcione.

La siguiente vez que está frente a la nevera, hay un ”lol" junto a sus palabras con rotulador rojo.

La nota sirvió de algo, pero al parecer la solución de Su-Bong fue simplemente no llevar las chicas a casa, sino a otro lado. Espera que no tenga encuentros en baños públicos... por el bien de la sociedad.

Nam-Gyu reflexiona. Últimamente Su-Bong y él se han distanciado.

Ya no queda rastro del niño que se aferraba a su hombro, ni del niño que lo abrazaba para poder dormir. Tampoco queda el adolescente al que le enseñaba conceptos básicos de física. No queda rastro del chico que lloró sobre su hombro cuando su horrible padre, pero su único familiar, murió. Dejándolo solo en el mundo. Su-Bong es Thanos ahora... y, sin embargo, no es capaz de dejarlo ir. No todavía.

Aprovechando la nueva situación de la casa vacía, sumado al estrés de la escuela y su relación con su mejor amigo, invitó a alguien.

Un chico cualquiera, apenas recuerda su nombre, y al tipo tampoco le parece importante. Tal vez, con suerte, podría aceptar que lo llamen por otro nombre, y si se le escapa el nombre de su mejor amigo durante el orgasmo, es cosa entre él y su conciencia.

En ese momento, Nam-Gyu mira su celular, esperando una confirmación del chico.

Su celular vibra.

Número desconocido | 9:40 pm

Dónde es?

Namgyu | 9:42 pm

[Enviaste ubicación]

Número desconocido | 9:43 pm

Llego en 5

Tira su celular a la cama mientras se asegura de que esté en orden. Su habitación se ve decentemente limpia, y Su-Bong no llegará hasta el día siguiente. Está persiguiendo su sueño de ser famoso... o tal vez faldas. Nunca se puede estar seguro.

Tocan la puerta, y Nam-Gyu se apresura a abrir. ¿Myunggi o Myunssi? Su compañero de esta noche, al parecer, tan dolido como él. Su novia lo acaba de dejar.

El hombre se lanzó sobre él tan pronto como cerró la puerta, y Nam-Gyu correspondió el beso con igual fervor.

La noche transcurrió en un borrón; ninguno usó los nombres del otro.

Se despierta con gritos y forcejeos.

Lucha por abrir los ojos y adaptarse a la luz, su mente adormecida por el sueño apenas logra captar los gritos de Su-Bong...

Espera. ¿Qué hace aquí tan temprano?

Se incorpora de golpe, lo que es una mala idea cuando solo lleva bóxers encima, pero no tiene cabeza para eso ahora. Lo importante ahora es quitar a Su-Bong de encima de Myunssi y preguntar por qué carajos está actuando como un loco.

Su-Bong lo tiene por el cuello contra el piso, el pobre hombre forcejea sin éxito para quitárselo de encima.

Nam-Gyu patea a su mejor amigo con todas sus fuerzas para apartarlo del otro. Su-Bong al fin se da cuenta de que ha despertado.

“¿Nam-Gyu? ¿Estás bien?” pregunta preocupado, cosa que solo confunde más al hombre de pelo largo.

“¿Sí? Solo suelta a Myunssi, por favor.” Intenta.

“¿Myunssi? ¿Lo conoces? Este bastardo enfermo estaba encima de ti mientras dormías, se estaba aprovechando de ti.” Dice como si tuviera sentido. Entonces, con la mente atontada de Nam-Gyu, después del alboroto inicial resuelto, con Myunssi pudiendo respirar nuevamente, se da cuenta de la situación en la que está.

Está casi desnudo, y con otro chico en su habitación. Su-Bong en medio de todo esto. Su mejor amigo, al que nunca le ha confesado que es gay.

Es su culpa por no habérselo dicho antes, así no tendría a un tipo que apenas conoce con el cuello amoratado en el piso de su habitación.

Parece que tendrán esta charla ahora, con público incluido.

“Lo que sea que estés pensando, no es así. Nadie se aprovechó de nadie. Soy gay, me gustan los hombres, solo que nunca te lo dije. ¿Ahora puedes irte de mi habitación?” Habla con toda la calma que puede. Por dentro quiere gritar y salir corriendo, se ha guardado ese secreto tantos años y terminó revelándolo en la peor situación posible.

Su-Bong no dice nada, solo se queda de pie, mirándolo fijamente.

“¿Eres un puto maricón?” De todas las cosas que Nam-Gyu esperaba oír, esta es una de las más crueles, y la reacción más probable, se hizo realidad. “¿Y no se te ocurrió decírmelo? Somos mejores amigos.”

Nam-Gyu se tragó el nudo inmenso que tenía en la garganta antes de responder, de repente sintiéndose demasiado expuesto. La poca ropa en su cuerpo no ayudaba. “¿Te das cuenta de cómo estás reaccionando? Tampoco es que me importara, es irrelevante.”

“¿Irrelevante? Es asqueroso.” Y lo dice con tanto veneno y repulsión que Nam-Gyu siente que podría morirse ahí mismo. “¿Acaso también te gusto yo o algo así?”

Y eso fue la gota que derramó el vaso. Su tristeza se convierte en odio y frustración contenida, la situación se le viene encima y ve rojo.

“¿De qué carajos estás hablando? Nunca me gustaría un bastardo loco como tú. Todo lo que haces es drogarte por las esquinas, eres un inútil que se aferra a su estúpido sueño de ser famoso. Es absurdo, tus rimas apesta y...” Nam-Gyu se detiene de golpe. Sabe que se ha excedido. Su-Bong lo mira con horror y los ojos muy abiertos.

“Yo... ¿en serio piensas eso de mí?” Su voz es diminuta, y Nam-Gyu trata de no mortificarse por ser el causante de esto. Su-Bong empezó, lo insultó primero, irrumpió en su habitación primero.

Es inútil retroceder, las palabras ya hicieron daño, a ambos. “Para empezar, ¿qué haces aquí? Solo... sal de mi habitación.” Suplica, bajando la mirada y apretando las sábanas bajo sus dedos.

Su-Bong no se mueve. “Tenía algo importante que decirte”, murmura, pero Nam-Gyu logra escuchar. Con un último suspiro, se escabulle fuera de la habitación. Se oye un portazo en la puerta principal.

Ni siquiera fue capaz de decir ‘lo siento’.

La habitación queda en silencio los siguientes minutos. Myunssi sigue en el suelo con una mano en el cuello. Casi olvida que seguía ahí.

Nam-Gyu lucha para recoger los trozos de sí mismo y se pone de pie, vistiéndose. Myunssi parece reaccionar también y hace lo mismo.

Una vez vestidos, Nam-Gyu le pone una mano en el hombro antes de que salga por la puerta de su habitación.

Esto es incómodo.

“Myunssi... Lo siento por eso.” Y de verdad lo lamenta, este chico no es culpable de que no sepa poner límites a su mejor amigo.

“Es Myunggi... Y no, está bien— solo la próxima...” Se interrumpe, su mano sube para agarrarse el cuello de la camisa. “No habrá próxima vez.”

“Oh, sí, bien. Lo siento, en serio.” Myunggi abre la puerta y ambos se dirigen a la entrada. “Adiós. Buena suerte con... tu chica.” Termina sin saber muy bien cómo acabar con esto.

“Gracias. Suerte tú también, con eso... hasta luego.” Y Myunggi se va, casi parece que quiere correr, camina muy de prisa.

Nam-Gyu cierra la puerta y se desliza hasta llegar al piso. ′Buena suerte’, le dijo antes de irse.

No la necesito. Pues todo lo que hizo fue huir.

No volvió a ver a Su-Bong otra vez.

“Nam-Gyu, ¿viste las noticias?” Habla Min-Su, lo cual es raro, ya que Min-Su rara vez empieza una conversación.

“No. Estamos en épocas de exámenes, no tengo tiempo para nada”. Pero sí tuvo tiempo para ser miserable todos los putos días desde que se alejó de Su-Bong.

Su ex mejor amigo, quien tampoco se tomó la molestia de ir a buscarlo. Sabe que es tonto culparlo; ambos estuvieron mal, pero saberlo no evita que duela ser ignorado así. Dos décadas de amistad a la basura. Uno por homofóbico y otro por no saber controlar su ira.

“Debes verlo, es sobre...”

“¡Min-Su!” Como si la hubieran invocado, Se-Mi sale a trompicones de su habitación, interrumpiendo a Min-Su. “Acordamos no decírselo ahora.”

“¿Decirme qué?” Nam-Gyu alza una ceja.

“Es importante... necesita saberlo, son buenas noticias”, argumenta Min-Su, probablemente con menos convicción de la que quería.

Se-Mi pone los ojos en blanco y cede. “Como quieras, si tiene el efecto contrario, será tu culpa.”

Min-Su sonríe levemente, victorioso, mientras saca su celular y le muestra un titular.

“La banda ‘SQ230’ debuta con números impresionantes. 5 millones de reproducciones en su primer día. El rapero ‘Thanos’ tiene puestos todos los ojos sobre él.”

Relee el texto una y otra vez... Lo hizo. Su-Bong lo hizo.

Entonces recuerda las palabras de Su-Bong ese día: ′Tenía algo importante que decirte.′ Y lo comprende.

Sus ojos se llenan de lágrimas, trata de limpiarlas torpemente mientras se quita las gafas.

Oye a Se-Mi gritar. “¡¿Ves lo que hiciste?!” seguido de un “¡Lo siento!” por parte de Min-Su.

Los meses se sienten pesados para Nam-Gyu.

Es la noche de su graduación. Su madre y amigos acaban de salir de su departamento, y la euforia de la celebración comienza a desvanecerse junto con el efecto del alcohol.

Se recuesta en la cama, recordando por qué empezó a estudiar más en primer lugar. Su motivo siempre fue Su-Bong. Quería estar a su nivel, no quedarse atrás. A pesar de las duras palabras de aquella vez, siempre supo que lo lograría. Y él, al no tener talento ni destacar en nada, decidió que su única opción era conseguir un título. Apuntando a un trabajo normal y estable, algo seguro.

Rebusca en los bolsillos de su pantalón de vestir, saca su teléfono y hace una búsqueda rápida. ”Thanos SQ230“. Los titulares hablan de éxitos recientes, amoríos y premios ganados.

La sonrisa de Su-Bong brilla en las fotos. Parece buen amigo de sus compañeros de banda. Nam-Gyu pasa el dedo pulgar por la pantalla.

Se pregunta si es tan feliz como parece. Si disfruta de sus logros o si, como él, se siente vacío incluso después de alcanzar algo. Pero espera, genuinamente, que sea feliz.

Nam-Gyu cocina con el televisor de la sala encendido. Acaba de llegar del trabajo, con las mangas arremangadas y la corbata desajustada mientras pica vegetales. La voz de la presentadora suena desde la sala:

“El grupo SQ230 anuncia su separación después de siete años desde su debut. Fuentes cercanas señalan como motivo principal los recientes escándalos de Thanos, relacionados con—”

Su mano se congela. Mira fijamente la zanahoria bajo el cuchillo. Traga saliva antes de continuar.

Espero que estés bien.

Situaciones así se repiten con los meses. Las noticias son cada vez peores, rara vez buenas.

“Thanos, exintegrante de SQ230, causa controversia tras un altercado violento en un club nocturno. Según testigos, el rapero—”

“Fans despiden a Thanos mientras inicia su servicio militar. Aunque su retiro ha sido temporal, algunos celebran su salida definitiva del medio.”

“El rapero Thanos enfrenta cargos por consumo de marihuana. Las autoridades confirman al menos cuatro incidentes en el último mes—”

Nam-Gyu camina por el centro de Seúl cuando la noticia aparece en todas las pantallas en un local de venta de TVs.

“Thanos, exmiembro de SQ230, se declara culpable ante los cargos de consumo de drogas. El tribunal dicta una sentencia de 10 meses en prisión y—”

Las múltiples TVs reproduciendo la misma noticia crean un eco. Cierra los ojos un momento antes de volver a moverse.

Una vez, mientras se sirve una taza de café, escucha una noticia que lo deja sin aliento:

“Thanos, hospitalizado de emergencia tras una sobredosis de benzodiazepinas. Según informes, fue encontrado inconsciente en su departamento y trasladado al hospital, donde—”

Nam-Gyu siente que el aire abandona sus pulmones. Se recarga en la encimera, observando el líquido oscuro llenar la taza.

Debería estar ahí.

Pero no lo está. Porque ya no forman parte de la vida del otro. Porque eligieron alejarse. Y mientras piensa en ello, no puede evitar preguntarse si todo esto, de alguna forma, es culpa suya.

Luego, al fin una noticia buena.

“Thanos debuta en solitario. Los números son impresionantes para alguien tan controversial en el medio. Su canción debut supera las expectativas—”

Nam-Gyu sonríe mientras apaga el televisor.

Las cosas no son tan buenas para él. La única diferencia es que no es famoso, y millones de personas no están al tanto de sus fallas. Ha cambiado varias veces de trabajo y ha tenido momentos en los que no tenía dinero suficiente para pasar el mes. Su adicción al tabaco tampoco ayudaba.

Sin embargo, se ha recuperado. Hoy, casi diez años después de perder a su mejor amigo y primer amor, y de sentir que el mundo casi se desploma bajo sus pies, por fin es capaz de intentar una relación seria. Tiene una cita en 25 minutos.

El hombre es su superior en el trabajo, y desde que llegó a la empresa no ha hecho más que ayudarlo. No está realmente tan interesado; si fuera sincero, no ha sentido verdadera atracción ni amor romántico por nadie desde...

Toma el abrigo y las llaves de su auto, y sale por la puerta.

Al llegar, se sorprende. El lugar es cálido, los empleados son atentos, la comida es buena y la compañía... es agradable.

Su cita es bastante madura, sabe cuándo hablar y cuándo callar, cuándo escuchar y— Nam-Gyu se fuerza a no compararlo con cierto hombre de su pasado.

Al terminar, acuerdan verse una próxima vez y toman caminos separados. Los pocos pasos hasta el auto se hacen eternos. Es invierno, y la nieve hace pesados sus pasos. Aunque está abrigado, el frío le entumece los huesos, y lo único que quiere es volver a casa, quitarse el traje y—

“¿Nam-Gyu?”

No puede ser. ¿Su-Bong?

El hombre de cabello negro se da la vuelta lentamente.

Ahí está Su-Bong, el hombre que ha estado en su mente desde que tiene memoria, y que no ha podido olvidar, incluso después de años de solo recibir noticias a través de terceros.

Su respiración se corta, y lucha por no parecer tan conmocionado. Su-Bong está aún más hermoso en persona, aunque más viejo, más humano, y mucho más real que a través de una pantalla. Sus ojos se ven más cansados.

“Su-Bong”, dice, haciendo acopio de todas las fuerzas que le quedan. Ha pasado tanto tiempo que no se le ocurre otra cosa que decir.

“Ha pasado un tiempo”.

“Más que un tiempo, diría yo”, responde Nam-Gyu, sonando más venenoso de lo que quería. No quiere empezar una pelea en medio de Seúl, y mucho menos con alguien como Thanos.

Gracias a Dios, la luz es un poco tenue y no hay mucha gente alrededor. Nadie parece reconocer a Thanos, y si lo hace, lo ignora.

Su-Bong hace una expresión de dolor, como un perro pateado. “Tú... yo...“, tartamudea, mientras Nam-Gyu lo ve esconder sus manos temblorosas en los bolsillos de su gran chaqueta. “¿Aún me odias?”

Nam-Gyu resopla. No tiene una respuesta simple para eso. Hay días en los que lo odiaba por no buscarlo, y otros en los que el odio era hacia sí mismo, por huir así, por decir las cosas que dijo.

“No lo sé“, responde, evasivo. “No pude”. Termina confesando.

Su-Bong lo observa, buscando algo en su mirada. “¿Nunca me odiaste?”

“Nunca te odié. Nunca podría”, responde, de manera más suave de lo que esperaba.

“¿En serio?” Su-Bong da un paso tentativo. Nam-Gyu no retrocede. Está pegado al suelo. “Nunca me buscaste.”

“Tú tampoco lo hiciste.” No quiere discutir, pero las palabras ya están saliendo solas. Quiere decirle todo lo que ha sentido estos últimos años.

“Lo hice, Nam-Gyu. Lo hice, pero nunca fui capaz de acercarme... hasta ahora.”

¿Hasta ahora? Nam-Gyu analiza la situación. Acaba de tener una cita con un hombre... No estará aquí para discutir sobre su sexualidad, ¿verdad?

“Ah”, suspira, no quiere hacer esto más. “Olvídalo. Antes o ahora, no es importante. Tengo que irme. Felicidades por tus éxitos y lamento las cosas que dije ese día. Que pases buena noche.” Se da la vuelta y empieza a caminar.

“¡No! Nam-Gyu, por favor. Al menos déjame disculparme. Hay tanto que quiero decirte”, suplica, mientras lo sigue. De reojo, ve una mano a punto de tocar su brazo, pero se aparta antes de hacer contacto.

Nam-Gyu se detiene, haciendo detener al otro también. Habla sin darse la vuelta. Contiene otro suspiro. “Aquí no. Te van a reconocer, y preferiría no salir en las noticias de mañana”.

El aire dentro del auto de Nam-Gyu se siente denso y sofocante. Es extraño ver a Su-Bong tan callado. Antes no podía quedarse en silencio; solo lo hacía cuando estaba demasiado drogado para decir algo más que un par de palabras.

Al llegar a su departamento, Nam-Gyu siente que ha cometido un error. Todo en su interior le grita que debería haberse detenido en cualquier otro lugar. Pero no hay otro lugar al que ir, y estar en público no suena nada atractivo. Solo quiere acabar con esto de una vez, aunque sienta el estómago revuelto.

Ya dentro, ni siquiera lo invita a pasar. Se quedan en la entrada, de pie, frente a él, con los brazos cruzados. Intenta aparentar frialdad, aunque la verdad es que, de esta forma, es menos evidente que le tiemblan las manos.

“Entonces...” Nam-Gyu empieza, incitando a Su-Bong a hablar. Lo recorre con la mirada, intentando mirar a todo menos a sus ojos. Con mejor iluminación, es capaz de notar más detalles: tiene cicatrices borrosas en la cara y un tatuaje en el cuello que parece bastante reciente, algo que nunca había visto antes.

“Verdad... no... no sé por dónde empezar”, confiesa el más alto, con un tono que apenas es un susurro. A pesar de lo tenso que es todo, Nam-Gyu quiere reírse. Se contiene con un bufido.

Su exmejor amigo parece tan indefenso que se le encoge el corazón. Nam-Gyu siente un nudo en la garganta y un impulso que no puede ignorar. Tal vez es momento de aclarar todo. Ahora mismo.

Se aclara la garganta y comienza: “Ese día, mentí“.

“¿Tú... qué quieres decir?“. Su-Bong saca una mano temblorosa de su bolsillo y la pone sobre su cuello. Empieza a rascarse la piel, y Nam-Gyu no puede evitar notar que es algún tipo de tic nervioso. Uno que no conocía.

“Cuando me preguntaste si me gustabas, dije que no. Eso fue una mentira”. Su valentía decae, aparta la mirada de Su-Bong, cohibido, pero su boca no se detiene. “Y una gigantesca. Me gustas desde que llegué a la edad adecuada para comprender el concepto, y ese ‘gustar’ rápidamente se convirtió en amor romántico, no en el amor fraternal que creíste que teníamos”. Y finalmente está fuera, lo que se ha guardado durante los últimos 25 años.

Vuelve a mirar la cara de Su-Bong, que parece en shock, inmóvil. Bueno, saber que tu mejor amigo, casi hermano, te ha deseado desde que entendió el concepto es un poco chocante. Asqueroso, según el Su-Bong de hace una década.

Nam-Gyu aprovecha su estado de shock y silencio para continuar.

“Y como dije antes, lo siento. De verdad. Siempre creí en ti. Desde la primera vez que mencionaste que querías ser músico, supe que lo lograrías y... lo que dije sobre tus rimas, tampoco lo quise decir. Me gustaban tus rimas, eran... buenas y divertidas”. Las amaba, como todo de ti.

Apenas termina la frase y, en un parpadeo, Su-Bong está a sus pies. De rodillas.

Ahora está confundido.

“Nam-Gyu... lo siento tanto. Yo tampoco quise decir nada de lo que dije ese día. Para entonces no lo entendía, pero estar sin ti me hizo darme cuenta de algo: yo también te quería. Yo— grité y me enojé, no porque fueras gay, sino porque me dieron celos de verte con alguien más. Yo nunca... tú nunca habías tenido a alguien, entonces cuando lo vi, reaccioné así“.

Nam-Gyu parpadea, incapaz de procesar lo que está escuchando. Ahora el que está en estado de shock es él. Su-Bong sigue en el piso, suplicando.

“Fui un tonto. Cuando me di cuenta, ya era demasiado tarde. Tenías tu vida, lo estabas haciendo tan bien sin mí. Creía que me odiabas y yo...” A este punto, Su-Bong está llorando y tartamudeando a sus pies, parece a punto de tener un ataque de pánico. “Y yo solo caía en picado. Casi arruino mi vida porque soy un idiota. No pretendo que aceptes estar conmigo. Sé que no te gusto y que tal vez ya tengas a alguien, porque eres guapo y genial y... yo solo... a mí me gustaría volver a ser amigos, empezar de nuevo y...”

Su-Bong es interrumpido por Nam-Gyu, quien se agacha para estar a su altura y abrazarlo. Su-Bong se calla de golpe.

Nam-Gyu traza formas sin sentido en su espalda, tal y como lo hacía cuando Su-Bong lloraba frente a él cuando eran niños. Al cabo de unos minutos, la respiración de Su-Bong se calma, volviéndose más regular.

“Su-Bong... Vamos adentro. ¿Aún te gusta la leche dulce?”

Un sollozo. “Solo si es deslactosada”.

“Te has vuelto viejo”.

“Tenemos la misma edad”.

“Cierto”.

Las cosas no se vuelven color de rosa de inmediato. A pesar de hablarlo, de sincerarse el uno con el otro, los años de ausencia y dolor no se esfuman así como así. Tampoco inician una relación romántica, aunque ambos saben que lo que sienten el uno por el otro es recíproco. Se centran en reconstruir su amistad y volver a conocerse.

Muchas cosas han cambiado; ya no son las mismas personas que eran cuando eran jóvenes.

La madre de Nam-Gyu aceptó la noticia con emoción y recibió a Su-Bong con los brazos abiertos, sin hacer tantas preguntas, con el mismo cariño de hace tantos años.

Se-Mi no apreció tanto la noticia, pero pareció aceptarlo cuando vio lo radiante que estaba Nam-Gyu ahora.

El proceso fue lento y tortuoso a veces, pero valió la pena. Nam-Gyu ha recuperado a su mejor amigo y a su primer amor. Tal vez, con suerte y un poco más de tiempo, consiga un novio también.

Vuelve a ser invierno en Seúl.

Nam-Gyu sale al frío aire exterior. Un poco demasiado para su escuálido cuerpo, pero las gruesas capas de ropa lo ayudan.

A Su-Bong se le ocurrió la brillante idea de salir un domingo por la mañana en este frío diciembre. Y como él es incapaz de negarle casi cualquier cosa, ahí está, saliendo para encontrarse con él.

Su-Bong ya está recostado en su auto, justo enfrente de su casa. Sonríe estúpidamente al verlo y le saluda con la mano. Nam-Gyu no puede evitar devolverle la sonrisa.

Cuando está lo suficientemente cerca, se inclina y le ofrece la mano, como si fuera algún tipo de príncipe o familia real. Le sigue el juego, dándole la mano.

Recibe un beso sobre su mano enguantada y, por un segundo, desea no haberse puesto unos.

“Gracias por agraciarme con su presencia, su alteza. ¿Listo para irnos?” pregunta con una sonrisa... Ya dijo sonrisa estúpida, ¿no?

Nam-Gyu resiste el impulso de poner los ojos en blanco y asiente. Su-Bong le abre la puerta del copiloto y lo deja entrar.

Ve a Su-Bong correr hasta la puerta del conductor, demasiada energía para una mañana fría de invierno, en su opinión.

Una vez dentro y con los cinturones de seguridad puestos, Nam-Gyu pregunta: “¿A dónde vamos?”

El otro hombre solo golpea ligeramente el volante mientras sigue conduciendo. “Confidencial”.

El auto recorre las calles de Seúl, aún medio vacías a esa hora de la mañana. El sol apenas se asoma entre los edificios, reflejándose en los restos de nieve acumulados en las aceras. Nam-Gyu observa por la ventana, perdiéndose en el paisaje mientras intenta adivinar a dónde lo lleva Su-Bong esta vez.

Finalmente, tras salir de la ciudad, el auto se detiene frente a un campo amplio, cubierto por un manto blanco perfecto. A lo lejos, se ven algunos pinos cargados de nieve. No hay casi nadie más por allí, salvo un par de familias que parecen tan pequeñas y lejanas como los copos de nieve cayendo con suavidad.

Nam-Gyu frunce el ceño ligeramente mientras baja del auto, sintiendo cómo el aire frío le golpea el rostro. “¿Esto era tan secreto que no podías decírmelo antes?” pregunta, aunque su tono está más curioso que molesto.

“¿Y arruinar la sorpresa? Por favor, Nam-Gyu, dame algo de crédito”, responde Su-Bong mientras saca algo del maletero: una bolsa llena de guantes, bufandas y... ¿zanahorias?

Nam-Gyu entrecierra los ojos. “¿Para qué se supone que es eso?”

“Vamos a hacer muñecos de nieve”, contesta Su-Bong con una sonrisa orgullosa. “Es perfecto para este lugar”.

“Su-Bong, tenemos más de treinta años, ¿no deberíamos...?”

Antes de que pueda quejarse más, Nam-Gyu se ve arrastrado hacia el centro del campo de nieve. “Vamos a hacer un muñeco de nieve. Pero uno de verdad, no esas cosas horribles que hacíamos cuando éramos niños”.

Nam-Gyu rueda los ojos, pero no intenta zafarse. “Por si no lo recuerdas, yo era el que siempre terminaba haciendo todo el trabajo mientras tú te ibas a buscar ramas o piedras y nunca regresabas”.

“Eso es porque tú eras mejor en eso. Vamos, esta vez seremos un equipo”.

Se ponen manos a la obra, moldeando bolas de nieve cada vez más grandes. Su-Bong insiste en que el muñeco necesita una “pose original”, y Nam-Gyu simplemente niega con la cabeza mientras apila las bolas una sobre otra de la manera tradicional. A pesar de sus diferencias, logran crear algo que parece un muñeco de nieve decente, aunque un poco inclinado hacia un lado.

“Parece que estuviera borracho”, comenta Nam-Gyu, observando el muñeco con los brazos cruzados.

“O un poco drogado, es perfecto, encaja con nosotros”, responde Su-Bong antes de tomar un puñado de nieve y comenzar una pelea inesperada.

Se vuelve un caos. Nieve volando por todas partes, risas escapando entre jadeos mientras ambos intentan evitar los ataques del otro. Su-Bong, como siempre, se lanza con toda su energía, persiguiendo a Nam-Gyu alrededor del muñeco de nieve hasta que, en un paso en falso, tropieza y ambos caen al suelo.

El peso de Su-Bong lo atrapa contra la nieve fría, sus rostros apenas separados por unos centímetros. Nam-Gyu siente el aliento de Su-Bong, cálido e irregular, chocando contra su rostro, y por un momento ninguno dice nada. El mundo parece detenerse.

“Lo siento”, murmura Su-Bong, aunque no hace el menor esfuerzo por levantarse. Sus ojos se fijan en los de Nam-Gyu, como si estuviera buscando algo.

Nam-Gyu siente su corazón latiendo con fuerza. Se humedece los labios, nervioso. “No te disculpes...”

“¿Puedo...?” Su-Bong pregunta, con los ojos fijos en sus labios. No hay que ser un genio para conectar los puntos.

“Por favor”, dice, intentando y fallando en no sonar desesperado. Ha esperado esto dos décadas.

Su-Bong acorta la distancia en un segundo, y sus labios se sienten secos y agrietados, pero de alguna forma se siente bien, correcto.

El beso comienza tímido, un roce inseguro que rápidamente se transforma en algo más intenso. Nam-Gyu no puede evitar abrir un poco la boca, dejándole a Su-Bong explorar. Siente que se derrite en un charco ante la sensación. Su-Bong suelta un suave suspiro que Nam-Gyu siente más que escucha, y eso lo impulsa a acercarlo más, sus manos encontrando el abrigo grueso de Su-Bong y agarrándolo con fuerza, como si tuviera miedo de que desapareciera.

Es algo que Nam-Gyu ha querido por tanto tiempo… No, algo que los dos han querido durante años, aunque los malentendidos, miedos y errores de ambos los separaron.

Aunque esos años distanciados son imposibles de borrar, ahora se sienten insignificantes comparados con lo que finalmente está sucediendo.

Cuando se separan, ambos jadean suavemente, sus frentes rozándose mientras intentan recuperar el aliento. Nam-Gyu lo mira, sus ojos brillando tanto por la emoción como por la incredulidad.

“¿Esto también es parte de tu plan secreto?” pregunta Nam-Gyu, intentando sonar sarcástico, aunque su voz tiembla un poco.

“Tal vez...” Su-Bong sonríe, pero sus ojos brillan con sinceridad. “¿Estuvo bien?”

Nam-Gyu desvía la mirada hacia el muñeco de nieve que ahora está parcialmente destruido. “Creo que rompimos al muñeco.”

“Podemos hacer otro”, dice Su-Bong, aunque no parece tener intención de moverse.

Nam-Gyu suspira, pero no puede evitar sonreír. “Eres imposible.”

Y lo que no sabe aún Nam-Gyu, es que Su-Bong, como el intenso que es, ya guarda una cajita de terciopelo en el fondo de su armario.