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Contrato vacío

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Sinopsis

Kael podrá salvar a la persona más importante pará el

Genero:
Adventure
Autor/a:
Herde
Estado:
Completa
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Contrato vacío capítulo 1

Capitulo 1 el contrato vacio


El edificio no tenía nada de especial.


Era un bloque de hormigón gris de doce plantas encajado entre una tintorería y un local de comida rápida, como si los arquitectos se hubieran esforzado deliberadamente en que pareciera una oficina de Hacienda cualquiera. La única diferencia era el emblema grabado en la puerta de cristal blindado: un ojo abierto con una diana en el centro del iris. El símbolo de la Agencia Nacional de Cazadores.


Kael se detuvo frente a la entrada.


Quince años. Mochila colgada de un hombro, vaqueros gastados, zapatillas deportivas con la suela medio despegada. Podría haber sido cualquier adolescente que volvía del instituto. Pero sus ojos no tenían la inquietud curiosa de un chaval de su edad. Eran ojos planos. Grises. Como el cielo de aquella mañana de noviembre.


Sacó el móvil del bolsillo.


La pantalla mostraba una foto. Una mujer de pelo castaño recogido en una coleta suelta, sonriendo a la cámara mientras sostenía a una niña pequeña en brazos. La foto tenía tres años. Ahora esa mujer yacía en una cama de hospital al otro lado de la ciudad, conectada a máquinas que respiraban por ella, con los muñones de sus piernas cubiertos por una sábana blanca y los ojos cerrados desde hacía setecientos doce días.


Kael apagó la pantalla.


Empujó la puerta.



El vestíbulo olía a café recalentado y a papel de impresora. Detrás del mostrador de recepción, una mujer de uniforme azul marino tecleaba en un ordenador sin levantar la vista. En la pared, un televisor emitía en silencio un informativo: un presentador hablaba sobre el avistamiento de un criminal de Rango A en el distrito industrial. La foto del fugitivo apareció en pantalla. Kael ni la miró.


—Tengo cita —dijo, dejando su documento de identidad sobre el mostrador.


La recepcionista cogió la tarjeta, la pasó por un lector y frunció el ceño al ver los datos en pantalla.


—Kael... ¿Quince años?


—Sí.


—¿Vienes derivado del programa pre-Cazador del Instituto?


—No. Vengo por mi cuenta.


La mujer lo observó por encima de las gafas. Llevaba el cansancio acumulado de quien ha visto desfilar a cientos de aspirantes por esa misma puerta y sabe que la mayoría no volverán a salir por su propio pie.


—Por tu cuenta —repitió, sin que sonara a pregunta.


—Quiero firmar el contrato.


Hubo un silencio. La recepcionista suspiró, cogió un teléfono y marcó una extensión interna.


—Sube a la planta siete. Sala de Orientación C. Te esperan.


La Sala de Orientación C era un cubículo sin ventanas con una mesa de metal, dos sillas y una pared acristalada tras la cual se veía un campo de entrenamiento vacío. Kael esperó de pie, con las manos en los bolsillos, observando los paneles informativos colgados en la pared.


REQUISITOS PARA LA RENOVACIÓN DE LICENCIA DE CAZADOR:


· Primer año (tres renovaciones): Entrega de criminal Rango C.

· Segundo año (dos renovaciones): Entrega de criminal Rango B.

· A partir del tercer año: Entrega obligatoria de criminal Rango A o superior.


Debajo, en letra más pequeña y tinta roja:


"La Agencia no se hace responsable de lesiones, mutilaciones, daños psicológicos o fallecimiento del titular durante el ejercicio de sus funciones. El contrato de Cazador implica la aceptación expresa de riesgo de muerte inminente."


La puerta se abrió.


Entró un hombre de unos cincuenta años, calvo, con una cicatriz que le cruzaba la mejilla izquierda desde la oreja hasta la comisura del labio. Vestía el uniforme estándar de la Agencia: chaqueta azul oscuro, camisa blanca, sin corbata. Su placa colgaba del bolsillo del pecho. Instructor Vega, según el grabado metálico.


Se sentó al otro lado de la mesa sin saludar. Abrió una carpeta y la dejó sobre la superficie metálica.


—Kael. Quince años. Habilidad registrada: Vacío. Clasificación de potencial: No determinada. —Levantó la vista—. Bonito poder tienes, chaval.


Kael no respondió.


Vega cerró la carpeta y se recostó en la silla.


—Mira, te lo voy a poner fácil porque no tengo todo el día. La prueba física de acceso es un chiste. Si sabes correr sin tropezarte y levantar los brazos por encima de la cabeza, la pasas. Eso no es lo que te va a matar. Lo que te va a matar es esto.


Señaló con el pulgar el panel de requisitos en la pared.


—Cada cinco meses tienes que traer un criminal. Vivo o muerto, nos da igual. Los tres primeros pueden ser de Rango C. Basura. Carteristas con poderes de mierda, camellos de poca monta, matones de barrio. Fácil. Pero luego sube. Dos de Rango B. Y después... —Se inclinó hacia delante—. Solo Rango A. ¿Sabes lo que es un criminal de Rango A?


Kael sostuvo la mirada.


—Alguien que ha matado a suficiente gente como para que la Agencia ponga precio a su cabeza.


Vega soltó una risa seca.


—Correcto. Y a ti te van a obligar a cazarlos cada cinco meses. Sin excepción. Si no entregas, tu licencia expira. Te quedas sin placa, sin sueldo, sin acceso a nuestros recursos. Y créeme, cuando pruebas el sueldo de Cazador, no quieres volver a fregar suelos.


Kael desvió la vista hacia el campo de entrenamiento vacío al otro lado del cristal. Sacos de boxeo colgando inmóviles. Dianas de tiro con siluetas humanas. Un circuito de obstáculos cubierto de polvo.


—No me importa el sueldo —dijo.


Vega arqueó una ceja.


—¿Ah, no? ¿Entonces por qué cojones quieres firmar?


Kael volvió a mirarlo.


—Necesito encontrar a alguien. Y la Agencia tiene los mejores archivos del país.


El instructor se quedó en silencio unos segundos. Luego se echó hacia atrás y cruzó los brazos.


—¿A quién buscas?


Kael no parpadeó.


—A Violet.


El nombre cayó en la habitación como una piedra en un estanque. Vega no se inmutó, pero sus dedos se tensaron ligeramente sobre el brazo de la silla. Era un gesto casi imperceptible. Casi.


—Violet —repitió, saboreando la palabra—. La Sanadora. La única mujer del mundo que puede curar cualquier enfermedad. Desaparecida hace diez años. Buscada por media docena de gobiernos y el doble de organizaciones criminales. —Inclinó la cabeza—. ¿Y tú crees que vas a encontrarla tú solo, con quince años y una mochila de instituto?


—Yo no creo nada —respondió Kael—. Lo voy a hacer.


Vega lo observó durante un largo minuto. Luego cogió un bolígrafo del bolsillo, lo dejó caer sobre la carpeta y la deslizó por la mesa hasta que quedó frente a Kael.


—Firma en la última página. Y presta atención, porque esto solo lo digo una vez.


Kael cogió el bolígrafo.


—Tu poder es una maldición con forma de bendición —dijo Vega, con la voz más grave—. El Vacío no perdona. Destruye todo lo que toca. Personas, objetos, recuerdos. Si aprendes a usarlo, serás imparable. Pero nunca olvides una cosa: tu cuerpo es de carne y hueso. Un disparo en la cabeza y te mueres como cualquier otro. No eres especial. Solo eres peligroso.


Kael pasó las páginas sin leerlas. En todas ponía lo mismo: cláusulas de exención de responsabilidad, renuncias a derechos legales, advertencias de muerte. Llegó a la última página. Un espacio en blanco con una línea de puntos y, debajo, un texto en negrita:


"El abajo firmante acepta que su vida deja de pertenecerle a partir de este momento y pasa a ser propiedad de la Agencia Nacional de Cazadores hasta el cumplimiento de sus cuotas de renovación o su fallecimiento en acto de servicio."


Firmó.


El bolígrafo raspó el papel. Kael dejó el bolígrafo sobre la mesa y empujó la carpeta de vuelta.


Vega la recogió, comprobó la firma y la cerró.


—Bienvenido al gremio, Cazador. Tu primera cuota vence dentro de cinco meses. Si no traes un Rango C para entonces, te borramos del sistema y no vuelves a poner un pie en este edificio. ¿Alguna pregunta?


Kael se levantó.


—¿Dónde están los archivos?


—Planta doce. Acceso restringido a Cazadores en activo. —Vega esbozó una sonrisa torcida—. Acabas de firmar. Eres activo. Sube.


Kael salió de la sala sin mirar atrás.



El ascensor tardó una eternidad en llegar a la planta doce.


Kael aprovechó esos segundos para sacar el móvil y mirar de nuevo la foto de su madre. Recordó el sonido del accidente. El chirrido de los frenos. El golpe. El silencio después. Recordó el hospital, las luces blancas, el médico diciendo que su madre no volvería a caminar. Que su hermana y su padre no habían sobrevivido. Que él, Kael, había salido ileso por pura suerte.


O por algo peor.


A veces se preguntaba si su Vacío no había hecho algo aquel día. Si de algún modo inconsciente había absorbido la vida de su familia para protegerse a sí mismo. Era una idea que lo perseguía por las noches y que nunca había compartido con nadie.


Las puertas del ascensor se abrieron.


La planta doce era una sala enorme, circular, con estanterías de metal que llegaban hasta el techo repletas de carpetas y terminales de ordenador con pantallas antiguas. En el centro, una mesa de consulta iluminada por una lámpara de flexo. Un funcionario canoso levantó la vista de su novela de bolsillo.


—¿Qué buscas, novato?


Kael se acercó al mostrador.


—Información sobre una criminal. Nombre en clave: Violet. Habilidad: Curación.


El funcionario parpadeó. Cerró la novela con un suspiro.


—Diez años sin que nadie pregunte por ese expediente. Y en una semana ya van tres.


Kael sintió un escalofrío.


—¿Quién más ha preguntado?


—Eso es información clasificada, chico. —El funcionario se levantó y caminó hacia una de las estanterías—. Pero te diré una cosa. El que busca a Violet no suele buscar una cura. Suele buscar poder. O venganza. O inmortalidad. —Sacó una carpeta fina, casi vacía, y la dejó sobre la mesa—. Tú verás en cuál de esos grupos estás.


Kael cogió la carpeta.


La abrió.


Dentro había una sola fotografía. Una mujer joven, de pelo oscuro y ojos claros, mirando a cámara con una expresión indescifrable. Debajo de la foto, un informe escueto:


NOMBRE: Violet (Apellido desconocido)

HABILIDAD: Curación Absoluta (Confirmada)

ESTATUS: Desaparecida / Prófuga

ÚLTIMO AVISTAMIENTO: Hace diez años. Distrito Norte. Zona industrial.

MOTIVO DE BÚSQUEDA: Clasificado.

RECOMPENSA POR CAPTURA: Clasificada.


Eso era todo. Diez años de búsqueda internacional reducidos a una carpeta con cuatro hojas y una foto borrosa.

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